Géneros 🟣
Tareas de cuidado en pandemia: el fuerte impacto sobre las mujeres de toda América Latina
Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en el país, mientras que las mujeres dedican 6,4 horas diarias a las tareas del hogar, los hombres sólo lo hacen 3,4 horas.
Las tareas de cuidado de niñez, adolescencia, personas mayores y con discapacidad durante la pandemia afectaron «de sobremanera a las mujeres», según una serie de estudios sobre esta problemática en el contexto del Covid-19 que presentó hoy el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad de la Nación (MMGyD).
«Los niveles de desigualdad que se producen por género nos parecen crucial y es fundamental ponerlos en el centro de la escena», aseguro Merchán.
En un conferencia virtual se presentaron las investigaciones, que contaron con el apoyo del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), sobre cómo impactó la pandemia en las políticas de cuidado en América Latina.
«Durante el aislamiento se limitaron todas las ramas de la economía menos los trabajos de cuidado. Estos informes dan cuenta de que estos trabajos no afectan igual a varones y a mujeres. Los niveles de desigualdad que se producen por género nos parecen crucial y es fundamental ponerlos en el centro de la escena», aseguró en la presentación la Secretaría de Políticas de Igualdad y Diversidad, Cecilia Merchán.
El 84% de los hogares monoparentales están a cargo de mujeres.
Merchán destacó que desde el Estado nacional «durante todo este tiempo fuimos construyendo políticas específicas» y ejemplificó que el presupuesto nacional incorporó la perspectiva de género.
Según explicaron desde el ministerio que comanda Elizabeth Gómez Alcorta, hubo dos preocupaciones principales que guiaron las investigaciones: por un lado, registrar cómo la situación ha afectado de sobremanera a las mujeres; por el otro, contribuir a pensar acciones estatales que busquen evitar estos sesgos para construir políticas y salidas de la crisis sanitaria y económica más igualitarias.
gran parte de las mujeres vive una situación de sobrecarga de tareas que afecta su bienestar.
Martín Abeles, director de la oficina Cepal Buenos Aires, destacó que las investigaciones «son originales y efectuadas en tiempo real, que tratan de captar problemáticas que escuchamos siempre pero que ahora van a estar más sistematizadas».
En la misma línea se expresó Valentín González, representante residente adjunto PNUD Argentina, que destacó que los informes «van a ser muy importantes para que las políticas públicas se hagan con evidencia sólida y científica».
«Los capítulos muestran que no hay una sola pandemia, cuarentena o política; son realidades que cambian tanto en sus características como en sus efectos según el tiempo, las personas y el territorio. Se ven diferencias según las edades de las personas, si son parte de un grupo de riesgo, si conviven con niños/as o adultos mayores, si forman parte de una u otra clase social o si son hombres o mujeres. Los estudios dan cuenta de esa heterogeneidad y esas desigualdades», aseguraron desde el Ministerio de las Mujeres, Género y Diversidad.
Una de las investigaciones, realizada por Catalina de la Cruz Pincetti y Lucía Scuro, recogió diversas iniciativas y políticas de los sistemas públicos de cuidado que se realizaron en Uruguay, Costa Rica, Chile y Argentina y destacaron «los efectos positivos de tener una institucionalidad de cuidados que trascienda las improntas de los gobiernos».
Las investigadoras recomendaron «pensar en este contexto la contención, la reactivación y los pasos necesarios para construir sistemas integrales de cuidados en la región que sean desfeminizados, democráticos y desmercantilizados».
Otro de los informes, cuya autoría es de Camila Arza, mostró que «durante el ASPO la mayor parte del trabajo doméstico y de cuidado se concentró en manos femeninas, y que gran parte de las mujeres vive una situación de sobrecarga de tareas que afecta su bienestar».
El trabajo advirtió que la mayor demanda de cuidado genera tensiones para combinar trabajo remunerado y cuidado, «lo que puede empujar a algunas mujeres a abandonar la fuerza laboral o reducir sus horas de empleo para ocuparse del cuidado infantil».
LA SUPUESTA DISPONIBILIDAD DE LA VIDA DE LAS MUJERES PARA EL CUIDADO
Anaïs Roig, otra investigadora que realizó su trabajo en cuatro barrios del AMBA, llegó a la conclusión de que «la intensificación de los tiempos dedicados al cuidado de la casa, como el cuidado de la salud y de las y los niños, se realizó en desmedro de los ‘tiempos y espacios para sí’, lo que agudizó el supuesto social de disponibilidad de la vida de las mujeres para el cuidado».
