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Cómo es la reforma laboral que impulsa Milei, con jornadas de 12 horas y beneficios fiscales para empresarios

El proyecto del Gobierno prevé salarios por productividad, vacaciones fraccionadas e indemnizaciones en cuotas para pymes. La iniciativa será enviada al Congreso y apunta a formalizar ocho millones de empleos no registrados, en un contexto de flexibilización que genera resistencias sindicales.

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El Argentino Diario-Javier Milei.

⬛ El gobierno de Javier Milei prepara una reforma laboral integral que será remitida al Congreso en las próximas semanas. La iniciativa propone modificaciones sustanciales en las condiciones de trabajo, con el objetivo declarado de «modernizar un régimen contractual que tiene más de 70 años», según argumentó el propio mandatario.

Jornadas de 12 horas y banco de horas flexible

Uno de los ejes más controvertidos del proyecto es la ampliación de la jornada laboral. El texto habilita extensiones de hasta 12 horas diarias, que podrán acordarse en paritarias y convenios colectivos. También incorpora la figura del «banco de horas», que permitiría compensar períodos de mayor actividad con otros de menor intensidad.

La propuesta cobró relevancia luego de que un empresario que participó de una cena con Milei revelara que la jornada laboral «puede ser de 13 horas» y que sería «negociable». La Casa Rosada no desmintió esas declaraciones, aunque el proyecto que será enviado al Congreso fija el límite en 12 horas.

Vacaciones fraccionadas y cambios en las licencias

La reforma plantea que las vacaciones podrán otorgarse en cualquier momento del año y fraccionarse en períodos no menores a una semana. Se garantizará una temporada de verano cada dos años por trabajador, salvo que el empleado decida lo contrario.

Además, el proyecto introduce un procedimiento de control médico centralizado en la Secretaría de Trabajo para verificar licencias por enfermedad o accidente, lo que implica una mayor fiscalización estatal sobre las ausencias justificadas.

Indemnizaciones en cuotas y facilitación de acuerdos

Para micro, pequeñas y medianas empresas, las indemnizaciones podrán abonarse en hasta doce cuotas mensuales, con topes proporcionales al monto de la sentencia judicial. El gobierno argumenta que esta medida reducirá la conflictividad laboral y facilitará la homologación de acuerdos entre partes.

La iniciativa también busca simplificar los litigios mediante la promoción de acuerdos extrajudiciales, con procedimientos más ágiles para su homologación.

Flexibilización de convenios y salarios por productividad

El texto impulsa una reconfiguración de los convenios colectivos, priorizando acuerdos por empresa que contemplen la productividad, el mérito y la sustentabilidad económica. Esta modificación apunta a reemplazar los incrementos salariales automáticos por inflación —mecanismo históricamente defendido por los sindicatos— por esquemas ligados al desempeño y a la rentabilidad de cada compañía.

Beneficios fiscales escalonados según tamaño de empresa

Entre los incentivos fiscales, se crea un bono de crédito fiscal para empleadores que generen nuevos vínculos laborales durante los primeros 18 meses de vigencia de la ley. El beneficio alcanzará el 100% de las contribuciones patronales para microempresas, 75% para pequeñas empresas, 50% para medianas y 25% para grandes compañías.

Esta medida representa una reducción significativa de la carga tributaria para el sector privado, en línea con la política económica de desregulación impulsada por el gobierno libertario.

Digitalización y exclusión de conceptos del salario

El proyecto otorga validez legal a recibos y documentación en formato electrónico, y amplía los medios de pago, que podrán realizarse por bancos, cheques o plataformas digitales autorizadas.

Asimismo, redefine los beneficios sociales, excluyendo del salario conceptos como almuerzos, útiles escolares, telefonía móvil o reintegros médicos. Esta modificación reduce la base salarial sobre la cual se calculan aportes y contribuciones.

Responsabilidad solidaria y sanciones

La iniciativa actualiza el régimen de responsabilidad solidaria laboral en casos de subcontratación y establece multas de hasta el 100% del beneficio obtenido para quienes incumplan las normas o realicen fraudes en el acceso a los incentivos fiscales.

El discurso oficial: «No ir contra los derechos de nadie»

Desde la Casa Rosada sostienen que la reforma «no implica ir contra los derechos de nadie», sino que busca «generar trabajo formal y competitivo, adaptado a la nueva economía». El gobierno afirma que la iniciativa permitirá formalizar cerca de ocho millones de puestos de trabajo que actualmente permanecen en la informalidad.

Sin embargo, el proyecto deberá enfrentar resistencias en el Congreso y en el movimiento sindical, que históricamente se ha opuesto a modificaciones estructurales en la legislación laboral vigente.

Puntos clave:

• El proyecto permite jornadas laborales de hasta 12 horas diarias, acordadas en paritarias y convenios colectivos

• Las indemnizaciones para pymes podrán abonarse en hasta doce cuotas mensuales

• Se crean beneficios fiscales escalonados según tamaño de empresa, con reducciones de hasta el 100% en contribuciones patronales

• Las vacaciones podrán fraccionarse y otorgarse en cualquier momento del año, con garantía de verano cada dos años

• Se priorizan convenios por empresa basados en productividad y mérito por sobre aumentos automáticos por inflación

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Senado: denuncian proyecto de “falsas denuncias” intenta silenciar a las víctimas

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos.

