Investigación 🔎
Tras negarse a declarar, imputaron a Victoria Cantero por el homicidio de su novio
La joven de 25 años acusada de apuñalar a su novio Matías Álvarez Guardia en Resistencia se abstuvo de prestar declaración indagatoria y fue formalmente imputada. La fiscal interviniente aplicó el agravante por el vínculo, delito que prevé prisión perpetua como única pena posible.
El avance judicial en el caso que conmocionó a la provincia del Chaco llegó este martes con un paso procesal determinante: Victoria Cantero, la joven de 25 años sindicada como autora del apuñalamiento fatal de su pareja, Matías Julián Álvarez Guardia, se negó a declarar ante la fiscalía y quedó formalmente imputada por homicidio agravado por el vínculo, tipificado en el artículo 80 del Código Penal argentino.
«Se abstuvo, no dijo absolutamente nada, solamente se abstuvo», confirmó su defensor, el abogado Marco Molero. El ejercicio del derecho constitucional a no autoincriminarse era una opción disponible para la imputada, pero la imputación formal por parte de la fiscalía avanzó de todos modos.
La carátula que no admite gradaciones
La elección de la carátula no es menor. El homicidio agravado por el vínculo, previsto en el inciso 1° del artículo 80 del Código Penal, se aplica cuando la víctima es ascendiente, descendiente, cónyuge o pareja conviviente del imputado. La norma, reformada en el marco de la legislación de género vigente, establece como única pena en expectativa la prisión perpetua, sin posibilidades de escala hacia penas menores al momento de la acusación.
La investigación reconstruyó que la noche del crimen, Cantero y Álvarez Guardia mantuvieron una discusión en el interior de la vivienda compartida. Según el relato de la familia de la víctima, la joven tomó un arma blanca y le asestó una puñalada en el tórax. El joven fue trasladado al hospital Perrando por su cuñado, donde fue intervenido quirúrgicamente, aunque finalmente murió como consecuencia de un shock hipovolémico.
Traslado y próximos pasos judiciales
Tras concluir la audiencia de imputación, Cantero fue trasladada a la comisaría 11 de Resistencia, donde permanece detenida mientras la investigación continúa su curso. La fiscalía deberá ahora producir las pruebas que sostendrán la acusación en la etapa de juicio oral, incluyendo el análisis de la escena del crimen, los testimonios relevados y los informes periciales en trámite.
En paralelo, la familia de Matías siguió reclamando justicia a través de las redes sociales. Su hermana, Ana Noel Guardia, publicó en Facebook una serie de fotografías de la detenida junto a un mensaje de profundo dolor: «Que se haga viral y pido justicia por mi hermano. Lo mató sin compasión. Sabías muy bien dónde apuñalarlo para que no sobreviviera». El texto se viralizó rápidamente y refleja la angustia de quienes perdieron a un familiar en circunstancias que aún están siendo judicialmente determinadas.
Ana Noel Guardia también señaló que la detenida «destruyó una familia» y advirtió que se encargará de que no recupere la libertad. El mutismo procesal elegido por Cantero contrasta con la exposición pública que la familia de la víctima sostiene para mantener el caso en la agenda pública.
Puntos clave
- Victoria Cantero fue imputada por homicidio agravado por el vínculo, delito que prevé prisión perpetua como única pena.
- La acusada se abstuvo de declarar ante la fiscalía, ejerciendo su derecho constitucional a no autoincriminarse.
- Matías Álvarez Guardia murió en el hospital Perrando de Resistencia por shock hipovolémico tras recibir una puñalada en el tórax.
- Cantero fue trasladada a la comisaría 11 de Resistencia tras la audiencia de imputación.
- La hermana de la víctima, Ana Noel Guardia, viralizó un reclamo de justicia en redes sociales.
Buenos Aires
“Misma situación, igual reacción”: la clave forense que puede cambiar la lectura del caso Isabella
La muerte de Isabella, la niña de dos años fallecida en Villa Gesell mientras estaba al cuidado de su madre Lucía Sosa, reavivó el debate sobre el Trastorno Facticio Aplicado a Otro, conocido como Munchausen por Poder. Un psicólogo forense explicó cuáles son los patrones clínicos y conductuales que permiten a los especialistas distinguir una tragedia de una dinámica sistemática de maltrato o infanticidio.
La muerte de Isabella, la niña de dos años que falleció mientras estaba al cuidado de su madre, Lucía Sosa, volvió a colocar bajo la lupa judicial los antecedentes de una mujer que ya había sido investigada, y absuelta en 2018, por la muerte de otras dos hijas. El caso reavivó la discusión sobre un trastorno poco conocido fuera de los ámbitos clínicos y forenses: el Síndrome de Munchausen por Poder, técnicamente denominado Trastorno Facticio Aplicado a Otro, en el que un adulto provoca o induce síntomas de enfermedad en un menor a su cargo. El psicólogo Alexis Alderete (MP 85367) explicó en detalle cuáles son los indicadores que permiten a los especialistas sospechar que un episodio médico no responde a una sucesión de hechos desafortunados, sino que forma parte de una dinámica estructurada de daño.
