Ciencia 🧬
Científicos de la UBA buscan detectar trastornos del neurodesarrollo con un análisis de sangre
Un equipo del Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular de la Facultad de Ciencias Médicas trabaja en el desarrollo de biomarcadores que permitirían identificar patologías como el TGD sin secuenciación genómica. La investigadora Verónica Báez advierte que la mayoría de los pacientes nunca recibe un diagnóstico preciso porque los estudios son costosos y las obras sociales no los cubren.
Un equipo científico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y el CONICET avanza en el desarrollo de una herramienta de diagnóstico que podría transformar la forma en que se detectan los trastornos del neurodesarrollo en niñas y niños argentinos: una simple muestra de sangre, sin necesidad de secuenciación genómica ni equipamiento de alta complejidad. La investigación, que ya obtuvo resultados positivos en modelos animales publicados en revistas internacionales, se encuentra actualmente en la fase de recolección de muestras biológicas de voluntarios de la población general.
Un diagnóstico que llega tarde, o nunca
Las patologías del neurodesarrollo se agrupan en Argentina bajo el paraguas clínico de los Trastornos Generalizados del Desarrollo (TGD), una categoría amplia que, en la práctica, deriva en tratamientos de ensayo y error. Un niño con dificultades motoras va a fisioterapia; uno con problemas cognitivos, a psicopedagogía; ante convulsiones, se prueban anticonvulsivantes hasta dar con el que funciona. El sistema trata síntomas porque, en la mayoría de los casos, no sabe cuál es la causa.
«La mayoría de los pacientes queda sin un diagnóstico certero de la causa. Lo que se hace es tratar los síntomas que va teniendo el paciente», explicó Verónica Báez, docente e investigadora de la UBA y el CONICET, quien dirige el proyecto. La especialista señaló que solo quienes concurren a clínicas especializadas y pueden costear una secuenciación genómica obtienen un diagnóstico preciso: «Pocas familias pueden acceder a este tipo de estudios, dado que muchas obras sociales no los cubren y terminan siendo muy costosos».
El contexto regional agrava el cuadro. «De todos los niños y niñas que tenemos en Argentina con patologías del neurodesarrollo, son muy pocos los que podemos diagnosticar. Y en Latinoamérica son muchísimo menos», subrayó Báez.
Buscar en la sangre lo que ocurre en el cerebro
La propuesta del equipo es rastrear en muestras de sangre las huellas de ciertas proteínas sinápticas, es decir, propias de la sinapsis, la estructura donde las neuronas se comunican entre sí. En particular, el laboratorio trabaja sobre los receptores NMDA, que controlan la plasticidad sináptica: la capacidad del cerebro para cambiar, adaptarse y aprender, formar recuerdos y mantener estables las conexiones cerebrales. Cuando estas proteínas se desregulan o fallan, los circuitos cerebrales se desequilibran, un mecanismo directamente vinculado a trastornos del neurodesarrollo y enfermedades neurodegenerativas.
«Lo que detectamos es que hay ciertas cosas que se modifican en la sangre cuando una persona tiene una de estas patologías», precisó Báez. Si bien la concentración de estas proteínas en sangre es notablemente menor que en tejido cerebral, el equipo ya pudo verificar su detectabilidad en modelos animales. El paso siguiente es establecer valores de referencia en personas sanas para luego contrastarlos con los de niños y niñas que presentan trastornos sin diagnóstico específico. Cualquier desviación relevante de esos rangos podría constituir una alerta clínica.
Democratizar el diagnóstico: menos costo, más acceso
El objetivo declarado de la investigación no es encontrar una cura, sino abrir una puerta que hoy permanece cerrada para la mayoría de las familias. «Queremos dejar en claro que esta investigación no va a impactar en la cura, pero puede haber un diagnóstico y un tratamiento acertados, que es muy importante», enfatizó Báez.
En un país donde el desfinanciamiento de la ciencia pública avanzó en los últimos años sobre presupuestos universitarios y sobre el CONICET, la apuesta de este equipo representa una respuesta concreta al desafío de sostener investigación aplicada con impacto social en condiciones adversas. Un test de sangre accesible, sin equipamiento de alta complejidad, podría acortar drásticamente los tiempos de diagnóstico y habilitar intervenciones tempranas, que son las que mejoran de manera sustantiva la calidad de vida de los niños y sus familias.
El proyecto se desarrolla en el Laboratorio de Sinapsis y Neurobiología Celular del Instituto de Biología Celular y Neurociencia de la Facultad de Ciencias Médicas de la UBA y el CONICET, y actualmente se encuentra en la etapa de recolección de muestras de la población general, paso previo indispensable para validar el método en humanos.
Puntos clave
- El equipo de la UBA-CONICET busca detectar trastornos del neurodesarrollo mediante biomarcadores en sangre, sin necesidad de secuenciación genómica.
- La mayoría de los pacientes con TGD en Argentina no recibe diagnóstico preciso por el alto costo de los estudios genéticos y la falta de cobertura de las obras sociales.
- Los resultados positivos en modelos animales ya fueron publicados en revistas científicas internacionales; la fase actual trabaja con voluntarios humanos.
- La investigadora Verónica Báez advierte que en Latinoamérica el déficit de diagnóstico es aún más grave que en Argentina.
- El objetivo es facilitar un diagnóstico temprano y accesible que permita tratamientos adecuados, no una cura para los trastornos.
