Consumo
El precio de la comida deja un sabor cada vez más amargo
El relevamiento en góndolas de El Argentino.
El mismísimo Secretario de Política Económica, Gabriel Rubinstein, admitió anoche la derrota que significó el IPC de enero.
Reconoció que las fuertes subas en frutas y verduras, transporte, telefonía, Internet, agua, gas, medicina prepaga y hotelería, golpearon duro al equipo de Sergio Massa.
Pero, en cambio, siguió condescendiente con la pata empresaria que firmó los acuerdos de Precios Justos. Rubinstein no se apartó del libreto de buenos modales y dijo que está conforme con el cumplimiento tanto de las subas acordadas como del abastecimiento.
Lo que sienta otro mal precedente. El equipo de relevamiento de precios de El Argentino recorre todas las semanas – desde hace 6 meses- los super e hiper del Conurbano y CABA, y viene sistemáticamente las violaciones a Precios Cuidados primero y a Precios Justos ahora. Es mentira que se cumplan los acuerdos firmados. Con distintos artilugios que van desde la remarcación hasta el desabastecimiento.
El 6% de aumento en el IPC en enero y un acumulado del 98,8% en los últimos doce meses con paritarias que, en contados casos, cerraron arriba del 70% demuestra que las empresas no están dispuestas a ceder absolutamente nada en la disputa por la renta nacional. La batalla del capital contra el trabajo se recrudece en un escenario político de incertidumbre y con los bolsillos perforados.
Desde El Argentino realizamos un trabajo permanente de relevamiento de precios y el dato de esta semana es que todo cambió. El nuevo acuerdo de Precios Justos disparó los precios un 9%, que fue el porcentaje de aumento conveniado a partir de febrero. A esto se sumó el desabastecimiento en góndolas de productos claves como el aceite, el azúcar y el puré de tomate.

Parece ridículo que el Estado, las organizaciones sociales y los sindicatos hayan tenido que salir a controlar los precios y el abastecimiento de un programa que se suponía acordado. Las empresas no sostienen lo que firman de manera voluntaria.
Esto implica, que para resolver el problema de la inflación no alcanza con medidas de corto plazo, hay que elaborar políticas públicas de largo aliento que limiten el poder de las corporaciones concentradas como la creación de empresas nacionales de alimentos, una propuesta que desde este medio difundimos.
El aumento indiscriminado de precios, sin que existan saltos macroeconómicos, se da por inercia y especulación de parte de los sectores que concentran la producción en nuestro país.
Hay datos que reflejan el ensañamiento de los sectores empresarios con los más humildes como el aumento del 8% en los fideos guiseros. La olla popular es un lujo en estos tiempos.
La pregunta es si la política amistosa y benevolente con las empresas le trae algún beneficio al pueblo y la respuesta es obvia: la amistad dura mientras no se ponga en juego su rentabilidad.
Consumo
El ajuste en la mesa: el consumo de carne volvió a caer al peor nivel en 20 años
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes (Ciccra) registró un consumo per cápita de 47,5 kilos anuales entre enero y mayo de 2026, el mínimo desde 2006. La merma del 6,1% interanual expresa el deterioro sostenido del poder adquisitivo de los hogares argentinos bajo el ajuste libertario.
La Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra) registró entre enero y mayo de 2026 un consumo per cápita de 47,5 kilos de carne vacuna por habitante al año, el nivel más bajo desde 2006. La caída interanual del 6,1%, equivalente a 3,1 kilos menos por persona, confirma que el deterioro del poder adquisitivo de los hogares argentinos profundizó un proceso de sustitución alimentaria que ya lleva más de dos años.
La Argentina, históricamente uno de los mayores consumidores de carne vacuna del mundo, atraviesa una transformación forzada en la mesa familiar. Los datos de Ciccra correspondientes al período enero-mayo de 2026 revelan que el consumo aparente de carne vacuna alcanzó 855.750 toneladas res con hueso, una contracción del 11,1% interanual. En términos absolutos, los hogares argentinos absorbieron más de 106.700 toneladas menos que en el mismo período de 2025, una diferencia que se explica no por razones culturales sino por la brutal pérdida de capacidad de compra acumulada desde diciembre de 2023.
