Economía 💲
Según la UIA, el 63% de las industrias aumentaron sus ventas en enero
Luego de un 2020 atravesado plenamente por las consecuencias económicas y operativas de la pandemia, en enero de 2021 se registró una mejora tanto de los indicadores de producción como de ventas, en línea con la recuperación de la producción de fines de 2020”.
El 63% de las industrias del país aumentaron o mantuvieron en enero sus ventas en el mercado interno en comparación con el promedio del último trimestre del 2020, de acuerdo a los resultados de una encuesta realizada por la Unión Industrial Argentina (UIA).
La entidad fabril, en un comunicado, precisó que sobre un total de 750 empresas relevadas, el 26% de las compañías dijo que aumentó sus ventas durante el primer mes del año, mientras que el 37% señaló que mantuvo el nivel de operaciones, en tanto, el 37% restante observó una disminución en sus ventas.
En lo que respecta al nivel de producción, el 25% sostuvo que se incremento en enero respecto al último trimestre de 2020 , el 41% sostuvo que no mostraron cambios en la cantidad de manufacturas y el 34% restante advirtió una disminución.
Respecto a las ventas externas, el trabajo de la UIA encontró que el 27% de las empresas encuestadas indicó que sus ventas se redujeron con respecto al promedio del cuarto trimestre 2020.
El director del CEU, el economista Pablo Dragún, destacó que el relevamiento «muestra que a medida que se consolida la apertura de la economía y empieza cierto ciclo de recuperación, se advierte una perspectiva más positiva, aunque aún no se da ni en todos los sectores ni en todas las empresas».
«La demanda de bienes industriales empieza a crecer un poco más, incluso en términos interanuales, pero se conservan dificultades en términos de gestión de la pandemia y de la macroeconomía», reseñó el analista al señalar que, no obstante, «más de la mitad de los empresarios espera estar mejor este año».
Esa perspectiva no se termina de reflejar en las contrataciones de personal: «Muchas de las empresas que están creciendo en producción y ventas prefieren no apurar la incorporación de nuevos trabajadores ante la posibilidad de una regresión del incipiente ciclo positivo y por las limitaciones de un mercado laboral marcado por medidas adoptadas en lo peor de la crisis».
Otros temas que surgen de la encuesta están vinculados a los sobre costos que implica la gestión de los protocolos, y el alto ausentismo que se registra por las dispensas de trabajadores consideradas de riesgo; y también la necesidad de financiamiento a tasas de interés más atractivas,en algunos casos largamente por encima de la inflación proyectada.
Este conjunto de factores también aporta a «demorar la decisión de inversiones, ya que si bien el ciclo actual de recuperación lo justificaría, la incertidumbre del mediano y largo plazo llama a la cautela», consideró Dragún.
“Luego de un 2020 atravesado plenamente por las consecuencias económicas y operativas de la pandemia, en enero de 2021 se registró una mejora tanto de los indicadores de producción como de ventas, en línea con la recuperación de la producción de fines de 2020”, sostuvo el trabajo de la UIA.
En cuanto a las expectativas, se ponderó que “si bien el 36% espera que la situación económica del país mejore en el próximo un año (solo el 11% indicó que la situación había mejorado en el último año), las cifras son mejores a nivel empresa y sector, con un 50% de empresas con expectativas positivas”.
Asimismo, se resaltó que con el recupero de la actividad se dinamizó el funcionamiento de la cadena de pagos aunque persisten demoras ya que “el 22% de las empresas afirmó que no pudo pagar impuestos, el 14% los compromisos financieros, el 9% no pudo pagar a proveedores, el 9% no pudo afrontar tarifas de servicios públicos, y el 4% salarios”. También se concluyó que a pesar de que un 43% de las empresas tuvo mayor necesidad de financiamiento, “sólo el 38% del total pudo acceder al monto necesitado”.
Por último, la encuesta “identificó nuevas dificultades asociadas a los mayores tiempos de entrega de proveedores, al elevado porcentaje de trabajadores dispensados, a la incertidumbre macroeconómica y las regulaciones laborales”, señaló la UIA.
Desregulación
La industria textil argentina al límite: el 70% del mercado ya es importado
Con seis de cada diez máquinas paradas y una caída de la producción del 34% respecto a 2023, la industria textil argentina enfrenta su peor momento ante una apertura comercial que duplicó el ingreso de indumentaria importada. La Fundación Pro Tejer y la FITA denuncian competencia fraudulenta por subfacturación y reclaman al gobierno de Milei condiciones mínimas para sobrevivir.
Las importaciones ya explican el 70% del mercado textil argentino. Lo que históricamente era una disputa pareja entre producción local y productos del exterior se convirtió, bajo la gestión libertaria, en una derrota estructural para la industria nacional: en el primer semestre de 2026, la indumentaria importada creció un 62% en toneladas y un 36% en dólares, mientras las fábricas textiles del país operaban apenas al 39% de su capacidad instalada.
