Ciencia 🧬
Cómo es la vacuna que revoluciona el tratamiento del cáncer: los resultados ilusionan a la ciencia mundial
Merck y Moderna anunciaron resultados prometedores de su vacuna personalizada contra el melanoma en un amplio ensayo clínico. La tecnología de ARNm, ya validada por el Covid-19, abre la puerta a tratamientos oncológicos que podrían aplicarse en tumores de pulmón, páncreas, vejiga y colon.
Los laboratorios Merck y Moderna presentaron esta semana los resultados de un ensayo clínico a gran escala que marca un hito en la lucha contra el cáncer: su vacuna experimental personalizada de ARNm logró prevenir la reaparición y la propagación del melanoma en más de 1.000 pacientes. El avance consolida la tecnología del ARNm, que ya probó su eficacia en las vacunas contra el Covid-19, como una vía de tratamiento oncológico con potencial de aplicación mucho más amplia que un solo tipo de tumor.
A diferencia de la quimioterapia, que destruye células sanas y cancerosas por igual, o de la inmunoterapia convencional, que estimula el sistema inmunitario de manera general, las vacunas personalizadas contra el cáncer entrenan al organismo para atacar específicamente las mutaciones presentes solo en el tumor de cada paciente. Se trata de un salto cualitativo en la precisión del tratamiento oncológico.
Un ensayo sin precedentes en melanoma
Los participantes del estudio presentaban tumores localizados que fueron extirpados quirúrgicamente, pero con alto riesgo de recurrencia. El tratamiento combinó hasta nueve dosis del fármaco de inmunoterapia Keytruda (de Merck, administradas cada seis semanas) con hasta nueve dosis de la vacuna de ARNm personalizada, que instruye al sistema inmunitario para atacar las células cancerosas específicas del paciente.
Datos preliminares de un ensayo previo de fase intermedia, presentados en junio, mostraron que la vacuna redujo a la mitad el riesgo de recurrencia del cáncer y disminuyó el riesgo de propagación a nuevas localizaciones en un 59% en comparación con Keytruda administrado en forma aislada. Además, no se registró un aumento en la tasa de efectos secundarios graves al incorporar la vacuna.
«Es un gran avance para el campo en general. Con este estudio positivo, existe la esperanza de que estos enfoques puedan cambiar la forma en que tratamos el cáncer en general«, declaró Ryan Sullivan, director del Centro de Melanoma del Instituto Oncológico Brigham de Massachusetts. Por su parte, Julie Gralow, directora médica de la Sociedad Estadounidense de Oncología Clínica, calificó el resultado como un avance monumental que valida la tecnología de ARNm como tratamiento oncológico.
El ensayo continúa y las compañías aún no publicaron los resultados completos. Los laboratorios seguirán haciendo el seguimiento de los voluntarios para determinar si el tratamiento prolonga la supervivencia general. Moderna prevé que miles de pacientes con melanoma podrían beneficiarse en los primeros años tras la eventual aprobación, aunque no hay fecha estimada dado que los datos completos todavía no fueron presentados ante los organismos reguladores.
El ARNm ya no es solo para pandemias
La razón por la que el melanoma fue seleccionado para los primeros estudios de combinación con Keytruda tiene una lógica científica precisa: se trata de un tumor que produce muchas mutaciones, lo que facilita su detección por parte del sistema inmunitario. Según explicó Elizabeth Buchbinder, especialista en melanoma del Instituto Oncológico Brigham del Hospital General de Massachusetts, muchos otros tipos de cáncer también producen múltiples mutaciones, lo que sugiere que la vacuna podría tener una aplicabilidad clínica mucho más extensa.
«Ya veremos, pero sin duda es un área que va a experimentar un gran auge, sobre todo con estos resultados», afirmó Buchbinder.
El presidente de Moderna, Stephen Hoge, confirmó que la compañía tiene varios ensayos a gran escala en marcha para cáncer de pulmón de células no pequeñas extirpado quirúrgicamente. También estudian la combinación en ensayos de fase intermedia en cáncer de vejiga y riñón, y en ensayos de fase temprana para cáncer de páncreas y estómago. Se esperan numerosos resultados en los próximos uno o dos años.