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Senado: qué pasa con el proyecto de “falsas denuncias”

El conversatorio “Derecho a la voz: contra la criminalización de quienes denuncian violencia” funcionó como una respuesta urgente frente al proyecto impulsado por Carolina Losada, que ya cuenta con dictamen de mayoría en la Comisión de Justicia y Asuntos Penales. La iniciativa propone agravar las penas por falsa denuncia, falso testimonio y encubrimiento en casos de violencia de género, delitos sexuales y situaciones que involucren a niñas, niños y adolescentes.

Para quienes expusieron, el diagnóstico fue otro: no hay vacío legal ni problema empírico que justifique la reforma. Lo que sí aparece, señalaron, es una estrategia política para disciplinar a quienes denuncian y reinstalar el silencio.

Una arquitectura punitiva para desalentar la denuncia

La abogada Ileana Arduino, referente del Instituto de Estudios Comparados en Ciencias Penales y Sociales, desmenuzó el corazón del proyecto. Sostuvo que no se trata de una falla técnica sino de una decisión deliberada: utilizar el derecho penal como herramienta de control social.

Funciona como una extorsión procesal”, advirtió. El planteo es claro: en un sistema judicial que ya resulta hostil, la amenaza de una contra-denuncia penal empuja a las víctimas a no hablar. El resultado no es más justicia, sino menos denuncias.

Arduino también apuntó a un efecto colateral clave: la criminalización de las redes de acompañamiento. Equipos interdisciplinarios, profesionales y organizaciones quedarían bajo sospecha por intervenir en procesos donde la prueba suele ser compleja y el tiempo judicial, lento.

Construir un problema inexistente

La ministra bonaerense Estela Díaz fue directa: “Lo falso es el problema que quieren instalar”.

Respaldada por un documento con más de 1.700 firmas, sostuvo que las falsas denuncias no representan un fenómeno significativo en Argentina. En cambio, sí lo es la subdenuncia en casos de violencia y abuso.

Para Díaz, la iniciativa se inscribe en una narrativa política más amplia que cuestiona la existencia misma de la violencia de género. En ese marco, el proyecto no busca mejorar el sistema penal, sino desplazar el foco: de la protección de las víctimas a la sospecha sobre su palabra.

El miedo como política pública

Desde el Equipo Latinoamericano de Justicia y Género, Natalia Gherardi aportó datos que desarman el argumento central del proyecto:

  • Solo una de cada cuatro mujeres en situación de violencia busca ayuda.
  • En abuso sexual infantil, más del 88% de los casos no llega a la Justicia.

En ese contexto, endurecer penas por denuncias “falsas” no resuelve un problema: crea otro. Introduce una amenaza concreta para quienes están obligados a denunciar, como establece la Ley Lucio.

La contradicción es evidente: el Estado exige denunciar ante la sospecha de abuso, pero al mismo tiempo instala el riesgo de persecución penal si la causa no prospera. El mensaje implícito, señalaron, es el silencio.

Convenciones internacionales vulneradas

La dirigente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, María Elena Naddeo, cuestionó la compatibilidad del proyecto con los estándares internacionales.

Mencionó dos marcos normativos clave:

  • Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer
  • Convención de Belém do Pará

Ambos obligan al Estado a garantizar el acceso a la justicia y a no generar obstáculos para denunciar violencia de género. La iniciativa, en cambio, invierte esa lógica: convierte a la denunciante en potencial imputada.

Naddeo también desarmó una de las falacias centrales: equiparar falta de prueba con falsedad. En delitos que ocurren en la intimidad, esa equivalencia no solo es errónea, sino funcional a la impunidad.

Datos incómodos para el oficialismo

A nivel global, organismos como ONU Mujeres ubican las denuncias falsas en torno al 1% de los casos. Se trata de una cifra marginal, que en general no está vinculada a violencia de género sino a otros delitos.

Sin evidencia empírica que justifique el endurecimiento penal, el proyecto queda expuesto como una definición ideológica: desplazar la centralidad de la víctima y reinstalar la sospecha sobre su palabra.

Efectos concretos: censura, desprotección e impunidad

El rechazo no se agota en el plano simbólico. Las organizaciones advirtieron consecuencias concretas:

  • Bozal mediático: limitaciones a la difusión de casos que han sido clave para visibilizar violencias.
  • Persecución profesional: equipos técnicos y redes de acompañamiento bajo amenaza penal.
  • Inseguridad jurídica: profesionales de salud y educación atrapados entre denunciar o protegerse.
  • Desaliento de denuncias: una profundización en la caída previsible en el acceso a la justicia.

En ese marco, el proyecto aparece como una herramienta de disciplinamiento que redefine el sistema: ya no se investiga al agresor, se sospecha de quien denuncia.

Una disputa de fondo: voz o silencio

Lo que se debatió en el Senado excede una reforma penal. Se trata de una disputa política y cultural: quién tiene derecho a hablar y bajo qué condiciones.

Frente a un escenario que intenta reinstalar el miedo como frontera, el feminismo articuló una respuesta clara. El derecho a la voz no es un privilegio ni una concesión: es un derecho humano básico.

Y su restricción, no fortalece la justicia. La debilita.

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