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Economía 💲

Informalidad laboral récord: 8,8 millones de argentinos trabajan sin derechos

La informalidad laboral debilita el sistema previsional, reduce la recaudación y precariza la economía.

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La informalidad laboral volvió a colocarse en el centro del debate económico. Un relevamiento reciente de FUNDAR, basado en datos del INDEC y curado por el investigador Daniel Schteingart, reveló que el 42% de las personas ocupadas en Argentina trabaja sin registrar: eso equivale a más de 8,8 millones de personas que no acceden a derechos básicos como jubilación, obra social, vacaciones pagas ni representación sindical.

Del total, 5,5 millones son asalariados sin aportes de su empleador, mientras que 3,3 millones son trabajadores no asalariados —cuentapropistas o patrones— que tampoco están registrados en el sistema previsional. El informe señala que el fenómeno no es nuevo, pero sí persistente: la informalidad creció tras la crisis de 2001, retrocedió con fuerza entre 2003 y 2011, pero volvió a escalar desde 2015.

El peso del sector y la región

El grado de informalidad varía considerablemente según el rubro y la región. Mientras en sectores como la minería, el petróleo o los servicios profesionales la tasa de empleo informal no supera el 15%, en ramas como la construcción, la agricultura, la gastronomía o el servicio doméstico, más del 60% de los trabajadores se desempeña en negro.

En cuanto a la geografía, el Norte Grande concentra las tasas más altas. Provincias como Salta, Santiago del Estero y Tucumán superan el 50% de informalidad entre asalariados. Allí, el bajo PBI per cápita, la escasa densidad empresarial y la preeminencia de actividades de subsistencia configuran un mercado laboral precario y atomizado.

En cambio, la Ciudad de Buenos Aires y las provincias patagónicas como Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego presentan las menores tasas de informalidad, por debajo del 20%. La diferencia está marcada por la concentración de empresas formales, sectores industriales intensivos en capital y una demanda que exige mayor formalización.

Más informalidad entre cuentapropistas

La tasa de informalidad es del 36% entre asalariados, pero asciende al 57% entre trabajadores independientes. Dentro de este grupo, los cuentapropistas alcanzan una tasa crítica del 62%, mientras que los patrones —mayormente pequeños empresarios— tienen una informalidad cercana al 20%.

Este dato revela una tendencia creciente hacia el autoempleo sin derechos, en un contexto de estancamiento del empleo formal privado y crecimiento del empleo público como paliativo. En muchos casos, la informalidad no es una elección, sino la única alternativa de inserción en un mercado laboral que expulsa y segrega.

Un problema económico y fiscal

La informalidad laboral no solo precariza la vida de millones, sino que también debilita el sistema previsional y reduce la recaudación fiscal. Sin aportes, sin contribuciones patronales y sin impuestos sobre la nómina, el financiamiento de la seguridad social y del sistema de salud público se vuelve cada vez más inestable.

Además, afecta la competitividad de las empresas que sí cumplen con las normas, y alimenta una economía de baja productividad, donde la innovación y la inversión se estancan. Desde 2011, mientras países como Uruguay y Chile redujeron su informalidad al 9,6% y 14,8% respectivamente, Argentina se mantuvo en niveles elevados, lejos del promedio que correspondería a su nivel de ingreso per cápita.

Crecimiento, pero con institucionalidad

Especialistas consultados por FUNDAR coinciden en que el crecimiento económico es una condición necesaria para reducir la informalidad, pero no suficiente. También es clave contar con instituciones laborales robustas, incentivos para formalizar y un sistema tributario que no penalice la contratación legal.

Argentina arrastra una presión tributaria alta sobre el trabajo registrado, lo que desincentiva la formalización, especialmente en las PyMEs y los emprendimientos informales. Las propuestas para revertir esta tendencia incluyen desde la creación de un monotributo productivo más accesible hasta programas de capacitación y crédito para la formalización.

Mientras tanto, más del 40% de los trabajadores sigue sin derechos, sin cobertura y sin voz. La informalidad se naturalizó en vastas regiones del país, al punto de convertirse en el modo de existencia dominante en millones de hogares. Cualquier política laboral que busque mejorar la calidad del trabajo en Argentina debe empezar, sin excusas, por revertir esta exclusión estructural.

