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Quebró La Suipachense: 150 trabajadores en la calle y una industria láctea en crisis terminal
El juez de Mercedes decretó la quiebra de la firma Lácteos Conosur tras acumular deudas por u$s293.857 y $9.458 millones. La planta estaba parada hace tres meses. Es la segunda quiebra emblemática del sector en pocos meses, después de ARSA-SanCor.
★ El Juzgado en lo Civil y Comercial de Mercedes resolvió la quiebra de Lácteos Conosur S.A., la empresa detrás de la marca La Suipachense, una de las principales productoras de dulce de leche, yogures y quesos de la zona norte bonaerense. La medida dejó en la calle a unas 150 personas y expuso una vez más la crisis terminal que atraviesa la industria láctea argentina.
Según el fallo judicial, la empresa había incumplido el acuerdo preventivo que había suscripto con sus acreedores en el marco de su concurso. Las deudas acumuladas alcanzaban los u$s293.857 en cuotas vencidas del acuerdo homologado, además de pasivos postconcursales por más de $8.458 millones en cheques rechazados y más de $1.000 millones con los gremios y obras sociales del sector, entre ellas ATILRA, OSPIL y AMPIL.
La ley no da margen
El magistrado fue contundente en su resolución: «La ley resulta tajante» y ante el incumplimiento del acuerdo «no cabe más que proceder conforme la normativa señalada y decretar la quiebra». En su fallo, destacó además que la planta se encontraba paralizada desde hacía tres meses, lo que agravó la situación de los trabajadores y consolidó el cuadro de insolvencia.
La decisión judicial inhabilitó a la empresa y a su principal directivo, Jorge Luis Borges León, dispuso la intervención de la Sindicatura y ordenó la clausura del establecimiento. También se bloquearon todas las cuentas bancarias y activos a nombre de la firma, y se dispuso la intercepción de la correspondencia.
El juez instruyó a la Sindicatura a dar intervención a la Justicia Penal si se verificaran irregularidades en la administración o eventuales delitos cometidos por los socios. El proceso de verificación de créditos quedó abierto hasta el 10 de febrero de 2026.
Un sector en caída libre
La quiebra de Lácteos Conosur no es un caso aislado. Se suma a una seguidilla de cierres, suspensiones y liquidaciones que en los últimos meses sacudieron a la industria láctea argentina, atrapada entre altos costos, baja rentabilidad y un consumo interno en picada.
El antecedente más resonante fue el cese definitivo de operaciones de Alimentos Refrigerados S.A. (ARSA), la empresa que fabricaba postres, yogures y flanes con marca SanCor, cuya quiebra se decretó a fines de octubre. En ese caso, más de 400 empleados quedaron sin empleo y las plantas industriales fueron abandonadas.
Ambos casos desnudan la fragilidad estructural del sector, que combina sobreendeudamiento, caída de precios internacionales y atrasos en los pagos a productores. Los altos costos energéticos y la suba de las tasas financieras complicaron aún más la ecuación de empresas que operan con márgenes mínimos.
En Lácteos Conosur, la producción estaba detenida desde mediados de año. Los gremios habían advertido sobre atrasos salariales y falta de aportes. La firma, que procesaba leche y derivados tanto para marcas propias como de terceros, llegó a emplear a unas 150 personas, la mayoría de ellas en la planta de Suipacha.
La crisis se multiplica en Santa Fe
Otro ejemplo de la debacle es lo que ocurre en Santa Fe con la planta de Sudamericana de Lácteos, que dejó de pagar la leche que recibe de un pool de 15 tambos ubicados en el departamento de Las Colonias, en el corazón lechero de esa provincia. Los productores reclaman deudas de los meses de agosto, septiembre y octubre, que ya superan los $350 millones.
«Tenemos tres meses de deuda: agosto, septiembre y octubre. Esto nos genera un agujero financiero enorme, terrible», reconoció uno de los tamberos afectados. Quienes integran ese pool advierten que mientras algunas explotaciones más estructuradas pueden resistir la falta de ingresos, aquellas que ya venían con deudas o sin capital se ven «muy golpeadas».
