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Denuncian que una directora agredió físicamente a estudiantes de una primaria de Villa 31

Mientras el Gobierno de la Ciudad mira para otro lado, la comunidad educativa de la escuela La Banderita del Barrio Padre Mugica espera respuestas, se siente amenazada y abandonada a su suerte por el Ministerio de Educación porteño.

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Analía Maldonado estaba en su casa, en la manzana 103 del sector Ferroviario del Barrio Padre Mugica (ex Villa 31), eran casi las cinco de la tarde y su hijo Armando aún no regresaba. Se preocupó y cuando su hija más grande, Erika, llegó sola, se preocupó aún más. Le contó que un profesor había visto como Armando salía corriendo de la escuela, llorando y con la cara golpeada.

Analía fue a la comisaría de la zona, hizo una denuncia por búsqueda de paradero y recorrió el barrio entero junto a Roberto, su marido. Lo encontraron a las once de la noche debajo del puente “Bichito de Luz”.

Armando tiene diez años y cursa quinto grado en la escuela La Banderita. Su mamá le contó a El Argentino la situación que vivió por defender a su amigo Dylan. “Él estaba llorando y mi hijo se acercó para ver qué le pasaba. Entonces le contó que la directora le alzó la voz, lo empujó contra la pared y le rompió el zapato. Armando fue a verla, le dijo que su compañero estaba llorando y le preguntó por qué le había hecho eso. Entonces ella comenzó a gritarle frente a todos los chicos, le apretó fuerte el hombro y lo lastimó en la cara”, relató.

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Familias de la Villa 31 denuncian que la directora agredió físicamente a estudiantes de la primaria.

Armando se fue corriendo de la escuela. Se asustó. “Antes de salir lo vio un profesor porque la directora se dio cuenta que mi hijo se quería ir y lo mandó a atajar mientras ella hablaba por teléfono. A mí no me llamaron nunca de la escuela, yo estaba tranquila, lo estaba esperando en casa”.

La escuela primaria N° 25 D.E. 1 “Bandera Argentina” del Polo Mugica se encuentra en la calle Letonia al 100, el 23 de junio durante los ensayos del acto del Día de la Bandera, alumnos y docentes vieron cómo la directora, Mónica Casalini, sacudió del hombro a Armando, le gritó y lo hizo trastabillar y partirse el labio contra una pared.

“Después de tantos años de tarea docente y de defensa de los derechos de niños, niñas y adolescentes, es la primera vez que veo que una directora maltrata y golpea a un niño en una escuela, es un hecho gravísimo, excepcional que requiere una intervención urgente del Ministerio de Educación que está demorando mucho en tomar una decisión”, aseguró María Elena Naddeo, Directora General de Niñez, Adolescencia, Género y Diversidad de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad.

«Corresponde la separación preventiva de la docente de su cargo, que se inicie el sumario pero con ella fuera del establecimiento».

Naddeo detalló que los vecinos del Barrio 31 denunciaron ante la Defensoría del Pueblo y la APDH el maltrato reiterado hacia los niños y niñas y hacia el personal docente por parte de la directora de La Banderita, una escuela muy querida por las familias por el trabajo educativo y la contención social.

Al día siguiente la madre del estudiante volvió, amplió denuncia por maltrato y abuso de autoridad contra la directora de la escuela que, hasta el viernes seguía en funciones.

“Corresponde la separación preventiva de la docente de su cargo, que se inicie el sumario pero con ella fuera del establecimiento. Parece que no hay acuerdo en el Ministerio de Educación para utilizar este criterio”, lamentó Naddeo, que además indicó que desde la Defensoría presentó un pedido de informes tanto al Ministerio como al Organismo de la Infancia “para que intervenga el Consejo de los Derechos de Niños, Niñas y Adolescentes”.

“Le venimos planteando al Ministerio de Educación que la directora está en una situación irregular en la escuela porque no está nombrada por listado. Es un nombramiento que está por fuera de la ley”, aseguró la secretaria General de UTE, Angélica Graciano.

“Hay que enfatizar que toda la situación de impunidad, el abuso de autoridad y todo lo que denuncia la comunidad tiene que ver también con que hay un nombramiento por fuera de la norma. El Gobierno de la ciudad tiene que regularizar la situación y cubrir el cargo, que es una suplencia, por listado. Además de acompañar institucionalmente la situación”, continuó Graciano.

Mientras las denuncias continúan llegando Armando aún tiene miedo de regresar a la escuela y las familias se movilizaron el lunes al Ministerio de Educación sin obtener respuestas. “Hace quince días que no va. No quiere ir más. Intento llevarlo pero no quiere. La directora dice que no quiere ver a mi hijo. Ellos eligen a quién van a hacer estudiar y a quién no”, lamentó Analía.

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Macri criminalizó las amenazas escolares mientras el país busca solución a una crisis sin precedentes

El jefe de Gobierno porteño calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad. El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.

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El Argentino Diario-Jorge Macri.

Macri calificó las amenazas en escuelas como delito en medio de una crisis de violencia sin precedentes

★ El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, convocó este martes a una conferencia de prensa en la sede del Ejecutivo porteño, en la calle Uspallata 3160, para trazar un diagnóstico oficial sobre la ola de amenazas de tiroteos en las escuelas de la Ciudad de Buenos Aires.

