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Entrevista

Eric Calcagno: Rusia, Ucrania y las “democracias de mercado”

Parte 1 de la charla con el sociólogo, escritor y político argentino.

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Por Angie Conde

El sociólogo y político conversó con El Argentino sobre situaciones del mundo actual.

¿Cómo se puede interpretar el conflicto Rusia y Ucrania?

Para algunos, presenciamos la culminación del proyecto post-soviético, ese que fue formalizado por Francis Fukuyama en el sentido que desde la caída del muro de Berlín, todas las sociedades sólo podían ser “democracias de mercado”. Propio de los países capitalistas desarrollados de occidente que proyecta las características de la realidad propia -de su percepción- hacia el resto del mundo. Es la prolongación de la visión imperialista clásica, expresada en el siglo XIX por RuyardKipling al hablar de “la pesada tarea del hombre blanco”. Una visión idealizada del establecimiento global de la división internacional del trabajo. Esta primera interpretación privilegia el conflicto entre “el mundo libre” identificado en Ucrania, y el “autoritarismo” de la Federación de Rusia. Privilegia las “esencias” por sobre las existencias.

 Por otro lado, existen análisis que sitúan a la guerra como la expresión violenta de una determinada política. Es lo que sostenía Clausewitz en la teoría, es lo que realizó Bismarck en la práctica –la unificación alemana en 1870. Antes y después de la guerra está la política. Antes que las “esencias” están las existencias. Borrar la política es adoptar la guerra perpetua, y caer en el estado de naturaleza denunciado por Hobbes.

En este caso, la política estuvo presente en los acuerdos de Minsk I y Minsk II, que preveían mayor autonomía para las regiones rusófonas de Ucrania, sin secesión, así como respeto por los derechos de sus pueblos, en el marco de un país neutral. . El incumplimiento por parte de Ucrania de esos acuerdos, la complacencia de las naciones garantes de lo firmado, la promesa incumplida por occidente de no extender la OTAN a las fronteras rusas fueron las pruebas  graves, repetidas y concordantes que la guerra era inevitable e inminente. Bastaba conocer los discursos de Vladimir Putin sobre la cuestión desde el año 2000, o durante la conferencia de Munich. Los conceptos no han variado. El golpe de Estado de 2014 en Kiev (llamado Euromaidan) y la quema del edificio de los sindicatos en Odesa (llamada masacre) fueron los rasgos de una nueva “revolución de colores”, esos cambios de régimen auspiciados por occidente. Pero quizás fue una Ucrania de más.

¿Cuál es papel de la OTAN en el conflicto y cuáles son las verdaderas potencias enfrentadas?

Lo significativo es que cuando cae el bloque del socialismo realmente existente, como se decía, la OTAN sigue en pie. Pierde así la característica de una “alianza defensiva” para aumentar algunas de sus características preexistentes, que parecen darle su razón de ser actual.

Hay que recordar que el bautismo de fuego de la OTAN en Europa fue la intervención ilegal en  Yugoslavia durante los años noventa, con bombardeos incluidos. Así, la OTAN pasa de ser el brazo armado de las “democracias occidentales” a ocupar un lugar central en la política exterior, como en Libia o en Siria… o en América Latina. La centralidad de la OTAN en la construcción de poder occidental está representada por el presupuesto militar que tiene: más de 800 mil millones de dólares para Estados Unidos, cerca de 350 mil millones para los aliados europeos. Por su parte, la Federación de Rusia destina 84 mil millones a defensa, poco más del diez por ciento de Estados Unidos.

De este modo entramos en otra faz de la OTAN. Los botines que ofrece no son sólo los países que invade, los recursos naturales que expropia, sino que el propio presupuesto de defensa de los países miembros, constituyen un tesoro en sí mismo. En particular el de Estados Unidos.Es el auge de la principal empresa norteamericana, que es el complejo militar industrial, un emprendimiento mixto público-privado, del que ya había alertado Einsenhower. Acceder al presupuesto militar, obtener contratos, ganar mercados asegurar el monopolio son apenas algunas de las funcionalidades otanísticas. En eso los soldados son tan importantes como los comerciales, los pilotos valen los lobbyistas en el Capitolio, los marinos como la obtención de un nuevo contrato. De allí que veamos que altos mandos norteamericanos pasen a las empresas del rubro, y luego de nuevo al gobierno del Estado, como el actual Secretario de Defensa de Estados Unidos, y tantos más.

