Entrevista
Lucila Morlacchi: “Está en nosotros y en nosotras esta cuestión de empoderarse”
Miss Bellas Artes es un relato feminista que invita a todas las mujeres a abrirse la piel y mirar que hay adentro. A hablar de lo prohibido, cuestionar lo incuestionable y reflexionar sobre todo lo que nos enseñaron y vivimos desde el minuto cero por nacer con vulva. En su libro, con su increíble talento de tejer palabras, Lucila recorre historias que resuenan profundo en todas las lectoras, porque en cada capítulo la escritora no solo narra con su propia voz, sino también con las voces de miles de mujeres, de todos los tiempos.
Lucila Morlacchi, actriz y autora de “Miss Bellas Artes” y “A lo Bestia” en diálogo con El Argentino, a casi 4 años de haber escrito su primer libro:
¿Cómo surgió Miss Bellas Artes?
Mis Bellas Artes surge más como un descargo terapéutico que como una idea planificada de escribir un libro. A mí me había sucedido una situación de abuso sexual en una cita y como todo lo que pasaba en mi vida en ese sentido, gracias al machismo imperante, lo quise aplacar, quise superarlo así nomás y no podía. Y no entendía por qué no podía.
Hasta que un día, el primer paso siempre es contarlo, se lo conté a mi familia, se lo conté a mis amigos y como que un poco me aliviane. Y dije quizás si esto lo transformó en un relato, si lo escribo, un poco de esa carga que todavía tiene se va a alivianar. Así surge “Miss Bellas Artes”. Yo sigo escribiendo, la mano sigue escribiendo y digo: “bueno, acá hay mucho material, esto podría ser una publicación”. Pero la verdad es que no se me ocurrió hasta que ya tenía escrito medio libro.
¿Para quién escribiste el libro?
Yo creo que lo escribí, primero, para mí misma, para soltar todo eso que yo cargaba pesadísimo en mi espalda, que siempre supe que lo cargaba, pero pensé que no tenía permiso para soltar. Pensé que era algo que me pasaba porque yo estaba mal y el mundo estaba bien. Yo era la puta, yo era la trola, yo era la que no se podía poner de novia por un montón de cosas que voy contando en el libro.
Entonces, lo escribí para mí misma, para soltar todos los prejuicios, toda esta mierda que yo venía cargando hacía mucho tiempo y después se fue transformando en libro. Ahí ya me puse más metódica, digamos y dije ¿para quién puede ser este libro? bueno, va a ser para quien tenga que ser, pero especialmente para las mujeres. Después me di cuenta que era para muchas personas más, pero es un mimo al alma saber que hay muchas mujeres que lo leen y que se sienten acompañadas, que sienten un abrazo, que no se sienten solas, que dicen, loco, esto también me pasaba a mí, no estoy mal yo. Y eso es buenísimo.
¿Qué te gustaría que pase cuando una mujer lea el libro?
Y a mí me gustaría primero que sea un momento de disfrute. Yo sé que el libro tiene una temática fuerte, que es una temática que te genera nerviosismo, que te tiene ahí agarrada leyendo el libro, pero yo quiero que sea una experiencia de disfrute. Hay muchos libros fuertes, pienso en Teoría King Kong, que es el que yo también mencionó al comienzo de Mis Bellas Artes o en los libros de Rita Segato, que además me resultan muy complejos porque hay mucha información, y yo quiero que la lectura, por lo menos para mí y por eso lo traslado hacia otras mujeres, siga siendo un acto placentero, que siga siendo, bueno, me tomo un café, me como algo rico, voy a leer. Que no pueda soltar el libro por lo interesante.
Más allá de ese acto placentero, en cuanto a las mujeres, yo quiero que sirva para que se sientan acompañadas, que sirva para que suelten toda esa carga que nos obligan a cargar. Que se liberen y que empiecen de a poco, que empiecen como puedan, o que empiecen de una con todo. Pero que empiecen a sacarse esos carteles y esos disfraces que nos ponen desde chicas y que es súper difícil sacarse, porque yo hoy te lo digo como re segura, soy feminista, esto, el otro, y todavía hay un montón de cosas que me cuestan.
