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Violencia de Género

Ley Brisa para hijos de víctima de femicidio

Se trata del caso de Paula Perassi, quien fuera asesinada en 2011 y cuyo cuerpo nunca fue hallado. La lucha de sus padres logró que sus nietos accedieran a la Ley Brisa, sentando un precedente, tras la decisión del gobierno de Santa Fe.

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Por Néstor Llidó

Paula Perassi tenía 34 años y estaba embarazada, cuando fue secuestrada en septiembre de 2011 y murió al ser obligada a abortar por su amante, un empresario de la ciudad santafesina de San Lorenzo. Su cuerpo nunca pudo ser hallado y tras una larga investigación, solo se condenó a este hombre y su esposa, dejando d lado a los efectivos policiales acusados del encubrimiento.

Dentro de los reclamos de justicia, las denuncias de impunidad y la demanda por la aparición de los restos de su hija, Alberto Perassi y Alicia Ostri vinieron pugnando por el reconocimiento del beneficio de la Ley Brisa para sus nietos, hoy dos adolescentes de 13 y 17 años, que eran muy pequeños cuando desaparecieron a su madre y quedaron a su cuidado.

Ahora, la ministra de Igualdad, Género y Diversidad de Santa Fe, Florencia Marinaro, explicó que como “no estaban dados” los requisitos previstos en la ley, debido a que el cuerpo no ha sido encontrado, se realizaron gestiones para la aplicación de la reparación económica para niños, niñas y adolescentes y personas con discapacidad sin límite de edad para los hijos de Paula Perassi.

En tal sentido, la funcionaria señaló que “si bien no es posible responder dónde está Paula Perassi, con sus padres Alberto y Alicia, podemos hablar, un poco, de toda esa justicia que le debemos a su lucha. Hoy esta familia accede en un precedente histórico”.

Tras confirmarse que accederán a la Ley Brisa, luego de aquellas gestiones iniciadas ante las oficinas de la Anses en Rosario, Marinaro expresó que “junto al Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación trabajamos en forma articulada y no se exigirá una sentencia judicial cuando ya había hechos probados en la causa, como el de la muerte Paula Perassi en el contexto de un aborto”.

La desaparición de la mujer, de entonces 34 años, fue denunciada el 18 de septiembre de 2011 y su cuerpo nunca fue hallado, pese a lo cual hubo una causa judicial en la que fueron condenados a 17 años de prisión por el delito de privación ilegal de la libertad coactiva, agravada por tratarse la víctima de una embarazada, el empresario Gabriel Strumia y su esposa Roxana Michl, quien salió en libertad condicional en febrero pasado porque se consideró que cumplió las dos terceras partes de la condena.

Cabe recordar que Ley Brisa establece que hijas e hijos de víctimas de femicidas tienen derecho a acceder a una asignación equivalente a un haber jubilatorio mínimo.

Si vivís una situación de violencia de género o conocés a alguien que necesite ayuda llamá gratis al 144, mandá un mensaje al 11 5050 0147 o por WhatsApp al +54 911 2771 6463. También podés descargar acá una app para recibir ayuda de profesionales.

Géneros 🟣

Ex funcionario del INAES Carlos Debiaggi fue declarado culpable de abuso sexual tras 7 años de lucha judicial

Después de siete años de lucha, la Justicia federal encontró culpable al ex Director de Asuntos Jurídicos del INAES por abuso sexual simple consumado en horario laboral. La condena llegó tras un juicio oral que comenzó el 18 de marzo de 2026.

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El 12 de agosto de 2019, en pleno horario laboral y en las oficinas del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), dependiente del entonces Ministerio de Desarrollo Social, Carlos Alberto Debiaggi, quien se desempeñaba como Director de Asuntos Jurídicos del organismo, abusó sexualmente de una trabajadora. La víctima, identificada solo como Cecilia para resguardar su identidad, relató los hechos a la Revista Cítrica en 2019.

La denuncia fue presentada de inmediato en sede penal y administrativa. Sin embargo, la respuesta institucional no fue la protección que la trabajadora merecía. El presidente del INAES, Marcelo Collomb, se negó en forma reiterada a apartar a Debiaggi del organismo, pese a las audiencias personales y los requerimientos formales de la junta interna de ATE y de las trabajadoras del organismo.

Cecilia debió tomarse licencia psiquiátrica primero, y por violencia de género después. Le redujeron el sueldo. Debiaggi, en cambio, siguió concurriendo al organismo.

Represalias y solidaridad

La situación no quedó ahí. Según informó la propia junta interna de ATE INAES, como represalia por el acompañamiento sindical a la denunciante, dos delegados fueron denunciados penalmente por supuestas amenazas, una acusación que los propios trabajadores calificaron como «armada«. Ni esa maniobra logró frenar el avance judicial.

En 2021, la Cámara Federal confirmó el procesamiento de Debiaggi al considerar que existían elementos probatorios suficientes para avanzar al debate oral. Aun así, la causa tardó cinco años más en llegar al juicio.

El juicio y la condena

El juicio oral y público en la causa «Debiaggi, Carlos Alberto s/ infr. art. 119, 1° CP» se inició el 18 de marzo de 2026 ante la Justicia federal. Semanas después, el veredicto llegó: CULPABLE.

La junta interna de ATE INAES celebró la condena como «una conquista histórica» y subrayó que la victoria no hubiera sido posible sin «un sindicato que acompañe y se plante» y sin la sororidad de decenas de trabajadoras del organismo y delegadas de otras juntas que sostuvieron a la trabajadora durante años.

La causa también expuso los antecedentes de violencia de género de Debiaggi: según señaló en su momento ATE INAES en comunicado oficial, el ex funcionario registraba además una causa por violencia doméstica impulsada por su ex pareja, y diversas situaciones no denunciadas formalmente por temor por parte de otras trabajadoras de su Dirección.

Una victoria, un síntoma

El caso Debiaggi ilustra con crudeza una realidad extendida en el ámbito laboral estatal: la denuncia no garantiza la protección, no es la primera vez que denunciantes son despedidas o forzadas a tomarse «licencias». La trabajadora fue quien pagó las consecuencias inmediatas, mientras el agresor, amparado por el silencio institucional, continuó en funciones.

Siete años de proceso judicial, licencias forzadas, reducción salarial, represalias sindicales y una burocracia que prefirió mirar para otro lado antes de actuar. La condena es justa y necesaria. Pero también es la prueba de todo lo que aún falta construir para que el Estado deje de ser un lugar peligroso para quienes se atreven a denunciar.

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