BioNTech y Roche, en la misma carrera
Merck y Moderna no están solos en esta apuesta. Roche y BioNTech, cuya tecnología de ARNm fue la base de las vacunas contra el Covid-19 de Pfizer, prueban un tratamiento similar llamado autogene cevumeran en estudios de fase intermedia en pacientes con cáncer de colon y páncreas que se sometieron a cirugía. Los resultados del ensayo sobre cáncer de colon se esperan para 2027, y los del ensayo sobre cáncer de páncreas para 2031.
Robert Vonderheide, director del Centro Oncológico Abramson de Penn Medicine y presidente electo de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer, sintetizó el estado de situación: «Deberíamos conocer los resultados de varios estudios en los próximos años y, con esta noticia, hay motivos para esperar que muchos de ellos sean positivos».
Puntos clave
- Merck y Moderna anunciaron que su vacuna de ARNm previno la reaparición del melanoma en un ensayo con más de 1.000 pacientes.
- Un ensayo previo de fase intermedia mostró una reducción del 50% en el riesgo de recurrencia y del 59% en el riesgo de propagación respecto del tratamiento con Keytruda solo.
- El tratamiento combina la inmunoterapia Keytruda con una vacuna de ARNm personalizada que ataca las mutaciones específicas del tumor del paciente.
- BioNTech y Roche desarrollan un enfoque similar para cáncer de colon y páncreas, con resultados esperados entre 2027 y 2031.
- Los laboratorios aún no presentaron los datos completos del ensayo ni solicitaron aprobación regulatoria.
Ciencia 🧬
La luz que enciende el cerebro: tres científicos ganaron el Nobel de Medicina por la optogenética
La Asamblea Nobel del Instituto Karolinska de Estocolmo otorgó este lunes el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética: una técnica que permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante pulsos de luz, con aplicaciones prometedoras en el tratamiento de trastornos neurológicos y la recuperación de la visión.
El cerebro humano guardó por siglos sus secretos más profundos detrás de una barrera casi infranqueable: la imposibilidad de intervenir sobre una sola neurona sin alterar el conjunto. Esa barrera se derrumbó gracias a un alga unicelular, una proteína extraordinaria y tres científicos que supieron ver lo que nadie había visto. Este lunes, la Asamblea Nobel del Instituto Karolinska reconoció ese trabajo con el galardón más importante de la ciencia.
El Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2026 fue otorgado conjuntamente al neurocientífico y psiquiatra estadounidense Karl Deisseroth, del Instituto Médico Howard Hughes y la Universidad de Stanford (Estados Unidos), y a los biofísicos alemanes Peter Hegemann, de la Universidad Humboldt de Berlín, y Georg Nagel, de la Universidad de Würzburg, por sus descubrimientos sobre los canales iónicos activados por luz y el desarrollo de la optogenética. El anuncio fue hecho en Estocolmo este lunes 5 de octubre de 2026.

Del alga al cerebro: cómo nació la optogenética
Todo comenzó con una pregunta aparentemente simple que formuló Peter Hegemann: ¿cómo una criatura microscópica como el alga Chlamydomonas, sin sistema nervioso ni ojos, es capaz de detectar la luz y nadar hacia ella? La respuesta que encontró cambió la neurociencia para siempre.
A principios de la década de 2000, Hegemann y Georg Nagel identificaron la canalrodopsina, una proteína presente en la superficie del alga que funciona como un canal iónico activado por la luz. Cuando el haz de luz azul la ilumina, el canal se abre, los iones cargados fluyen hacia el interior de la célula y generan un impulso eléctrico. Era, en esencia, un interruptor biológico activado por luz. Las investigaciones reconocidas de ambos científicos se realizaron en los Institutos Max Planck de Bioquímica y de Biofísica.
Karl Deisseroth llevó ese hallazgo a un terreno radicalmente nuevo. Introdujo el gen de la canalrodopsina en células nerviosas de ratas, logrando que las neuronas respondieran a la luz de la misma manera que el alga. Por primera vez en la historia, era posible encender o apagar neuronas específicas dentro de un cerebro vivo con una precisión que ningún fármaco ni electrodo había podido alcanzar. La optogenética había nacido.