De allí que el estado de guerra permanente sea una necesidad para la OTAN, por encima de razones o intereses nacionales. Ahora es contra la Federación de Rusia… pero también aumenta la hostilidad contra China por Taiwán, los resquemores hacia la India en materia de Derechos Humanos. Pareciera que entramos en una configuración pre-1914 que no augura nada bueno. Los Estados Unidos son un país excepcional. Pero el excepcionalismo no existe.

¿Sorprende ver a Europa tan asimilada a EEUU, qué interpretación le merece?

En la segunda posguerra Europa construyó un proyecto político sobre la base del desarrollo industrial y del Estado de Bienestar. Podía tener matices social-cristianos o social-demócratas, pero la generación excepcional de dirigentes que dieron un Spaak en Bélgica, un Mendes-France o un De Gaulle en Francia, un De Gasperi en Italia, un Adenauer (intendente de Colonia, en el conurbano renanense) distinguía la conducción política de la instrumentación económica. Muchos eran de derecha, pero era una derecha constitucional y antifascista. Quizás fue en 1992 con el Tratado de Maestricht, que estableció la moneda común, cuando la esfera financiera desplazó a la cultura política. Los objetivos fueron reemplazados por los instrumentos, los cuadros políticos por gerentes.

A Alemania no le iba nada mal, como locomotora económica de una Europa diversa, aunque disciplinada por el euro (que servía la productividad de la industria germana), como vimos en el caso de la crisis griega. El problema del conflicto en Ucrania es que las sanciones económicas promovidas por Estados Unidos, aceptadas por la Unión Europea, privaban a Alemania del gas ruso que recibía a precios muy competitivos. La voladura de los gasoductos del Nord-Stream –un acto de guerra- aísla a Alemania de fuentes energéticas baratas. Así, Estados Unidos puede vender su GNL cuatro veces más caro, al tiempo que promete ventajas y desgravaciones fiscales para las empresas europeas que deseen instalarse en la costa oeste. Bueno, será el costo de la defensa del “mundo libre”.

Con la guerra, Estados Unidos impone a sus aliados Europeos sus propios objetivos, ya sea a través de la OTAN como de la Unión Europea. En términos criollos,  los norteamericanos “juntan la hacienda”, gracias a incomprensión o la complicidad de la conducción política de lo que alguna vez fue Europa. Cuidado, no es la única región donde lo harán. Resuenan las palabras atribuidas a Madame Roland en 1793 frente a la guillotina: “Libertad, cuántos crímenes se cometen en tu nombre”.

¿Cuál es su apreciación de Naciones Unidas y la impotencia frente a una de sus funciones, detener las guerras?

Entre muchas razones, las Naciones Unidas nacieron para ser un organismo más eficaz que la “Liga de las Naciones”, un producto de la Paz de Versalles de 1919, que no llegó a ser más que un club anglo-francés.

A la luz de las explosiones de Hiroshima y Nagasaki, sin embargo, fueron redactadas la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos del Hombre. Aunque el ejecutivo residía más en el Consejo de Seguridad, la participación masiva de los países que estaban, más lo que vendrán producto de la descolonización de los años cincuenta y sesenta, permitieron la aparición de agencias especializadas que alcanzaron grandes logros.

La Comisión Económica para América Latina, por ejemplo, lideró y ganó el debate sobre la necesaria industrialización de los países del continente, en vez de volver a exportar materias primas e importar manufacturas. El estructuralismo económico, después de todo, es un invento nuestro. Las campañas de vacunación promovidas desde la Organización Mundial de la Salud lograron importantes resultados, como la erradicación de la viruela en 1980. La Organización Internacional del Trabajo pudo dar voz a sectores sindicales ignorados en el mundo, cuando no reprimidos en sus países. La ayuda a los refugiados de la ACNUR, la labor educativa de la UNESCO, la importancia de la FAO en el desarrollo agrícola…  No son cosas menores.

Es cierto que el derecho de veto que tienen los vencedores de la segunda guerra mundial en el  impide o propugna sanciones según la voluntad de occidente. La presencia de Rusia y de China permite equilibrar un poco la situación. Aún así, la resolución que favorece a la Argentina en materia de las Islas Malvinas en 1965 no provino del Consejo, sino de la Asamblea General, compuesta de todos los países miembros, y duerme el sueño de los justos desde entonces.

