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Entrevista

Ciudad Oculta de Francisco Bouzas: “Mezcla el cine fantástico con el cine de terror”

Entrevista al Director Francisco Bouzas.

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Por Claudia Ainchil

“Ciudad Oculta cuenta desde la fantasía y el terror la realidad social de un grupo de jóvenes que viven en la villa 15 “Ciudad Oculta” y pertenecen a la murga del barrio Los locos no se ocultan- cuenta al Argentino diario, Francisco Bouzas, director de la película. Iki, uno de ellos, regresa luego de jugar al fútbol en Paraguay y en su noche de reencuentro es asesinado. Jonás, que se volverá contra su voluntad una suerte de héroe de la película, comienza a recibir al fantasma de Iki en sus sueños. Así, el grupo de amigos se entera de una ciudad oculta debajo de Ciudad Oculta donde los jóvenes muertos están. Jonás, con la ayuda de sus amigos, emprende un viaje al inframundo sorteando el acoso de la policía y buscando reencontrarse con su amigo Iki”.

Bouzas relata que con el elenco de la película comenzaron a ensayar 6 meses antes del rodaje. Igualmente se conocen hace mucho tiempo, hacen películas juntos hace más de 10 años y hay un camino que mezcla amistad y colaboración artística no solo en cine sino también dentro del ambiente murguero.

¿Cómo es escribir una película y llevarla al cine?

Francisco Bouzas: Es un camino largo y complejo, con muchas instancias diferentes. En nuestro caso implicó una primera etapa de desarrollo de la base del proyecto y luego una preparación de la película con el elenco y el equipo. En esta segunda instancia se reescribió mucho, se cambiaron personajes, escenas y reforzamos ciertos puntos que nos parecían importantes. Esta instancia más colectiva de preparación de la película hizo que crezca mucho y se nutra de muchas miradas que aportan desde lo vivencial a lo estético y lo político. Una vez superado el rodaje, atravesamos una postproducción muy amena, editando la película con Josefina Llobet con quien ya habíamos trabajado en nuestras primeras películas, por lo que fue una etapa de terminar de comprender el material que habíamos generado en el rodaje. Luego el estrenar una película en este país es siempre un reto, una tormenta perfecta que está por desatarse en cualquier momento, pero por suerte ya tenemos algo de entrenamiento para poder atravesarla ilesos.

¿Qué es lo que te motivó a filmar está película?

Francisco Bouzas: Mi motivación siempre estuvo relacionada al grupo humano que compone la película, que es básicamente el grupo que me arrojó a comenzar a dirigir. Si no fuera por haber conocido a la murga Los locos no se ocultan, y a sus integrantes (el elenco de Ciudad Oculta y parte de su equipo técnico) difícilmente hubiera comenzado el proceso de dirigir en cine. A su vez, poder contar con la invaluable compañía de una productora como María Laura Buslemen con quien trabajamos juntos desde el inicio, como también el acompañamiento del colectivo Antes Muerto Cine, también impulsó para poder encarar este proyecto con las energías necesarias.

¿En qué se diferencia esta película de las anteriores que hiciste?

Francisco Bouzas: Principalmente en la preparación y en el volumen de la producción. Estuvimos mucho tiempo preparando el rodaje que luego se desarrolló en un tiempo bastante acotado, lo que no es algo muy común en mis películas anteriores donde los procesos se alternan y mezclan mucho más. Por otro lado, el despliegue de producción en términos de equipo y elenco fue un desafío también, ya que venimos de esquemas considerablemente menores.

¿Qué es lo que intentan mostrar?

Francisco Bouzas: Una forma de la juventud que se vive en los barrios como Ciudad Oculta y que muchas veces es representada desde aspectos estigmatizantes y despectivos, y no desde la amistad, el compañerismo y la creatividad.

¿El cine puede influir en la realidad?