Me ha pasado que el libro lo compran mamás para sus hijas adolescentes, o padres también, y eso a mí me parece maravilloso, que ya desde tan chicas quieran despertar a sus hijas, quieran decirle no pases por esto, no pases por lo otro, porque no es necesario, no es necesario que te pongas en este lugar. También no solo está en el varón soltar el lugar de macho patriarcal que oprime, que genera violencia, que abusa, sino también está en nosotros y en nosotras pasarle a las chicas, a las chicas más jovencitas, esta cuestión de empoderarse. Y lo que yo quiero que les pase a las mujeres cuando leen el libro, más allá de la edad, que sean chicas, grandes, jóvenes, viejas, no importa, es que les sirva para accionar, que les sirva, que sea ese empujón en el libro para decir, bueno, mañana yo voy a ser una persona distinta. Y que sea gracias a lo que yo escribí, me parece maravilloso.
4) ¿Y cuándo un varón lea el libro?
Yo creo que no me puse a pensar tanto en lo que quería que le pase a los varones hasta que empecé a difundir el libro. Al lugar que me llamaban, yo iba, desprejuiciada, súper abierta. He ido a cervecerías que nada que ver, que por ahí no se veían como centros culturales pero que capaz alguien estaba organizando una movida. Entonces yo preguntaba, “che, ¿puedo venir a leer?” O me invitaban. Y no me importaba si me abucheaban, que nunca me pasó por suerte, pero podía pasar. No voy solamente a un café literario o un ciclo de poesía, no. Yo a donde pueda ir, voy con el libro.
Y me pasó de ir a una cervecería en donde cuando yo terminé de leer un muchacho se me acercó medio a escondidas de los amigos y me dijo, “mira, te lo digo rápido porque me da un poco de vergüenza y están mis amigos, por eso vengo solo. Lo que leíste me revolvió un montón de cosas, me voy como pensando muchas cosas y repensando muchas decisiones que tomé en mi vida y te lo quería agradecer. Increíble lo que escribiste”. Y yo no sabía qué decir porque es fuerte.
Si al varón le pasa que revisa las actitudes propias, si le pasa que piensa: “bueno, me parece que tengo que pedir perdón o me parece que hay ciertas cosas que no puedo hacer más, por más que yo piense que no son graves», bueno, excelente. Si mañana por leer mi libro no va a hacer un chiste de boludo, de putas, bien de la década de los 90, perfecto. Si mañana va a cuidar a la hija, pero desde otro lugar, no desde protegerla como si fuera una cosa o de enseñarle que es frágil, si la va a empoderar y le va a enseñar a cuidarse de una manera respetuosa y saludable para con ella, para con sus deseos, si la va a liberar de prejuicios, buenísimo.
Si eso le va a pasar al varón cuando lee mi libro, buenísimo. Eso me encantaría, que suceda también, que haya un cambio positivo, que haya un cambio que sume para él y para las personas que lo rodean.
5 ) ¿Cómo fue el proceso de escribir Miss Bellas Artes?
El proceso fue lindo, fue entretenido. A mí me gusta mucho escribir, por lo tanto estuvo bueno, no lo voy a negar. Lo que me pasa es que cuelgo mucho, yo no tengo una rutina de todos los días de lunes a sábado voy a escribir, a la mañana cuatro horas y después descanso. No, yo me sentaba y si sucedía, sucedía, y si no, empezaba otro día. Capaz que un día me quedaba hasta las tres de la mañana, capaz que al otro día no escribía en todo el día, y así. Quizás lo más duro fue, en este sentido, entender que yo tenía que revisar muchas cosas del pasado, y que esas cosas algunas no me hacían bien, me lastimaban, y era como despacito ir navegando por esos recuerdos.