Si el rol de las Naciones Unidas se ha desdibujado en materia de prevención de la paz, es porque muchas veces los países interesados arman “grupos de naciones amigas” en paralelo con la institucional onusiana. Sin existencia legal ni legítima, pero que sirvieron para fomentar la destrucción de Estados nacionales o prolongar guerras civiles. Más que decir que “las Naciones Unidas no sirven en lo absoluto”, valdría la pena reconocer que son útiles en determinados campos. Después de todo, la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración de los Derechos del Hombre es lo que nos protege del “orden basado en reglas” que busca imponer occidente, y que nadie conoce, ni sido leído o menos votado.  Seamos astutos, por una vez, y exijamos la ampliación del Consejo de Seguridad a nuevos países con derecho a veto, como Brasil, la India, Sudáfrica, entre muchos otros candidatos.

Esperemos que las Naciones Unidas puedan actar la evolución que existe en la realidad internacional, y adecuarse a las nuevas condiciones. De lo contrario, seguirá el camino de la Sociedad de las Naciones, y surgirá otra organización internacional, cuya sede estará esta vez en algún lugar cercano de Asia.

¿En el mundo aparece un grupo grande de naciones, que podríamos llamar Sur Global, que llama a la paz, considera posible el encuentro de esas naciones llamando a otro «orden» en el que tengan algo que ver con un mundo más justo?

Lo que es llamado “Sur Global” en alguna época fueron conocidos como los “países emergentes”, que antes eran “los no-alineados” e incluso algunos arriesgaron llamarlo “tercer mundo”. Y antes de antes éramos “Terra incógnita”. Esta variación en las definiciones demuestra una cierta dificultad para el pensamiento dominante en caracterizar determinados acontecimientosque le son exóticos. O acaso sea que sufrimos esas calificaciones según los momentos ideológicos que vivían en el norte particular.

No existe un “orden”, salvo en las matemáticas. Creo que un “orden” es un sistema de reglas legítimas, que habilitan la resolución de conflictos con el menor uso de violencia legal. Pueden existir determinados mecanismos, variables según las sociedades, que contribuyen a la propia cohesión mediante la incorporación del problema dentro de la institucionalidad que se dan. Percibir el conflicto como un error es imponer determinadas normas que terminan por excluir lo distinto o lo novedoso, como la quema de brujas en el Renacimiento (casi no hubo en el Medioevo) o la represión hacia opiniones diferentes (como el desconocimiento del origen divino del poder de los reyes). A menos que hablemos de provecho económico, en el cual los vencidos pueden ser reducidos a la esclavitud.

En cuanto a la justicia, la séptima acepción del diccionario de la Real Academia acude al cristianismo para decir que la justicia “es darle a Dios y al prójimo lo que le es debido”. Como Dios es un absoluto, es justo darle todo mediante la creencia y la práctica religiosas. En el caso del prójimo, “lo que le es debido” abre la puerta al debate y supone establecer qué le es debido a cada cual. Por supuesto, el resultado depende de nuestras convicciones, de las relaciones de fuerza existentes y del momento histórico que vive una sociedad. Si consideramos que en estos tiempos están confundidas la justicia, que es un valor, con la administración de justicia, que es una función, los resultados nos llevan a constatar que existe entre estas dos instancias una distancia insalvable.

En esa perspectiva, prefiero hablar de “tercer mundo”, en continuidad del concepto del Abate Sieyesdel “tercer estado” definido por en un panfleto publicado en 1789 como aquellos que no eran miembros ni de la nobleza ni del clero. “¿Qué es el tercer estado? Todo. ¿Qué es políticamente? Nada. ¿Qué busca? Ser algo”. Así, en el plano internacional, el ejercicio de la justicia que consiste en brindar a cada cual lo que le es debido precisa de una nueva institucionalidad, como la Organización de Cooperación de Shanghái o los BRICS, entre otras asociaciones, puedan dar una respuesta coherente con las necesidades del Tercer Mundo.

Eric Calcagno es un sociólogo, escritor y político argentino. Fue Embajador Extraordinario y Plenipotenciario en la República Francesa, Senador Nacional y Diputado Nacional por la Provincia de Buenos Aires. Con numerosas obras publicadas como: “Como salir de laberintos. Temas de sociedad, economía y poder en la Argentina actual”,  “El Resurgimiento Argentino”, “La deuda externa explicada a todos”, entre otras.

