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Entrevista

“No era para mí ser intérprete, sino crear y recrear”

La cantante y compositora dialogó con El Argentino sobre su presentación en el Centro Cultural de la Cooperación para celebrar los diez años de su primer álbum.

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Por Andrea Reyes

La cantante y compositora dialogó con El Argentino sobre su presentación en el Centro Cultural de la Cooperación para celebrar los diez años de su primer álbum. Además, evocó las raíces de su vínculo con el tango, el camino recorrido con sus piedras y aperturas y contó por qué elige “romper” con los límites de lo previsible.

Lilí Gardés se presenta hoy a las 20:30 para celebrar los diez años del lanzamiento de su primer álbum en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC). Con un show más que especial, la cantante y letrista de tango electrónico y fusión recorrerá las canciones propias más representativas de su discografía, acompañada de Gianni Sabbione (sintetizadores y electrónica), Alan Puyol (piano y teclados) y Nahuel Santos (guitarra eléctrica).

En diálogo con @ElArgentino, la artista comentó que el vínculo con el tango se gestó desde muy chica en el seno de su familia.

-Yo vengo del tango tradicional, de una mamá inmigrante que cantaba tango mientras hacía las tareas del hogar. Me nutrí de escucharla a ella interpretar las canciones. Creo que escuché el tango de la mano de mi madre antes de escucharlo de los referentes. A los ocho años empecé a estudiar guitarra y cantar en el coro del colegio. En ese entonces el tango era un hobby para mí. De grande, empecé a meterme cada vez más hasta que me solté y comencé a cantar temas tradicionales en bares.

-¿Y cómo surgió la idea de fusionar tango, pop, ritmos latinos y bases electrónicas?

-Fue una transición. Ya en mi primer disco los temas tradicionales tenían un estilo más moderno en cuanto a sonido y arreglos. Además, incorporé dos tangos propios que tenían una impronta de Piazzolla. Pero el click fue cuando me presenté en una convocatoria de Tango Nuevo en Córdoba, estando en el escenario dije: “No voy a volver a tocar en vivo hasta que no sean todos temas míos. No voy a hacer más tango tradicional”. No era para mí eso de ser intérprete de tango, sino de ser creadora y recrearlo. Así fue que empecé a volcarme a la fusión de géneros, no me sentía cómoda en el circuito tradicional. Era una tanguera disidente, no respetaba lo canónico.

-¿Costó que se abrieran las puertas del tango tal vez por no seguir los cánones tradicionales o por una cuestión de género?

-Sí, me costó mucho, se juntaron muchas variables: el hecho de ser mujer, de hacer algo distinto…; pero al mismo tiempo hubo puertas que se abrieron. El Centro Cultural de la Cooperación fue el lugar donde presenté mi primer disco; me abrió las puertas justamente porque era distinto. Por eso, así como hubo piedras también hubo aperturas que me indicaron que no estaba tan errada en el camino que estaba construyendo.

¿Cómo elegís el repertorio de tangos tradicionales para re-versionarlos?

-En cuanto a los temas del primer disco, traté de elegir canciones no tan populares y otras que sí porque no era muy conocida en el ambiente y tenía que presentarme en sociedad.

-¿Qué te inspira al momento de componer una canción propia?

-Muchas veces se dice que el tango habla del amor, el desamor, y a mí me pasa que lo social y lo político me influyen mucho cuando escribo, aunque elijo ser más metafórica y universal. Son temas que me atraviesan en todo sentido, por eso son existenciales

-¿Con qué se va a encontrar el público en el show de este miércoles?

-Elegí tocar temas propios así que será un recorrido por estos casi tres discos con canciones mías, que son las que más representan estos diez años desde mi primer álbum.

-¿Cómo definirías estos diez años en una frase?

-La frase sería “cambio constante”. Creo que tiene que ver con los shows, no hay nada estático. Siempre voy hacia otro lugar, no me puedo quedar en un lugar fijo. Lo que sintetiza todo es el tema “Acostumbrarse no es bueno”: cuando llegué a ese lugar, ya estaba pensando en otra cosa. No me puedo enmarcar en una etiqueta.

-¿Querés adelantarnos cómo será tu tercer álbum?

-Estoy terminando de grabar los temas nuevos. Hay una canción que quizás es muy balada e  incluso, puede que esté por fuera del tango, pero me gusta, se llama “Empezar de nuevo” y tiene que ver con esto de no restringirse como artista a los límites de lo previsible y lo que todos esperan.

-Para finalizar, ¿cómo definirías este momento de tu carrera musical?

-Para mí es un punto de inflexión. Quiero festejar estos diez años, todo lo hecho, porque a partir de acá no sé para dónde voy a ir. Yo estoy en constante movimiento y digo “quiero vivir el hoy” y lo quiero festejar con todo. Siento que logré mi deseo y que se abren otros mundos, otras posibilidades que quiero explorar y ver qué pasa. Me lo quiero permitir.

América Latina

«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana

El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.

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Por Fernando Roperto

El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.

Una lectura que va a fondo

Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.

La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.

Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción

Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.

El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.

Arte y política en la Revolución Cubana

El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».

El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.

El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento

Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.

Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.

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