Entonces ese proceso fue también de paciencia conmigo, de si en algún momento se me hacía muy pesado poner un freno. Fue súper respetuoso conmigo misma, con lo que me pasaba mientras escribía, pero fue disfrutable. Si bien la temática era fuerte, me entusiasmaba ya este libro que estaban haciendo, este proyecto que yo no sabía ni cómo iba a terminar y que afortunadamente todavía no termina. Había una cosa linda que yo sentía, que hoy puedo decir que estuvo bien fundamentada, esta magia que yo sentía cuando escribía Mis Bellas Artes.
6) A dos años de escribir el libro, ¿Le cambiarías algo?
No, yo creo que no. Igualmente, si me siento, lo leo con la cabeza y quiero ver qué le edito, sí., Los escritores, las escritoras somos así, nos damos con el látigo, estamos todo el tiempo que esto no está bueno, que esto le falta, qué así, que asá,
Sí, hay cosas para cambiar, pero a la vez hay tanta mística, es mi primer libro, es como un primer amor, no, no le cambiaría nada. En todo caso me dan ganas viéndolo, enfrentándome hoy a Mis Bellas Artes, de hacer una segunda parte, porque siempre me piden que siga escribiendo en ese formato, no ficción.
7) ¿Cuál es tu análisis feminista sobre la situación social actual?
Trato de mantener la esperanza. A veces siento que en respuesta más general vamos muy lento y que la violencia, por lo menos la violencia más inmediata y peligrosa, que es hacia la mujer y hacia las personas de bajos recursos, la que nos mata todos los días, es la que está más cruda y no es algo bueno, más teniendo en cuenta el gobierno que tenemos que nos ha dejado totalmente desamparadas y sin recursos.
Quizás es un momento para, con un gobierno así, hacernos más fuertes y seguir militando con más fuerza hasta que lleguen tiempos mejores, porque siempre vamos a estar militando. No porque llegue otro gobierno la militancia se detiene. Con estos gobiernos siempre se recrudece la violencia, entonces digo que por lo menos sea un puntapié para seguir dándole al activismo y a la militancia. Yo por ejemplo ahora estoy súper enfocada en difundir mis libros y no solamente porque quiero difundir mi trabajo artístico, sino también porque siento que es un momento para darle mecha a ir a los barrios, para ir a las sociedades de fomento llevando material audiovisual, lo que sea necesario. Y que las personas que salgan, por ejemplo, de un taller de lectura o de ver una peli con temática feminista, lo que sea, que salgan un poco distintas de cómo entraron y que esas diferencias sean para mejor, para mejorar su vida y las de los que los rodean. Yo por lo menos pienso eso. Cada victoria tiene que contar para adelante y que nos dé más fuerzas.
Anna Lainez.
América Latina
«La revolución es el arte de sumar»: el libro que une a Fidel, Silvio y un siglo de historia latinoamericana
El historiador chileno Javier Larraín Parada presenta en Argentina su obra que recorre la figura del líder cubano a través del cancionero del trovador. El libro, editado por Acercándonos Ediciones, propone una lectura política y humanista que desafía las miradas simplificadoras sobre Cuba.
Por Fernando Roperto
El próximo 13 de agosto llega a las librerías argentinas Fidel Castro en la canción de Silvio Rodríguez, la obra del historiador y periodista chileno Javier Larraín Parada, director de Correo del ALBA, editada por Acercándonos Ediciones. El libro propone un recorrido inusual: rastrear la figura de Fidel Castro en el cancionero de Silvio Rodríguez para reconstruir, canción por canción, la trama política, ética y humana de la Revolución Cubana. Una apuesta que llega en un momento preciso: el año del centenario del natalicio del Comandante.
Una lectura que va a fondo
Larraín Parada cuenta que la idea nació de «pensar una y otra vez las canciones del trovador», de darles vuelta constantemente. En ese proceso, Fidel emergió con la misma fuerza que Martí o el Che. Pero fue la figura del Comandante la que concentró la atención del investigador: «Creo en su propuesta política y ética», afirmó el historiador en una entrevista concedida a Acercándonos Cultura. El resultado, según el propio Larraín Parada, no fue tanto un descubrimiento como una confirmación: la profundidad humanista de la obra de Silvio Rodríguez, capaz de iluminar dimensiones del pensamiento castrista que el discurso político convencional suele aplanar o distorsionar.
