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Sociedad

Estafas virtuales: alertan por perfiles falsos de Nahir Galarza creados con Inteligencia Artificial

El entorno de la joven condenada a perpetua denunció la proliferación de cuentas apócrifas en redes sociales que solicitan dinero mediante imágenes generadas con IA. Aclararon que Galarza no tiene acceso a celulares ni internet en el penal.

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★ Allegados a Nahir Galarza, la joven de 27 años condenada a prisión perpetua por el crimen de Fernando Pastorizzo, advirtieron sobre la aparición de cuentas falsas en redes sociales que utilizan su nombre e imágenes manipuladas mediante Inteligencia Artificial para cometer estafas.

Según el comunicado difundido por su círculo íntimo, estos perfiles apócrifos difunden fotografías intervenidas digitalmente, entre ellas una imagen que se viralizó donde se la ve sosteniendo un iPhone, dispositivo que es tecnológicamente imposible que posea. El objetivo de estas cuentas es engañar a usuarios desprevenidos para que realicen transferencias de dinero.

Desde el entorno de Galarza pidieron explícitamente no interactuar con estas cuentas ni enviar fondos, y aclararon que la joven se encuentra alojada en la Unidad Penal de Mujeres N°6 de Paraná sin ningún tipo de acceso a teléfonos celulares ni redes sociales. Su última conexión verificable a internet data de 2019, cuando aún no había sido condenada.

Pedido rechazado por la Justicia

En 2024, la defensa de Galarza solicitó formalmente a la Justicia entrerriana autorización para que pudiera contar con un dispositivo móvil dentro del penal, pedido que fue rechazado por el tribunal. Esta resolución confirma que cualquier perfil que simule ser manejado por ella es fraudulento.

Además de las estafas económicas, se detectaron perfiles con contenido sugestivo que invitan a usuarios a entablar vínculos sentimentales ficticios, otra modalidad de engaño que explota la notoriedad mediática del caso.

La vida de Galarza en prisión

Actualmente, Nahir Galarza cumple su condena dedicándose al estudio de Psicología Social y participando de talleres educativos dentro del penal. De acuerdo a la sentencia vigente, su posible fecha de salida en libertad está prevista recién para el año 2052, cuando cumpla 54 años.

El caso de Galarza, quien fue condenada en 2018 por el homicidio de su novio Fernando Pastorizzo ocurrido en diciembre de 2017, continúa generando repercusión mediática, circunstancia que es aprovechada por estafadores para crear perfiles falsos con fines delictivos.

Puntos clave

• Aparecieron cuentas falsas de Nahir Galarza en redes sociales que solicitan dinero mediante imágenes generadas con IA

• El entorno de la condenada aclaró que no tiene acceso a celulares ni internet en el penal desde 2019

• La Justicia rechazó en 2024 un pedido para que pudiera contar con dispositivo móvil

• Se detectaron perfiles con contenido económico fraudulento y otros con propuestas sentimentales engañosas

• Galarza estudia Psicología Social en prisión y su posible salida está prevista para 2052 ★

Cultura

La soberanía también se toca: cómo el Indio Solari le ganó la pulseada a las corporaciones

Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota construyeron uno de los fenómenos musicales más masivos de la historia argentina sin firmar jamás con una multinacional discográfica, sin pisar un estudio de televisión y sin publicitar sus recitales. El modelo ricotero fue, antes de que existiera el concepto, un manual de soberanía cultural y autogestión popular que hoy resulta tan vigente como en 1985.

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Cómo los Redondos construyeron el fenómeno más masivo del rock argentino sin discográficas ni televisión

En la Argentina de los años ochenta, el axioma era inapelable: si una banda no tenía un productor, no firmaba con una discográfica multinacional y no hacía televisión, no existía. Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota dedicó veinticinco años a desmentirlo. Con la muerte de Carlos «el Indio» Solari, este viernes 5 de junio a los 77 años, el país despide al músico que demostró que la soberanía sobre la propia obra no era una utopía contracultura, sino una decisión posible, sostenible y, en su caso, capaz de convocar a 350.000 personas en el interior del país.

El pozo común y la Negra Poly: la arquitectura de la independencia

La historia comienza en los estudios MIA (Músicos Independientes Asociados), en diciembre de 1984. Allí, los Redondos graban «Gulp!», su primer disco de larga duración, nueve años después de formados. El dinero para esa producción no vino de ningún sello discográfico: provino de un pozo común formado con un porcentaje de las ganancias de cada show. La distribución comercial corrió por cuenta de Carmen Castro, la Negra Poly, la tercera figura fundacional de la banda junto al Indio y Skay Beilinson, y su pieza logística y estratégica más decisiva.

La postura de la Negra Poly ante los productores externos era tan clara como la música de la banda. Según consta en testimonios de la época, su argumento para rechazar ofertas era el siguiente: quien invierte en una producción necesita resarcirse, y para resarcirse debe vender al grupo de una manera que no tiene absolutamente nada que ver con lo que el grupo quiere hacer. Esa frase funcionó como principio rector durante toda la carrera de los Redondos: la independencia no como pose, sino como condición de posibilidad del arte.

