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La salud mental de las madres: 7 de cada 10 mujeres ocultan o minimizan sus síntomas

En Argentina, 1 de cada 5 madres experimenta un trastorno de salud mental durante el embarazo o el posparto, y entre el 50% y el 75% de esos casos no recibe diagnóstico ni tratamiento.

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Lo primero que sacrifica una madre es su salud mental

En el marco de la Semana Mundial de la Salud Mental Materna, la psicóloga perinatal Vanesa Mattazzi visibilizó una paradoja que atraviesa a millones de mujeres: hacen cualquier cosa por sus hijos, pero sienten culpa cuando necesitan algo para ellas.

Los datos son contundentes: en Argentina, 1 de cada 5 madres experimenta un trastorno de salud mental durante el embarazo o el posparto, y entre el 50% y el 75% de esos casos no recibe diagnóstico ni tratamiento.

El primer miércoles de mayo se conmemora el Día Mundial de la Salud Mental Materna, una fecha impulsada por una coalición internacional de más de 200 organizaciones, entre ellas Postpartum Support International (PSI) y la Maternal Mental Health Alliance (MMHA) del Reino Unido. La fecha no es un eufemismo ni una efeméride decorativa: es la respuesta organizada de la salud pública global a una epidemia silenciosa que, en Argentina, carece aún de un registro nacional unificado.

La culpa como trampa cultural

Existe una dinámica que los especialistas describen con creciente preocupación. Muchas mujeres harían cualquier cosa por el bienestar de sus hijos, pero sienten culpa cuando necesitan algo para ellas. Y aun así, se espera que sigan sosteniendo. «Criar mientras una está agotada, ansiosa o desbordada no debería romantizarse», advirtió la profesional. «La salud mental materna no afecta solo a las madres. También impacta en la crianza, en el vínculo y en toda la familia. Cuidar a quien cuida también es cuidar a la infancia.»

Esa romantización del sacrificio materno no es accidental. Tiene sustento estructural: la licencia por maternidad en Argentina dura 90 días, mientras que la de paternidad solo dos, una asimetría que, como señaló la socióloga especialista en cuidados Florencia Curci, es en sí misma una declaración política sobre quién se supone que debe estar disponible para cuidar.

Los números que el sistema no quiere ver

Los datos son elocuentes. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) citadas por especialistas argentinas, en países de ingresos medios y bajos como Argentina 1 de cada 5 mujeres experimentará un trastorno de salud mental durante el embarazo o el primer año posparto. De ellas, 2 de cada 10 tendrán pensamientos suicidas o conductas de autolesión.

El problema se agrava por la invisibilización: entre el 50% y el 75% de las depresiones posparto no son diagnosticadas ni tratadas, de acuerdo a lo señalado por la licenciada Natalia S. Diaz Juszkiewicz, vicedirectora de la Licenciatura en Psicología a distancia de Fundación Barceló y especialista en salud mental materna. Detrás de esa cifra, advirtió la profesional, hay mujeres que siguen funcionando hacia afuera, cumpliendo con sus responsabilidades, pero con un alto costo emocional invisible.

A eso se suma otro dato alarmante: 7 de cada 10 mujeres ocultan o minimizan sus síntomas, según consigna la coalición internacional que organiza la conmemoración. El estigma social asociado a no poder con todo, a no ser «una buena madre», opera como una barrera que impide la consulta y retrasa el tratamiento.

Un reciente estudio publicado en la revista The Lancet Psychiatry y liderado por la Universidad de Queensland (Australia) aportó precisiones: el 6,8% de las mujeres desarrolla depresión posparto durante el primer año tras el nacimiento, con un pico del 8,3% en las primeras dos semanas después del parto, que es el momento más crítico para la intervención.

En Argentina, la ausencia de un registro nacional unificado impide conocer la magnitud real del problema. Lo que sí existe son estudios institucionales aislados. Una investigación publicada en PLOS ONE en 2025 halló que, durante la pandemia, alrededor del 37% de las puérperas argentinas presentaba depresión, una cifra que refleja lo que ocurre cuando el aislamiento y la sobrecarga de cuidados se vuelven totales.

Un sistema que mira para otro lado

El contraste entre la magnitud del problema y la respuesta estatal es revelador. La psicóloga perinatal Cynthia Seilicovich (MN 61953) señaló que la depresión posparto muchas veces comienza durante el embarazo, «y se termina de desencadenar en el posparto, e incluso hasta un año después». Sin embargo, los controles obstétricos rutinarios rara vez incorporan una evaluación sistemática de salud mental.