Sebastián Fuentes, que dirigió su estudio a autoridades educativas y mujeres en hogares de CABA, Gran Buenos Aires, Salta, Córdoba y Mendoza, identificó dos desigualdades principales: las condiciones de las madres frente a la exigencia escolar y las expectativas diferenciales de las mujeres sobre la escolaridad en la situación actual.
En el capítulo final, a cargo de Juan Manuel Ottaviano, el estudio encontró que las regulaciones dictadas durante la pandemia en América Latina «procuraron que el teletrabajo sirviera como una modalidad capaz de asegurar la continuidad laboral, sin identificar obstáculos y desafíos para el reconocimiento de los cuidados», aunque destacó que «la nueva ley en la Argentina marcaría una excepción».
En ese sentido, recomendó «evitar una profundización de la división sexual del trabajo e impedir que el teletrabajo refuerce las desigualdades de género en materia laboral».
Los «AYUDADORES», la campaña que promueve el #yomeocupo
La Iniciativa Spotlight La ONU en alianza con la Unión Europea (UE) lanzaron este mes una campaña que pone en el centro de la escena la figura del ayudador, en referencia a los varones que si se ocupan de realizar las tareas del hogar, lo hacen si se lo piden o esperan a que le den indicaciones, invitando a los hombres a compartir el trabajo doméstico que mayoritariamente recae en las mujeres.
Es necesario que las mujeres reconozcan que parte de su agotamiento cotidiano tiene que ver con esa carga, pero también que los varones se involucren en tratar de definir esquemas más equitativos.
La campaña #YoMeOcupo quiere promover la conversación entre varones acerca de su rol en casa y busca visibilizar el impacto que tiene en las mujeres la carga mental que implica pensar, planificar y coordinar las tareas del hogar y de cuidado.
«Hay que hablar de carga mental porque para revertir una situación y resolver un problema primero hay que visibilizarlo. Es necesario que las mujeres reconozcan que parte de su agotamiento cotidiano tiene que ver con esa carga, pero también que los varones se involucren en tratar de definir esquemas más equitativos en la distribución de tareas vinculadas con el hogar», dijo Valeria Serafinoff, coordinadora de Spotlight en Argentina.
En Argentina las mujeres se hacen cargo del 65% de las tareas del hogar frente al 35% de los varones, y al menos la mitad de las mujeres admiten estar sobrecargadas especialmente desde que empezó la pandemia de coronavirus. Según la Encuesta Permanente de Hogares (EPH), en el país, mientras que las mujeres dedican 6,4 horas diarias a las tareas del hogar, los hombres sólo lo hacen 3,4 horas.
A lo que debe sumarse que el 84% de los hogares monoparentales están a cargo de mujeres, lo que refuerza aún más esa sobrecarga. «Para una sociedad más igualitaria, los varones deben dejar de tener un papel de ayudador y ocuparse de forma activa de las tareas del hogar y de cuidado», destacó Serafinoff.
Espectáculos 🎭
Femicida en pantalla: la película «Barreda» no escapa del relato del asesino
El 15 de noviembre de 1992, Ricardo Barreda asesinó a su esposa, sus dos hijas y su suegra en La Plata. Tres décadas después, Prime Video estrena una película protagonizada por Luis Machín que reconstruye el caso, el juicio y la figura de las víctimas, aunque no todo lo que muestra tiene respaldo documental.
La pantalla volvió a poner en el centro de la escena uno de los crímenes más impactantes de la historia argentina. «Barreda», la película de Prime Video dirigida por Daniela Goggi (El Rapto), llegó a la plataforma este viernes y reconstruye el cuádruple femicidio cometido por el odontólogo Ricardo Barreda en su casa de La Plata.
Luis Machín encarna al femicida; Carla Peterson interpreta a su esposa Gladys McDonald; Mercedes Morán da vida a la suegra Elena Arreche; y Maite Lanata y Margarita Páez encarnan a las hijas Cecilia y Adriana. La producción recorre el crimen, el juicio oral de 1995 y algunas dimensiones más íntimas de la vida familiar del femicida, combinando hechos verificados con escenas de elaboración ficcional.
El arma que regaló la suegra: un dato confirmado
Uno de los elementos más fuertes del relato tiene sustento documental. La película muestra que la suegra de Barreda, Elena Arreche, le obsequió la escopeta con la que el odontólogo posteriormente mató a las cuatro mujeres de su familia. Se trata de una Víctor Sarasqueta calibre 16, un arma de origen español que el femicida utilizaba para la caza.
