Gestión
Argentina es el cuarto país con menor tasa de homicidios dolosos en la región
Lo reveló un estudio que analizó la evolución de estos delitos en latinoamérica. Más allá de la natural preocupación ciudadana que genera la inseguridad, la mayor parte del país no tiene registros «alarmantes» de violencia letal. La disminución de los homicidios en la provincia de Buenos Aires y la incidencia del narcotráfico en algunos distritos. Las dispares propuestas de los candidatos.
Las propuestas, los diagnósticos y los desafíos en materia de seguridad serán uno de los ejes temáticos del segundo debate del próximo domingo, en el que los cinco candidatos a la Presidencia buscarán posicionarse en un tema sensible para la sociedad, según reflejan los estudios de opinión pública.
En la región, Argentina es el cuarto país con menor tasa de homicidios dolosos (indicador tomado como parámetro para medir la inseguridad), según un estudio del Centro de Estudios Latinoamericanos sobre Inseguridad y Violencia (Celiv) de la Universidad de Tres de Febrero (Untref) que hizo un análisis de la evolución histórica de esos delitos en los veinte años comprendidos entre 2001 y 2021.
Si en la región el promedio de homicidios con dolo (los realizados con intención por parte del homicida, lo que exceptúa a accidentes automovilísticos u otro tipo de muertes) es de 23 cada 100.000 habitantes, la tasa de homicidios de la Argentina en el año 2021 fue de 5,4 por cada 100.000.
Sin embargo, las estadísticas muchas veces quedan lejos de la percepción ciudadana, ya que a partir del impacto de casos resonantes de inseguridad -como también de la experiencia personal de ser víctima de un delito- las acciones de los distintos niveles del Estado y jurisdicciones del país suelen ser vistas como insuficientes.
En cualquier caso, la Untref concluye que Argentina tiene un nivel «medio» de homicidios en comparación con otros países, con tasas que en los últimos 10 años fluctuaron entre 5 y 6 homicidios por cada 100.000 habitantes, números en línea o levemente por debajo del promedio internacional (6,1 por cada 100.000 habitantes).

El estudio del equipo de investigadores coordinado por Marcelo Bergman (doctor en Sociología de la Universidad de California, Estados Unidos) resalta que la marca nacional en materia de homicidios presenta diferencias entre provincias e incluso entre conglomerados urbanos.
En algunos distritos, como en Santa Fe, la violencia producto del narcotráfico «aumentó la tasa de homicidios a aproximadamente el doble del promedio nacional», advierte el informe.
Otros puntos del país también tuvieron niveles más altos que el promedio internacional, aunque con tasas que «vienen descendiendo de forma notable a partir de 2014».
En resumen, la mayor parte del país no tiene registros importantes de violencia letal.
Además, el 70% de las provincias tuvieron tasas más bajas que el promedio internacional y cinco de ellas cifras menores a 3 cada 100.000 habitantes, según precisa el informe de 97 páginas presentado a principios de septiembre que Télam repasó en detalle para esta nota.
Sobre los departamentos de la Argentina con tasas de homicidios más altas que el promedio internacional, la investigación de Untref detalla que se trata de Rosario, Santa Fe, Tucumán, Orán (Salta) y la Comuna 1 (San Nicolás-Retiro-Monserrat-San Telmo)» de la CABA.
Esos conglomerados urbanos encabezaron la lista de departamentos de más de 100.000 habitantes con mayor tasa de homicidios en el país en el lapso 2016-2020.
La existencia de lugares específicos con índices de homicidios más altos coexiste a nivel general del país con una «pronunciada tendencia descendente», según detectaron los responsables del trabajo al comparar los veinte años del lapso 2001-2021.

El descenso del indicador nacional se explica en buena medida por la disminución de los homicidios en la provincia de Buenos Aires: entre 2020 y 2022, los datos oficiales del Sistema Nacional de Información Criminal (SNIC) mostraron un descenso progresivo que las autoridades del distrito se encargaron de resaltar.
