Geopolítica 🌎
A 25 años del 11S: la herida que Estados Unidos no puede cerrar
A un cuarto de siglo del peor atentado terrorista de la historia moderna, más de 12.000 bomberos y socorristas neoyorquinos cargan con enfermedades derivadas de las toxinas del World Trade Center. La tragedia que mató a miles en 2001 sigue cobrando víctimas silenciosas, mientras un nuevo documental recupera las voces de quienes sobrevivieron para contar que ese día no terminó nunca.
Más de 12.000 integrantes del Departamento de Bomberos de Nueva York (FDNY) fueron diagnosticados con al menos una enfermedad atribuida a la exposición a las toxinas del World Trade Center, y otros 4.257 desarrollaron cáncer. Veinticinco años después del ataque más devastador de la historia estadounidense, las consecuencias del 11 de septiembre de 2001 siguen destruyendo vidas en cámara lenta.
Este viernes, Estados Unidos conmemoró el vigesimoquinto aniversario del atentado que la organización terrorista Al Qaeda, comandada por el saudí Osama Bin Laden, ejecutó contra las Torres Gemelas de Nueva York, el Pentágono y en el vuelo que se precipitó en Pensilvania. Los terroristas secuestraron cuatro aviones comerciales y estrellaron dos de ellos contra los rascacielos del World Trade Center, provocando su derrumbe en directo ante los ojos del mundo. Bin Laden fue abatido el 2 de mayo de 2011 por comandos estadounidenses en Pakistán.
Un documental sobre lo que vino después
En el marco de la conmemoración, se estrenó «Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo», un documental dirigido por Brian Knappenberger que elige una perspectiva poco explorada: en lugar de centrarse en los ataques en sí, el trabajo analiza las consecuencias políticas, sociales y culturales que los sucedieron. La producción incorpora entrevistas a hijos y familiares de víctimas que eran muy pequeños cuando ocurrió el ataque y que crecieron en un país redefinido por el miedo; examina cómo ese clima habilitó una expansión sin precedentes del poder estatal en materia de vigilancia, y cómo el fenómeno de las redes sociales fue terreno fértil para la proliferación de teorías conspirativas y desinformación sobre los hechos del 11S.
Las víctimas que el Estado prometió proteger y abandonó
Tras los ataques, la Agencia de Protección Ambiental (EPA) aseguró que, luego de un «riguroso monitoreo», el agua potable y el aire en el Bajo Manhattan eran seguros. Los números que emergieron con los años desmienten esa promesa. Alrededor de un millar de integrantes del FDNY padece más de un tipo de cáncer como consecuencia de la exposición a las toxinas de los escombros. Además, 4.496 miembros están certificados con al menos una afección de salud mental, y 10.562 con una afección de salud física.
Joe Conzo, ex técnico de emergencias médicas que estuvo en la Zona Cero desde los primeros momentos, es uno de ellos. «Veinticinco años es mucho tiempo, pero no hay un solo día en que no recuerde ese día», dijo Conzo, quien en 2019 fue diagnosticado con cáncer de hígado y luego de páncreas por la exposición a las toxinas, lo que lo llevó a retirarse. «Llevo siete años en remisión», señaló el ex socorrista, hoy dedicado a la fotografía.
Conzo recordó que cuando llegó al lugar, aún antes de que se derrumbara la primera torre, vio «miles de personas que salían corriendo y solo policías y bomberos que iban en dirección contraria». Cuando el edificio colapsó, una enorme nube de polvo y escombros lo alcanzó. «Busqué agua, me lavé la cara, llamé a mi madre y busqué a mi compañero para saber si estaba bien», recordó. Luego permaneció en la Zona Cero hasta el día siguiente, ayudando a sobrevivientes. «Perdí a muchos amigos y todavía hay muchos enfermos», lamentó.
Tres días en el infierno de polvo y humo
Izzy Miranda, entonces instructor en la academia de bomberos y posteriormente presidente del sindicato de técnicos de emergencias médicas, paramédicos e inspectores de incendios del FDNY, tampoco olvidó. «Llegamos antes de que se cayera el primer edificio. Solo se veía humo y lo que parecían papeles cayendo, pero cuando mirabas bien, era gente tirándose. El primer bombero que murió allí fue porque le cayó una persona encima y lo aplastó», relató Miranda.
Cuando el edificio comenzó a derrumbarse, Miranda logró alejarse, pero la nube de polvo lo alcanzó de todas formas. «Parecía como algodón en la boca y no podía respirar. Me tiré debajo de un camión y usaba un pañuelo para proteger mi boca y nariz. Los ojos ardían», describió. Años después de luchar desde el sindicato por beneficios médicos para sus compañeros afectados, Miranda fue diagnosticado con apnea del sueño por problemas en las vías respiratorias y operado dos veces de la nariz por la exposición a los químicos. La enfermedad no distinguió entre víctimas directas y rescatistas: alcanzó a los que fueron a ayudar.