La empresa está parada de pagos respecto del alquiler, los bancos y los sueldos. Los trabajadores de la planta directa e indirectamente se encuentran en estado de alerta. Los productores señalan que la planta sigue recibiendo leche —unos 35.000 a 40.000 litros diarios—, pero sin dar señales de cuándo se normalizarán los pagos, lo que complica además la posibilidad de redirección de esa producción hacia otras usinas de la zona.
El precio más bajo en siete años
En los fundamentos del fallo, el magistrado recordó que «el juez no puede ser un fugitivo de la realidad» y que debe considerar «el clima económico-social» que rodea cada caso. Esta quiebra refleja un contexto económico adverso que deja sin salida a muchas pymes industriales del rubro.
Según el Observatorio de la Cadena Láctea Argentina (OCLA), el precio promedio de la leche al productor medido por el sistema SIGLeA en septiembre de 2025 fue de $474,60 por litro, con un equivalente de $6.506,73 por kilo de sólidos útiles. Ajustado por inflación, se ubica entre los valores más bajos de los últimos cinco años. El propio organismo señaló que agosto fue «el peor mes en siete años» para el tambo argentino.
A pesar de una producción nacional que creció cerca del 6% interanual, los márgenes industriales y primarios continúan en terreno negativo, afectando tanto a las usinas como a las cooperativas y productores.
La caída de Lácteos Conosur profundiza la crisis de un sector que alguna vez fue símbolo de arraigo productivo en el interior bonaerense. Con las plantas cerradas y los trabajadores en la incertidumbre, la decisión judicial se convierte en una postal más de la recesión que atraviesa la industria láctea argentina, un rubro donde cada vez más empresas sobreviven con dificultades extremas o directamente dejan de producir.
Puntos clave
• El Juzgado de Mercedes decretó la quiebra de Lácteos Conosur S.A., elaboradora de la marca La Suipachense, tras el incumplimiento de su acuerdo preventivo con acreedores.
• La empresa acumulaba deudas por u$s293.857 en cuotas vencidas y más de $9.458 millones en pasivos postconcursales, incluyendo más de $1.000 millones con gremios y obras sociales.
• Unas 150 personas quedaron sin empleo tras la liquidación de la firma, cuya planta estaba paralizada hace tres meses.
• La quiebra se suma a la de ARSA-SanCor y a la crisis de Sudamericana de Lácteos en Santa Fe, que acumula tres meses de deuda con productores por más de $350 millones.
• Según el OCLA, el precio de la leche al productor en septiembre fue de $474,60 por litro, uno de los valores más bajos de los últimos cinco años ajustado por inflación.
Trabajo
Cabot cierra su planta en Campana y deja a 150 familias a la deriva
**El ajuste económico suma otra víctima: la multinacional química anunció el cierre definitivo de su planta bonaerense, donde producía negro de humo para la industria del neumático. Los trabajadores marcharon este lunes para exigir garantías sobre sus indemnizaciones.**
150 trabajadores sin empleo: Cabot cierra y el modelo Milei destruye otro eslabón industrial
La empresa multinacional Cabot Corporation resolvió el cierre definitivo de su planta ubicada en la localidad bonaerense de Campana, dejando sin trabajo a 150 personas entre empleados directos y tercerizados. La firma, especializada en la producción de negro de humo y materiales químicos de alto rendimiento, comunicó la decisión el martes pasado a través de directivos llegados desde Brasil, quienes reunieron al personal en el comedor de la planta para anunciar el cese total de las operaciones en Argentina.
La noticia que nadie esperaba
La modalidad del anuncio encendió las alarmas entre los trabajadores: sin previo aviso colectivo, sin instancias de negociación previas y con la sola mención de que «un estudio jurídico se encargaría del tema». La incertidumbre sobre el cobro de las indemnizaciones se instaló de inmediato. Agustín, operario de la planta y padre de dos hijos, describió la situación con crudeza en declaraciones televisivas : «Vino uno de los gerentes de Brasil, juntó a todos los trabajadores en el comedor y anunció que la firma iba a cerrar su operación en Argentina y que un estudio jurídico se iba a encargar del tema. No sabemos si nos van a pagar o no. Están queriendo meter el preventivo de crisis para pagarnos un 50% menos. A nosotros no nos han pagado, no nos han echado, estamos a la deriva.»