En 2020, en el territorio bonaerense hubo 5,3 homicidios dolosos por cada 100.000 habitantes (931 crímenes); en 2021, ese número cayó a 4,7 por cada 100.000 (838 asesinatos) y en 2022 la cifra fue de 4,1 (740 homicidios).
En 2019, último año de mandato de María Eugenia Vidal, en la provincia de Buenos Aires la tasa de homicidios por cada 100.000 habitantes había sido de 5,49 (918 casos).
La disminución en la tasa de homicidios en territorio bonaerense surge de datos publicados por la Procuración General de la Suprema Corte de Justicia bonaerense, que está a cargo de Julio Conte Grand.
Más allá de esta radiografía, los estudios de opinión pública colocan a la inseguridad como una de las principales preocupaciones de los argentinos.
Eso también explica por qué el próximo domingo será tema central (junto a Trabajo y Producción, por un lado, y Desarrollo Humano, Vivienda y Protección del Ambiente, por otro) del segundo debate presidencial que tendrá lugar en el salón de actos de la Facultad de Derecho de la UBA.

Allí, los cinco aspirantes a la Casa Rosada, Sergio Massa (Unión por la Patria, UxP), Patricia Bullrich (Juntos por el Cambio, JxC), Javier Milei (La Libertad Avanza, LLA), Myriam Bregman («Frente de Izquierda y de los Trabajadores, FIT) y Juan Schiaretti (Hacemos por Nuestro País) desplegarán sus propuestas para enfrentar la problemática de la inseguridad, el delito y el incremento de la violencia.
El candidato de UxP podrá exhibir un dato de gestión: en 2022, se registró a nivel nacional la tasa de homicidios dolosos cada 100.000 habitantes más baja de las últimas tres décadas, con 4,2, según datos del propio SNIC.
En lo que va de la campaña, Massa insistió en que sus lineamientos en seguridad están basados en su experiencia como ex intendente de Tigre y reivindicó la «disminución en un 92% del delito» en ese distrito durante los años en que lo gobernó.
En ese sentido, contó que su intención es proyectar ese modelo a todo el país con el despliegue geolocalizado de cámaras de seguridad, iluminación LED, centros de monitoreo, botones antipánico y sistemas de prevención en los domicilios.
Además, prometió «consolidar un programa que permita trabajar en prevención en todas las ciudades» y mejorar el entrenamiento y la remuneración de las fuerzas de seguridad, aparte de acordar «un nuevo Régimen Penal Juvenil».
Los otros dos candidatos con chances de ganar la Presidencia o disputar el balotaje plantean medidas acusadas de ‘efectistas’ o directamente de temerarias, pensadas -según los analistas- para causar un efecto en su electorado de base, como las referencias permanentes de Milei al derecho individual a la portación de armas.
Se trata en algunos casos de propuestas orientadas al control de la protesta social.
Milei no solo promueve la desregulación del mercado legal de armas; también aspira a prohibir el ingreso de extranjeros con antecedentes penales mientras promete «meter presos a los piqueteros».

La plataforma de su partido (LLA) incluye en su decálogo construir nuevas cárceles mediante la convergencia público-privada, militarizar los institutos correccionales, reformar la legislación penitenciaria y reducir la edad de imputabilidad.
También empuja la modificación de las leyes de Seguridad Interior y de Defensa Nacional en lo que supondría -en caso de concretarse- una reforma de la arquitectura legal acordada tras la recuperación de la democracia: por ese acuerdo se estableció que las Fuerzas Armadas no intervienen en el combate a la inseguridad, salvo en situaciones excepcionales y autorizadas expresamente.
Otra de sus consignas ante la inseguridad es «priorizar» la lucha contra el narcotráfico y «detener la ocupación de tierras» en todo el país.
Finalmente, la idea de Milei de facilitar el acceso de la población al uso de armas tiene puntos de contactos con una frase esgrimida por una de sus competidoras que sería luego muy repetida en los medios: «El que quiera estar armado, que ande armado», dijo la candidata presidencial Patricia Bullrich en 2018, cuando todavía era ministra de Seguridad, durante una visita de gestión a la ciudad cordobesa de Río Cuarto.