Cultura

Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”

La música, docente y titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, Nancy «La Pantera» González, conmemoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio y el rock under en Argentina. Bajista de Mata Violeta primero y de La Fragua después, vecina del barrio donde vivió y murió el Indio, su testimonio es el de una sobreviviente del underground que nunca dejó de tocar ni de pelear por los derechos de los músicos.

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Nancy “La Pantera” González: “Yo fui parte del pogo más grande del mundo”.

Desde el under de los ’80 al sindicato: la lectura política y cultural de La Pantera sobre el legado del Indio Solari

La música y docente Nancy González, titular de UDEMUS (Unión de Músicos y Músicas), miembro de la CTA de los Trabajadores, rememoró en exclusiva para El Argentino sus comienzos musicales y el folclore de la época del Indio, los Redondos y el rock under en nuestro país.

Vivís cerca de Parque Leloir, a pocos kilómetros de donde murió el Indio el viernes por la mañana. ¿Cómo te llegó la noticia?

«No solamente vivo cerca de Parque Leloir, sino que el barrio de mi infancia, crianza y adolescencia es ahí donde está la casa del Indio. Cuando él compró la casa fue toda una revolución en el barrio, iba gente siempre a tratar de verlo. Mi hermana sigue viviendo ahí. Udaondo tiene mucha historia musical, está Cielito Lindo Records, y el Indio de hecho fue a vivir a Udaondo porque Parque Leloir está bien, pero es Udaondo. Renegamos un poco porque la casa de él es el casco de la rotonda Miryam, del Harás Miryam, que fue propiedad de los Leloir. Spinetta vivía ahí a ocho cuadras, también Lebón, Miguel Cantilo; Udaondo tiene esa historia. Al enterarme, desperté con esa noticia y estuve muy mal todo el día de ayer, no paré de llorar. Sinceramente tampoco puedo entender la parte política, la decisión de no velarlo a un ídolo de tamaña magnitud en un lugar accesible para la gente. Merecía el Congreso. El Indio merece todo. Tremendo.»

En los ’80 compartiste el circuito underground con los Redondos. ¿Cómo era ese ecosistema, y qué lugar ocupaba una mujer bajista en ese ambiente?

«Los conocí ni bien empezaron, porque yo escuchaba un programa de radio que se llamaba ‘El Loco de la Colina’, el locutor creo que era Ruga, y él pasaba siempre ‘Ñan fi fruli fali fru’ y yo decía: ‘¡Qué buen rock and roll, quiénes son!’ y nunca los mencionaba. Acá en Morón, que ahora la zona del Indio es Ituzaingó pero antes era el Gran Morón porque no estaban divididos todavía, en el centro comercial había un lugar que vendía cassettes piratas. Un día pasé y vi ‘Los Redonditos de Ricota’. Era del ’85. Me lo compré. El que me lo vendió me dijo: ‘Este tiene el tema que vos me decís siempre que escuchás’. Pasaba a Los Redondos y a Memphis la Blusera. Eso nunca me lo voy a olvidar: estaba hasta la una de la mañana escuchando radio y ahí conocí a los Redondos por primera vez.

Avellaneda, velorio del Indio, 2026.

Yo empecé a tocar en el ’89, y bueno, ellos ya estaban con todo el mito y la leyenda. Un guitarrista que conocí era muy amigo del ‘Piojo’ Ávalos, que fue el primer baterista de Los Redondos; todavía sigo en contacto con ese músico. Él me contaba que la primera vez repartían masitas de ricota, que eran redonditas. Por eso también decían que se llamaban Los Redonditos de Ricota.

El circuito underground era muy rico porque había muchos lugares para tocar. Había mucha ‘guerra’ también: el que iba a ver a los Redondos no iba a ver a Soda ni a SUMO, y cada tribu iba a ver a sus bandas favoritas. Era bastante lindo.

Como mujer bajista era dificilísimo. No había muchas mujeres músicas; las que había eran todas coristas, y las bandas de mujeres eran muy pocas. Estaban Las Brujas, también La Torre con Patricia Sosa, pero una banda de mujeres propiamente dicha era rarísima. Era complicado ser música y mujer en esa época.»

Mata Violeta y Patricio Rey, ¿eran parte del mismo circuito? ¿Hubo contacto, alguna anécdota concreta con ellos o con su gente?

