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¿Cómo fue la vida de Mama Antula, la primera Santa argentina?

El Arzobispado de Buenos Aires difundió una cronología de su vida, canonizada este domingo por el Papa Francisco.

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El Argentino Diario-Mama Antula.

María Antonia de Paz y Figueroa, Mama Antula, nació en el año 1730, en la localidad de Villa Silípica, antigua encomienda de indígenas de la actual provincia de Santiago del Estero.

La siguiente es una cronología de la vida de Mama Antula, declarada este domingo Santa por el Papa Francisco, difundida por el Arzobispado de Buenos Aires.

En 1730. María Antonia de Paz y Figueroa, también conocida como María Antonia de San José o Mama Antula, nace en Villa Silípica, actual provincia de Santiago del Estero. Es hija de Miguel de Paz y Figueroa Mendoza y de María de Zurita y Suárez de Cantillana.

En 1745. A los 15 años hace sus votos y viste el hábito consagrándose a la oración y al apostolado. Empieza a acompañar a los jesuitas como beata de la Compañía de Jesús en la tarea de evangelización de los pueblos originarios santiagueños. Les enseña a leer y a escribir, y a perfeccionar técnicas de ganadería y agricultura. Hablaba quechua santiagueño y fueron los indígenas quienes la nombraron «Mama Antula» (Madre Antonia).

En 1760. Reúne en Santiago del Estero a un grupo de chicas jóvenes que vivían en común, rezaban, ejercían la caridad y colaboraban con los padres jesuitas. En aquel entonces se las llamaba «beatas», hoy serían llamadas laicas consagradas.

En 1767. Los jesuitas son expulsados de América por orden de la corona española.

En 1768. A los 38 años, comienza la misión de su vida: continuar con la práctica de los ejercicios espirituales que realizaban los jesuitas, para la salvación de las almas. Es entonces cuando empieza su misión «en salida» y elige su nombre de Iglesia: María Antonia de San José.

En 1773. El papa Clemente XIV, presionado por los monarcas borbónicos, suprime la Compañía de Jesús.

En los años sucesivos, María Antonia emprende una caminata evangelizadora y recorre las actuales provincias argentinas de Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca y La Rioja.

En 1777. Ese año llega a Córdoba y a Buenos Aires en septiembre de 1779. Los viajes los realiza caminando descalza y pidiendo limosnas. En cada lugar al que llega organiza tandas de ejercicios espirituales basadas en la espiritualidad de san Ignacio.

En 1779. Se traslada a Buenos Aires para continuar con su misión apostólica. Pero el virrey Vértiz se opone a su petición de abrir una casa para dar ejercicios y el obispo diocesano fray Sebastián Malvar y Pinto, le demuestra desconfianza y posterga la respuesta por nueve meses, mientras solicita informes sobre María Antonia. Trata de disuadirla, pero ella resiste.

En 1780. En agosto obtiene el permiso para iniciar los primeros ejercicios espirituales. En los siguientes años participan en estos ejercicios varios miles de personas.

En 1784. Emprende un nuevo viaje misionero a Colonia del Sacramento y luego a Montevideo, para promover en esos lugares la práctica de los ejercicios espirituales.

En 1793. Planea la construcción de la Santa Casa de Ejercicios Espirituales en Buenos Aires y viaja al Uruguay.

En 1795. Comienza la construcción en Buenos Aires la Santa Casa de Ejercicios Espirituales, un lugar levantado enteramente con donaciones, y donde se realizan los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola. Está ubicada en la actual avenida Independencia 1190, en el barrio de Constitución.

En 1799. Se inaugura la Casa. María Antonia va dando forma a su futuro grupo de beatas. En 7 de marzo fallece a causa de una enfermedad a la edad de 69 años, en la Santa Casa. Sus restos fueron inhumados en la Basílica de Nuestra Señora de la Piedad de la ciudad de Buenos Aires.

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1 Comentario

1 Comentario

  1. Miguel

    11.02.2024 at 09:04

    Tanto para creyentes como no creyentes, no es un tema menor la recepción con que el Papa recibe a sus visitantes, especialmente a la dirigencia política mundial. En esas ocasiones, los medios hacen especial hincapié en sus gestos, miradas, posturas, sonrisas o no y besos en el anillo. Estos encuentros, en la actualidad, se limitan a un apretón de manos y algún que otro gesto facial por parte del pontífice. Solo en dos oportunidades, el actual Papa, se fundió en un efusivo abrazo, la primera fue con Juan Grabois y la segunda acaba de ocurrir inesperadamente con Javier Milei.

