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Geopolítica 🌎

Maduro rechaza exigencias de Trump y defiende soberanía venezolana sobre el petróleo

El presidente venezolano rechazó las declaraciones del mandatario estadounidense y aseguró que su país defenderá su soberanía sobre el petróleo y los recursos naturales. «Es una pretensión guerrerista», denunció.

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— 🎙️ Resumen de audio generado por IA.

★ El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, respondió este miércoles con dureza a las exigencias planteadas por su par estadounidense, Donald Trump, al calificarlas como «una pretensión guerrerista y colonialista» que busca imponer un cambio de régimen en el país sudamericano.

«Se pretende un cambio de régimen para imponer un Gobierno títere que llegue para entregarles la soberanía y convertir a Venezuela en una colonia», denunció Maduro durante un discurso transmitido por medios oficiales venezolanos.

Defensa de la soberanía sobre los recursos naturales

El mandatario venezolano fue categórico al afirmar que su país continuará comercializando libremente su petróleo y demás riquezas naturales, que definió como propiedad exclusiva del pueblo venezolano. «Es ilegal de acuerdo con todos los acuerdos impedir el libre comercio naval en los mares y océanos del mundo. No es tiempo de corsarios», señaló Maduro.

El presidente insistió en que «Venezuela no será una colonia de nadie» y enfatizó: «No tengo dudas de que nuestro pueblo, en perfecta unión cívico militar policial, hará prevalecer nuestros derechos históricos sobre nuestra tierra, nuestras riquezas, minerales, petróleo».

Apelación al derecho internacional y la ONU

Maduro indicó que tuvo un encuentro con el secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en el que «expuse lo que ha sido la escalada de agresiones» contra Venezuela. El mandatario venezolano apeló al respeto del derecho internacional frente a lo que caracterizó como «la escalada guerrerista, ilegal y desproporcionada».

Además, aseguró que «la inmensa mayoría de la población estadounidense está en contra de cualquier agresión y guerra militar», en referencia a lo que describió como «las guerras eternas que han destruido países y han destruido a buena parte de su juventud».

Rechazo regional a las amenazas

El presidente venezolano sostuvo que «todos los pueblos de América Latina están alzando su voz» contra las declaraciones de Trump, aunque no especificó qué gobiernos o sectores sociales se pronunciaron explícitamente al respecto.

«Estamos defendiendo lo más sagrado que tiene un país: el derecho a la vida de su pueblo», concluyó Maduro, al tiempo que ratificó el compromiso de su gobierno con la defensa de la Constitución venezolana y la soberanía nacional.

Puntos clave:

• Maduro calificó las exigencias de Trump como «guerreristas y colonialistas»

• Venezuela afirmó que continuará comercializando libremente su petróleo y recursos naturales

• El presidente venezolano se reunió con el secretario general de la ONU, Antonio Guterres

• Maduro apeló al derecho internacional y rechazó cualquier intento de cambio de régimen

• El mandatario venezolano aseguró contar con el apoyo de los pueblos de América Latina

América Latina

Brasil lanzó su campaña presidencial: Lula lidera en las encuestas pero la derecha disputa el Congreso

El pasado domingo arrancó formalmente la campaña presidencial en Brasil. Con 158,7 millones de electores habilitados y las elecciones fijadas para el 4 de octubre, el escenario es de polarización total entre Lula da Silva y Flávio Bolsonaro. Las encuestas favorecen al oficialismo, pero la batalla real se libra en el Congreso, donde el Centrão y la renovación del Senado pueden condicionar cualquier gobierno por la próxima década.

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La República Federativa de Brasil activó su maquinaria electoral. El domingo pasado comenzó formalmente la campaña presidencial y lo que en la superficie parece un reencuentro conocido entre dos bloques irreconciliables adquiere, en este ciclo, una dimensión institucional que va mucho más allá de la disputa por el Palacio do Planalto. La elección del 4 de octubre no solo definirá quién gobierna Brasil hasta 2030; también reconfigurará la composición del Congreso Nacional y, con ella, el equilibrio de poderes de la república por al menos una década.

La tercera vía fracasó: el escenario es binario

La contienda se perfila como una reedición del duelo de 2022, pero con nuevos protagonistas en el campo opositor. El presidente Luiz Inácio Lula da Silva, acompañado por el vicepresidente Geraldo Alckmin, encabeza una amplia coalición democrática. Frente a él, Flávio Bolsonaro asumió el liderazgo del Partido Liberal (PL) y la representación orgánica del bolsonarismo, tras la inhabilitación electoral de su padre, Jair Bolsonaro, procesado por el intento de golpe de Estado del 8 de enero de 2023.

Las denominadas «terceras vías» no lograron despegar. Los candidatos ajenos al duelo central se mantienen estancados entre el 3% y el 9% de intención de voto, lo que consolidó una contienda netamente binaria. En un sistema de doble vuelta con voto obligatorio, donde el índice de rechazo absoluto opera como techo electoral, la elección se perfila como un plebiscito de identidades políticas irreconciliables.