Especialistas reclaman desde hace años la integración obligatoria de servicios de salud mental dentro de la atención obstétrica rutinaria, junto con protocolos preventivos y guías clínicas basadas en evidencia científica. Nada de eso ocurre de manera generalizada en el sistema público argentino, donde el ajuste sobre el gasto social de la gestión de Milei, redujo recursos en áreas sanitarias que ya eran insuficientes.

«Lo que más dificulta el diagnóstico», advirtió Seilicovich, «es que estas mujeres siguen funcionando». Siguen llevando a los chicos al colegio, preparando la comida, trabajando. Y nadie pregunta cómo están ellas.

Lo que tenés que saber sobre la salud mental materna

– En Argentina, 1 de cada 5 mujeres atraviesa algún trastorno de salud mental durante el embarazo o el primer año posparto, según datos de la OMS.
– Entre el 50% y el 75% de las depresiones posparto no son diagnosticadas ni tratadas en el país.
– 7 de cada 10 mujeres ocultan o minimizan sus síntomas por estigma social.
– El suicidio es la segunda causa de muerte en mujeres en el posparto, a nivel global.
– En Argentina no existe un registro nacional unificado de salud mental materna, y la atención perinatal no incorpora evaluación psicológica de manera sistemática.

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Ex funcionario del INAES Carlos Debiaggi fue declarado culpable de abuso sexual tras 7 años de lucha judicial

Después de siete años de lucha, la Justicia federal encontró culpable al ex Director de Asuntos Jurídicos del INAES por abuso sexual simple consumado en horario laboral. La condena llegó tras un juicio oral que comenzó el 18 de marzo de 2026.

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El 12 de agosto de 2019, en pleno horario laboral y en las oficinas del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), dependiente del entonces Ministerio de Desarrollo Social, Carlos Alberto Debiaggi, quien se desempeñaba como Director de Asuntos Jurídicos del organismo, abusó sexualmente de una trabajadora. La víctima, identificada solo como Cecilia para resguardar su identidad, relató los hechos a la Revista Cítrica en 2019.

La denuncia fue presentada de inmediato en sede penal y administrativa. Sin embargo, la respuesta institucional no fue la protección que la trabajadora merecía. El presidente del INAES, Marcelo Collomb, se negó en forma reiterada a apartar a Debiaggi del organismo, pese a las audiencias personales y los requerimientos formales de la junta interna de ATE y de las trabajadoras del organismo.

Cecilia debió tomarse licencia psiquiátrica primero, y por violencia de género después. Le redujeron el sueldo. Debiaggi, en cambio, siguió concurriendo al organismo.

Represalias y solidaridad

La situación no quedó ahí. Según informó la propia junta interna de ATE INAES, como represalia por el acompañamiento sindical a la denunciante, dos delegados fueron denunciados penalmente por supuestas amenazas, una acusación que los propios trabajadores calificaron como «armada«. Ni esa maniobra logró frenar el avance judicial.

En 2021, la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Debiaggi al considerar que existían elementos probatorios suficientes para avanzar al debate oral. Aun así, la causa tardó cinco años más en llegar al juicio.

El juicio y la condena

El juicio oral y público en la causa «Debiaggi, Carlos Alberto s/ infr. art. 119, 1° CP» se inició el 18 de marzo de 2026 ante la Justicia federal. Semanas después, el veredicto llegó: CULPABLE.

La junta interna de ATE INAES celebró la condena como «una conquista histórica» y subrayó que la victoria no hubiera sido posible sin «un sindicato que acompañe y se plante» y sin la sororidad de decenas de trabajadoras del organismo y delegadas de otras juntas que sostuvieron a la trabajadora durante años.

La causa también expuso los antecedentes de violencia de género de Debiaggi: según señaló en su momento ATE INAES en comunicado oficial, el ex funcionario registraba además una causa por violencia doméstica impulsada por su ex pareja, y diversas situaciones no denunciadas formalmente por temor por parte de otras trabajadoras de su Dirección.

Una victoria, un síntoma

El caso Debiaggi ilustra con crudeza una realidad extendida en el ámbito laboral estatal: la denuncia no garantiza la protección, no es la primera vez que denunciantes son despedidas o forzadas a tomarse «licencias». La trabajadora fue quien pagó las consecuencias inmediatas, mientras el agresor, amparado por el silencio institucional, continuó en funciones.

Siete años de proceso judicial, licencias forzadas, reducción salarial, represalias sindicales y una burocracia que prefirió mirar para otro lado antes de actuar. La condena es justa y necesaria. Pero también es la prueba de todo lo que aún falta construir para que el Estado deje de ser un lugar peligroso para quienes se atreven a denunciar.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

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