En materia de propuestas, la postulante de JxC considera necesario bajar la edad de imputabilidad y fijarla en los 14 años, terminar con la «era de los piquetes», crear una policía especial de inteligencia criminal y cárceles especiales para narcos.
También prometió mandar fuerzas armadas, locales y federales a Rosario, para «liberar» a la ciudad santafesina «del flagelo del narcotráfico» y llevar adelante fiscalías y equipos especializados en investigación criminal.
Economía 💲
Cómo la eliminación de organismos descentralizados concentró poder de Maccarone sobre la obra pública
La motosierra concentró poder en manos equivocadas. El desguace institucional impulsado por Milei no solo «achicó el Estado», sino que las decisiones estratégicas quedaron a merced de un empresario del sector que ahora “regula”.
⬛ La eliminación masiva de ministerios y organismos descentralizados que llevó adelante Javier Milei durante su primer año de gestión no fue solo una política de «achique» del Estado. Fue, también, una operación de concentración de poder que terminó facilitando que un ex empresario constructor como Martín Maccarone controle desde las sombras toda la obra pública nacional.
La ecuación es simple pero devastadora: se eliminaron 13 Ministerios, se cerraron organismos estatales y se recortaron presupuestos destinados a Ciencia, Cultura y Educación, entre otras áreas, pero toda esa capacidad operativa no desapareció. Se concentró en pocas manos, específicamente en la órbita del Ministerio de Economía que comanda Luis «Toto» Caputo.
El mapa del desguace institucional
La lista de organismos eliminados o fusionados bajo la órbita de Economía es extensa y reveladora. A través del Boletín Oficial N°35702, el Gobierno que encabeza Javier Milei oficializó la disolución, transformación y fusión de 21 organismos públicos de distintas áreas del Estado, afectando dependencias vinculadas a salud, transporte, agroindustria, industria y seguridad.
El caso más emblemático es el del ENOHSA (Ente Nacional de Obras Hídricas de Saneamiento), un organismo que ha jugado un papel central en la ejecución de obras públicas en todo el país. Por medio de la publicación del Decreto 1020/2024 en el Boletín Oficial, se estableció que el ENOHSA quedará oficialmente disuelto dentro de treinta días, por lo que sus recursos materiales y financieros serán transferidos al ámbito de la Subsecretaría de Recursos Hídricos.
La justificación oficial fue técnica: «en el contexto actual, resulta necesario reducir la superposición de funciones entre diversos entes, garantizar una mayor coordinación en las políticas de administración de los recursos hídricos y promover una gestión más ágil y centralizada de las obras y proyectos hídricos». Sin embargo, el resultado práctico fue concentrar el control de obras hídricas y sanitarias en manos del núcleo duro de Economía.
El costo humano del ajuste concentrador
Los números del ajuste son elocuentes sobre la magnitud del poder transferido. El presidente Javier Milei sigue avanzando con el cierre de organismos nacionales. Este jueves dispuso la disolución del Ente de Obras Hídricas de Saneamiento (Enohsa), un organismo clave para las obras públicas sanitarias, que implicó 230 trabajadores y 116 obras con incertidumbre.
Según proyecciones realizadas antes de asumir, unas 118.118 personas quedarían, en principio, sin puesto laboral, si se eliminan esos ministerios y los organismos descentralizados según los números de las reparticiones que difunde el Indec. Pero el poder operativo de esas 118 mil personas no se esfumó: se canalizó hacia la nueva estructura centralizada.
La arquitectura del control concentrado
La eliminación del Ministerio de Obras Públicas, del Ministerio de Transporte y de organismos como ENOHSA, ONABE y partes de ADIF no fue casual. Todo ese poder decisorio se reconcentró en la flamante Secretaría Coordinadora de Infraestructura que comanda Maccarone desde Economía.
