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Renuncia a subsidios: se automatiza el pago de la tarifa plena

El pasaje de colectivo para los usuarios que prescindan del beneficio pasaría a costar $ 700 por viaje. El ministro de Transporte, Diego Giuliano, había señalado que con la medida se busca «lograr una redistribución a favor de los sectores que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad».

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Este viernes entra formalmente en vigencia la renuncia opcional al pago con subsidio del pasaje del transporte público de pasajeros de jurisdicción nacional, que permitirá a los usuarios que lo deseen pagar la tarifa plena, permitiendo que los montos que el Estado dispone para ese fin sean derivados a los sectores de mayores necesidades.

La medida había sido anunciada formalmente el 16 de octubre por el ministro de Transporte, Diego Giuliano, y desde el viernes 20 está disponible el formulario para formalizar la opción en el sitio web oficial argentina.gob.ar/sube.

Hasta el momento, la cantidad de usuarios que hicieron uso de la opción es marginal y, según las primeras informaciones Transporte, sólo la habían ejercido 133 personas.

En el caso específico del Área Metropolitana Buenos Aires (AMBA), el pasaje de colectivo para los usuarios que decidan renunciar a los subsidios pasaría a ser de $ 700 por viaje, una opción que hasta el momento puede tomarse a bordo de los colectivos, previa información al chofer de la unidad.

Giuliano había señalado hace diez días que la medida entrará formalmente en vigencia a partir del 27 de octubre y con ella se busca «lograr una redistribución del ingreso a favor de los sectores de la población que se encuentran en una situación de mayor vulnerabilidad».

En la conferencia de prensa, el ministro recordó que «algunos dirigentes plantearon que no es necesario para los usuarios el subsidio al transporte».

Por tal razón se habilitó la opción para que «cada usuario pueda informarse qué significa no tener el subsidio al transporte, conocer los montos y en la medida de que no quieran recibir el subsidio del Estado nacional, puedan optar por no adherirse», explicó.

Foto Gustavo Amarelle
Foto: Gustavo Amarelle

Al respecto, aclaró que «quien quiera seguir recibiendo el subsidio al transporte no tiene que hacer absolutamente nada».

Giuliano remarcó que «el subsidio al transporte es una política de Estado a la que nosotros adherimos y llevamos adelante en todo este tiempo y queremos sostenerlo fuertemente porque tiene efectos en el salario, achatando los costos de las tarifas, permitiendo que los trabajadores puedan ser asistidos por el Estado». Asimismo, formalizó la invitación a las provincias a adherirse a la opción.

Para efectuar la renuncia al subsidio, es necesario tener la SUBE registrada con los datos correspondientes. Luego, debe completar el formulario de renuncia al subsidio – que tiene validez como declaración jurada- que se encuentra en la web de SUBE (www.argentina.gob.ar/SUBE).

La medida alcanza a los usuarios de transporte automotor de las líneas de jurisdicción nacional y de transporte ferroviario en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), por donde circulan diariamente más de 4 millones de personas.

Comprende también a los usuarios de líneas de urbanas interjurisdiccionales de jurisdicción nacional.

Foto Gustavo Amarelle
Foto: Gustavo Amarelle

En base a los números informados por el ministro, en el caso de los trenes los valores del actuales de los pasajes con subsidio son de entre $ 11,57 y $ 52,95 en el AMBA; de $ 79 en el caso de Salta; $ 105 en el circuito Resistencia-Los Amores, en Chaco; $ 180 en Rosario-Cañada de Gómez, Santa Fe.

En estos casos, los usuarios que renuncien a los subsidios deberán abonar pasajes que van desde $ 655 hasta $ 1.100 por viaje.

En lo que respecta al servicio de colectivos, puntualmente en el AMBA, el valor del pasaje con subsidio en la actualidad va de $ 52,96 (mínima) hasta $ 72,61 (máximo) y quienes renuncien a los subsidios deberán abonar una tarifa de $ 700, precisó Giuliano.

CABA

Una familia porteña necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto

Un hogar porteño de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza y $2.603.556 para ingresar al sector medio. La canasta alimentaria y la canasta total volvieron a subir y dejaron al descubierto cuánto se achicó el margen de las familias.

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El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556. Mientras el umbral de indigencia se ubicó en $903.930.

Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 durante agosto para no quedar debajo de la línea de pobreza, mientras que debió reunir $2.603.556 para ser considerada de clase media, según el Instituto de Estadística y Censos de la Ciudad de Buenos Aires (IDECBA).

El dato mostró, sin maquillaje, el tamaño del esfuerzo que tuvieron que hacer los hogares para sostener una vida cotidiana cada vez más cara. El grupo familiar tomado como referencia estuvo compuesto por dos adultos y dos menores. Para no caer en la indigencia necesitó, como mínimo, $903.930.

La canasta volvió a correrle al bolsillo

La Canasta Básica Alimentaria, utilizada para fijar el umbral de indigencia, subió 1,69% en agosto. La Canasta Básica Total, que además de alimentos contempló bienes y servicios indispensables y marcó la línea de pobreza, avanzó 1,74%.

La inflación porteña también llegó al 1,7% durante el mes. Así, el ingreso familiar tuvo que correr detrás de precios que no dieron tregua, incluso en un escenario de aumentos mensuales que el Gobierno nacional presentó como una señal de estabilidad. Para las familias, la cuenta fue bastante menos amable: cada compra ocupó una porción mayor del ingreso y el margen para pagar alquiler, transporte, medicamentos o educación quedó cada vez más ajustado.

Qué significó ser pobre o de clase media

El esquema del IDECBA distinguió a los hogares según su ingreso total y su capacidad para cubrir las canastas de consumo. Quienes no alcanzaron a pagar la Canasta Básica Total quedaron debajo de la línea de pobreza. El sector medio, en cambio, comenzó en un ingreso equivalente a 1,25 veces esa canasta y se extendió hasta menos de cuatro veces su valor.

Por eso, los $2.603.556 no representaron un salario cómodo ni una garantía de bienestar. Fueron apenas el piso estadístico para que una familia tipo ingresara al sector medio porteño. La etiqueta sonó a progreso, pero la realidad del changuito y las facturas marcó otra cosa: ser de clase media empezó por alcanzar una cifra que ya se consumió buena parte del mes antes de pagar todos los gastos básicos.

Un año después, el alivio no apareció

La comparación interanual también expuso el deterioro. En agosto de 2025, la línea de pobreza para esa familia se ubicó en $1.229.444. Un año después llegó a $1.651.798. La línea de indigencia, por su parte, pasó de $660.658 a $903.930.

La diferencia no fue un número perdido en una planilla. Fue la distancia que cada hogar tuvo que cubrir con salarios, jubilaciones, changas o más horas de trabajo. Mientras los ingresos quedaron obligados a negociar con paritarias, trabajos informales o empleos cada vez más inestables, los precios siguieron marcando las condiciones. El resultado fue un bolsillo con menos aire y una clase media a la que le exigieron cada vez más para seguir llamándose como antes.

Puntos clave

  • Una familia porteña de cuatro integrantes necesitó $1.651.798 para superar la línea de pobreza en agosto.
  • El ingreso mínimo para ser considerada de clase media llegó a $2.603.556.
  • El umbral de indigencia se ubicó en $903.930.
  • La Canasta Básica Alimentaria subió 1,69% y la Canasta Básica Total aumentó 1,74% en agosto.
  • La línea de pobreza pasó de $1.229.444 en agosto de 2025 a $1.651.798 un año después.
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