Las encuestas y sus metodologías

El mapa de las intenciones de voto muestra divergencias según la metodología empleada. Las encuestadoras que utilizan entrevistas presenciales y domiciliarias, como Datafolha y Quaest, captan con mayor precisión el voto de los sectores de menores ingresos en regiones periféricas y otorgan ventajas consistentes a Lula. Las firmas que trabajan con reclutamiento digital aleatorio, como AtlasIntel, reflejan un escenario más competitivo, ya que capturan el pulso de un electorado joven y digitalmente activo, más permeable a las narrativas de la oposición.

En el Nordeste, bastión histórico del lulismo y principal ancla electoral del PT, Quaest registra una ventaja de 29 puntos porcentuales para el oficialismo: 54% frente al 25% de Flávio Bolsonaro. Para compensar esa desventaja estructural, el Partido Liberal necesita márgenes de victoria abrumadores en la región Sur, donde sostiene una diferencia de 13 puntos cimentada en el conservadurismo agrario y el histórico antipetismo.

El verdadero campo de batalla es el Sudeste, que concentra el 41,7% del padrón electoral nacional. En São Paulo, Minas Gerais y Río de Janeiro, Quaest detecta un empate técnico con leve ventaja numérica para Lula (40% a 37%), una variable que sustenta su favoritismo en las proyecciones nacionales. A nivel de género, Lula conserva una ventaja sustancial entre las mujeres (47% a 34%), mientras que entre los varones la disputa está en empate técnico. El dato más preocupante para la izquierda es el electorado juvenil (16 a 24 años), donde la competencia es excepcionalmente estrecha (42% a 40%), lo que evidencia la penetración cultural de la derecha a través de la digitalización del discurso político.

El factor evangélico y la demografía religiosa

La demografía religiosa es quizás el clivaje más dinámico de la política brasileña. El segmento evangélico, que representa una porción creciente del electorado, mantiene un alineamiento casi dogmático con las plataformas de la derecha conservadora. Flávio Bolsonaro, respaldado por estructuras eclesiásticas como la Asamblea de Dios Victoria en Cristo, registra ventajas de hasta 22 puntos porcentuales sobre el oficialismo en ese grupo demográfico. La Iglesia como maquinaria electoral es uno de los activos más difíciles de contrarrestar para el PT.

El Centrão: la gobernabilidad tiene precio

La Cámara de Diputados, compuesta por 513 escaños, opera bajo el amparo del Centrão: un bloque de partidos de centro y centro-derecha (PP, União Brasil, Republicanos, PSD, MDB) con una capacidad de extracción de recursos presupuestarios sin equivalente en América Latina. El mecanismo son las enmiendas parlamentarias, que permiten a diputados y senadores dirigir fondos directamente a sus bastiones electorales.

La sumisión del Ejecutivo a esta dinámica es estructural. A lo largo del primer semestre de 2026, el gobierno de Lula liberó 33.890 millones de reales en enmiendas parlamentarias para garantizar el avance de su agenda legislativa. La paradoja es que el Partido Liberal (PL), principal partido opositor, concentró la mayor tajada: 3.100 millones de reales, frente a los 2.160 millones del PT gobernante. Quien gane la presidencia en octubre heredará esta misma lógica: gobernar Brasil exige pagar peaje en el Congreso.

El Senado: la disputa que puede cambiar la próxima década

Las elecciones de 2026 son especialmente críticas porque implican la renovación de dos tercios de la Cámara Alta: 54 de los 81 escaños del Senado Federal quedan en disputa. Con mandatos de ocho años, esta renovación puede alterar de forma irreversible la fisonomía política del país. Actualmente el Senado exhibe una correlación de fuerzas marcadamente conservadora.

El Senado posee competencias exclusivas que lo convierten en una pieza clave del sistema: ratifica a los directores del Banco Central, aprueba embajadores, confirma designaciones al Supremo Tribunal Federal (STF) y, en términos críticos, tiene la facultad de procesar y destituir a sus magistrados. Si la derecha alcanza los 41 escaños (mayoría absoluta), obtendría el andamiaje institucional para promover juicios políticos contra figuras como Alexandre de Moraes y condicionar la agenda judicial de cualquier gobierno de signo progresista por años.

El rol del STF y las tensiones institucionales

Think tanks internacionales como Chatham House y el Center for Strategic and International Studies (CSIS) advierten sobre una degradación paulatina de las normas democráticas en Brasil. En ese marco, el Supremo Tribunal Federal y en particular las medidas del juez Alexandre de Moraes frente a las redes sociales y la desinformación funcionan como un dique de contención del sistema electoral, aunque profundizan la confrontación interna y generan fricciones con sectores conservadores en el país y en el exterior.

El 4 de octubre, Brasil elegirá mucho más que un presidente. Quien asuma el Planalto en enero de 2027 gobernará bajo la tutela financiera del Centrão y bajo la vigilancia de un Senado potencialmente hostil. En la mayor democracia de América del Sur, ganar la presidencia es solo el primer paso; el verdadero desafío es no quedar atrapado en el laberinto de la propia gobernabilidad.

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