Flanqueado por sus ministros y el fiscal general porteño, Macri fue categórico: «No es una broma pesada, es un delito». La declaración llegó en medio de una crisis de violencia escolar que sacude a todo el país desde el trágico tiroteo en San Cristóbal, Santa Fe, ocurrido el 30 de marzo pasado.

El punto de partida: San Cristóbal y el efecto dominó

La crisis tiene un origen concreto y devastador. Ese 30 de marzo un adolescente de 15 años, identificado por la justicia santafesina con las siglas G.C., ingresó a la Escuela Normal Mariano Moreno de San Cristóbal con una escopeta calibre 12/70 oculta en su mochila y abrió fuego. Ian Cabrera, de 13 años, murió. Otros ocho estudiantes resultaron heridos. Un portero del establecimiento evitó una masacre aún mayor al desarmar al agresor.

Lo que siguió no fue una crisis aislada sino una ola. En días posteriores, cientos de escuelas en al menos doce provincias, que incluyen la Ciudad de Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza, Tucumán, Neuquén, Entre Ríos, La Pampa y Tierra del Fuego, recibieron mensajes intimidatorios con una frase que se repetía casi con calcomanía: «Mañana tiroteo. No vengan». El Departamento Judicial de San Isidro llegó a recibir entre 500 y 600 denuncias en apenas 72 horas.

La subcultura detrás de las amenazas

La investigación judicial en San Cristóbal reveló una dimensión que excede el fenómeno viral. La Secretaría de Análisis Integral del Terrorismo Internacional (SAIT) detectó a abril de 2026 la existencia de al menos 7 expedientes judiciales en Argentina vinculados a episodios con características similares, todos relacionados con la llamada True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que idealiza y promueve masacres escolares. En los dispositivos confiscados a adolescentes detenidos por las amenazas se encontraron grupos de mensajería en los que se compartían imágenes y conversaciones de extrema violencia.

El propio jefe de Gobierno porteño reconoció que «muchas de estas situaciones nacen de tendencias en redes sociales» y convocó al diálogo familiar como primera línea de respuesta. La frase, aunque correcta en su diagnóstico, expuso la fragilidad institucional frente a un fenómeno que desborda los marcos tradicionales de intervención escolar y policial.

Operativos en todo el país: mochilas, allanamientos y conferencias

La respuesta de las distintas jurisdicciones fue heterogénea. En Puerto Madryn se realizaron allanamientos contra dos menores de 16 años imputados por intimidaciones; en Salta se revisaron más de 400 mochilas en un solo colegio; en Tucumán se intensificó la presencia policial en las puertas de los establecimientos; en Corrientes, varios colegios recibieron a sus alumnos sin mochila para agilizar los ingresos; y en Misiones, el Ministerio de Educación provincial lanzó materiales específicos dirigidos a familias y equipos directivos para fortalecer la detección temprana de situaciones de riesgo.

En la Ciudad de Buenos Aires, la central docente UTE emitió un comunicado en el que advirtió que las amenazas «constituyen una señal de alarma que debe interpelarnos como sociedad» y subrayó que «la escuela sola no puede» hacer frente a esta problemática. El texto reclamó al Estado una intervención urgente y estructural.

La paradoja de la respuesta institucional

La paradoja de fondo es que las instituciones no pueden ignorar las amenazas, pero cada reacción visible le confirma al imitador que su acción tuvo efecto. Alcanza con que sea creíble para activar las alarmas. Un mensaje de WhatsApp puede suspender clases, movilizar a las fuerzas de Seguridad y alterar la vida de cientos de estudiantes y escuelas.

En ese sentido, la conferencia de Jorge Macri, aunque pertinente en su encuadre jurídico, fue también parte de ese mecanismo de amplificación. La declaración de que se trata de un delito, respaldada por la presencia del fiscal general porteño, señaló una orientación punitiva que no responde por sí sola a las causas estructurales: la crisis de contención en las aulas, la fragmentación del tejido social en un contexto de ajuste brutal sobre el sistema educativo público y la expansión sin control de comunidades digitales radicalizadas entre adolescentes vulnerables.

Puntos clave:

  • El jefe de Gobierno porteño, Jorge Macri, calificó las amenazas de tiroteos en escuelas como un delito y anunció medidas con sus ministros y el fiscal general de la Ciudad.
  • El disparador de la crisis fue el tiroteo del 30 de marzo en la Escuela Mariano Moreno de San Cristóbal, Santa Fe, donde murió el estudiante Ian Cabrera, de 13 años.
  • Las amenazas se extendieron a cientos de establecimientos en al menos 12 provincias argentinas, con una frase casi idéntica: «Mañana tiroteo. No vengan».
  • La justicia santafesina y la SAIT vincularon el fenómeno con la True Crime Community (TCC), una subcultura digital transnacional que exalta las masacres escolares.
  • Los operativos incluyeron allanamientos, revisión de mochilas y refuerzo policial en múltiples jurisdicciones, con al menos una decena de adolescentes imputados a nivel nacional.

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