Consumo
Caída del aluminio y cartón: qué pagan por kilo los recolectores callejeros
La baja demanda industrial impacta en el precio de los reciclables. Recolectores señalan que el esfuerzo ya no compensa lo que se paga.
Lo que tenés que saber
- El kilo de latas de aluminio se paga entre $800 y $1.000 en el circuito informal.
- Se necesitan unas 80 latas para completar un kilo, según el tamaño.
- El cartón cayó de $40 a $20 por kilo, según recolectores.
- Recolectores denuncian que «las industrias no tienen demanda».
- La recolección callejera se mantiene como una changa para ingresos extra.
El reciclaje callejero como changa: cuánto se paga por juntar latas
En un contexto de caída en los precios del reciclaje, recolectar latas de aluminio de gaseosa o cerveza se convirtió en una de las changas más comunes en plazas y calles, aunque cada vez menos rentable.
Juan, un hombre que se dedica a esta actividad, contó que actualmente el kilo de aluminio se paga entre $800 y $1.000, pero que los precios no se mueven desde hace tiempo.
“El aluminio no vale nada”: baja demanda industrial y desánimo en la calle
En un video difundido por redes sociales, Juan comentó que los compradores de metales suelen repetirle lo mismo: “el aluminio no vale nada, que nada vale nada”, reflejando el estancamiento del precio y la desvalorización del esfuerzo.
Para llegar a ese kilo, explica que se necesitan recolectar alrededor de 80 latas, aunque la cifra depende del tamaño de los envases. Esa cantidad implica varias horas recorriendo espacios públicos y revisando residuos.
El cartón también perdió valor: se paga la mitad
Juan afirma que el desinterés por los reciclables no es exclusivo del aluminio. El cartón también perdió atractivo como fuente de ingreso. Recolectores de la zona le informaron que pasó de pagarse $40 a solo $20 por kilo, lo que representa una baja del 50%.
“No las junta nadie”: residuos visibles en plazas y veredas
La falta de incentivo económico se refleja en el espacio urbano. Juan observa que ni las latas ni las botellas tienen salida rápida. “Están por todos lados tiradas a montones y no las junta nadie”, dice, señalando cómo la caída del precio se traduce en desinterés.
Una changa con esfuerzo y retorno limitado
Para Juan, juntar latas es solo una forma de generar ingresos extra. “Como la encuentro tirada en la calle, me da unos mangos, nada más”, concluye. Su testimonio pone en evidencia la precariedad del reciclaje informal como alternativa económica, y el impacto que la baja demanda industrial tiene en quienes dependen de estos materiales.
Consumo
Pascuas con sabor a ajuste: el pescado también se vuelve un lujo en Semana Santa
Un relevamiento de precios mostró valores elevados en productos clave. En un contexto de caída del poder adquisitivo, el consumo se adapta entre tradiciones y bolsillos ajustados.
En la antesala de la Semana Santa, el pescado vuelve a ocupar un lugar central en la mesa de muchas familias argentinas. La tradición religiosa (que evita el consumo de carne roja, especialmente el Viernes Santo) impulsa la demanda, pero también tensiona los precios en un contexto económico adverso.
Un relevamiento de precios actuales mostró los valores actuales, que muestran una brecha importante entre productos básicos y opciones más exclusivas.
La lista de precios, producto por producto
En la pescadería Santa Bárbara, los precios exhibidos son los siguientes:
Filete de merluza: $13.900 el kilo
Filete de lisa: $13.900 el kilo
Pollo de mar: $11.800 el kilo
Pejerrey: $10.900 el kilo
Trucha: $33.900 el kilo Salmón rosado: $39.000 el kilo
Paella de mariscos: $40.000 el kilo
Media docena de empanadas de pescado (congeladas): $12.900
El abanico refleja una fuerte segmentación: mientras algunas opciones buscan sostener cierto acceso, otras quedan directamente fuera del alcance de amplios sectores.
“No hay por qué aumentar”: la estrategia del comercio
Diego, dueño del local, aseguró que decidió no remarcar precios pese al pico de demanda. Según explicó, la mercadería llega de forma directa desde Mar del Plata, lo que le permite sostener costos.
“Se está vendiendo bien. Tratamos de tener precios que la gente se pueda pueda pagar. La idea es que los clientes se vayan contentos”, sostuvo.
En la misma línea, planteó una lógica que contrasta con la especulación estacional habitual:
“Hay que cuidar al cliente. Es un momento donde la gente hace lo que puede para llegar a fin de mes”.
Tradición religiosa vs. crisis económica
El consumo de pescado en estas fechas no es solo cultural, sino también litúrgico. Sin embargo, en un escenario de deterioro del ingreso, muchas familias ajustan cantidades, reemplazan especies o directamente resignan la tradición.
Se priorizan cortes más económicos Se reduce el volumen de compra Crecen alternativas como productos congelados
Lo que históricamente fue una práctica extendida hoy aparece condicionado por la capacidad de compra.
Entre la demanda estacional y la pulseada por el consumo
Aunque algunos comercios buscan sostener precios para mantener el flujo de ventas, en el sector reconocen que la Semana Santa sigue siendo un momento donde suele haber remarcaciones. La lógica es simple: mayor demanda, mayor precio.
Sin embargo, el dato que empieza a repetirse es otro: incluso en fechas clave, el consumo ya no responde como antes. La tradición persiste, pero el bolsillo manda.
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