Durante el juicio oral, el propio Barreda declaró que el arma había sido un regalo de su suegra. El dato también aparece registrado en distintas reconstrucciones periodísticas del caso. Según la declaración del acusado, después de los asesinatos se deshizo del arma arrojándola en la zona de Punta Lara, en Ensenada, episodio que la película también recrea.
Pirucha, la vidente: personaje real con un rol todavía discutido
El personaje interpretado por Paola Barrientos es uno de los que más puede generar dudas entre quienes no conocen el caso en detalle, pero tiene existencia real. María de las Mercedes Guastavino, conocida como «Pirucha», fue una vidente que mantuvo un vínculo cercano con Barreda y que declaró en el juicio de 1995.
Según distintas reconstrucciones del caso, la mujer lo habría persuadido de que las mujeres de su familia practicaban magia negra contra él y querían matarlo. La película fiel a ese relato muestra a Pirucha alimentando los miedos del odontólogo. También se retrata que, luego de cometidos los crímenes, Barreda pasó por su casa en busca de ayuda. De acuerdo al relato del psiquiatra forense que lo peritó, Miguel Maldonado, el asesino le dijo al llegar: «Me mandé una macana». La influencia real de Pirucha sobre las decisiones de Barreda fue debatida durante el proceso judicial, sin que se llegara a una conclusión definitiva sobre su responsabilidad.
Las hijas: vidas que la historia oficial silenció
La película reconstruye a Cecilia y Adriana Barreda como dos mujeres jóvenes con proyectos concretos: Cecilia planeaba mudarse con su pareja e instalar un consultorio odontológico en la casa familiar, mientras que Adriana estaba próxima a casarse. En la vida real, la historia de las víctimas quedó durante décadas relegada frente al relato construido alrededor de su asesino. Hay registros que confirman que el novio de Cecilia declaró como testigo en el juicio en contra de Barreda. Amigas de las jóvenes le dijeron al periodista Enrique Russo, en 1992, que evitaban ir a la casa porque Barreda «era mano larga». Las escenas que recrean vínculos y conversaciones cotidianas de las hijas pueden partir de datos fragmentarios, pero en buena medida se completan con elaboración ficcional.
La venta de la casa y el divorcio: sin respaldo documental
Uno de los elementos que la película presenta como detonante de la violencia es la intención de Gladys McDonald y su madre de vender la propiedad, junto con el deseo de Gladys de separarse definitivamente de Barreda. Sin embargo, no hay registros documentales que confirmen que la familia estuviera planeando vender la casa en los términos que plantea el film. Distintas reconstrucciones del caso sí señalan que Barreda y su esposa habían atravesado una separación previa al crimen, aunque continuaban conviviendo bajo el mismo techo. La decisión de incorporar ese elemento como disparador dramático responde a una licencia narrativa de la dirección.
«Conchita»: el apodo que tal vez nunca existió
Durante el juicio, Barreda sostuvo que las mujeres de su familia lo apodaban «Conchita» como forma de humillación y que esa degradación constante había sido el motor de los crímenes. Con el tiempo, ese apodo se convirtió en uno de los elementos más recordados del caso.
La película va un paso más lejos: muestra que el propio Barreda construyó la idea de que lo llamaban así como parte de una estrategia de defensa, algo que no tiene una prueba definitiva. En 2011, el periodista Rodolfo Palacios publicó Conchita, el hombre que no amaba a las mujeres, donde puso en duda la veracidad del apodo y planteó que Barreda pudo haberlo inventado para justificar la masacre familiar y evitar la condena. La película toma esa hipótesis y la presenta como un hecho, cuando en rigor sigue siendo una versión periodística sin confirmación judicial.
Una historia que siempre corrió el riesgo de reproducir el relato del asesino
El caso Barreda fue durante años un ejemplo de cómo el sistema mediático y judicial argentino tendió a construir el relato desde la mirada del perpetrador, relegando a las víctimas a meros datos del expediente. La película de Goggi hace un esfuerzo visible por devolverle humanidad a Gladys, Elena, Cecilia y Adriana, mostrando sus vínculos, sus proyectos y sus voces antes de los disparos.
Ese gesto no es menor en términos simbólicos. Al mismo tiempo, la producción no escapa del todo a la lógica del true crime que fascina con la figura del criminal, algo inherente al género y que el espectador tendrá que procesar con perspectiva crítica. «Barreda» llega a Prime Video en un momento en que el femicidio en Argentina sigue siendo una crisis estructural sin respuesta institucional suficiente, lo que hace que la pregunta sobre qué historia se cuenta y desde qué lugar no sea un detalle menor.
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