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León XIV pidió perdón por el rol de la Iglesia en legitimar la esclavitud

En su primera encíclica, *Magnifica Humanitas*, el pontífice calificó la conducta histórica del Vaticano como una «herida en la memoria cristiana». Es la primera vez que un papa reconoce públicamente el papel de la Santa Sede en legitimar el sometimiento de pueblos enteros durante la era colonial.

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#El Papa reconoce que la Iglesia legitimó la esclavitud y pide perdón

El Papa León XIV dio un paso sin precedentes en la historia de la Iglesia católica al pedir perdón, en su primera encíclica, por el rol que la institución desempeñó durante siglos en la legitimación de la esclavitud. En el documento, titulado Magnifica Humanitas (Magnífica Humanidad), el pontífice calificó esa conducta como una «herida en la memoria cristiana» y reconoció que la Sede Apostólica intervino en la Edad Moderna para regular y, en algunos casos, legitimar la reducción a la esclavitud de los denominados «infieles».

Una disculpa sin precedentes en la historia pontificia

Se trata de la primera ocasión en que un papa reconoce públicamente y solicita perdón por el rol que jugaron pontífices del pasado al otorgar a soberanos europeos autoridad explícita para someter y esclavizar pueblos enteros. León XIV escribió en la encíclica: «Es inevitable sentir un profundo dolor al considerar el enorme sufrimiento y humillación que la esclavitud ha significado para tantas personas, en contraste con la dignidad sin límites de cada una de ellas, amadas infinitamente por el Señor. Por eso, en nombre de la Iglesia, pido sinceramente perdón.»

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La disculpa responde a décadas de reclamos por parte de católicos afroestadounidenses, activistas y académicos que exigieron que la Santa Sede reconociera su propio papel en el comercio de seres humanos durante la era colonial.

Las bulas del siglo XV y la complicidad institucional

El documento papal reconoce que «ya en la Edad Moderna la Sede Apostólica romana, instada por las peticiones de los soberanos, intervino en varias ocasiones para regular y legitimar las modalidades de sometimiento y, en algunos casos, de reducción a la esclavitud de los ‘infieles'».

León XIV subrayó que no resulta posible juzgar la moralidad de las decisiones del pasado con los estándares éticos del presente, pero añadió que «no podemos negar ni minimizar el retraso con el que la Iglesia y la sociedad condenaron el flagelo de la esclavitud».

El pontífice también recordó que en la antigüedad y la Edad Media incluso instituciones de la propia Iglesia tenían esclavos, y que su homónimo, el papa León XIII, fue el primer pontífice en condenar explícitamente la esclavitud en 1888, mucho después de que numerosos países ya la hubieran abolido. El Vaticano, señaló el Papa, no logró en dieciocho siglos «explicitar de manera oficial la total incompatibilidad de la esclavitud con dicha dignidad».

Inteligencia Artificial y nuevas formas de esclavitud

La encíclica fue publicada en conmemoración del 135° aniversario de la histórica encíclica social Rerum novarum de León XIII (1891) y tiene como eje central la reflexión sobre la Inteligencia Artificial (IA) y los desafíos éticos que plantea para la humanidad. En ese marco, el Papa conectó el pasado esclavista de la Iglesia con las nuevas formas de dominación que, según advirtió, alimenta la revolución digital: el trabajo no regulado para la extracción de minerales raros necesarios para los chips de IA, la automatización militar con armas autónomas, y la vulnerabilidad de los menores en el ecosistema digital.

León XIV fue categórico al afirmar que la Iglesia hoy debe condenar firmemente todas las formas de trata de personas vinculadas a la revolución tecnológica digital, «si no queremos pedir perdón en el futuro por no haber sido fieles al tesoro de la dignidad humana que contiene nuestra fe». La advertencia no es menor: la encíclica advierte contra el riesgo de construir una «Babel tecnológica» donde los algoritmos y las herramientas digitales dejen de estar al servicio de las personas para quedar en manos de unos pocos concentradores de poder.

El texto, que consta de una introducción, cinco capítulos y una conclusión, exige marcos de transparencia y regulación internacional y un diálogo abierto entre la teología, las ciencias humanas y los líderes de la industria tecnológica.

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