Una ciudad paralizada, un país en alerta máxima
Aquella mañana del 11 de septiembre de 2001, el caos se apoderó de Nueva York en cuestión de minutos. Las principales vías de la ciudad fueron cortadas para permitir el flujo de los organismos de seguridad y socorro. Todos los aeropuertos del país dejaron de operar, los vuelos internacionales fueron desviados a Canadá y el espacio aéreo estadounidense quedó bajo orden de cierre total. Embajadas, organismos internacionales, universidades, comercios y hasta Disneylandia cerraron sus puertas. El alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, ordenó desalojar el centro financiero y advirtió que el número de muertos podría superar los caídos en Pearl Harbor (más de 2.400). Siete horas después del primer impacto, el edificio Seven del World Trade Center, de 47 pisos, se derrumbó como consecuencia de los daños provocados por la destrucción de las torres vecinas.
El legado envenenado de la «guerra contra el terrorismo»
El 11S no solo enterró a sus víctimas directas: abrió las puertas a una reconfiguración profunda del orden mundial. La «guerra contra el terrorismo» declarada por la administración Bush derivó en las invasiones de Afganistán e Irak, conflictos que dejaron cientos de miles de muertos civiles y cuyas consecuencias geopolíticas aún se procesan. En el plano interno, el miedo instalado por los ataques justificó una expansión sin precedentes de los mecanismos de vigilancia estatal sobre la propia población estadounidense, un proceso que el documental de Knappenberger examina con distancia crítica. La pregunta que el aniversario vuelve a instalar es cuánta libertad se resignó en nombre de la seguridad, y a quiénes benefició ese intercambio.
Puntos clave
- Más de 12.000 integrantes del FDNY fueron diagnosticados con enfermedades vinculadas a las toxinas del World Trade Center.
- 4.257 bomberos y socorristas desarrollaron cáncer a raíz de su trabajo en la Zona Cero.
- El documental «Punto de inflexión: 11-S y la Guerra contra el Terrorismo» examina las consecuencias políticas y sociales del atentado, no los ataques en sí.
- Osama Bin Laden, líder de Al Qaeda y cerebro del atentado, fue abatido por comandos estadounidenses en Pakistán el 2 de mayo de 2011.
- A 25 años del 11S, las promesas oficiales sobre la seguridad del aire y el agua en la Zona Cero quedaron desmentidas por décadas de enfermedades entre los rescatistas.
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Trump crea una nueva fuerza federal para coordinar la estrategia de EE.UU. sobre inteligencia artificial
El presidente estadounidense designó a Jay Clayton para encabezar el equipo, que también coordinará el vínculo oficial con empresas tecnológicas, consumidores y organizaciones. La iniciativa llega tras un acuerdo voluntario con compañías del sector.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció este domingo la creación de un nuevo grupo especial federal destinado a coordinar los esfuerzos del Gobierno en materia de inteligencia artificial.
La iniciativa fue comunicada por Trump a través de una publicación en Truth Social. El mandatario indicó que el equipo, denominado “Fuerza de Superinteligencia”, tendrá como objetivo coordinar la política federal para garantizar que Estados Unidos mantenga su posición de liderazgo mundial en esta tecnología.
Jay Clayton estará al frente del nuevo grupo
El director de Inteligencia Nacional, Jay Clayton, encabezará la nueva fuerza especial.
Trump también designó entre los funcionarios que dirigirán el equipo a Andrew Ferguson, presidente de la Comisión Federal de Comercio; Emil Michael, director de Tecnología del Pentágono; y Scott Kupor, director de la Oficina de Administración de Personal.
El grupo especial reportará directamente al presidente estadounidense y a Susie Wiles, jefa de Gabinete de la Casa Blanca.
El Gobierno busca coordinar el vínculo con las empresas de IA
La nueva estructura no estará limitada a la coordinación interna entre organismos federales.
Según informó Xinhua y consignó la Agencia Noticias Argentinas, la “Fuerza de Superinteligencia” también coordinará la interacción del Gobierno con consumidores, grupos de interés público, organizaciones religiosas, proveedores de infraestructura crítica y compañías vinculadas con la inteligencia artificial.
La medida apunta así a centralizar distintos aspectos de la relación entre el Gobierno estadounidense y los actores involucrados en el desarrollo y utilización de esta tecnología.
El anuncio llega después de una reunión con empresas tecnológicas
La creación del grupo especial se produjo pocos días después de una reunión celebrada en la Casa Blanca entre Trump y ejecutivos de las principales compañías de inteligencia artificial.
Durante ese encuentro, las empresas firmaron un acuerdo voluntario que contempla el refuerzo de los controles internos y la realización de revisiones sobre los modelos de IA.
El Gobierno estadounidense viene impulsando así una mayor coordinación con el sector privado en torno al desarrollo de sistemas de inteligencia artificial y sus mecanismos de control.
Trump también modificó la denominación oficial de la IA
El anuncio de la nueva fuerza federal se suma a una orden ejecutiva emitida por Trump el mismo día de la reunión con los ejecutivos tecnológicos.
De acuerdo con una hoja informativa publicada por la Casa Blanca, la disposición instruye a las agencias federales a utilizar los términos “Superinteligencia” y “SI” en reemplazo de “Inteligencia Artificial” e “IA”.
La modificación forma parte del nuevo enfoque impulsado por la administración estadounidense sobre esta tecnología.
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