Cambio climático
Paula Zapperi: «Es necesario invertir en cosas que no se ven, aunque no dé tantos votos»
La investigadora del CONICET que advirtió en su tesis doctoral sobre la tragedia de Bahía Blanca.
Por Andrea Reyes
Bahía Blanca es una ciudad con clima semiárido que está ubicada en la cuenca inferior del arroyo Napostá, cuyo curso la atraviesa. Tradicionalmente, la región no se asocia a fenómenos de inundación, sin embargo, el pasado 7 de marzo los bahienses vivieron la peor de las pesadillas: un temporal que azotó ferozmente y dejó múltiples destrozos, al menos 16 muertos, miles de evacuados y dos personas desaparecidas. En un solo día cayeron cerca de 290 milímetros cuando la media histórica de lluvias en la región es de 584 mm al año.
A una semana de la violenta inundación, Paula Zapperi, doctora en geografía, investigadora del CONICET y docente de la Universidad Nacional del Sur, consultada por El Argentino cuenta cuál fue la advertencia que planteó en su tesis de doctorado en geografía física (2012).
¿Se pudo evitar la tragedia? ¿Cuál es la discusión política después de las inundaciones? ¿Qué medidas son necesarias implementar? Bahía Blanca, una ciudad que necesita volver a empezar. Necesita del Estado, la ciencia y el compromiso social.
-¿Cuál fue el punto de interés de tu tesis doctoral y qué advertiste?
-Bahía Blanca no se asocia a fenómenos naturales de inundación, por eso mi objeto de estudio fue el escurrimiento. Su posición contribuye a que la ciudad reciba el escurrimiento generado aguas arriba, además de aumentar el peligro de inundación por sus crecidas.
Por eso, en las zonas más llanas de Bahía cuando llueve se pueden complicar el escurrimiento porque hay pendientes casi nulas y suelos que se saturan rápidamente. Es decir, hay un área de la ciudad construida que no deja de ser una llanura fluvial o aluvial.
Sin embargo, en mi trabajo no estaba la idea de un evento de la magnitud de lo ocurrido el 7 de marzo, de alguna manera, porque en Bahía siempre existió el “inconsciente colectivo” que la gran inundación de la ciudad ya había ocurrido en 1944.
-A diferencia de lo ocurrido en 1944, ¿qué factores convergieron en esta ocasión?
-Confluyeron muchas cosas, por eso no es posible hacer un análisis en función de este evento particular, pues estará muy sesgado. Es cierto que podría equipararse a lo ocurrido en 1944, pero en ese entonces los 300 mm cayeron en dos días. Tuvo el agravante, que en esta ocasión no ocurrió, que la crecida llegó con demora de la zona serrana. Entonces, la lluvia del ‘44 pasó a ser como la típica lluvia de 100 años de recurrencia.
En función de ese episodio se desarrolló el canal Maldonado y el centro de la ciudad contó con desagües pluviales a partir de la década del ’80.
La cuestión es que los desagües pluviales se estructuraron en función del canal Maldonado y el arroyo Napostá, sin tener claro qué pasaría si vienen crecidos y si, además, reciben el desagüe urbano (sistema que gestiona el agua de lluvia y las aguas residuales de las ciudades) que se viene recolectando por los fluviales.
Sabíamos que podía llegar a ocurrir algo así como el evento de los 100 años, pero este evento fue mucho más extremo de lo que podíamos esperar y, en parte, hay un tema con la atmósfera en altura.
-Es necesario contextualizar lo ocurrido en el marco del cambio climático
-Lo que ocurre es que en un contexto de cambio climático se forman tormentas de muy rápido desarrollo. Sabíamos que iba a llover, había alerta amarilla y en la noche del jueves pasó a naranja, con lo cual los meteorólogos vieron que se aproximaba una tormenta considerable que incluso decantó en la suspensión de clases. La inquietud que surge es la formación de tormentas que reciben un aporte de humedad y de aire cálido muy significativo, en particular para nuestra región, volviendo más severa la tormenta y de un desarrollo rápido.
En este contexto, no se puede poner en duda si puede volver a pasar o no, es evidente la necesidad de seguir trabajando sobre nuestra zona y saber que, para los meteorólogos, es todo un desafío el pronóstico porque son tormentas difíciles de predecir.
-¿Qué medidas son necesarias para reducir el riesgo de un nuevo evento de estas características?
-Bahía Blanca ya tiene una mesa de trabajo sobre el agua. En 1970 se construyó el dique Paso de las Piedras para garantizar el suministro de agua, pero el tiempo transcurrido y el crecimiento de la población, hacen que en época de escasez de lluvia el nivel del agua se torne una emergencia.
Empero, hay una obra en particular, la del Dique Puente Canessa, que se planteó post-inundación de 1944 y que aún no se concretó. Es un proyecto de larga data pensado para proteger la ciudad de las crecidas de Sierra de la Ventana. Su construcción es importante porque permitiría atajar la crecida del arroyo serrano. Pero hay zonas bajas, por ejemplo, que quedarían al margen de esta protección, con lo cual hay que atender todas las cuestiones.
-El intendente de Bahía Blanca, Federico Susbielles, remarcó que una obra clave es la construcción de un dique a la altura del Puente Canessa.