Francisco Bouzas: Depende a qué llamemos influir. El cine forma parte de la realidad, como tal tiene la posibilidad de generar recuerdos, confundir, molestar y conmover. “Es una película en la que trabajamos mucho la propuesta visual, como también la sonora- agrega. La película se para muy lejos de naturalismo, no nos interesaba hacer una réplica de una realidad social a través del verosímil estético. Nos interesaba ver poco, solo lo necesario, para dar más lugar a la emoción y a la imaginación”.

¿Cuál fue el momento más problemático en la filmación de la película?

Francisco Bouzas: No hubo momentos particularmente problemáticos, si bien hubo tensiones propias de la producción cinematográfica en este país. Lo más complejo de la película fue poner en un mismo esquema de producción dos realidades tan contrapuestas como las exigencias burocráticas que piden las instituciones estatales y la informalidad de los sectores populares. Si bien también creo que uno de los puntos más importantes de esta película fue el de mezclar un entramado productivo con un subsidio de carácter industrial como el que daba el INCAA en ese momento, creo que entre ambos mundos hay una tensión que no es sencilla de sobrellevar. La película se nutrió de esta tensión y logró hacer algo superador de ella, pero nos implicó mucha creatividad ya que no hay muchas experiencias como la nuestra sobre las cuales basarnos.

¿Qué pensas de lo que está haciendo Milei con respecto a la cultura argentina?

Si la pregunta está orientada a lo que pienso de la política cultural de Milei, me parece abominable. Sin embargo, no creo que haya que reducir la cultura argentina a aquella que se produce con recursos públicos. Quizás en el cine nos acostumbramos mucho a esa dinámica y eso siempre hizo que la industria dependa de los vaivenes políticos del país.

Creo que como país, Argentina no tiene otro destino más que el de ser una de las principales referencias regionales en la producción cultural, con o sin la compañía del estado. También creo que el cine argentino en general, y el realizado con apoyo de fondos públicos por sobre todo, debería haber emprendido un camino que lo involucre más con la comunidad, con los sectores populares, en vez de transformarse en un nicho por momento difícil de explicar, con mucha llegada a mercados extranjeros pero muy poca presencia en su territorio. Esa situación tarde o temprano iba a explotar, y debería realizarse una autocrítica por parte de la industria de por qué no se atendió a la problemática. Ahora Milei es una expresión más, como la fueron tantas otras antes que él, de resentimiento y bronca sobre una porción de la sociedad que no se lo merece. Muchos trabajadores, técnicos y miembros de la industria están viendo cómo sus puestos de trabajo desaparecen, eso es una crueldad injustificada. En algún momento todo esto pasará, y espero que cuando eso suceda nos encuentre discutiendo una política cultural más cerca de los valores comunitarios.

Quién es Francisco Bouzas

Francisco Bouzas es licenciado de la carrera de Artes Audiovisuales de la Universidad Nacional de Artes (2014). Es egresado de la Tecnicatura en Dirección de Fotografía en el Centro de Formación Profesional del Sindicato de la Industria Cinematográfica de Argentina (2009).

Realizó la Maestría en Creación coordinada por la Universidad del País Vasco, la Elias Querejeta Zine Eskola, el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, Tabakalera Centro Internacional de Cultura Contemporánea y la Filmoteca Vasca (2019).

Forma parte del colectivo Antes Muerto Cine y es presidente de la Asociación Civil Cultura Oculta, una organización de artivismo y producción cultural situada en la Villa 15 “Ciudad Oculta”, Ciudad de Buenos Aires. Ha participado como director en el Berlinale Talents BA.

