Conectate con El Argentino

DDHH

El verdadero “curro” de los DDHH es libertario: pusieron a un amigo al frente de un centro cultural cerrado

Cuatro meses después de clausurar el Centro Cultural Haroldo Conti y licenciar a todo su personal, el entonces secretario de Derechos Humanos, Alberto Baños, nombró a su profesor de bajo en la dirección. Los trabajadores denuncian no haberlo visto jamás en el espacio.

Publicado hace

#

— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ La derecha argentina lleva años denunciando lo que llaman «el curro de los derechos humanos». La expresión, popularizada por Mauricio Macri durante su presidencia y retomada con virulencia por Javier Milei en campaña, apuntaba contra organizaciones sociales, organismos de memoria y políticas públicas del área. Pero la realidad parece confirmar que el verdadero curro estaba esperando su turno: el Gobierno libertario acaba de protagonizar un escándalo que combina amiguismo, despilfarro y cinismo en partes iguales.

El miércoles pasado, el Boletín Oficial publicó la aprobación de una designación que tiene todos los condimentos del peor clientelismo político. Entre el 1 de abril y el 24 de agosto de 2025, Víctor Sebastián Ladino fue nombrado director del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti, que funciona dentro del Espacio Memoria y Derechos Humanos, el predio de la ex ESMA. El detalle no menor: el Centro llevaba cuatro meses cerrado cuando lo designaron.

Un director invisible para un espacio clausurado

La designación de Ladino ocurrió bajo la gestión de Alberto Baños, quien entonces ejercía como secretario de Derechos Humanos. Baños había ordenado el cierre del Centro Cultural en diciembre de 2024 y licenciado a la totalidad del personal. Cuatro meses después, en abril, decidió nombrar un director para el espacio vacío. La persona elegida no era un desconocido para él: Ladino era su profesor de bajo.

Los trabajadores de la Subsecretaría de Derechos Humanos de la Nación (SDH) consultados por este medio fueron contundentes. «Nunca lo vimos. No tuvimos contacto con él. Supuestamente dirigió una institución cerrada», señalaron fuentes del organismo que pidieron reserva de identidad por temor a represalias. La designación, además, incluyó el pago de un suplemento extra por función ejecutiva, un plus salarial que se otorga a quienes ejercen cargos de responsabilidad.

El Centro Cultural Haroldo Conti, nombrado en honor al escritor desaparecido durante la dictadura, había sido durante años un espacio de referencia para actividades culturales, artísticas y educativas vinculadas a la memoria y los derechos humanos. Exposiciones, muestras, talleres, presentaciones de libros y obras de teatro formaban parte de su programación habitual. Todo eso se interrumpió abruptamente con la decisión de Baños.

La estrategia del desguace

El cierre del Haroldo Conti no fue un hecho aislado. Forma parte de una política sistemática de desmantelamiento de las instituciones de memoria y derechos humanos que el Gobierno de Milei viene ejecutando desde su asunción. La Secretaría de Derechos Humanos fue degradada a Subsecretaría, los presupuestos fueron recortados drásticamente y numerosos espacios quedaron sin financiamiento ni personal.

Organismos de derechos humanos denunciaron en reiteradas oportunidades que esta estrategia busca vaciar de contenido las políticas de memoria construidas desde 2003. El Espacio Memoria ex ESMA, el Parque de la Memoria, el Archivo Nacional de la Memoria y otros sitios emblemáticos sufrieron recortes presupuestarios que pusieron en jaque su funcionamiento.

Pero lo del Haroldo Conti agrega un componente adicional: no solo se cierra, se desfinancia y se abandona. También se aprovecha para colocar a un allegado con sueldo del Estado, aunque no haya nada que dirigir. Es, literalmente, cobrar por una función que no se ejerce en un lugar que no funciona.

