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Hay que recordarlos con la alegría que tenían, pero levantando sus principios
«¡Ni un paso atrás! ¡La única lucha que se pierde es la que se abandona! Y el próximo 30 de abril cumpliremos 45 años de lucha caminando, en las plazas, no sentadas en la casa», la columna de Hebe de Bonafini, para la edición especial de El Argentino del #24M.

Por Hebe de Bonafini (*)
El 24 de marzo es un día en el que hay que recordar el horror. Y no nos tenemos que equivocar: no hay nada para festejar, sino para recordar y grabarnos en el corazón y la cabeza, que tener un desaparecido, o dos, o incluso tres, es una tragedia y no es ningún privilegio.
Un desaparecido no es una reparación económica, no es un puesto de trabajo, no es una casa. Son vidas preciosas, jóvenes, revolucionarias, entregadas a la Patria, para defenderla y cuidar a los que menos tenían. Jóvenes lúcidos y muy preparados, muy alegres de hacer lo que hacían.
Por eso, no confundamos tragedia con privilegio. No hay plata, ni reparación monetaria (sin importar qué gobierno la decretó), que puedan reparar el horror, la tragedia, la muerte, la tortura. Nada lo repara porque es demasiado grande lo que nuestros hijos quisieron e hicieron.
Hay que recordarlos, sí, con la alegría que ellos tenían. Pero llevando adelante sus principios: la solidaridad, la lealtad, no traicionar. Esos principios eran primordiales para ellos. Por el contrario, esas prácticas tan comunes hoy, de algunos que se cambian de un lado para el otro como si nada fuera, no existían en nuestros hijos.
La formación política, que la tenían en gran medida, porque desde muy jovencitos se prepararon, provenía de muchas maneras: haciendo obras de teatro y hasta leyendo los textos más complejos, porque ellos y ellas eran muy inteligentes, muy decididos y muy entregados a pesar de su juventud.
Por todo esto cada 24 de marzo es un día de tragedia para nosotras. Nadie puede pagar las torturas; sin embargo hay alguien que cobró por las horas de tortura recibidas. Eso nos parece terrible. Y hay muchas familias y madres de desaparecidos que cobraron reparación económica como si la vida de los hijos valiera plata, dinero. Es terrible, trágico y doloroso; es infame.
Por eso las Madres siempre recordamos el 24 de marzo y hacemos actividades fuertes, no de ahora, que marchan tantos, sino de cuando nadie lo hacía: alguna marcha, algún congreso, siempre para contar, no desde el horror sino desde la vida.
No hay que olvidar que ni siquiera hay juicio que repare, porque tampoco hay que olvidar que cuando los genocidas están presos van a cárceles de lujo, donde están entre ellos, ni siquiera van a cárceles comunes, a comer mierda como comen los presos comunes.
Por eso tiene que ser bien completa esta recordación del 24 de marzo. Hay que estudiar y prepararse, y no decir que todas somos iguales. ¡No somos todas iguales! Las Madres de Plaza de Mayo somos diferentes a todas porque somos la única organización que socializó la maternidad, que no cobra la reparación económica, que no busca muertos.
Nosotras le damos vida a nuestros hijos cada día, cada hora y cada minuto; esa vida que ellos amaban tanto, haciendo cosas para ellos y ellas. Esas pibas jovencitas que una veía tan alegres, solitas, yendo a su militancia en trenes que vaya a saber dónde iban, pero con una entereza, unas ganas y una convicción muy grandes por lo que estaban haciendo.
Me parece muy importante que este diario salga y lo lean todos, porque hay que leer y prepararse mucho. Van a tocar momentos difíciles y hay que estar preparados para eso.
¡Ni un paso atrás! ¡La única lucha que se pierde es la que se abandona! Y el próximo 30 de abril cumpliremos 45 años de lucha caminando, en las plazas, no sentadas en la casa. Muchos van a festejar 45 años de estar sentados en la casa… ¡Pará la mano!
Nosotras, las Madres, festejaremos 45 años de lucha, protesta, discusión, de no dormir. Por lo demás, gracias por esta oportunidad. Sigan con mucha fuerza haciendo este diario que da muestras de mucha libertad.
*Columna exclusiva de la Presidenta de la Asociación Madres de Plaza de Mayo para El Argentino.
DDHH
Dos matrimonios identificados en La Perla tendrán su despedida en CABA
El EAAF restituirá este viernes los restos de Nélida Moreno, José Luis Goyochea, Rosa Godoy y Carlos Cruspeire, dos parejas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar. Las familias organizaron un cortejo fúnebre desde la esquina de Perú y Avenida de Mayo y una misa de cuerpo presente en la Basílica Nuestra Señora de la Merced.