Como Director de Fotografía ha trabajado en producciones cinematográficas documentales y de ficción como “Todo Documento de Civilización” (estreno en FID Marseille 2024), “El estado de las cosas” (estreno en Festival de Mar del Plata 2012) y“Berlín” (estreno en BAFICI 2016). También ha sabido desempeñarse como Gaffer en producciones cinematográficas y comerciales en Argentina, como también en mini series para países como Reino Unido, Brasil y España. Ha trabajado con directores de fotografía de renombre como Walter Carvalho, Marcelo Iaccarino o Pedro Sotero,Participa como docente de Dirección de Fotografía del programa Gipuzkoa Cooperarealizado de forma conjunta por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián y el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Ha dirigido los cortometrajes “Los locos no se ocultan”, «Todo lo cercano se aleja» y “Agur”, contando con apoyo del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina como también del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

Estrenó su primera película «La cuarta dimensión», realizada con apoyo del INCAA y enco-producción con Bolivia, en la Competencia Oficial Latinoamericana del 20 BAFICI ganando una Mención Especial del Jurado. Su tercer largometraje, “Ciudad Oculta» está actualmente en distribución en salas comerciales tanto en Argentina como en Europa.

Sus películas se han programado en galerías de arte y festivales de cine en países como Argentina, Austria, Brasil, Bolivia, Chile, Estados Unidos, México, Sudáfrica y Japón

Entrevista

Lorena Vega, del teatro autogestivo a la popularidad: “Siempre pensé en cambiar mi destino”

En uno de los momentos de mayor exposición de su carrera, la actriz, directora y dramaturga habla con El Argentino sobre cómo vive la popularidad, el deseo que sostuvo su recorrido y aquella certeza que apareció mucho antes: había una realidad que quería cambiar.

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A Lorena Vega todavía le resulta extraño observar lo que ocurre a su alrededor. Después de más de tres décadas de trabajo, la popularidad llegó a los 50 y, por momentos, la mira casi como si le estuviera pasando a otra persona. “Me pongo en observadora de un fenómeno que pareciera que no me pasa a mí”, cuenta.

El reconocimiento la encuentra, además, en pleno movimiento. Mientras Sottovoce la lleva a compartir escenario con Adrián Suar, Carla Peterson y Fernán Mirás, su presente se reparte entre el teatro, el cine y las series. Sin embargo, asegura que no mide este momento únicamente por la exposición.

“Lo vivo con agradecimiento, lo vivo con diversión. Hay cosas que me divierten y me sorprenden”, dice. Vega encuentra una imagen más precisa para explicar qué hace con todo lo que recibe: “Se traduce un poco en impulso, en confianza, en alegría, como si me recargara cartuchos para seguir haciendo”.

Hay una distancia enorme entre esta Lorena Vega y aquella chica que, a los 17 años, empezaba a impulsar sus propios proyectos. Y, al mismo tiempo, algo permanece intacto. Cuando se le pregunta cómo imaginaba entonces a la mujer adulta que sería, la respuesta aparece por otro lado: “Creo que siempre pensé en cambiar mi destino”.

Por qué Sottovoce llegó en el momento justo para Lorena Vega

Sottovoce aparece en medio de ese presente cargado de proyectos, pero también marca para Vega una renovación. “Yo vengo haciendo muchas obras de teatro, pero la que tiene menos tiempo ya tiene cinco años. Entonces hacía muchos años que no estrenaba algo como actriz, sí como directora. Necesitaba una renovación en ese camino, de crear algo y que pase por la instancia de darlo a luz”, explica.

La obra, que se presenta de jueves a domingo en el Teatro El Nacional, reúne a dos parejas alrededor de la venta de una propiedad y una pyme familiar. Lo que podría parecer una discusión sobre cómo repartir bienes empieza a remover pertenencias, memorias, viejos argumentos y secretos.

Para Vega, esa pequeña disputa familiar permite mirar algo bastante más amplio: “Para mí es una obra que, en esos términos micro, habla de los vínculos para después hablar en términos macro de un tipo de momento social. Cómo seguir pensando nuestro futuro, quiénes lo piensan de modo individual, quiénes tienen más consideraciones colectivas. Un poco pone en juego todo eso”.

Su personaje pertenece, además, a un universo que reconoce: popular, barrial y atravesado por una idea de comunidad. La cercanía, sin embargo, no eliminaba el desafío, ya que sostiene que “el riesgo es hacer algo cliché o estereotipado”. Y agrega: “No es el camino que me interesa. Tenía el desafío de no subestimar el personaje y hacerlo por signos ya conocidos, sino encontrarle su singularidad”.