«El curro» como proyección

La acusación del «curro de los derechos humanos» fue uno de los ejes discursivos de Juntos por el Cambio durante el gobierno de Macri (2015-2019) y encontró en La Libertad Avanza su versión más extrema. Milei y sus funcionarios han repetido hasta el hartazgo que las políticas de memoria eran un «negocio» de organizaciones sociales y «zurdos resentidos». Patricia Bullrich, ministra de Seguridad, llegó a calificar de «curro» las asignaciones presupuestarias para sitios de memoria.

Sin embargo, la designación de Ladino demuestra que la proyección era, como suele suceder, una confesión anticipada. Mientras acusaban a otros de vivir del Estado con causas nobles, preparaban el terreno para hacer exactamente lo mismo, pero sin siquiera la excusa de un objetivo institucional. No hay actividad cultural, no hay espacio abierto, no hay comunidad atendida. Solo hay un sueldo cobrado.

Fuentes del sector de derechos humanos consultadas señalaron que este tipo de maniobras no son nuevas en la gestión libertaria, pero sí llamó la atención la desfachatez con la que se ejecutó. «Es casi una provocación. Cierran todo, echan a todos y después ponen a un amigo a cobrar. Y encima lo publican en el Boletín Oficial como si nada», indicaron.

Las consecuencias del desmantelamiento

El cierre del Centro Cultural Haroldo Conti tiene efectos concretos. Cientos de actividades culturales quedaron suspendidas, artistas y educadores perdieron un espacio de trabajo, y miles de estudiantes y visitantes dejaron de acceder a propuestas educativas sobre memoria, verdad y justicia. El impacto es especialmente grave en el contexto de una política pública que borra activamente las huellas del terrorismo de Estado.

Organizaciones de derechos humanos como Abuelas de Plaza de Mayo, Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora y H.I.J.O.S. han denunciado reiteradamente este proceso. En declaraciones públicas recientes, advirtieron que el desfinanciamiento y el desguace institucional buscan instalar un relato negacionista sobre la dictadura y sus crímenes.

La designación de Ladino, en ese marco, no es solo un caso de nepotismo. Es también un símbolo de cómo el discurso anti-derechos humanos del Gobierno se traduce en políticas concretas: se destruye lo público, se deslegitima lo construido y se reparte entre amigos lo que queda.

Un Gobierno que proyecta lo que practica

El escándalo del Haroldo Conti vuelve a poner sobre la mesa una constante del discurso libertario: acusar al otro de aquello que uno mismo hace. Durante años, la derecha construyó un relato sobre supuestos curros, negociados y prebendas en torno a los derechos humanos. Ahora que tienen el poder, replican esas prácticas sin disimulo, pero sin la excusa de defender ninguna causa justa.

Baños, quien fue eyectado de la Secretaría en medio de múltiples denuncias por vaciamiento y desmantelamiento, dejó como legado esta designación simbólica. Un director fantasma para un centro cultural clausurado. Un sueldo pagado con fondos públicos por una tarea inexistente. El curro, finalmente, encontró a sus verdaderos protagonistas.

Puntos clave

  • El Gobierno designó a Víctor Sebastián Ladino como director del Centro Cultural Haroldo Conti cuatro meses después de cerrarlo y licenciar a todo el personal.
  • Ladino era profesor de bajo de Alberto Baños, entonces secretario de Derechos Humanos, quien firmó su designación.
  • Trabajadores de la Subsecretaría afirman no haber visto nunca a Ladino en funciones, pese a que cobró sueldo y suplemento por función ejecutiva.
  • El cierre del Haroldo Conti forma parte de una política sistemática de desmantelamiento de instituciones de memoria impulsada por el Gobierno libertario.
  • La acusación del «curro de los derechos humanos», popularizada por Macri y repetida por Milei, se confirma ahora en la práctica del propio Gobierno de La Libertad Avanza. ★

DDHH

«Fallido experimento de sufrimiento humano»: cierra la cárcel migrante de Trump

Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Litigios judiciales, denuncias de tratos inhumanos y un gasto superior a los mil millones de dólares forzaron el cierre del experimento más emblemático de la política migratoria trumpista.

