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Tras el rechazo a la nueva Constitución de Chile: los desafíos que tiene Boric por delante

Los analistas políticos prevén conflictos dentro de la coalisión oficialista y dudas en los sectores de derecha, cómo así también apuntan a las fake news por el amplio rechazo.

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Por Alfredo Follonier

La contundente victoria del rechazo a la propuesta de nueva Constitución en el plebiscito de este domingo en Chile parece haber dado mayor margen de acción a la derecha para negociar un posible nuevo proceso constituyente, indican analistas, mientras otros advierten sobre los posibles conflictos dentro de la coalición oficialista del presidente Gabriel Boric con los sectores más radicales de la izquierda para avanzar en reformas a la carta magna, que data de la época del dictador Augusto Pinochet.

“La derecha razonable había prometido continuar con el proceso constituyente y en los próximos días veremos si eso se materializa o no”, señaló Javier Couso, abogado constitucionalista y académico de la Universidad Diego Portales de Chile.

Frente a este escenario, Couso manifestó que la aplastante victoria de la opción rechazo, que obtuvo el 62% de los votos, podría poner en peligro la posibilidad de que los sectores más moderados de la derecha mantengan dicho compromiso.

“Muchos de la derecha se van a ver tentados a decir ‘bueno, quizás hay revisar si efectivamente hay tal mandato de una nueva Constitución’. Van a ser días críticos los que vienen, porque vamos a saber si tendrá o no Chile una nueva Constitución”, señaló.

Por su parte, Marcelo Mella Polanco, politólogo de la Universidad de Santiago de Chile, apuntó más a los bloques oficialistas sobre dar los primeros pasos en el Congreso, especialmente ante la posibilidad de algún conflicto interno con sectores más radicales de la izquierda.

“Este escenario creo que a los dos bloques del Gobierno, Socialismo Democrático y Apruebo Dignidad, le genera una posibilidad de conflicto con sectores que están a la izquierda del Partido Comunista, que podrían entender que se cometieron errores en las coaliciones y que explican este desenlace catastrófico que hemos tenido ayer para el Gobierno y para la coalición oficialista”, señaló Mella.

Mella consideró que al menos en el caso de Socialismo Democrático, es factible que haya más facilidades “para relacionarse y para construir acuerdos y mayoría parlamentaria de 4/7”, con el fin de “reimpulsar el proceso constituyente” con sectores liberales de la derecha, representados en partidos como Evópoli, Renovación Nacional y la Unión Demócrata Independiente (UDI).

“No me parece que el poder de veto lo tenga a la derecha, el poder de veto lo tiene un gran arco de partidos y, si hay que ser más específico, yo diría que el poder de veto hoy día o el control de este proceso lo tiene fundamentalmente el Socialismo Democrático y particularmente el Partido Socialista”, justificó Mella.

En este sentido, el politólogo explicó que con la fórmula 4/7 el oficialismo necesita sólo algunos votos de la derecha liberal y así poder alcanzar los quórums de reforma y reimpulsar el proceso constituyente.

En relación a las claves del rechazo a la nueva Carta Magna, ambos analistas consultados coinciden que la actuación de los convencionales constituyentes fue un factor decisivo.

Couso indicó que “muchas personas eligieron a líderes interesantes” entre las listas de independientes, que parecían desmarcarse del “eje ideológico izquierda o derecha”, pero que “su ideología la descubrieron después, y estaban objetivamente a la izquierda del votante medio chileno”.

Mella, en tanto, señaló que la actuación de los convencionales fue un factor de “desprestigio y de pérdida de legitimidad” a un proceso que había tenido en el inicio el 80% respaldo en el plebiscito de 2020 y que se revirtió con el resultado del domingo.

“Claramente la actuación de los convencionales no fue un factor que facilitara que esos niveles de respaldo se mantuvieran”, explicó Mella. Asimismo, apuntó que si la Convención Constitucional hubiera logrado cumplir acuerdos con la inclusión de las propuestas de la derecha liberal, el nuevo texto no habría sufrido tal descalabro.

Según Mella, el hecho de que Boric se convirtiera en actor principal del proceso constituyente terminó siendo un “error estratégico tremendo”, considerando que tiene “alrededor de 50 y tanto por ciento de rechazo o de oposición en las encuestas de opinión”.

“Creo que lo que predominó ahí es el voluntarismo y no entender cuáles son las condiciones de apoyo social que tenía y que tiene el Gobierno hoy día”, argumentó. El contenido poco homogéneo de la nueva propuesta constitucional, sumado a la campaña de “fake news”, fueron elementos preponderantes que “explican la derrota”, según Couso.

“Cosas que la ciudadanía no entendía, como plurinacionalismo, que era un concepto muy abstracto, y que las fake news se encargaron de decir que eran cuestiones que iban a desintegrar al país, se hablaba incluso de que se iba a terminar el himno, la bandera, etc”, advirtió Couso.

Mella también aludió al diseño institucional del Poder Legislativo, que calificó como “claramente carente de equilibrio” y en el que el margen de maniobra para la oposición quedaba prácticamente sesgado.

“Existía la aprehensión de que el diseño del Poder Legislativo iba a propiciar un sistema político donde si uno ganaba el Gobierno y ganaba la Cámara Baja se lo llevaba todo y la oposición prácticamente no tenía espacio político de maniobra”, explicó.

A juicio del académico, “tiene cierto fundamento esa crítica”, así como otros elementos contenidos en la nueva Constitución propuesta, como el tema de los derechos de agua y los articulados transitorios.