Medio Ambiente 🌱

La Hidrovía quedó en manos de Jan De Nul: el negocio de los amigos de Caputo se concretó

El Gobierno nacional completó la privatización de la Hidrovía Paraná-Paraguay y adjudicó la concesión al consorcio integrado por la empresa belga Jan De Nul y la firma argentina Servimagnus. La decisión se oficializó mediante la Resolución 36/2026 de la Agencia Nacional de Puertos y Navegación (Anpyn), publicada en el Boletín Oficial, a pesar de las advertencias de irregularidades formuladas por organismos del propio Estado.

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Jan De Nul opera el canal desde 1995. La concesión se extiende por 25 años, con posibilidad de prórroga de hasta cinco años adicionales. El contrato definitivo deberá firmarse en los próximos 30 días. Este diario alertó en febrero de 2025 que el proceso licitatorio registraba poca competencia y falta de transparencia: en la apertura de ofertas de aquel momento, solo una empresa había presentado propuesta.

Un proceso cuestionado desde el inicio

La licitación nunca estuvo exenta de polémicas. La Procuraduría de Investigaciones Administrativas emitió un dictamen formal ante la Fiscalía Nacional en lo Criminal y Correccional Federal alertando sobre irregularidades graves: ausencia de estudios de impacto ambiental, incumplimiento del Acuerdo de Escazú, falta de participación de las provincias ribereñas y cláusulas que exigen una garantía de diez millones de dólares para poder impugnar decisiones administrativas. Fue el tercer informe crítico sobre el proceso.

El diputado nacional Jorge Taiana tomó ese dictamen para exigir la suspensión inmediata de la licitación. El juez federal Daniel Rafecas rechazó el pedido cautelar, coincidiendo con el dictamen del fiscal Guillermo Marijuan, y concluyó que no existían elementos suficientes para detener el proceso. El Gobierno siguió adelante.

La trama Neuss-Caputo-Servimagnus

El reparto del negocio no sorprende a quienes siguen la trama de poder del gobierno de Javier Milei. Este diario publicó en marzo de 2025 que los hermanos Juan, Patricio y Georgi Neuss, ligados al asesor presidencial Santiago Caputo, figuraban entre los principales beneficiarios de las privatizaciones del ciclo Milei. Los Neuss financian la Fundación Faro, que conduce Francisco Caputo, hermano de Santiago. Son dueños del Yacht Club donde se organizan cenas de recaudación para La Libertad Avanza y, en febrero de 2025, aportaron 35 millones de pesos a la estructura partidaria de cara a las elecciones de medio término.

El Grupo Neuss figura como probable subcontratista del dragado que ejecutará Jan De Nul. Servimagnus, el socio local del consorcio adjudicatario, pertenece a Ricardo Román, cuya familia integra el mapa de empresarios vinculados al entorno del Gobierno junto a los nombres de Gustavo Elías y Juan Ondarcuhu. El periodista Alejandro Bercovich describió el esquema: una vez firmado el contrato, Jan De Nul deberá subcontratar servicios a otras empresas para cumplir con las demandas del Estado, y ahí es donde ingresa el círculo de Caputo.

Como señaló el análisis de Jesús Rivero en El Argentino, la dimensión del negocio es también geopolítica. El congresista republicano Brian Mast, aliado de Donald Trump, envió una carta al Secretario de Estado Marco Rubio alertando sobre una presunta «influencia maligna china» en la puja. Esa misma semana, Santiago Caputo viajó a Washington y se reunió con Mast, con el director senior del Hemisferio Occidental en el Consejo de Seguridad Nacional y con el embajador Alec Oxenford. El consorcio competidor DEME intentó instalar que Servimagnus tenía vínculos con capitales chinos a través de Agrofina; Jan De Nul y Servimagnus rechazaron esas acusaciones como «falsas y malintencionadas».

Las cifras de la entrega

Por la Hidrovía transita cerca del 80% de las exportaciones argentinas, más de 80 millones de toneladas de granos y derivados por año. Las proyecciones oficiales de la Anpyn estiman una facturación anual promedio cercana a los 628 millones de dólares para la concesionaria, con ingresos acumulados que podrían superar los 15.700 millones de dólares en 25 años. El esquema no contempla garantías ni aportes del Estado: es concesión por peaje y a riesgo empresario.

Las proyecciones prevén un crecimiento del tráfico internacional del 38,1% durante la concesión, del cabotaje un 28,2%, y del tramo Santa Fe-norte del país un 52,4%. La mayor parte de las inversiones se concentrará en los primeros siete años; la rentabilidad máxima llegaría recién a partir del año dieciséis.

El contrato está firmado en los papeles. Lo que queda por verse es cuánto de ese negocio estratégico termina en manos del círculo que rodea al poder, y cuánto le queda al país.

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