-Es una prioridad la construcción del dique Puente Canessa. De igual modo la reconstrucción del canal Maldonado, lo cual es una buena oportunidad para repensar su diseño o tipos de cursos de agua necesarios. En muchos lugares del mundo se está viendo la necesidad de devolverle un poco la naturalidad a los ríos, porque necesitan tener ese espacio para moverse y depositar el agua de la crecida. El problema es que el hombre entra a romper el equilibrio queriendo desarrollar una estructura que resulte de fácil mantenimiento y evacúe con rapidez.
-Además de la parte estructural, ¿qué otras medidas son necesarias?
-Es importante acompañar con medidas no estructurales. En el caso de Bahía es fundamental la concientización de la gente y asumir que vivimos en una ciudad con un clima con escasas lluvias, pero que cuando ocurre se llueve todo. También es importante mantener las calles y los desagües limpios, y hay que volverse más defensores de la calidad del hábitat que buscamos generar. Por lo tanto, no hay una medida en particular, de ahí la importancia de las mesas de debate para conseguir un intercambio de diferentes miradas.
-Podríamos decir que es necesario articular Estado, ciencia y compromiso social.
-Exacto. Está perfecto que el Estado ayude, pero también es importante educar a la comunidad sobre cómo manejarse ante un evento de esta magnitud.
-Por último, el intendente planteó que necesitará 400 mil millones de pesos para reconstruir la ciudad, pero hasta ahora el Poder Ejecutivo Nacional envió 10 mil millones de pesos. ¿Qué opinas?
-Ahora se ponen de manifiesto desinversiones de larga data y lo ocurrido debe ser la enseñanza de que es necesario invertir en cosas que no se ven, aunque no dé tantos votos. Mejor publicidad política no hay, lo que sucede es que este tipo de inversiones lleva tiempo y no es el de la política.
Hay un tema no sólo de inversión, sino también de decisión política que no es amigable con la imagen que los políticos quieren dar, pero después la imagen que consiguen con estos hechos resulta mucho peor. Creo que este tipo de eventos les tiene que hacer cambiar el foco, y siento que a la gente ya no se la convence tan fácilmente con otro tipo de obras, quieren cosas en serio.
Cambio climático
El mar en la ciudad: ciclón extratropical devastó Mar del Plata, Necochea y Monte Hermoso
La Prefectura Naval suspendió la actividad portuaria en Mar del Plata y Necochea por el cierre de escolleras.
Temporal en la Costa Atlántica: el ciclón extratropical dejó evacuados, calles bajo el agua y el mar adentrado en las ciudades
Un violento ciclón extratropical azotó durante la noche del viernes distintas localidades de la Costa Atlántica bonaerense y dejó un saldo de inundaciones, evacuados, daños materiales y la actividad portuaria paralizada. Las ciudades de Mar del Plata, Necochea y Monte Hermoso fueron las más afectadas por el fenómeno, que combinó lluvias intensas, vientos huracanados y un oleaje de hasta siete metros.
Mar del Plata: más de 100 milímetros, rescates y alertas por viento
La ciudad de Mar del Plata recibió precipitaciones que superaron los 100 milímetros entre el miércoles y el jueves, según datos oficiales. El acumulado desencadenó inundaciones en viviendas y calles, y obligó a equipos de emergencia a realizar rescates de personas que quedaron atrapadas dentro de vehículos rodeados por el agua. Para el sábado, el Servicio Meteorológico Nacional (SMN) emitió una advertencia por ráfagas cercanas a los 80 kilómetros por hora, lo que prolongó el estado de alerta en la ciudad.
Necochea: 180 milímetros y seis vecinos evacuados
En Necochea, el barrio Ramón Santamarina resultó uno de los sectores más comprometidos de toda la costa: el acumulado de lluvia alcanzó cerca de 180 milímetros, lo que provocó anegamientos de magnitud. Las autoridades locales dispusieron la evacuación preventiva de seis vecinos, que fueron trasladados a la Escuela Agropecuaria N°1 como centro de albergue transitorio.
Las malas condiciones climáticas también impactaron en la actividad marítima. La Prefectura Naval dispuso el cierre de las escolleras de Mar del Plata y Necochea y suspendió el ingreso y egreso de embarcaciones hasta nuevo aviso, paralizando la operatoria portuaria en ambas ciudades.
Monte Hermoso: el mar avanzó sobre la ciudad
Monte Hermoso fue otra de las localidades severamente afectadas. El avance del mar sobre la costanera produjo daños en distintos sectores urbanos y el agua llegó hasta la peatonal Dufaur, en el corazón del municipio. Entre los incidentes reportados, la fuerza del oleaje arrastró un puesto de guardavidas. Gran parte de la ciudad permaneció sin suministro eléctrico y las autoridades alertaron sobre la presencia de cables y escombros en la zona costera, lo que representó un riesgo adicional para los habitantes.
Un fenómeno que se repite con mayor frecuencia e intensidad
Los ciclones extratropicales y las ciclogénesis sobre el litoral atlántico bonaerense no son fenómenos nuevos, pero los registros meteorológicos de los últimos años muestran una tendencia hacia su mayor frecuencia e intensidad. Lo que resulta evidente es que la infraestructura costera de muchos municipios bonaerenses no está en condiciones de absorber los impactos de estos eventos sin sufrir daños estructurales, y que la prevención y la inversión pública en obras de contención continúan siendo una deuda pendiente con las comunidades afectadas.
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