Pero las ganas de aceptar un trabajo no siempre dependen del personaje en sí mismo, según Vega. También puede ser decisivo el lenguaje que propone una obra. En Sottovoce encontró una comedia “popular, ácida y atrevida” donde, a medida que avanza el conflicto, la superficie empieza a romperse.

“Los personajes son punzantes, se van destartalando y afeando, no solo porque se empiezan a deteriorar visualmente, sino porque empiezan a aflorar muchas miserias internas, mucha mugre”, comenta la actriz a El Argentino.

“Producir con lo que se tiene”: la escuela de la autogestión

Actuar, dirigir, escribir y motorizar sus propios proyectos no es algo nuevo para Lorena Vega. Empezó a moverse entre esos distintos roles cuando todavía era adolescente. “Desde que empecé a tener inquietudes artísticas o profesionales, siempre fui parte de procesos autogestivos. Y siempre me ubiqué en roles que motorizaban mucho esos proyectos”, recuerda.

En esa trayectoria también aparece su paso por el centro cultural que funcionaba en la fábrica IMPA, en Almagro. “Muchos artistas trabajábamos ahí en el centro cultural, dando clases o haciendo espectáculos”, cuenta. Allí, crear también suponía conseguir los recursos y tejer los vínculos necesarios para sostener cada proyecto.

“La autogestión, producir con lo que se tiene, con lo que hay, buscar ayuda, generar lazos, me parece que eso es parte de nuestra cultura, y que profundamente en el teatro independiente eso sucede. Es un poco la escuela que hacés”, cuenta.

Esa lógica también atraviesa su experiencia detrás de escena. En los últimos años sumó trabajos como guionista y codirectora, aunque Vega ubica el impulso por ocupar esos lugares mucho antes de que algunas discusiones actuales tuvieran nombre: “Yo lo entiendo así desde antes de que se nombrara, como se nombra ahora con tanta claridad, el feminismo, la paridad de género o el tema de igualar los cupos. Es algo que ya estaba en mí”.

Al hablar del lugar de las mujeres detrás de cámara, esa iniciativa adquiere también una dimensión colectiva: “Las mujeres estamos con una decisión, con una claridad sobre que si no ocupamos los espacios, no los tenemos. Con muchas historias por narrar que no fueron contadas, con mucho para decir desde nuestra perspectiva, con muchas chicas formadas en los rubros técnicos, detrás de cámara”.

El deseo y la subsistencia cuando el contexto no acompaña

La autogestión podría prestarse fácilmente a un relato romántico sobre hacer lo que uno quiere pese a cualquier dificultad. Vega pone un límite antes de llegar allí.

Consultada por El Argentino sobre qué podría decirles a los jóvenes que intentan abrirse camino en el arte en un contexto adverso, primero habla de las necesidades básicas: “Me parece que es un momento súper delicado y hay necesidades y prioridades muy fuertes que tienen que ver con sostener cuestiones básicas, como la vivienda, la alimentación, tener un techo, un espacio, poder comer y poder acceder a la educación”. Y añade: “Con mucho respeto entiendo el camino que cada uno vaya decidiendo tomar en relación a cómo subsistir”.

Recién entonces aparece el deseo. “Yo creo que la clave siempre tiene que ver con el deseo, con darle espacio a lo que nos conmueve de verdad, en lo que creemos, más allá de que el contexto sea muy adverso”. No plantea una fórmula. En su propia trayectoria, deseo y posibilidad tuvieron que encontrar muchas veces la manera de convivir.

La popularidad que llegó después de décadas de trabajo

Durante años, Vega tuvo reconocimiento dentro del teatro y del circuito cultural. La llegada a públicos más amplios ocurrió después y amplió considerablemente su visibilidad.

