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Aníbal Fernández aseguró que ante el FMI se dió una «pelea fenomenal»

El ministro de Seguridad resaltó en cuanto a la deuda que el gobierno deberá «laburar mucho para salir de lo que no hicimos».

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El-Argentino-Aníbal Fernández

El ministro de Seguridad, Aníbal Fernández, afirmó este domingo que la Argentina tenía «dos escarbadientes usados» para negociar con el FMI y dio una «pelea fenomenal en la que conquistó lo que se pudo», y rechazó a quienes postulaban entrar en default y los exhortó a «laburar y a remar porque cuentan historias muy lindas que nunca vi triunfar», ya que «estábamos enterrados hasta las verijas y no había otra forma de resolverlo».

«Rafael Nadal ganó 21 torneos de Grand Slam transpirando y peleando con una raqueta en la mano, y nosotros debemos hacer lo propio, laburando mucho, mucho para salir de lo que no hicimos (tomar la deuda), pero hay que laburar mucho», enfatizó.

«El pueblo sabe cada día más lo que esos tipos hicieron».

aníbal fernández

Fernández dijo acerca de quienes cuestionan internamente en el FdT el acuerdo logrado por Alberto Fernández y el ministro de Economía, Martín Guzmán, que «todos tenemos derecho a expresarnos, pero nos encontramos en una situación imposible de sostener, y un país serio con un Presidente serio tenía que encontrar una solución».

«No entiendo eso de ir al default, por el default no se puede pasar; estuvimos en default pero con los privados, nunca con los organismos internacionales de crédito», alertó el ministro, quien destacó: «Teníamos un par de escarbadientes usados para pelear y en esto se dio una pelea fenomenal y se conquistó lo que se pudo».

«No van (desde el FMI) por los jubilados, no van por los derechos de los trabajadores, no van por la posibilidad de generar riqueza, no van por frenar las exportaciones…, los que se sienten impacientes pónganse a laburar; me cuentan historias muy lindas pero nunca las vi triunfar», sentenció al rechazar a quienes planteaban el default.

Fernández dijo que «nos encontrábamos en una situación imposible de sostener», y resaltó que él «hubiese manejado la situación de la misma forma que lo hizo el presidente» Alberto Fernández.

«Se tiene que dar el debate, pero díganme como se sale, porque nos enterraron hasta las verijas y no teníamos forma de resolverlo; intentamos todo lo que pudimos, y veo algunos que dicen que fue ‘el día más triste’; el día más triste es el día que van por los derechos de los trabajadores, de los viejos, de las mujeres embarazadas de la gente con discapacidad», abundó.

E interpeló: «Decime cómo lo resuelvo; si tenés algo que no sea retórica, te escucho; si no dejen hacer al Presidente lo que está haciendo y todos los que tengamos ganas de subir a este bote y remar tomemos un remo y empecemos ya porque no queda mucho tiempo».

Además, criticó a quienes subestiman a la sociedad: «Eso de tomar por boludo al pueblo argentino es un error feroz, el pueblo sabe cada día más lo que esos tipos hicieron», dijo en referencia al Gobierno de Mauricio Macri y a Juntos por el Cambio.

«Se robaron todo, no se sabe donde están los 45 mil millones de dólares (pedidos al FMI en 2018), se fugaron toda la plata; eso se va a tener que mirar en el momento oportuno. El pueblo es realmente consciente de la chanchada que hicieron estos tipos», enfatizó.

Aníbal Fernández afirmó además: «voy a seguir empujando al lado del Presidente. Estoy convencido de que lo que está haciendo es lo que corresponde a la Argentina en este momento, la salida por el default no tenia ningún tipo de ventaja . Miro con muchas ganas el arreglo, se ve más o menos bien ordenada la cuestión interna y la cosa pública para llevarla adelante».

«La oposición que haga lo suyo, no tengo preocupación por lo que ellos piensan porque no aciertan nunca. Hay que ponerse a laburar para conquistar todos los derechos que tenemos a la mano», remató.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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