Esta operación de ingeniería institucional tiene precedentes históricos preocupantes. La concentración de poder estatal en pocas manos, especialmente cuando esas manos provienen del sector privado que ahora deben regular, genera las condiciones perfectas para conflictos de interés y capturas regulatorias.
Los antecedentes del desguace como concentración
El plan incluye la eliminación de la secretaría de Vivienda y Hábitat de organismos descentralizados, y el achicamiento de la dotación de personal de los ministerios, empresas y entes públicos, según confirmó La Nación en enero de 2025. Esta nueva etapa de ajuste busca achicar un 30% el Estado, pero nuevamente el poder no desaparece, sino que se reconcentra.
El proceso comenzó desde el primer día de gobierno. Milei oficializó el primer decreto de necesidad y urgencia y modificó la estructura central dentro del Gobierno, estableciendo las bases legales para esta concentración de poder que luego permitiría el funcionamiento de figuras como Maccarone.
La funcionalidad política del desguace
Lo que el gobierno presenta como «eficiencia» y «achique del Estado» opera, en la práctica, como una concentración de poder decisorio sin precedentes en décadas. La eliminación de controles y contrapesos institucionales facilita que un ex empresario constructor pueda operar «de los dos lados del mostrador» sin los filtros que antes existían.
La crítica de los dirigentes opositores señala precisamente esta contradicción: para el gobierno del presidente Javier Milei una de las razones que motivaron la disolución es que el ente elude el control de gastos que existe en la administración nacional. Pero el resultado práctico es que ahora existe menos control, no más.
Las obras que quedaron en el limbo
El caso del ENOHSA es paradigmático de cómo esta concentración afecta la obra pública concreta. Una empresa estatal que tenía como objetivo planificar, ejecutar y administrar obras de infraestructura hídrica y sanitaria en todo el país quedó disuelta, y sus funciones pasaron a depender de la estructura que controla Maccarone.
En Mendoza, por ejemplo, el cierre definitivo del Ente Nacional De Obras Hídricas De Saneamiento (ENOHSA) dejó seis obras importantes en estado de incertidumbre, que ahora dependen de las decisiones que tome la nueva estructura centralizada.
La concentración como facilitadora de conflictos
La operación de Milei generó las condiciones perfectas para que figuras como Maccarone pudieran operar con poderes extraordinarios y mínimos controles. Al eliminar organismos con capacidad técnica específica y reconcentrar sus funciones en Economía, se creó un embudo decisorio que beneficia a quien controla ese embudo.
Esta arquitectura institucional no es casual. Responde a una lógica política que privilegia la concentración de poder por sobre los controles y contrapesos democráticos. El resultado es que un ex empresario constructor puede hoy manejar toda la obra pública nacional desde un despacho en Economía, sin la supervisión técnica específica que antes existía en organismos especializados.
El futuro del modelo concentrador
La misión está a cargo del ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, según reveló La Nación, lo que indica que esta lógica de concentración continuará profundizándose. Cada organismo eliminado es poder que se reconcentra en el núcleo duro del gobierno.
La pregunta que surge es si esta concentración de poder es compatible con una gestión transparente y democrática de los recursos públicos. Los casos como el de Maccarone sugieren que no: cuando se eliminan controles y se concentra poder en manos de ex empresarios del sector que ahora regulan, los conflictos de interés se vuelven estructurales.
El «achique del Estado» de Milei resultó ser, paradójicamente, una concentración de poder estatal sin precedentes. Y figuras como Martín Maccarone son el producto directo de esa concentración.
Puntos clave
• Milei eliminó 13 ministerios y 21 organismos descentralizados, concentrando su poder decisorio en Economía
• La eliminación del ENOHSA, ONABE y partes de ADIF transfirió el control de obra pública a la estructura que maneja Maccarone
• El desguace institucional eliminó controles y contrapesos específicos, facilitando conflictos de interés
• Más de 118.000 empleados perdieron sus puestos, pero su poder operativo se reconcentró en pocas manos
• La arquitectura del «achique» resultó ser una concentración de poder que beneficia a figuras como el «funcionario fantasma»
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