El primer disco se presentó, además, como un objeto artesanal en sí mismo. Ricardo Cohen, alias Rocambole, el artista plástico que diseñó toda la identidad visual de la banda desde 1978, elaboró las 7.000 copias iniciales a mano, mediante rodillos, tinta de grabado, pegamentos de colores y un trabajo de serigrafía. No había cadena de producción corporativa: había un colectivo de artistas que fabricaban, uno por uno, los objetos que iban a poner en circulación. Aquel primer vinilo artesanal contenía, además, una canción, «Criminal Mambo», que el Comité Federal de Radiodifusión prohibió en las radios. El sistema ya les marcaba los límites. Ellos tomaron nota y siguieron.

El sabotaje de la industria y la respuesta ricotero

El Indio Solari describió años más tarde, en una entrevista publicada en 2005 por la revista colombiana Gatopardo, la hostilidad concreta que la industria desplegó contra su proyecto: «Si queríamos alquilar el piso para un estadio, lo que a otros les salía 7, a nosotros nos cobraban 20. En los años ochenta una empresa discográfica compró cientos de copias de Gulp!, nuestro primer disco, y las guardó en un desván». La exclusión no era metafórica. Era económica, logística y deliberada.

La respuesta no fue el resentimiento sino la invención de un circuito propio. Los Redondos jamás firmaron contrato con una discográfica multinacional. Jamás pisaron un estudio de televisión. Hasta bien entrada la década del noventa, no publicaban ni el lugar ni la fecha de sus recitales: la difusión se hacía por el boca en boca, por los cassettes que circulaban de mano en mano en los barrios, por el rumor que corría entre los pibes de los colectivos y las villas. Más adelante, firmaron un contrato de distribución con la Distribuidora Belgrano, pero sin ceder el control sobre ninguna decisión artística o logística. El sello era, en todos los casos, propio: Patricio Rey Discos.

Como señaló Rocambole ante la agencia universitaria ANCCOM (UBA), el gran aporte de los Redondos fue demostrar que una banda podía ser inmensamente popular sin pasar por los condicionamientos del sistema: «que tenían que hacer televisión, que tenían que dar notas, que tenían que tener mucha difusión. Una a una esas propuestas las fueron demoliendo». En su diagnóstico, cuando empezó el rock nacional existían cosas que debían hacerse sí o sí, y si un grupo no tenía productor ni firmaba con una multinacional, no era nadie.

Masividad sin intermediarios: el récord que nadie esperaba

El resultado de ese modelo fue estadísticamente absurdo para los estándares del mercado. La banda que no hacía televisión llenó el estadio de Huracán con 80.000 personas en dos shows (1994), el de Racing con 90.000 (1998) y el de River Plate con 140.000 en una sola noche en el año 2000, según datos de la Fundación Konex. Ninguna de esas cifras fue consecuencia de una campaña publicitaria, de un single radial o de una aparición en pantalla. Fueron consecuencia de la densidad del vínculo entre la banda y su público, tejido durante años sin que ninguna corporación mediara en esa relación.

Cuando el Indio lanzó su primer disco solista, «El tesoro de los inocentes (Bingo Fuel)», en diciembre de 2004, el mecanismo fue el mismo: producción independiente, sin publicidad. El disco superó las 150.000 copias vendidas en un país donde, como él mismo señaló en la entrevista de Gatopardo, la piratería era moneda corriente y la mitad de la población vivía por debajo de la línea de la pobreza. El mercado había predicho el fracaso de ese modelo durante décadas. El modelo había sobrevivido al mercado.

Rocambole y la identidad visual: el arte como parte de la obra

Un elemento central del modelo ricotero fue la concepción del disco como objeto cultural total. Las tapas de los álbumes de los Redondos no eran embalaje: eran obras. Rocambole diseñó cada una de ellas con la misma lógica artesanal que rigió la producción musical: sin conceder a los criterios del mercado, sin aceptar que el empaque debía subordinarse a la comercialización. Su trabajo abarcó tapas, afiches, escenografías, videos y toda la identidad visual de la banda durante veinticinco años. «La autogestión sirve para tratar de realizar lo que uno imagina sin coacciones», definió el propio Rocambole, cuya exposición en el Centro Cultural Recoleta, inaugurada a fines de 2025, fue visitada por 100.000 personas en menos de tres meses, según relató el periodista Maximiliano Tomas, quien publicó en marzo de 2026 la entrevista inédita de Gatopardo.

Un modelo que el mercado sigue sin poder explicar

La industria musical del siglo XXI encontró en el streaming y las plataformas digitales su nueva forma de concentración corporativa. Los Redondos llegaron tarde a ese ecosistema: su discografía estuvo disponible en plataformas de streaming recién a partir de 2017, distribuida por The Orchard, empresa especializada en distribución digital independiente, según informó el diario El Litoral. La lógica fue, una vez más, la de preservar la soberanía sobre la obra sin necesidad de ceder a condiciones que la desnaturalizaran.

Lo que el modelo ricotero demostró, en síntesis, es que la soberanía cultural no es una abstracción ideológica. Es una decisión de producción, una arquitectura financiera, una red de vínculos directos con el público que prescinde de intermediarios corporativos. En un país que debatió durante décadas si era posible construir industria nacional sin quedar atrapado en las redes del capital transnacional, los Redondos lo hicieron, disco por disco, recital por recital, cassette por cassette. Y llenaron River sin pedirle permiso a nadie.

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