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Campaña de vacunación: ¿Por qué se vacuna sin guantes?

Miles de usuarios en redes sociales manifestaron dudas y cuestionamientos respecto a los enfermeros y enfermeras que vacunaron sin utilizar guantes de látex. Los detalles de esa modalidad.

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Miles de usuarios en redes sociales manifestaron dudas y cuestionamientos respecto a los enfermeros y enfermeras que vacunaron sin utilizar guantes de látex, pero según el protocolo sanitario que rige en el Ministerio de Salud de la provincia de Buenos Aires, lo recomendable es no usar estos elementos al momento de inyectar las vacunas.

Tras el inicio del Plan Vacunate contra el COVID-19 iniciado en la provincia de Buenos Aires, miles de usuarios en redes sociales manifestaron dudas y cuestionamientos respecto a los enfermeros y enfermeras que vacunaron sin utilizar guantes de látex.

Lo cierto es que, según el protocolo sanitario que rige en el Ministerio de Salud de la Provincia, lo recomendable al momento de vacunar a cualquier persona es no usar guantes.

“No hay evidencia sobre el uso rutinario de guantes, gafas o camisolines si se cumplen las medidas antes descriptas. Recordar que el uso inadecuado de guantes limita la higiene de manos”, indica el protocolo.

Verónica González, directora de Investigación y Cooperación Técnica de la Escuela de Gobierno de la PBA, tiene a cargo las capacitaciones de los vacunadores. También explicó que “se procura que el vacunador no use guantes para que se lave las manos entre un paciente y otro y no descanse en el uso de guantes”.

En este mismo sentido, la profesional agregó que la utilización de guantes no es aconsejable, además, porque incrementa las posibilidades de reacciones adversas o reacciones alérgicas al látex.

Vacunación de Kicillof.

“Se sospecha que la mayor parte de las reacciones adversas, sobre todo en alérgicos, tiene que ver con el látex, con los guantes. Si eso lo observan en los distintos lugares donde se vacuna, está hecho simplemente para disminuir el riesgo de que los pacientes que sean alérgicos desarrollen una anafilaxia al látex”, explicaron desde el Ministerio de Salud de la PBA.

Este protocolo no es únicamente argentino. Según el CDC (Centro para el control y prevención de enfermedades) de Estados Unidos, “el uso de guantes no es recomendable, a menos que el vacunador se exponga a los fluídos de una persona potencialmente infectada, o que tenga lesiones en sus manos.”

Antes de ser vacunadas, las personas que están recibiendo la Sputnik V son consultadas si tienen síntomas de COVID-19 y se les chequea la temperatura corporal. En caso de tener síntomas, deben posponer el turno de vacunación luego de 15 días.

Según la OMS (Organización Mundial de la Salud) “los guantes no son usualmente necesarios cuando se está inyectando una vacuna”, salvo si se prevé, por algún motivo, un sangrado excesivo.

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PAMI al límite: el Gobierno niega la crisis pero clínicas suspenden turnos y amenazan con frenar cirugías

El sistema de salud que atiende a casi 7,3 millones de jubilados y pensionados en Argentina está al borde del colapso. Las cámaras de prestadores privados suspendieron la asignación de turnos en consultorios externos de todas las especialidades y amenazan con paralizar cirugías programadas, mientras el Gobierno libertario insiste en que «el cronograma de pagos se viene cumpliendo».

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PAMI suspende turnos en todo el país: prestadores denuncian un atraso arancelario del 102%

La contradicción es flagrante: por un lado, las instituciones privadas denuncian un atraso arancelario del 102% y advierten que no pueden afrontar insumos ni salarios; por el otro, el oficialismo responde con aumentos del 1,9% para junio y 1,9% para julio, por debajo incluso de la última medición de inflación del INDEC. La brecha entre el discurso oficial y la realidad hospitalaria no podría ser más amplia.

El Gobierno dice que todo está bien

Fuentes del Gobierno libertario aseguraron que el PAMI «no tiene deuda acumulada con Clínicas y Sanatorios a nivel nacional» y que «lo que resta pagar durante el mes son gastos corrientes». El mensaje fue reforzado desde Casa Rosada, que confirmó los aumentos del 1,9% para junio y julio, y anticipó que volverán a convocar a los prestadores «para hablar sobre las posibles alternativas que hay sobre la mesa en este contexto de estrés presupuestario».