Esos datos fueron aportados por la Fundación Pro Tejer y la Federación de Industrias Textiles Argentinas (FITA), los dos organismos que nuclean al sector y que coinciden en un diagnóstico que el gobierno de Javier Milei prefiere ignorar: la política de apertura comercial irrestricta, combinada con la apreciación del tipo de cambio real y la demora en medidas de competitividad, está destruyendo una cadena productiva que empleó durante décadas a cientos de miles de trabajadores formales.
Apertura sin red: la caída en los eslabones primarios
En el primer semestre del año, las importaciones de productos textiles e indumentaria totalizaron 177.356 toneladas y 911 millones de dólares. La baja del 20% interanual en cantidades y del 5% en valores no es, como podría interpretarse, una señal de mejora: esa contracción se concentra en los insumos, no en los productos finales.
Según el informe de Pro Tejer, las materias primas cayeron un 33%, los hilados un 43%, los tejidos planos un 52% y los tejidos de punto un 34%. La lectura es inequívoca: hay menos insumos porque hay menos producción local. Las fábricas no fabrican, por lo tanto no demandan materias primas. El mercado interno simplemente se abastece con el producto terminado que llega del exterior.
La Fundación Pro Tejer precisó que «el escenario productivo local se ve afectado por la veloz apertura comercial, la desregulación total de las importaciones y la apreciación del tipo de cambio real, en un contexto de demora de medidas para reducir la carga tributaria y mejorar la competitividad sistémica de la economía argentina».
Subfacturación: más del 70% de los productos entra a precio ficticio
La FITA fue más terminante en su diagnóstico y acuñó el término que sintetiza el problema de fondo: «competencia fraudulenta». La federación señaló que las rebajas impositivas y los procesos de desregulación de los últimos años beneficiaron principalmente a las importaciones, mientras la producción nacional continúa cargando con una presión tributaria elevada, altos costos logísticos y falta de financiamiento.
Pero el punto más crítico es la subfacturación. Más del 70% de los productos importados ingresa al país a valores significativamente inferiores a los antecedentes del sector, en muchos casos sin cubrir siquiera el costo de la materia prima principal. Esta práctica, que constituye una violación a las normas de comercio exterior vigentes, configura una ventaja artificial imposible de compensar por cualquier esfuerzo de eficiencia en la producción local.
A eso se suma la competencia de plataformas digitales como Shein y Temu, que comercializan indumentaria de origen asiático sin tributar aranceles, operando en un vacío regulatorio que el gobierno libertario no ha mostrado voluntad de cerrar.
La producción en caída libre: 34% menos que en 2023
Las cifras de actividad son concluyentes. En el primer semestre de 2026, la producción textil cayó un 24,4% respecto al mismo período de 2025 y un 34% respecto a 2023, el último año antes del gobierno de Milei. El uso de la capacidad instalada se ubicó en apenas el 39%, lo que en términos prácticos significa que seis de cada diez máquinas están paradas en las fábricas del sector.
La FITA aclaró que el sector no rechaza la apertura comercial en términos generales. La entidad firmó recientemente una declaración conjunta con organizaciones del Mercosur y de Europa en el marco del acuerdo birregional, y gestiona activamente el avance comercial con Estados Unidos. El reclamo no es por el comercio exterior en sí, sino por las condiciones en que se da ese comercio: sin reglas de origen verificadas, sin valores de referencia que impidan la subfacturación y sin paridad de cargas tributarias entre lo que se produce aquí y lo que se importa.
El reclamo: que se cumpla la ley
La demanda del sector ante el gobierno no es, por ahora, proteccionismo clásico. La FITA y Pro Tejer reclaman el cumplimiento de la normativa vigente de comercio exterior: aplicar los controles aduaneros que ya existen para detectar subfacturación, establecer valores de referencia para los principales productos importados y garantizar que las plataformas digitales extranjeras tributen igual que los comercios locales.
Sin esas condiciones mínimas, la industria textil argentina enfrenta un horizonte de desindustrialización acelerada que no se limita a una rama productiva: arrastra empleo registrado, capacidad de exportación, desarrollo regional y una cadena de valor que va desde el algodón en el norte del país hasta las terminaciones en los talleres del conurbano bonaerense.
Puntos clave
- Las importaciones representan ya el 70% del mercado textil argentino, según la Fundación Pro Tejer.
- La indumentaria importada creció un 62% en toneladas y un 36% en dólares en el primer semestre de 2026.
- La producción textil cayó un 24,4% interanual y un 34% respecto a 2023, con solo el 39% de la capacidad instalada en uso.
- La FITA denuncia que más del 70% de los productos importados ingresa subfacturado, sin cubrir el costo de la materia prima.
- Plataformas como Shein y Temu operan sin pagar aranceles, ampliando la brecha de competitividad con la producción local.
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