«Mata Violeta no era del mismo circuito, era de otro palo. Además Los Redondos siempre tocaban en lugares un poquito más grandes que los nuestros. Nosotras no llegamos a Cemento; el Indio sí. Hicimos Arpegios, y ellos también tocaron ahí, pero ellos se dedicaban más a lugares un poquito más grandes. No hubo cruces directos porque ellos estaban en La Plata y nosotras éramos más del Oeste y de Capital. Lo que sí: compartimos escenario con El Soldado, que tenía como cantante al sobrino del Indio. Entonces mucho del público que seguía a Los Redondos también iba a ver a El Soldado, y cuando hicimos el Teatro Arpegios juntos, ese público nos vio a nosotras también.»

Mata Violeta, 1991.

El Indio construyó un modelo de autogestión que hoy se estudia en las universidades. Desde tu experiencia como música y como dirigente sindical, ¿ese modelo es una referencia real para los trabajadores de la música o fue algo irrepetible?

«El modelo que construyeron el Indio junto a la Negra Poli y todos los músicos de ese momento era una manera de trabajar en cooperativa, de forma autogestiva. Me gusta más la palabra autogestión que independencia, porque al final, independencia ¿de quién? Gracias a esa autogestión el Indio pudo tener la casa que tiene, por los derechos de autor, que me parece una cosa fantástica. Muchos ahora critican que viajó a Nueva York, pero el tipo labró un montón y la plata que ganó la ganó en buena ley. Me parece fantástico.

Aparte, es una cosa difícil de replicar porque hay que dejar un montón de cosas de lado y exige un esfuerzo cooperativo enorme. A mí también me cuesta. Vengo hace años luchando, no solamente por tocar, sino también por los derechos de los músicos y músicas. Todo nació ahí, con el neoliberalismo de los ’90, cuando empezó a funcionar mal el tema de la música en vivo. El Indio es una referencia para los trabajadores de la música, aunque ahora es muy difícil, sobre todo con toda la tecnología, las plataformas y todo lo que está pasando.»

¿Qué es hoy La Fragua y cómo conviven en vos la bajista y la Secretaria General del sindicato? ¿Se retroalimentan o a veces se contradicen?

«La Fragua es mi banda, que arrancó directamente después de Mata Violeta. Vengo trabajando con mucha gente por años, pero no dejo nunca mi sueño. Una vez una figura con la que trabajé me dijo: ‘Vos tenés tu sueño, no lo abandones. Fracasás, no fracasás, no importa, seguí.’ Bueno, acá sigo, no me importa.

Y a veces se contradicen, sí. Me da mucha bronca tener que ir a tocar a la gorra cuando estamos pidiendo que se cumpla un convenio colectivo de trabajo. Me duele ver que un montón de músicos y músicas tienen que trabajar de otra cosa que no sea lo que realmente son. Ver a chicos y chicas que salen a tocar gratis o por nada, que no valoran su instrumento. Estamos haciendo la Ley Santiago, tratando de que se sancione en la Legislatura bonaerense, para que se haga la trazabilidad y se puedan asegurar los instrumentos. Lo estoy llevando también hacia otros países porque el tráfico de instrumentos es mucho. Lo pude comprobar pasando por las fronteras de Brasil, Paraguay y Uruguay, donde no te controlan nada. Los Secretarios de Cultura de todos los países que visité están interesados en la trazabilidad. Así que mis roles se chocan, se retroalimentan, pero chocan.»

Despedida del Indio, Villa Dominico.

El sindicato que conducís forma parte de la CTA. ¿Cuál es la situación concreta de los músicos en la Argentina de Milei? ¿Qué se está perdiendo que no se ve en los titulares?

«Estamos en la Central de Trabajadores de la Argentina de Yasky y venimos trabajando en lo que va a ser la futura Federación Bonaerense de Músicos, que se llamará Regional Sindical. Estamos tratando de sacar una ley que les dé facilidades a los locales que tengan músicos en vivo, que les desgraven impuestos para poder pagar el cachet correspondiente. La situación actual es que no hay laburo, está terrible. Se está perdiendo el laburo, se está perdiendo la visibilización del músico del barrio, de la región, que no puede tocar cerca de su casa porque no hay lugares. La crisis económica hace que cierren, o directamente que los dueños te cobren para tocar o te hagan tocar gratis. Los músicos y músicas somos el orejón de abajo del tarro.»

El Indio dijo en 2023 que Milei era «un disparate fascista» y que apoyaba al kirchnerismo porque «del otro lado había un peligro muy grande.» ¿Compartís esa lectura desde tu lugar sindical?