Ciencia 🧬
Cómo es la vacuna que revoluciona el tratamiento del cáncer: los resultados ilusionan a la ciencia mundial
Merck y Moderna anunciaron resultados prometedores de su vacuna personalizada contra el melanoma en un amplio ensayo clínico. La tecnología de ARNm, ya validada por el Covid-19, abre la puerta a tratamientos oncológicos que podrían aplicarse en tumores de pulmón, páncreas, vejiga y colon.
Los laboratorios Merck y Moderna presentaron esta semana los resultados de un ensayo clínico a gran escala que marca un hito en la lucha contra el cáncer: su vacuna experimental personalizada de ARNm logró prevenir la reaparición y la propagación del melanoma en más de 1.000 pacientes. El avance consolida la tecnología del ARNm, que ya probó su eficacia en las vacunas contra el Covid-19, como una vía de tratamiento oncológico con potencial de aplicación mucho más amplia que un solo tipo de tumor.
A diferencia de la quimioterapia, que destruye células sanas y cancerosas por igual, o de la inmunoterapia convencional, que estimula el sistema inmunitario de manera general, las vacunas personalizadas contra el cáncer entrenan al organismo para atacar específicamente las mutaciones presentes solo en el tumor de cada paciente. Se trata de un salto cualitativo en la precisión del tratamiento oncológico.
Un ensayo sin precedentes en melanoma
Los participantes del estudio presentaban tumores localizados que fueron extirpados quirúrgicamente, pero con alto riesgo de recurrencia. El tratamiento combinó hasta nueve dosis del fármaco de inmunoterapia Keytruda (de Merck, administradas cada seis semanas) con hasta nueve dosis de la vacuna de ARNm personalizada, que instruye al sistema inmunitario para atacar las células cancerosas específicas del paciente.
Datos preliminares de un ensayo previo de fase intermedia, presentados en junio, mostraron que la vacuna redujo a la mitad el riesgo de recurrencia del cáncer y disminuyó el riesgo de propagación a nuevas localizaciones en un 59% en comparación con Keytruda administrado en forma aislada. Además, no se registró un aumento en la tasa de efectos secundarios graves al incorporar la vacuna.
«Es un gran avance para el campo en general. Con este estudio positivo, existe la esperanza de que estos enfoques puedan cambiar la forma en que tratamos el cáncer en general«, declaró Ryan Sullivan, director del Centro de Melanoma del Instituto Oncológico Brigham de Massachusetts. Por su parte, Julie Gralow, directora médica de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica, calificó el resultado como un avance monumental que valida la tecnología de ARNm como tratamiento oncológico.
El ensayo continúa y las compañías aún no publicaron los resultados completos. Los laboratorios seguirán haciendo el seguimiento de los voluntarios para determinar si el tratamiento prolonga la supervivencia general. Moderna prevé que miles de pacientes con melanoma podrían beneficiarse en los primeros años tras la eventual aprobación, aunque no hay fecha estimada dado que los datos completos todavía no fueron presentados ante los organismos reguladores.
El ARNm ya no es solo para pandemias
La razón por la que el melanoma fue seleccionado para los primeros estudios de combinación con Keytruda tiene una lógica científica precisa: se trata de un tumor que produce muchas mutaciones, lo que facilita su detección por parte del sistema inmunitario. Según explicó Elizabeth Buchbinder, especialista en melanoma del Instituto Oncológico Brigham del Hospital General de Massachusetts, muchos otros tipos de cáncer también producen múltiples mutaciones, lo que sugiere que la vacuna podría tener una aplicabilidad clínica mucho más extensa.
«Ya veremos, pero sin duda es un área que va a experimentar un gran auge, sobre todo con estos resultados», afirmó Buchbinder.
El presidente de Moderna, Stephen Hoge, confirmó que la compañía tiene varios ensayos a gran escala en marcha para cáncer de pulmón de células no pequeñas extirpado quirúrgicamente. También estudian la combinación en ensayos de fase intermedia en cáncer de vejiga y riñón, y en ensayos de fase temprana para cáncer de páncreas y estómago. Se esperan numerosos resultados en los próximos uno o dos años.
BioNTech y Roche, en la misma carrera
Merck y Moderna no están solos en esta apuesta. Roche y BioNTech, cuya tecnología de ARNm fue la base de las vacunas contra el Covid-19 de Pfizer, prueban un tratamiento similar llamado autogene cevumeran en estudios de fase intermedia en pacientes con cáncer de colon y páncreas que se sometieron a cirugía. Los resultados del ensayo sobre cáncer de colon se esperan para 2027, y los del ensayo sobre cáncer de páncreas para 2031.
Robert Vonderheide, director del Centro Oncológico Abramson de Penn Medicine y presidente electo de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer, sintetizó el estado de situación: «Deberíamos conocer los resultados de varios estudios en los próximos años y, con esta noticia, hay motivos para esperar que muchos de ellos sean positivos».
Puntos clave
- Merck y Moderna anunciaron que su vacuna de ARNm previno la reaparición del melanoma en un ensayo con más de 1.000 pacientes.
- Un ensayo previo de fase intermedia mostró una reducción del 50% en el riesgo de recurrencia y del 59% en el riesgo de propagación respecto del tratamiento con Keytruda solo.
- El tratamiento combina la inmunoterapia Keytruda con una vacuna de ARNm personalizada que ataca las mutaciones específicas del tumor del paciente.
- BioNTech y Roche desarrollan un enfoque similar para cáncer de colon y páncreas, con resultados esperados entre 2027 y 2031.
- Los laboratorios aún no presentaron los datos completos del ensayo ni solicitaron aprobación regulatoria.
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