Un récord negativo que arranca en 2006
El informe de Ciccra establece que el consumo per cápita promedio de los últimos doce meses bajó a 47,5 kilos por habitante al año, la marca más baja desde el año 2006. Se trata de un retroceso del 6,1% interanual, equivalente a 3,1 kilos menos por habitante respecto del promedio del período inmediatamente anterior. El dato no es un piso circunstancial: es la continuación de una tendencia que se aceleró con fuerza desde el inicio de la gestión libertaria.
En el primer bimestre de 2026, registros previos de la misma cámara ya habían marcado un consumo per cápita de 47,3 kilos anuales, con una caída interanual del 13,8%. La acumulación de ese deterioro a lo largo de los primeros cinco meses del año perfila un escenario de contracción estructural que supera ampliamente los episodios de caída registrados en crisis anteriores.
Menos hacienda, más exportaciones: la ecuación que vacía la góndola
Detrás de la caída del consumo opera un mecanismo de doble presión. Por un lado, la producción de carne vacuna totalizó entre enero y mayo 1,168 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una reducción interanual del 7,3%, equivalente a unas 91.650 toneladas menos. La causa directa fue una menor actividad de faena: en los primeros cinco meses del año se procesaron aproximadamente 4,94 millones de cabezas de ganado bovino, por debajo de los niveles del mismo período de 2025.
Por el otro lado, las exportaciones no solo no cedieron sino que crecieron. Entre enero y mayo se embarcaron aproximadamente 312.200 toneladas res con hueso, un volumen 5,1% superior al exportado en el mismo lapso del año anterior. Las ventas a China, principal destino histórico, cayeron un 35,8% mensual en abril, pero esa retracción fue más que compensada por el crecimiento de las colocaciones en Estados Unidos, cuyos envíos se triplicaron en la comparación interanual y llegaron a representar el 29,2% del total exportado en ese mes. En el primer cuatrimestre, los ingresos por exportaciones ascendieron a USD 1.334 millones, un incremento del 48,4% frente al mismo período de 2025.
La combinación de menor producción con mayor orientación exportadora agrava la escasez relativa en el mercado interno y presiona los precios al alza, retroalimentando el ciclo de exclusión del consumidor local.
El precio que aleja la carne de la mesa popular
El informe de Ciccra señala que, pese a que en mayo los precios de la carne vacuna aumentaron apenas un 0,1% mensual, muy por debajo de la inflación del período, la comparación interanual exhibe una realidad muy diferente: los cortes vacunos acumularon una suba del 57,9% en el último año, contra una inflación general del 33,2%. La carne vacuna se encareció, entonces, casi el doble que el nivel general de precios. Ese diferencial explica por qué la estabilidad puntual de un mes no alcanzó para revertir la tendencia de fondo.
El documento del Ciccra lo formula sin rodeos: la pérdida de poder de compra de las familias argentinas, combinada con la suba del precio relativo de la carne vacuna frente a otras proteínas, se tradujo en una contracción del 11,1% anual del consumo aparente. Las familias no dejaron de comer proteínas, sino que las sustituyeron. El pollo aumentó un 38,9% interanual y el cerdo un 23%, ambos por debajo de la evolución de la carne vacuna, lo que aceleró el desplazamiento en los hábitos de consumo.
El ajuste en el plato: contexto de un deterioro anunciado
El dato del consumo de carne no es un hecho aislado. Se inscribe en una secuencia de indicadores que, desde diciembre de 2023, dibujan el mismo patrón. El consumo masivo general registró en abril de 2026 una caída del 3,8% interanual, según datos de la consultora Scentia relevados en cobertura previa de este medio. Las ventas de combustibles cayeron por tercer mes consecutivo en el mismo período. Y la Canasta Básica Alimentaria acumuló una variación interanual del 32,8% a marzo de 2026, según el INDEC, sobre una base ya erosionada por las devaluaciones previas y los tarifazos acumulados que, en el caso del transporte, superaron el 900% desde el inicio de la gestión.
La carne vacuna, símbolo histórico de la dieta y la identidad cultural argentina, se convirtió en un termómetro preciso del deterioro social. Que su consumo haya caído a niveles que no se registraban en dos décadas no es un dato técnico: es la radiografía de un modelo que exporta lo que produce y transfiere el costo a los sectores que menos pueden pagarlo.
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