«Sí. En 2023 el Indio dijo eso y nosotros lo veníamos diciendo también. Es un fascista, es un sionista, es un peligro muy grande porque está entregando todo: no solamente la soberanía económica, sino que la soberanía cultural también está siendo dañada. A él no le interesa que los creadores de música tengan un desarrollo real, menos los que pensamos distinto. A nosotros nos está pasando en plataformas que nos bajan seguidores, que nos baja la audiencia. El fascismo que ejerce Milei en la Argentina está pasando aunque no lo quieran creer. Sí, comparto lo que dijo el Indio totalmente. Y sigue más vigente que nunca.»

La comunidad ricotera siempre fue de clase trabajadora y popular, la misma base social que debería nutrir al movimiento sindical. ¿Por qué esos mundos no terminaron de encontrarse políticamente?

«Yo creo que la comunidad ricotera sí nutre al movimiento sindical. Ayer me sorprendió que un montón de sindicatos sacaron condolencias hacia la familia, con flyers con el logotipo sindical. Y ahí te das cuenta de lo que el Indio produjo en la gente. Escuchaba entrevistas en vivo por la tele, gente que estuvo en la cárcel y que decía ‘hoy soy abogado por las letras del Indio’. Cosas así.

Creo que políticamente se están encontrando ahora. Se están reconociendo. Y creo que este fue el clic: cuando vi los flyers de los sindicatos con la foto del Indio, dije ‘¡Mirá, fulano que es tan serio es ricotero!’ Creo que esta es la bisagra. Lástima que tuvo que ser la bisagra con su muerte, que no lo haya visto. Porque calculo que era un sueño que él también tenía.»

La Fragua.

¿Qué significa para el oeste del conurbano, para Ituzaingó y la zona, que el Indio haya elegido vivir y crear acá en silencio durante décadas?

«En el oeste siempre estuvo el agite, como dijo otra banda. En el ’82, pos Malvinas, todos los que tocamos un instrumento tratamos de juntarnos y componer algo. Udaondo, Leloir, esa zona siempre fue una isla: río Reconquista, quintas, sin acceso oeste todavía en mi adolescencia. Un triángulo donde si no tenías auto, el colectivo dejaba de entrar a las ocho. Y todos los que tocábamos tratamos de juntarnos y hacer canciones. Después fue cayendo gente que tenía que ver con la música, y uno de ellos fue el Indio. Fue tremendo para el barrio.

El Indio no salía mucho, pero mucha gente iba a dejarle cosas en la puerta; así como ayer vi al muchacho que le dejó una rosa. En el kiosco de mi mamá, que está a unas cuatro cuadras de la casa del Indio, en una de las pocas cuadras asfaltadas de la época, iban a buscar cigarrillos y cervezas para dejar en su puerta. Iba el Flaco Spinetta a comprar ahí, Charly García, todo el mundo. Udaondo es la cuna musical; de hecho la han nombrado así. Que el Indio haya elegido vivir ahí es un honor, es una medalla para toda la región.»

¿Qué le decís hoy a una piba de 17 años de la zona oeste que quiere ser bajista, que quiere tocar, y que siente que ese mundo no es para ella?

«Les digo: seguí tu sueño, seguí tocando. Si sos mujer, más todavía, porque siempre hacen falta mujeres en el escenario. Igual un montón de cosas fueron cambiando: sigue el machismo, lamentablemente, son tremendos, cero deconstrucción. Pero hay cada vez más mujeres que no son solo cantantes. Está Lula Bertoldi y hay muchas más. El under lamentablemente está cada vez peor, pero no importa, hay que seguir. Seguir el sueño, tocar, no abandonar. Porque si no, lo que muere es el rock nacional. La música pura, compuesta, basta de covers. Música compuesta por gente del Oeste, y de todo el país. Hay que empezar a exigir que haya canciones nuevas.»

Una última noche en Olavarría…

«Nunca pude ver a Los Redondos en vivo, y por insistencia de compañeros que querían ir a Olavarría a ver al Indio, agarré el auto de mi mamá y nos fuimos. Me impactó porque desde Cañuelas íbamos a paso de hombre. Tardamos un montón, había una cantidad de gente… Y de verdad no me arrepiento. Fue una experiencia que estuvo buenísima, ese recital. Yo viví el pogo más grande del mundo. Yo creo que fue ese, y el que seguramente se va a producir cuando lo despidan. Yo fui parte del pogo más grande del mundo. Una experiencia única, tristemente, porque no se va a repetir. Por suerte la pude vivir».

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