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El 84% de las empresas que se dirigen a niñas y niños carece de políticas que protejan sus derechos

También es alto el porcentaje de firmas que no cuentan con políticas escritas de protección de derechos y que, no obstante, dirigen sus comunicaciones a menores.

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El 84 por ciento de las empresas que dirigen comunicaciones a niños carece de políticas comunicacionales que protejan los derechos de los más pequeños, conforme al relevamiento Comunicación, Marketing e Infancia elaborado por Unicef.

También es alto, más del 50, el porcentaje de las empresas que no cuentan con políticas escritas de protección de derechos y que, no obstante ello, dirigen sus comunicaciones a niños y/o que los utilizan en sus comunicaciones, según aquel estudio.

El relevamiento que elaboró Unicef en colaboración con Save the Children y compañías privadas agrupadas en el colectivo Empresas x la Infancia data de 2013 y es uno de los últimos en la materia, indicó a Télam ese organismo multilateral.

Entre sus diagnósticos, el estudio sostiene que «la niñez y una franja significativa de la adolescencia rara vez poseen la oportunidad y los recursos organizativos para intervenir en la vida pública». «Por lo general, no son tomados en cuenta a la hora de hacer aportes a la sociedad a la que pertenecen, inclusive en los temas que más estrechamente les conciernen», agrega.

Basándose en los preceptos de la Convención sobre los Derechos del Niño, la Unicef señala que precisamente aquella participación «también funciona como medio para alcanzar otros derechos».

En la Argentina, funciona el Consejo Asesor de la Comunicación Audiovisual y la Infancia (Concai), creado por el artículo 17 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual Nº 26.522 (LSCA), el cual asesora a la autoridad de aplicación de la ley, la Enacom, en el diseño de políticas públicas en materia de comunicación e infancias con perspectiva de derechos humanos.

La semana pasada reunió a más de 100 participantes de todo el país en un encuentro virtual para evaluar su trabajo en los 10 años que lleva desde su creación y consensuar acciones a mediano y larzo plazo.

Durante el encuentro, la Concai realizó un panel de debate sobre criterios de calidad para el contenido audiovisual dirigido a infancias y adolescencias, en el que participaron adolescentes de todo el país, quienes compartieron sus opiniones sobre la manera en que son representadas y representados en los medios de comunicación.

Bajo la gestión del presidente Alberto Fernández, desde la Secretaría de Medios y Comunicación Pública, a través de la señal Pakapaka, y desde la Secretaría Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) se tomó la decisión de crear una instancia de participación de niños y niñas que canalice de modo institucional, y de paso promueva la construcción y ejercicio de su ciudadanía, las inquietudes y los intereses de esa franja de la población.

Tal política atiende una de las advertencias que plantea el relevamiento de la Unicef: «Las empresas poseen una gran responsabilidad sobre la protección de los derechos de los niños, niñas y adolescentes dado a que pueden convertirse en los principales protectores y promotores de ellos. Muchas políticas empresariales pueden, de modo intencional o no, amenazar el desarrollo y vida de los niños, generando grandes impactos en sus vidas».

La Unicef se hace eco de los «derechos comunicacionales» que la LSCA contempla para la niñez y adolescencia, cuyas disposiciones contemplan la «protección de la niñez» y el «propiciar la realización de investigaciones y estudios sobre audiovisual e infancia».

En esa línea, entre los principales ejes y disparadores de reflexión que realizará el Consejo de Niños y Niñas de Pakapaka aparecen los siguientes:

  • Análisis de contenidos y programación. ¿Cuál es su mirada sobre nuestros contenidos? ¿Qué piensan de las historias, los personajes, las estéticas? ¿Se sienten representados/as por nuestras propuestas?
  • Participación en creación de nuevos contenidos. ¿Qué contenidos quisieran crear/ver? ¿Sobre qué quieren hablar? ¿Qué estéticas desean experimentar? ¿Qué piensan sobre determinados temas?
  • Acercamiento a la mirada de las infancias. ¿Cómo entienden el momento actual? ¿Cuáles son sus preocupaciones? ¿Cuáles son sus temáticas de interés? ¿Qué necesitan de nuestra pantalla?

Aportar respuestas y, muy seguramente, nuevas preguntas será la misión y el desafío de Rodrigo, Emilia, Catalina, Emanuel, Acuarela, Kevin, Inti, Giuliana, Ludmila, Pedro, Azucena, Camilo, Uma, Felipe, Amelia y Yago, «les consejeres» flamantes de Pakapaka.

Ciencia 🧬

Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre

Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.

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Una muestra de sangre podría cambiarle la vida a miles de familias argentinas que llevan años sin saber qué le pasa a su hijo.

Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.

Un diagnóstico que llega tarde, o nunca

Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.

«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».

El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.

Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro

La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.

«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.

Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso

El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.

En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.

El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.

Puntos clave

  • El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
  • La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
  • Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
  • La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
  • El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
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