La frase «estrés presupuestario» dice más de lo que pretende ocultar. Se trata del eufemismo oficial para describir lo que el propio sistema de salud padece como una crisis estructural, directamente vinculada al ajuste fiscal impuesto por las metas del acuerdo con el FMI.

Lo que dicen los prestadores: 102% de atraso y colapso inminente

La Cámara de Prestadores de Salud de la Seguridad Social (CAPRESS) comunicó la suspensión del otorgamiento de nuevos turnos en consultorios externos de todas las especialidades y advirtió que las próximas medidas incluirán la paralización de cirugías y procedimientos programados no urgentes, manteniendo únicamente el seguimiento de pacientes con patologías crónicas críticas.

«Sin una recomposición urgente de los valores y la regularización de los pagos adeudados, las instituciones no pueden afrontar la compra de insumos críticos ni cumplir con las obligaciones salariales y honorarios profesionales«, advirtió CAPRESS en un documento público. «Hacemos responsable al Estado nacional por el impacto sanitario que esta situación genera en los afiliados al PAMI», completaron.

Los números que el sector expone son contundentes: desde diciembre de 2023, los aranceles abonados por el PAMI a los prestadores aumentaron apenas un 130%, mientras que en el mismo período la inflación acumulada superó el 300%. Para equiparar ambas variables, los prestadores estiman que haría falta una recomposición de al menos el 75%; el Gobierno ofrece menos de un cuarto de eso.

La crisis lleva meses: desde Patagonia hasta todo el país

La situación no es nueva ni está circunscripta a una región. En febrero de 2026, más de 30 clínicas y sanatorios de Río Negro, Neuquén, Chubut y La Pampa ya habían suspendido prestaciones programadas y ambulatorias, luego de una nota enviada al director ejecutivo del PAMI, Esteban Leguízamo, en la que advertían que sin soluciones concretas la interrupción de servicios sería inevitable. El problema se repite: primero fue una advertencia; ahora es una medida de fuerza generalizada.

«No cubrimos costos y las brechas son insalvables», declaró Andrés Sabalette, administrador del Sanatorio Juan XXIII de Río Negro, según consignó el portal Noti-Río.

Los prestadores privados aportan más de la mitad de las camas de internación en todo el país, lo que convierte esta crisis en una amenaza directa para la capacidad del sistema sanitario argentino de responder a las necesidades de la tercera edad.

Un antecedente que el Gobierno ignoró: el fallo judicial de mayo

Esta crisis no irrumpió en el vacío. En mayo de 2026, este medio ya cubrió cómo un juez federal ordenó al PAMI y a Incluir Salud regularizar pagos a prestadores de discapacidad en 72 horas, calificando al Estado de «en mora» y advirtiendo sobre el «riesgo inminente» para las personas con discapacidad. El Gobierno apeló esa cautelar en lugar de cumplirla. El patrón se repite: la respuesta judicial; la respuesta oficial, una apelación.

Además, el propio Ejecutivo debió emitir Letras del Tesoro (LECAP) por $580.000 millones para asistir al PAMI en el marco de esa misma crisis, una medida que la propia normativa exige reembolsar dentro del mismo ejercicio fiscal.

El ajuste y los jubilados: un costo que siempre pagan los mismos

Para los trabajadores del sector, el reclamo de los prestadores es apenas la superficie de una crisis más profunda. Desde SUTEPA respaldaron las medidas de los prestadores y señalaron que el personal de planta y los profesionales de cabecera fueron los principales damnificados del ajuste económico en el sector de la salud.

El cuadro se enmarca en una política deliberada: el recorte del gasto primario acumulado desde 2023, que en el área de salud y seguridad social implicó reducciones de más del 60% en términos reales, según el diagnóstico del Foro Economía y Trabajo. Los jubilados que dependen del PAMI son, en ese contexto, los eslabones más débiles de una cadena de ajuste que los aprieta desde varios frentes simultáneamente: la erosión del poder adquisitivo de sus haberes, el encarecimiento de los servicios públicos, y ahora la amenaza de perder acceso a los turnos médicos.

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