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Opinión

¿Dónde quedó el poder de los intendentes?

Lo que dejó el cierre de listas.

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Por Marcelo Chiaradía

El cierre de listas en Unión por la Patria, como en todas las fuerzas políticas, dejó un tendal de heridos y un puñado de contentos. Esta situación no es exclusividad de este espacio político, sino que también se refleja en los demás nucleamientos, sean grandes o chicos.

Entre los derrotados en UP se encuentran los intendentes del conurbano que no lograron cumplir con sus expectativas. Y si bien, salvo el jefe comunal de José C.Paz , Mario Ishi, que hizo notar públicamente su disconformidad y de paso, exigió para el año próximo elecciones internas dentro del PJ, sus pares del conurbano optaron por el silencio.

Cabe preguntarse porque aquellos que años atrás eran catalogados como “Barones del Conurbano” perdieron el poder de la lapicera en los cierres de listas.

Desde la vuelta a la democracia, en 1983, la provincia de Buenos Aires fue la madre de todas las batallas. Los períodos presidenciales duraban 6 años y en 1987 con la llegada de Antonio Cafiero a la Gobernación, las intendencias peronistas comenzaron a ganar poder, pero bajo la mirada del Gobernador, que además era el jefe político del peronismo bonaerense.

Cafiero delegaba ese poder en algún legislador o jefe comunal de cada sección, con quienes se articulaba el cierre de listas.

El poder de Cafiero comenzó a licuarse tras la derrota frente a Carlos Menem en la carrera presidencial, y el nuevo patrón de la Provincia venía con la experiencia de una intendencia y del conurbano, Eduardo Duhalde, quien dejaba la vicepresidencia para hacerse fuerte y poder enfrentar, desde la Provincia al menemismo, del que había sido socio.

Duhalde contenía a todos los jefes comunales. La lapicera era de él, pero había respeto hacia los caciques comunales.

Todo comenzó a derrumbarse para los intendentes, cuando llegó un gobernador sin mucha historia en territorio bonaerense y sin armado propio: Carlos Ruckuaf, a quien se lo veía entonces más cerca de aspirar a ser jefe de gobierno porteño que mandatario de la provincia más importante del país.

La crisis del 2001 eyectó a Ruckauf y catapultó a Felipe Solá, “un dirigente que nunca tuvo una unidad básica” como solía repetir un intendente del conurbano.

En 2003 Néstor Kirchner llegó a la Presidencia y Solá, que seguía sin unidad básica, fue reelegido pero no llegó a tener el poder político de la provincia que administraba.

Rápido de reflejos, Kirchner reflotó la Federación Argentina de Municipios y desde ahí empoderó a varios jefes comunales que semanalmente visitaban la Casa de Gobierno, como Alberto Balestrini, Hugo Curto, Alberto Descalzo y Julio Pereyra.

Pero celoso del poder, Néstor nunca delegó en nadie la conducción de la Provincia, sino que lo fue repartiendo según su necesidad.

Esa necesidad lo llevó a enviar a otro dirigente sin mucha historia en la Provincia, como Daniel Scioli, que tampoco pudo tener una corriente propia, como la que supieron crear en su momento Cafiero o Duhalde.

El control de la lapicera seguía estando, ya con Cristina en la Presidencia, más en CABA que en el conurbano y los jefes comunales cada vez tenían menos participación en las decisiones del armado de listas. Cristina no tenía el mismo trato con los intendentes que Néstor.

La debacle peronista de 2015 jubiló a algunos caciques y otros se recluyeron en sus distritos tratando de al menos, mantener el poder local.

María Eugenia Vidal, con una gestión desastrosa, tampoco pudo dentro de su espacio político construir poder y una vez más, alguien sin mucho recorrido en la Provincia, terminó convirtiéndose en el nuevo gobernador.

Siguiendo los pasos de sus antecesores, Axel Kicillof no creó poder en conjunto con los intendentes y una vez más, al momento del cierre de listas, los jefes comunales la vieron pasar.

En conclusión, el peronismo de la provincia perdió la conducción de sus jefes territoriales y naufraga sin una conducción que les haga valer a cada uno de los intendentes el verdadero peso que tienen dentro de la política y construcción del peronismo bonaerense. Estará en ellos y ellas, el buscar quién pueda ponerse al frente de un grupo de dirigentes que juntos, siempre tuvieron el poder necesario para llevar al Peronismo Bonaerense al triunfo.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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