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Con la detención de Milagro el aparato judicial se transformó «en un aparato de persecución»

La Liga Argentina por los DDHH convocó a la marcha el 1 de febrero contra la Corte Suprema, organizada bajo la consigna «Basta de injusticia y lawfare».

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El presidente de la Liga Argentina por los Derechos Humanos, José Schulman, dijo este domingo que el día que encarcelaron a la dirigente jujeña Milagro Sala comenzó en el país «la transformación del aparato judicial en un aparato de persecución» y explicó por qué su organización convoca a la marcha contra la Corte Suprema de Justicia de la Nación el 1 de febrero próximo.

Al cumplirse este domingo seis años de la detención de la dirigente social, Schulman sostuvo que «a partir de ese día comenzó en la Argentina un proceso de lucha contra la judicialización de la política» y a su vez «la transformación del aparato judicial en un aparato de persecución».

Confirmó que la Liga Argentina por los Derechos Humanos convocó a la marcha contra la Corte Suprema, organizada bajo la consigna «Basta de injusticia y lawfare», y aseguró: «Somos una organización autónoma, no tenemos relaciones especiales con este ni ningún gobierno».

El dirigente de derechos humanos recordó que su organización presentó dos proyectos en el Parlasur, y uno de ellos es justamente la «tipificación del lawfare», porque en su opinión «no es cualquier política judicial de persecución, sino que está inserta en un plan de dominación colonial».

Asimismo explicó que la marcha pide «la renuncia de los miembros» del máximo tribunal y subrayó que el cuerpo «tiene un origen de ilegitimidad porque dos de sus principales miembros aceptaron entrar por la ventana».

Para Schulman la Corte «fue diseñada y construida por (el expresidente Mauricio) Macri» y sus miembros deben renunciar porque «no hay otra instancia institucional» prevista en estos casos. Agregó que «la Constitución Argentina no previó qué hacer con una Corte Suprema que autoasume todo el poder del Estado».

DDHH

Abuelas de Plaza de Mayo alerta por la suspensión de entregas de kits de ADN en el exterior

El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.

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La política de derechos humanos volvió a quedar en discusión tras la denuncia de Abuelas de Plaza de Mayo: el Gobierno habría suspendido el envío de kits de ADN a consulados argentinos en el exterior, una herramienta clave para avanzar en la identificación de hijos de desaparecidos.

La medida impacta directamente sobre personas que viven fuera del país y que sospechan haber sido apropiadas durante la última dictadura. Sin esos kits, queda interrumpida la posibilidad de realizar pruebas de filiación sin viajar a la Argentina.

Un canal de búsqueda bloqueado

Desde la Red Internacional de Abuelas en Europa señalaron que el sistema funcionaba desde hace años sin inconvenientes. A través de consulados, las muestras se tomaban bajo supervisión oficial y eran enviadas para su análisis.

El argumento oficial, según trascendió, apunta a dificultades en la custodia de las muestras. Pero desde la organización lo rechazan de plano: sostienen que el mecanismo tenía validez y respaldo institucional desde hace casi dos décadas.

Impacto en el derecho a la identidad

La decisión golpea uno de los pilares del trabajo de Abuelas: el derecho a la identidad. Se estima que alrededor de 400 bebés fueron apropiados durante el terrorismo de Estado y aún falta restituir la identidad de muchos de ellos.

Organismos advierten que la suspensión de estos dispositivos ralentiza o directamente paraliza investigaciones que dependen de la voluntad de quienes viven en el exterior para iniciar el proceso.

Denuncias de desarticulación

Referentes del espacio también apuntaron contra la falta de articulación estatal. Señalan que la CONADI y áreas vinculadas a Cancillería quedaron debilitadas, lo que repercute en la continuidad de políticas públicas construidas durante años.

Las críticas no se limitaron a lo operativo: también denunciaron un retroceso en la política de memoria, verdad y justicia, con cuestionamientos a la falta de diálogo con los organismos.

El envío de kits de ADN no es un trámite administrativo más: es una herramienta concreta para restituir identidades. Su interrupción abre un conflicto que excede lo técnico y vuelve a poner en tensión el rol del Estado frente a los crímenes de la dictadura.

En ese terreno, la denuncia de Abuelas marca algo más profundo: no sólo un problema de gestión, sino una disputa sobre el lugar que ocupan los derechos humanos en la agenda libertaria..

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