La obra no se limita a la lírica. Cada canción funciona como una ventana hacia un episodio, un discurso o una actitud vital de Fidel. La canción Nunca he creído que alguien me odia, por ejemplo, dialoga con el «caso Marquitos» y el juicio por la masacre de Humboldt 7, episodio que amenazó con fracturar las fuerzas revolucionarias triunfantes en 1959. Allí, el trovador cita una reflexión clave de Fidel sobre la unidad: «la revolución es el arte de sumar», una frase que resume su concepción del proyecto colectivo como algo más grande que sus propios protagonistas.
Antiimperialismo, coraje y humanidad en clave de canción
Otro núcleo del libro es Los dientes de tiburón, canción que Larraín Parada lee como una intertextualidad directa con la Segunda Declaración de La Habana: aquel documento fundacional del antiimperialismo latinoamericano donde Fidel formuló que «el deber de todo revolucionario es hacer la revolución». La canción de Silvio, en esa lectura, opera como un puente entre el documento político y la sensibilidad popular, trasladando el pensamiento del Comandante a una forma artística que lo amplifica y lo preserva.
El libro también retrata a Fidel en sus dimensiones más humanas: el asaltante del Moncada, el expedicionario del Granma, el jefe guerrillero en la Sierra Maestra, pero también el dirigente que viste de luto junto a su pueblo tras el atentado contra el avión de Cubana de Aviación en Barbados, o el que dialoga con trabajadores y jóvenes sobre el significado de una revolución. Coraje, honorabilidad y compromiso colectivo son los rasgos que emergen, según el historiador, de esa lectura entre canciones y hechos históricos.
Arte y política en la Revolución Cubana
El libro incluye dos anexos que profundizan la relación entre arte y política en los procesos revolucionarios latinoamericanos, con menciones a la Revolución mexicana, la bolchevique, el muralismo, y la explosión cultural de los mil días de la Unidad Popular en Chile. En ese marco, Larraín Parada recorre la historia de la Nueva Trova, la corriente musical de la que Silvio Rodríguez fue fundador en 1972, y que el historiador define como «hija de la Revolución», con todas las tensiones y incomprensiones que eso implicó en ciertos períodos, incluido el llamado «quinquenio gris».
El volumen incluye además una entrevista directa al propio Silvio Rodríguez y un diálogo con el escritor argentino Alejo Brignole, que contextualizan la propuesta en el debate más amplio sobre el lugar de la cultura en los procesos de transformación social. La obra ya fue difundida con orgullo por el propio Silvio Rodríguez, dato que da cuenta del alcance y la legitimidad que el libro alcanzó antes incluso de llegar al mercado argentino.
El legado de Fidel, a cien años de su nacimiento
Consultado sobre qué rescata del legado de Fidel para las nuevas generaciones latinoamericanas, Larraín Parada destacó su «temprano desprendimiento de lo material», su capacidad de trabajar colectivamente, de escuchar, de rectificar, y su rechazo a los personalismos. «Fue un furibundo luchador contra los endiosamientos de cualquier tipo», señaló. Recordó también una máxima que Fidel solía practicar y repetir: «toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», tomada de José Martí.
Al elegir las canciones que un joven debería escuchar para empezar a comprender a Fidel, Larraín Parada optó por dos: Todo el mundo tiene su Moncada, que retrata al abogado que organizó desde cero un movimiento político sin rendirse ante la derrota, y El aguerrido pueblo de Fidel, «porque ese discurso es muy conmovedor, allí se condensan la rabia, la furia y los valores, sueños más nobles y ansias de justicia de la Revolución«, explicó. En ambas, el elemento central vuelve a ser lo gregario: el amparo colectivo como fundamento de la política revolucionaria.
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