Opinión
Elogio de la rosca
“La democracia es un dolor que no tiene bautismo”. ¡Pero vale la pena!
Por Horacio E. Poggi
Un sinfín de lugares comunes ha inundado la conversación pública, luego de los resultados de las PASO del 13 de agosto. El latiguillo taquillero ha sido “el voto bronca de la gente”, seguido por “el hartazgo de la sociedad con la política”. Vamos a ser lacónicos. Y paramos ahí.
Realmente la casta locutora quedó descolocada. Entonces pretende involucrarnos en su desatino interpretativo y habla en nombre de la opinión pública. Tal vez para compartir su fracaso profesional. Tomemos distancia.
La emergencia de un liderazgo de ruptura suele traer consecuencias traumáticas. Por aquello de que lo nuevo todavía no termina de nacer y provoca más incertidumbre que certeza. Parafraseando a Marechal digamos que “la democracia es un dolor que no tiene bautismo”. ¡Pero vale la pena!
En cuarenta años hemos incorporado los Derechos Humanos a la conciencia nacional y solo a una minoría resentida se le ocurre poner en dudas el terrorismo de Estado. A nadie, en su sano juicio, en pleno siglo 21 se le ocurriría acceder al poder a través de la violencia subversiva, o de apelar al autoritarismo castrense para gobernar.
Entonces, ¿dónde queda el mentado hartazgo de la sociedad con la política? Porque si la alternancia se da en los marcos del sistema democrático, si más allá de la anemia partidaria aún prevalece la selección de candidaturas con alianzas formadas por partidos… Queda en evidencia que asistimos a la demolición de la narrativa democrática desde espacios mediáticos que se ufanan de ser portadores sanos de la libertad de prensa.
Va de suyo que existe bronca, hartazgo y, sobre todo, cansancio con una forma de gestionar el Estado que es, por supuesto, el recinto del poder. Pero en el malestar ciudadano también anida la respuesta. Hay que saber escuchar y convertir en soluciones la voluntad peticionaria. A veces, silenciosa; otras, virulenta.
La política, en su faz agonal, es la que define el rumbo que luego se adoptará en la faz arquitectónica. Es decir, en el gobierno.
Aun corriendo el riesgo de que algún purista nos tilde de hereje, apostamos a una conceptualización arraigada en el mundo práctico y consideramos que la construcción de poder político –fase agonal- es la condición determinante de la ejecución de medidas de Estado.
He ahí, por tanto, que emerge la capacidad imperiosa de generar consensos y de acumular materia cuantitativa en las legislaturas para sancionar ordenanzas y leyes que permitan gobernar municipalidades, provincias y el estado federal.
La construcción de poder partidario e institucional es un arte y solo quienes poseen el óleo sagrado de Samuel –diría el General Perón- están en condiciones de organizar la ejecución exitosa de políticas públicas. Cuando dirigentes y funcionarios conocedores de los subterfugios de la denominada “rosca” política asumieron responsabilidades de fuste, la Argentina transitó por etapas transformadoras.
La ausencia de políticos de la talla de Eduardo Bauzá, César Jaroslavsky, Antonio Tróccoli, Luis María Macaya, Juan Carlos Mazzón o José María Díaz Bancalari, para citar pocos ejemplos, ha dejado a las administraciones y a los partidos políticos huérfanos de liderazgos constructivos.
Por eso, antes de denostar a la política que es el único instrumento constitucional disponible en la legalidad para gestionar el Estado, sería conveniente que la reivindicarán, por otros 40 años de democracia. Excepto que la casta locutora y los paladines del oportunismo auspicien el retorno de la oscuridad, el crimen y la derrota total de la Argentina.
Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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