Este viernes, la Ciudad de Buenos Aires será escenario de una ceremonia de memoria y reparación: los restos de Nélida Noemí Moreno de Goyochea, José Luis Goyochea Escudero, Rosa Cristina Godoy de Cruspeire y Carlos Cayetano Cruspeire, cuatro personas desaparecidas durante la última dictadura cívico-militar argentina, recibirán por fin una despedida digna. Los cuatro fueron identificados por el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) entre los restos hallados en la zona conocida como Loma del Torito, aledaña al ex centro clandestino de detención La Perla, en la provincia de Córdoba.
Casi 50 años después, el EAAF les devuelve un nombre
Las identificaciones fueron parte de un proceso mayor iniciado por la justicia federal cordobesa. En mayo de 2026, el juez federal Hugo Vaca Narvaja anunció públicamente los nombres de 16 de las 17 personas identificadas por el EAAF en la Loma del Torito, en el marco de excavaciones realizadas entre septiembre y noviembre de 2025 en la Guarnición Militar de La Calera. De esos trabajos se recuperaron unos 1.200 restos pequeños y fragmentados, que el EAAF sometió a análisis antropológicos y genéticos para lograr las identificaciones. Estas se sumaron a las 12 ya anunciadas en marzo de 2026, lo que elevó a 29 el total de víctimas identificadas en ese predio.
Entre los identificados en mayo, tres matrimonios aparecieron en la misma área, lo que para los investigadores sugiere que fueron trasladados juntos desde el centro clandestino. Así lo indicó el propio juez Vaca Narvaja, quien señaló que las personas fueron secuestradas en sus hogares, en presencia de sus hijos, y que es probable que hayan corrido la misma suerte, aunque aclaró que esa hipótesis todavía se investiga.
Quiénes eran Nélida, José Luis, Rosa y Carlos
Nélida Noemí Moreno nació en Córdoba en mayo de 1945. Era psicopedagoga y trabajaba como administrativa en la Policía de la Provincia. Tenía 32 años cuando fue secuestrada en agosto de 1977 junto a su esposo y en presencia de sus tres hijos de 5, 3 y 1 año. José Luis Goyochea Escudero había nacido en La Rioja y se mudó a Córdoba para estudiar Ciencias Económicas y Filosofía en la Universidad Nacional de Córdoba. Era administrativo del Colegio de Médicos y de la Subsecretaría de Planeamiento provincial.
Rosa Cristina Godoy nació el 5 de octubre de 1953 en Villa Mercedes, San Luis. Trabajaba como ama de casa, integraba un grupo scout vinculado al Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo y desarrollaba trabajo social desde su parroquia. Tenía 23 años cuando fue secuestrada junto a su marido en el barrio de Bella Vista. Su hija pequeña fue entregada a sus abuelos. Carlos Cayetano Cruspeire trabajaba en una compañía de seguros y funeraria, y fue secuestrado en su lugar de trabajo en septiembre de 1977, a los 22 años, para luego ser llevado a su domicilio donde también detuvieron a Rosa.
La restitución de los restos es un acto privado, a pedido de las familias. Sin embargo, las mismas familias organizaron dos instancias públicas para este viernes en CABA. A las 17.30, el cortejo fúnebre partirá desde la esquina de Perú y Avenida de Mayo. Las familias caminarán con las urnas por la Avenida de Mayo, pasando por la Plaza de Mayo y la Catedral, hasta llegar a la Basílica Nuestra Señora de la Merced, en Reconquista 209, CABA. A las 18.00 comenzará allí la misa de cuerpo presente.
Águeda Goyochea, hija de José Luis y Nélida, es una de las impulsoras de estas ceremonias públicas. Como lo indica el sentido de su decisión de abrirlas a la comunidad, se trata de devolver a sus padres un ritual de despedida que la dictadura les negó hace casi medio siglo.
La Perla: el ex centro clandestino que sigue entregando verdad
La Perla fue uno de los centros clandestinos de detención y exterminio más grandes del país durante el terrorismo de Estado de la última dictadura cívico-militar (1976-1983). Por allí pasaron miles de personas secuestradas, torturadas y asesinadas bajo las órdenes del entonces comandante del Tercer Cuerpo de Ejército, Luciano Benjamín Menéndez. Las excavaciones en los predios aledaños, ordenadas por la justicia en el marco del expediente iniciado hace 40 años, continúan aportando pruebas materiales de los crímenes de lesa humanidad cometidos allí. Con cada nombre restituido, se consolida la verdad que el Estado argentino les debe a las víctimas y sus familias.
El trabajo del EAAF en este caso confirma además que los perpetradores intentaron destruir los restos para volverlos inhallables. Sin embargo, casi cinco décadas después, la ciencia y la justicia lograron lo que la impunidad quiso evitar: devolverles la identidad y, ahora, también la despedida.
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