El patrón que separa el infortunio del delito
«Lo que separa un infortunio médico recurrente de un Trastorno Facticio Aplicado a Otro o una dinámica de maltrato o infanticidio reside en la aparición de patrones relacionales e indicadores clínicos muy específicos», señaló Alderete. El especialista identificó como señal primaria la repetición de episodios graves cuando el niño se encuentra exclusivamente con el mismo adulto, y su desaparición o modificación cuando intervienen terceros. «Los eventos críticos ocurren exclusivamente cuando el progenitor está a solas con el menor. Nunca se desencadenan en presencia del equipo médico, enfermeros o terceros neutrales durante las internaciones», precisó.
A ese indicador se suma la incongruencia entre el relato del adulto y la evidencia médica acumulada: «Explicaciones que cambian o son poco creíbles sobre cómo ocurrió el evento; por ejemplo, justificar sofocaciones reiteradas bajo pretextos como que ‘el aire era tóxico'». Alderete también apuntó como alerta la desconexión emocional del progenitor ante situaciones de extrema gravedad: «Una extraña calma ante cuadros críticos, o un discurso enfocado en la atención recibida por parte del personal más que en el sufrimiento físico del hijo».
El fenómeno de la «habitación vacía»
Uno de los conceptos más precisos que desarrolló el especialista es el que denominó el fenómeno de la «habitación vacía», que describe la aparición de cuadros graves únicamente cuando el adulto tiene acceso exclusivo al niño. «Los episodios graves, apneas, sofocaciones, convulsiones, descompensaciones, suceden bajo la regla del testigo único. Cuando el niño es ingresado a observación y separado preventivamente del progenitor, o custodiado permanentemente por enfermería, el cuadro se estabiliza de forma drástica», describió.
A eso se agrega lo que Alderete definió como un «quiebre del principio de causalidad biológica»: cuadros raros, cambiantes o refractarios a todo tratamiento convencional, cuya sintomatología no responde a ninguna ley conocida de la anatomía o la fisiopatología, pero que encaja perfectamente con los tiempos de acceso a solas que tiene el adulto con el niño. Cuando estos elementos convergen, señaló el psicólogo, la alarma deja de ser una sospecha difusa y se convierte en una hipótesis de trabajo firme.
Los antecedentes como construcción de un perfil, no como suma de episodios
En el caso de Isabella, uno de los elementos que adquirió especial relevancia es la existencia de antecedentes judiciales de Lucía Sosa por las muertes de sus otras dos hijas, Candela (cinco meses, fallecida en 2013) y Jazmín (once meses, fallecida en 2016), aunque el Tribunal la absolvió en 2018. Alderete remarcó que el historial de una persona no puede analizarse como una simple sumatoria de hechos del pasado. «En la investigación psicológica forense, el historial no se evalúa como una sumatoria de hechos del pasado, sino como la construcción del perfil vincular y la probabilidad de repetición del patrón. Lo que se busca es cómo, ante las mismas situaciones, hay una conducta esperable de reacción: misma situación disparadora, igual reacción conductual», explicó.
En ese análisis, el especialista mencionó la denominada «autopsia psicológica del vínculo», una herramienta forense que permite reconstruir la manera en que un adulto ejercía la función parental. «La existencia de múltiples admisiones hospitalarias, diagnósticos contradictorios y desenlaces trágicos en lactantes anteriores rompe la premisa de la ‘muerte súbita aislada'», sostuvo. Alderete subrayó también que los testimonios de hijos mayores o familiares, como el que brindó Lucas Ruiz (17 años) ante la Fiscalía General de Mar del Plata el pasado miércoles, «adquieren una dimensión probatoria fundamental cuando coinciden con la mecánica detectada en las autopsias».
La advertencia contra el sesgo de confirmación
El especialista advirtió sobre dos errores opuestos pero igualmente graves que pueden cometerse en este tipo de investigaciones. El primero: «no ver el peligro real por la presuposición del ‘amor maternal'». El segundo: el sesgo de confirmación o sesgo retrospectivo, que consiste en leer absolutamente todo el historial de una persona a través del prisma del trastorno o del delito, «transformando cualquier caída, fiebre o llanto pasado en una prueba de maltrato».
La evaluación forense, aclaró Alderete, debe distinguir con precisión entre una señal de alarma, una hipótesis clínica y una conclusión judicial. Se trata, en definitiva, de evitar tanto la omisión de situaciones de riesgo real como la interpretación retrospectiva de cualquier episodio médico como evidencia de maltrato. Esa distinción no es solo técnica: define si una persona inocente es condenada o si un niño en riesgo queda desprotegido.
Puntos clave
- El psicólogo Alexis Alderete identificó como señal clave la aparición de episodios graves únicamente cuando el niño está a solas con el adulto sospechoso.
- El Trastorno Facticio Aplicado a Otro (Munchausen por Poder) se caracteriza por síntomas que desaparecen cuando el menor es separado del progenitor.
- La incongruencia entre el relato del adulto y la evidencia médica, y la desconexión emocional ante situaciones críticas, son indicadores forenses centrales.
- El historial de casos previos no se analiza como una suma de episodios, sino como la construcción de un perfil vincular y la probabilidad de repetición del patrón.
- Los especialistas advierten sobre el riesgo del sesgo de confirmación, que puede llevar a interpretar cualquier episodio médico pasado como prueba de maltrato.
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