Según adelantaron desde ambos sectores políticos, buscarán entregar lineamientos claros del nuevo proceso constituyente antes del 11 de septiembre, cuando se cumplen 49 años del Golpe de Estado de 1973, una fecha simbólica para la historia chilena y la actual Constitución, por lo que esta semana sería clave para el oficialismo, que seguramente afrontará cambios en el gabinete.

Geopolítica 🌎

El eje que desafía al orden global: Xi y Putin sellan su alianza más ambiciosa

Los presidentes de China y Rusia firmaron una declaración conjunta y 20 acuerdos de cooperación en la 25ª visita de Putin a China. El encuentro refuerza la coordinación estratégica bilateral en un contexto de tensiones globales y disputa por el orden internacional.

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Xi y Putin renuevan su alianza estratégica en Pekín con un mensaje al mundo multipolar

★ Los presidentes de China, Xi Jinping, y de Rusia, Vladimir Putin, se reunieron este miércoles en el Gran Salón del Pueblo de Pekín para renovar el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa entre ambas naciones, sellar una declaración conjunta y firmar 20 acuerdos de cooperación en áreas que abarcan economía, comercio, energía, educación y ciencia y tecnología, según informó la agencia Xinhua.

La visita, la número 25 de Putin a territorio chino, fue recibida con una ceremonia de bienvenida frente al Gran Salón del Pueblo que incluyó actuaciones de bandas militares, una salva de 21 cañonazos y un desfile de la guardia de honor, subrayando el peso protocolario y político del encuentro.

Una asociación que se eleva a «nivel sin precedentes»

Xi Jinping abrió las conversaciones con un diagnóstico categórico: las relaciones entre China y Rusia «entraron en una nueva etapa de mayores logros y un desarrollo más rápido». El mandatario chino describió el vínculo bilateral como una «asociación estratégica integral de coordinación para una nueva era», basada en «igualdad, respeto mutuo, buena fe y cooperación mutuamente beneficiosa».

Putin, por su parte, coincidió en que la relación bilateral «alcanzó un nivel sin precedentes» y resaltó que la cooperación entre ambos países «constituye un importante factor estabilizador en la volátil situación internacional». El presidente ruso también subrayó que «la cooperación bilateral no está dirigida contra ningún tercero ni se ve afectada por cambios geopolíticos», en una frase leída por los analistas como un mensaje directo a Washington.

La agenda: del comercio a la gobernanza global

Más allá de los protocolos, el encuentro tuvo una agenda de fondo que combina intereses económicos concretos con una visión compartida del orden mundial. Xi instó a profundizar la cooperación en comercio e inversión, energía y recursos, transporte e innovación científica, y a «explorar activamente la cooperación en áreas de vanguardia» para crear «nuevos motores de crecimiento».

Xi también convocó a ambas partes a alinear el XV Plan Quinquenal de China (2026-2030) con la estrategia de desarrollo de Rusia hasta 2030, en una señal de coordinación de largo plazo que trasciende el ciclo político inmediato.

En el plano multilateral, los dos mandatarios acordaron fortalecer la coordinación en el marco de la ONU, la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), los BRICS y la APEC, organismos que en los últimos años se convirtieron en plataformas de articulación del llamado Sur Global frente a la hegemonía occidental.

El mundo que imaginan Xi y Putin

La declaración conjunta emitida tras las conversaciones lleva el nombre de «Promoción de un mundo multipolar y un nuevo tipo de relaciones internacionales», un título que condensa la visión geopolítica compartida por ambos gobiernos: cuestionar el orden unipolar liderado por Estados Unidos y construir un sistema de gobernanza global que sea, según sus propias palabras, «más justo y razonable».

Xi subrayó que China y Rusia, como «miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y países importantes del mundo», deben trabajar para salvaguardar «el orden internacional de la posguerra y la autoridad del derecho internacional». La referencia al orden de posguerra, fundado en 1945, es también una defensa implícita del derecho de veto en el Consejo de Seguridad y de la arquitectura institucional que garantiza el peso de Moscú y Pekín en la escena global.

Los mandatarios también intercambiaron perspectivas sobre la situación en Oriente Medio, aunque no se difundieron posiciones detalladas al respecto.

El contexto que el comunicado no dice

La visita de Putin a Pekín ocurre en un momento en que Rusia sostiene su ofensiva militar en Ucrania y el aislamiento diplomático occidental sobre Moscú se mantiene, aunque con fisuras crecientes. Para China, la profundización del vínculo con Rusia es al mismo tiempo una carta de negociación con Occidente y una afirmación de su rol como potencia global con agenda propia.

El fortalecimiento de este eje, reforzado con acuerdos concretos y un tratado renovado, confirma que la reconfiguración del orden internacional no es solo retórica: es una construcción política, económica y diplomática que avanza con cada reunión de este tipo, independientemente de las turbulencias geopolíticas del momento.

Puntos clave:

  • Xi Jinping y Vladimir Putin renovaron el Tratado de Buena Vecindad y Cooperación Amistosa en Pekín el 20 de mayo de 2026.
  • Firmaron una declaración conjunta sobre «promoción de un mundo multipolar» y 20 acuerdos de cooperación en diversas áreas.
  • Putin realizó su 25.ª visita a China, señalada como evidencia del «alto nivel» de la relación bilateral.
  • Ambos mandatarios reforzaron la coordinación en la ONU, OCS, BRICS y APEC para impulsar el Sur Global.
  • La cooperación bilateral incluye la alineación de los planes de desarrollo estratégico de ambos países hasta 2030.
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