Publicado hace

#

Cierra «Alligator Alcatraz»: el fracaso del campo de detención migrante de Trump

El gobierno del estado de Florida confirmó esta semana el cierre del centro de detención para migrantes conocido como «Alligator Alcatraz», emplazado en la pista del Aeropuerto Dade-Collier, en plena zona de los Everglades. El desmantelamiento se producirá a principios de junio, según la notificación oficial cursada a las empresas operadoras. En la actualidad, el predio alberga a casi 1.400 personas que serán reubicadas progresivamente en otras dependencias gubernamentales.

El símbolo de la política antimigrante que no pudo sostenerse

Inaugurado el 3 de julio de 2025 bajo el impulso directo de Donald Trump, «Alligator Alcatraz» se convirtió rápidamente en el emblema de la política migratoria más agresiva del gobierno republicano. El nombre, una combinación del reptil que habita los Everglades y la célebre prisión de la Bahía de San Francisco, condensaba la lógica punitiva del proyecto: aislar, humillar y disuadir a quienes intentaran ingresar o permanecer en el territorio estadounidense sin documentación.

La decisión de cerrarlo no respondió a un cambio de criterio político, sino a la acumulación de tres factores que terminaron siendo insostenibles: los litigios judiciales impulsados por organizaciones de derechos civiles, la escalada de costos operativos que superaron los mil millones de dólares, y las sistemáticas denuncias por condiciones inhumanas que se multiplicaron desde el primer día de funcionamiento.

El gobernador republicano Ron DeSantis, uno de los principales aliados de Trump en materia migratoria, admitió el cierre en conferencia de prensa con una frase que resume la lógica del proyecto más que cualquier crítica opositora: «Si cerramos mañana, podremos decir que cumplió su propósito».

Un legislador demócrata: «Fallido experimento de sufrimiento humano»

El legislador demócrata Alexander Frost fue uno de los más duros en su evaluación. Cuestionó el impacto ambiental del centro, su emplazamiento en una zona ecológicamente sensible y el dispendio de recursos públicos que implicó. «Ahora, tras malgastar millones de dólares de los contribuyentes y enfrentar constantes demandas ambientales, este fallido experimento de sufrimiento humano finalmente cierra sus puertas», afirmó Frost.

La definición no fue retórica. Las organizaciones de derechos civiles que litigaron contra el centro documentaron desde sus primeros meses de funcionamiento condiciones que incluyeron temperaturas extremas, falta de acceso a sueño y alimentación adecuada, y tratos degradantes en la rutina cotidiana de los detenidos.

El caso argentino que expuso la crisis humanitaria

Entre los miles de casos que transitaron por «Alligator Alcatraz», el del argentino Fernando Artese tuvo especial repercusión. Detenido por su estatus migratorio vencido, Artese fue derivado al centro de los Everglades, y su esposa denunció públicamente las condiciones a las que fue sometido: frío extremo, duchas forzadas de madrugada y privación de sueño por falta de alimento.

La pareja expuso además el régimen de seguridad interna del predio. «Deben caminar con las manos en la nuca para salir de su celda, como si fueran criminales peligrosos. Muchos no cometieron delitos. En el caso de Fernando, creó una empresa y contribuyó al país, pero hoy está encerrado como si fuera lo peor», declaró.

El caso de Artese no fue una excepción: fue la cara visible de un sistema diseñado para castigar la condición migratoria con métodos propios de los regímenes penitenciarios de alta seguridad, aplicados en su mayoría a personas sin antecedentes penales.

La lógica del miedo y sus límites

El cierre de «Alligator Alcatraz» no implica un abandono de la política migratoria represiva de la administración Trump. Los casi 1.400 detenidos no serán liberados, sino trasladados a otras instalaciones. Sin embargo, la clausura del centro más emblemático del proyecto expone sus límites concretos: inviabilidad económica, vulnerabilidad judicial y costo humanitario insostenible.

Lo que quedó en evidencia es que la lógica del miedo tiene un precio que, en este caso, los propios impulsores del proyecto no estuvieron dispuestos a seguir pagando.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo