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Consumo

El Gobierno avanza en la reducción de la inflación con la mira puesta en alimentos y electrónicos

El Ejecutivo nacional anunció una serie de medidas para reducir la inflación, con la mira puesta en garantizar precios y abastecimiento en el mercado interno de alimentos y productos electrónicos.

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El Ejecutivo nacional anunció esta semana una serie de medidas para reducir la inflación, con la mira puesta en garantizar precios y abastecimiento en el mercado interno de alimentos y productos electrónicos.

La determinación de nuevos requisitos para las exportaciones de granos, carnes y productos lácteos, la fijación de precios de referencia para evitar maniobras de subfacturación en los envíos al exterior de productos cárnicos; y el acuerdo alcanzado con las terminales que fabrican televisores, teléfonos celulares, microondas y acondicionadores de aire, fueron las medidas adoptadas por el Gobierno en esa dirección.

La semana pasada se conoció el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de marzo que, como lo había anticipado el ministro de Economía, Martín Guzmán, fue el más alto del año al registrar 4,8% de aumento respecto del mes anterior.

En este marco, el Gobierno aceleró el proceso de adoptar políticas tendientes a reducir el ritmo inflacionario para los próximos meses, de manera de cumplir con la pauta de 29% para 2021 establecida en el presupuesto nacional.

«Estamos trabajando fuertemente en la contención de los precios de todos los bienes y servicios que hacen a la vida cotidiana. Nuestro objetivo es cuidar el bolsillo y garantizar los alimentos en la mesa de todas y todos», indicó a Télam la secretaria de Comercio Interior, Paula Español.

Señaló que desde Comercio Interior impulsan «junto con el resto del Poder Ejecutivo, una batería de políticas integrales que buscan contener los precios de los alimentos y de los productos de consumo masivo en general».

Explicó que «hay medidas que responden a la macroeconomía donde podemos administrar herramientas del comercio exterior», y remarcó que «recientemente, en conjunto con otras carteras del Gobierno, lanzamos el nuevo registro para la exportación de carne que nos va a permitir evitar posibles desequilibrios en el mercado interno».

«Queremos impulsar exportaciones y a la vez garantizar el abastecimiento doméstico. Tanto estas como otras medidas, buscan cuidar la mesa de las familias argentinas», subrayó Español.

Precisó que «hay políticas sectoriales de acuerdo de precios con distintos sectores como el acuerdo con fabricantes de electrónica, el propio acuerdo de la carne con ocho cortes representativos del consumo local, la nueva canasta de productos específicos a precios congelados que estamos negociando con las grandes empresas, o incluso el programa estructural de Precios Cuidados que es fundamental para ofrecer variedad y marcar precio de referencia en las góndolas».

Precisamente, el jueves último el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, firmó un acuerdo con la Asociación de Fábricas Argentinas Terminales de Electrónica (Afarte) para mantener hasta el 31 de octubre los precios de venta vigentes al 1 de abril en televisores, teléfonos celulares, microondas y acondicionadores de aire de 21 marcas que se fabrican en el país.

Por otra parte, el Gobierno determinó que las exportaciones de carnes y productos derivados deberán ser informadas e inscriptas, a través de una declaración jurada (DJEC), en el Registro Único de Operadores de la Cadena Agroindustrial (RUCA) que funciona bajo la órbita del Ministerio de Agricultura, con el objetivo de evitar posibles desequilibrios en cuanto a abastecimiento, precio y calidad.

El RUCA tiene por objetivo también transparentar las operaciones de venta de carne al exterior, evitar subfacturaciones y triangulaciones con países vecinos.

Los productos cárnicos a exportar alcanzados por la DJEC son la carne fresca, refrigerada o congelada de las especies bovina, porcina, ovina, caprina, equina y gallus domesticus (avícola).

Comercio Interior quedó a cargo de confrontar la DJEC con las condiciones de abastecimiento del mercado interno, respecto al volumen, calidad de los cortes de carne y los subproductos.

En el mismo orden, Agricultura fijó nuevos requisitos para las exportaciones de granos, carnes y productos lácteos, a través de la resolución 60/2021 que modifica el Reglamento para la Inscripción en el RUCA.

En el caso de los tres sectores agroindustriales, para poder exportar los interesados deberán informar detalle de cuentas bancarias con las que opera, movimientos bancarios de los últimos seis meses, un plan de trabajo proyectado para el próximo año, con detalle de mercadería a exportar, volúmenes, proveedores y destinos; y facilitar el detalle del personal en relación de dependencia.

Estos requisitos apuntan a reducir al máximo la existencia de operadores en circuitos marginales, informales e insolventes, que son los que mayores distorsiones producen en el adecuado funcionamiento del mercado interno y exportador.

«También establecimos medidas que responden a necesidades más territoriales. Por ejemplo en el AMBA, en una primera etapa, y en el resto de las provincias luego, estamos trabajando en la implementación del Mercado Federal Ambulante y vamos a instalar una nueva Central de Alimentos en la ciudad de Buenos Aires», destacó Español.

Puntualizó que «la idea es que los precios mayoristas que hay en los mercados concentradores se puedan trasladar con el menor costo posible a los municipios, y así ganar capilaridad en todos los barrios del país».

Indicó que «en principio será con frutas y verduras, y luego iremos por carnes y lácteos», y remarcó que «todas estas iniciativas son complementarias, cada una tiene un objetivo específico y a la vez son integrales y se potencian entre sí».

Consumo

El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.

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El-Argentino-Precios de cortés de la carne

La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.

La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.

Un récord negativo que arranca en 2006

El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.

En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.

Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola

Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.

Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.

La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.

El precio que aleja la carne de la mesa popular

El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.

El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.

El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado

El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.

La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.

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