Hoy, lejos de preguntarse por qué no sucedió antes, confiesa a El Argentino: “Estoy segura de que no era lo mismo hace 20 años atrás que ahora, porque era más joven, porque tenía otra experiencia de vida, otro recorrido, porque no era madre, y cuando sos madre las prioridades y el foco están en otro lugar”.

La actriz asegura estar “contenta de que haya sido ahora”, porque entiende que “fue cuando tenía que ser”. Pero en sus palabras hay espacio para la reflexión: “Creo que sucedió en un momento donde uno mira la vida de otra manera, comprende… Me falta, espero, mucho recorrido más, pero es cierto que hay una experiencia de vida que es distinta a los 50 que a los 25”.

Y cuando mira mucho más atrás, hacia aquella chica que todavía no sabía cómo sería su vida adulta, retoma aquella idea de “cambiar mi destino” y explica qué significaba entonces: “Me parecía que nosotros, por ser una familia humilde, teníamos como una realidad que tenía que cambiar. Y yo creo que ese horizonte sí lo tenía, que había algo que tenía que mejorar. Pero muchas veces me parecía muy difícil eso”.

No habla entonces de fama ni de popularidad. Tampoco de llegar a un lugar preciso. “Ese era el signo general: la idea de estudiar y trabajar para cambiar un poco, para modificar mi realidad. Eso sí lo tenía claro”.

Del teatro a las series: los proyectos de Vega

Además de Sottovoce, el presente de Lorena Vega se reparte entre distintos proyectos. En septiembre se estrenó Cautiva, la serie que protagoniza junto a Carolina Kopelioff y en la que interpreta a Cecilia, la madre superiora de un convento atravesado por el abuso de poder. La ficción, de seis episodios, está disponible completa en Flow.

Lorena Vega en Cautiva

Entre sus trabajos recientes también está Lu & Pau, la película de Nicanor Loreti que se estrenó a fines de agosto y que Vega protagoniza junto a Jazmín Stuart. A ese recorrido audiovisual se suma la tercera temporada de En el barro, prevista para 2027 y con la actriz nuevamente confirmada como “La Zurda”.

La exposición en cine y televisión no la alejó del teatro. En octubre actúa en Las cautivas y La vida extraordinaria y dirige Civilización. En diciembre, además, Imprenteros, la obra documental que creó junto a sus hermanos a partir de la historia de la imprenta familiar, tendrá nuevas funciones en el Teatro Picadero.

Lorena Vega, fuera de libreto: de Cortázar y David Lynch a una buena salsa de estofado

La actriz y directora se presta al juego rápido y revela gustos, rituales, recuerdos y alguna confesión inesperada.

Un ritual antes de salir a escena: “Me pongo en posición de loto para rezar unas oraciones que pueden venir en el momento”.

Un lugar de Buenos Aires al que siempre volvés: “A Flores, mi barrio”.

Una película que verías una y otra vez: “Con ánimo de amar y El padrino”.

Un libro que te haya marcado: “Todo Cortázar. Puede ser Historias de cronopios y de famas, Último round…”.

Un aroma que te lleve a la infancia: “Una buena salsa de estofado”.

Un pequeño lujo cotidiano que no resignarías: “Soy una persona que siempre resigna lo mío primero. No me jacto de eso: tengo un problema con eso, estoy en falta”.

¿Con quién compartirías un café?: “Hubiese amado conocer a David Lynch, hablar con él, me fascina. Pero desde que hice la campaña de Hecho en Argentina para Netflix me pasó algo con Mafalda. También me gustaría estar un rato con ella. Le preguntaría si extraña a Quino”.

Un talento oculto: “En casa dicen que soy buena para cocinar con pocos ingredientes”.

Un consejo que nunca olvidaste: “Afinar mucho la escucha con lo que siento que sucede. Me lo dieron en las clases de teatro durante mi formación inicial. Sirve para actuar, pero también para la vida”.

Lo primero que hacés cuando tenés un día completamente libre: “Probablemente aprovecho para dormir, pero no me pasa mucho”.

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