El recurso del preventivo de crisis, un mecanismo legal que habilita a las empresas a reducir las indemnizaciones a la mitad, fue señalado por los propios trabajadores como la estrategia que la compañía planea utilizar para minimizar sus obligaciones laborales. Si se aplica, implicaría una pérdida económica directa y significativa para cada uno de los afectados.
Una lucha con décadas de historia en juego
Este lunes, los trabajadores de Cabot se movilizaron desde la planta hasta la plaza principal de Campana para presentar un petitorio ante el municipio y exigir garantías concretas. La imagen de obreros con años y décadas de trabajo al hombro reclamando en la calle resume, en términos humanos, lo que los índices macroeconómicos no siempre logran mostrar.
Mario Di Paolo, secretario general del Sindicato Único de Trabajadores del Negro de Humo, ratificó los hechos y marcó la dimensión del golpe: «El martes vinieron dos directivos de Brasil, juntaron a toda la gente en el comedor y notificaron el cese total de las tareas y el cierre definitivo de Cabot Argentina. Yo hace 15 años que estoy en Cabot y estamos con la lucha con los compañeros.» Di Paolo advirtió además sobre la situación concreta que enfrentan los operarios en el mercado laboral actual: «Con este modelo económico está muy difícil conseguir trabajo. Los compañeros son todos mayores de 40 años, se les va a complicar mucho empezar a trabajar de vuelta.»
El drama individual de cada trabajador ilumina la magnitud del daño. Gustavo, de 52 años y con 16 años de antigüedad en la planta, expresó: «Es una sorpresa grande para todos. Ya no voy a conseguir laburo en ningún lado. Hay que remarla. Sin trabajo no hay dignidad y no hay nada. Es una vergüenza lo que hicieron.» Agustín, por su parte, señaló el impacto sobre sus compañeros de mayor trayectoria: «Tenemos compañeros con más de 30 años en la fábrica que saben que no consiguen más trabajo, porque uno con esa edad para el sistema ya queda obsoleto.»
Una decisión «netamente comercial» en un contexto de desguace
Uno de los testimonios más contundentes fue el de un trabajador con 26 años de antigüedad en la empresa, quien rechazó los argumentos de la firma: «Siempre pusimos el pecho en todas las crisis, pasamos por muchas, por eso es inentendible la situación que nos plantean hoy. No es un problema de productividad, es una decisión netamente comercial. Es una pena que tomen esta decisión y dejen a 150 familias sin trabajo.»
En el sector señalan que la crisis en la industria del neumático, agravada por las dificultades atravesadas por FATE, uno de los principales clientes históricos de la producción de negro de humo de la planta, contribuyó a deteriorar la ecuación comercial de Cabot en Argentina. Sin embargo, los propios trabajadores insisten en que la decisión responde a una estrategia corporativa global, no a un problema de desempeño local.
El costo humano del modelo
El cierre de Cabot no es un episodio aislado. Se inscribe en un proceso de desindustrialización acelerada que distintos relevamientos privados y sindicales estiman en más de 320.000 puestos de trabajo perdidos y alrededor de 15.000 industrias cerradas en todo el país desde diciembre de 2023. Ese proceso tiene coordenadas precisas: apertura importadora, contracción del mercado interno, retracción del consumo y deterioro sostenido del poder adquisitivo, factores que la gestión de Javier Milei asume como costos necesarios del «saneamiento macroeconómico.»
El propio contexto inflacionario agrava la situación de quienes pierden el empleo. Según datos del INDEC de marzo de 2026, la Canasta Básica Total (CBT) registró una variación interanual del 30,4%, lo que significa que los trabajadores desplazados enfrentan simultáneamente la pérdida de ingresos y un costo de vida que se mantiene en niveles críticos. A eso se suma que el gasto primario del Estado cayó un 5,1% interanual adicional en el primer trimestre de 2026, según datos del Foro Economía y Trabajo, reduciendo aún más la red de contención disponible para quienes quedan fuera del mercado laboral.
En ese marco, la promesa oficial de que el ajuste tiene un horizonte de alivio choca con la realidad cotidiana de trabajadores que, a los 40, 50 o 52 años, saben que el sistema productivo argentino actual no tiene lugar para ellos.
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