Una nueva era para la neurociencia
La Academia Nobel calificó a los tres investigadores como los fundadores de «una nueva era en la neurociencia». El presidente del Comité Nobel de Fisiología o Medicina, Per Svenningsson, subrayó que «la optogenética ofrece oportunidades para mapear el cerebro de una manera que antes solo podíamos soñar». El miembro del comité Abdel El Manira precisó que la técnica «se adoptó rápidamente en todo el mundo para mapear conductas complejas como la ansiedad, la sed o la ingesta de alimentos».
Mediante la optogenética, los investigadores de todo el mundo lograron revelar los circuitos neuronales que gobiernan recuerdos, sentimientos y comportamientos específicos, y que están en la base de trastornos neurológicos y psiquiátricos tan extendidos como la enfermedad de Parkinson, la epilepsia, la depresión y las adicciones. La técnica no solo permite observar qué neuronas intervienen en cada proceso, sino también silenciarlas o activarlas, distinguiendo con claridad causa y efecto en el funcionamiento cerebral.
Aplicaciones clínicas: la vista, el Parkinson y más
El reconocimiento también pone en primer plano las aplicaciones médicas concretas que ya están en curso. Un ejemplo señalado por el propio comité Nobel es la retinitis pigmentosa, una enfermedad que destruye progresivamente las células fotorreceptoras de la retina y lleva a la ceguera. Científicos en distintos países están utilizando la optogenética para intentar restaurar la visión en pacientes con discapacidad visual, introduciendo canales iónicos sensibles a la luz en las células restantes de la retina para que puedan captar señales luminosas.
Las perspectivas se extienden también hacia el tratamiento de trastornos del movimiento y las alteraciones de los circuitos neuronales asociados a enfermedades psiquiátricas. Para el neurocientífico español Juan Lerma, consultado por medios europeos, este es «un premio largamente esperado» por la comunidad científica internacional, que lleva años apostando a la optogenética como una de las herramientas más transformadoras de la biomedicina contemporánea.
Quiénes son los premiados
Karl Deisseroth, nacido en 1971, es psiquiatra y neurocientífico. Desarrolla su labor en el Instituto Médico Howard Hughes y en la Universidad de Stanford, donde integra la práctica clínica con la investigación de laboratorio sobre los mecanismos cerebrales de la depresión y otros trastornos psiquiátricos.
Peter Hegemann, nacido en 1954, es biofísico y trabaja en la Universidad Humboldt de Berlín. Su carrera estuvo marcada por el estudio de los mecanismos moleculares de la fotorrecepción en algas y microorganismos, un campo que puede parecer alejado de la medicina pero que demostró ser la puerta de entrada a una revolución científica.
Georg Nagel, nacido en 1953, es biofísico en la Universidad de Würzburg. Junto a Hegemann, fue el responsable de identificar y caracterizar la canalrodopsina, la proteína que se convirtió en la piedra angular de la optogenética. Los tres galardonados compartirán el premio económico de 12 millones de coronas suecas, equivalentes a aproximadamente 1,2 millones de dólares.
Lo que tenés que saber:
- El Premio Nobel de Medicina 2026 fue otorgado al estadounidense Karl Deisseroth y a los alemanes Peter Hegemann y Georg Nagel por el desarrollo de la optogenética.
- La optogenética permite activar o desactivar neuronas individuales en un cerebro vivo mediante estímulos de luz, con una precisión sin precedentes en la historia de la neurociencia.
- La técnica nació del estudio de la canalrodopsina, una proteína del alga Chlamydomonas descubierta por Hegemann y Nagel a principios de los 2000.
- Sus aplicaciones incluyen el estudio de trastornos como Parkinson, epilepsia, depresión y adicciones, y ya se explora su uso para restaurar la visión en personas con retinitis pigmentosa.
- El premio económico asciende a 12 millones de coronas suecas (1,2 millones de dólares), que los tres científicos compartirán.
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