Consumo
YPF aumentó 4% los combustibles: cuánto pasan a costar la nafta y el gasoil
Los precios vigentes de referencia en las estaciones de la Ciudad de Buenos Aires pasan a ser desde este 4 de diciembre de 150,90 pesos para la nafta súper; 185,70 pesos para la nafta premium; 162,10 pesos para el diesel y 222 pesos para el diesel premium.
La compañía YPF aumentó desde la medianoche los precios de sus combustibles en un 4 por ciento promedio en todo el país, tal como se desprende del acuerdo que una semana atrás cerraron las petroleras con el Gobierno nacional al incorporarse al programa Precios Justos.
Así, los precios vigentes de referencia en las estaciones YPF de la Ciudad de Buenos Aires pasan a ser desde este 4 de diciembre de 150,90 pesos para la nafta súper; 185,70 pesos para la nafta premium; 162,10 pesos para el diesel y 222 pesos para el diesel premium.
La compañía informó esta noche que continuará realizando sus «mayores esfuerzos productivos y logísticos para sostener el abastecimiento del mercado nacional en un contexto de sostenidos récords históricos de demanda estacional».
El aumento del 4% anunciado por la compañía que posee una particiación de mercado del 58% ya había sido acordado cuando las petroleras acordaron la incorporación de los combustibles al esquema de Precios Justos.
El lunes último los directivos de las principales petroleras del mercado se reunieron con el ministro de Economía, Sergio Massa, y acordaron un sendero de precios desde diciembre con el incremento del 4%, otro 4% en enero, 4% en febrero y 3,8% en marzo.
«El objetivo es seguir construyendo un camino en el cual todos los sectores contribuyan a bajar significativamente la inflación que es el principal drama de la Argentina», señaló el ministro tras la reunión, por lo que el de mañana será el último aumento de 2022 en las estaciones de servicio.
El compromiso de precios tambien incluye a las marcas Shell -cuya licencia en el país es de Raizen-, Axion de Pan American Energy, y Puma del trader global Trafigura.
Fuentes del mercado explicaron que la devaluación acumulada desde el último aumento de los combustibles registrado el 3 de noviembre fue de 6,0%, superando en 2 puntos porcentuales el ajuste de combustibles a aplicar en diciembre.
Por su parte, desde el último ajuste de los combustibles el precio del biodiésel subió +14,4%, y en los últimos 12 meses, el incremento de precio acumulado de las naftas es de aproximadamente 58% y el del gasoil del 80%.
También se señaló que se sigue registrando una muy importante diferencia de precios de combustibles con los países limítrofes, que promueve la salida del naftas y gasoil hacia esos mercados y tracciona el consumo por parte de los vehículos de patente extranjera.
Se genera así un significativo incremento de la demanda de combustibles, que en las provincias de Misiones y Formosa superan en 24% las cifras de 2019.
Consumo
El sueldo que no alcanza: la brecha entre inflación y salarios destruye el consumo de las familias argentinas
Los datos cruzados del INDEC y del Ministerio de Capital Humano revelan que los salarios perdieron terreno frente a los precios tanto en marzo como en el primer trimestre del año. La brecha acumula presión sobre las familias trabajadoras en un contexto de tarifas disparadas y canasta básica que no cede.
Salarios contra inflación: el poder adquisitivo sigue cayendo y el consumo interno se resiente
★ En marzo de 2026, la inflación registrada por el INDEC fue del 3,4%, mientras que la Remuneración Imponible Promedio de los Trabajadores Estables (RIPTE), que publica el Ministerio de Capital Humano a través de la Secretaría de Trabajo, creció apenas un 2,4%. La diferencia, de un punto porcentual, puede parecer menor en términos abstractos, pero se convierte en un deterioro concreto y mensurable para los hogares que dependen de un salario para subsistir.
La tendencia se sostiene al ampliar el horizonte temporal. En el primer trimestre de 2026, la inflación acumulada alcanzó el 9,4%, en tanto que los salarios medidos por el RIPTE avanzaron un 8,6%. Eso significa que, incluso en el período en que el Gobierno anuncia una desaceleración inflacionaria, los ingresos de los trabajadores no logran seguir el ritmo de los precios.
Un deterioro que se acumula sobre otro deterioro
El dato de marzo no emerge en el vacío. Se monta sobre una base salarial ya diezmada por años de ajuste. Desde el inicio de la gestión libertaria de Javier Milei en diciembre de 2023, el esquema de tarifas y precios relativos golpeó con dureza desproporcionada a los sectores de ingresos fijos. Según datos del IIEP (UBA-CONICET), los servicios y el transporte público acumularon subas que superaron el 525% desde entonces, con el transporte liderando la escalada con un incremento cercano al 912%.
En ese marco, la Canasta Básica Alimentaria (CBA) registró en marzo de 2026 una variación interanual del 32,8% y la Canasta Básica Total (CBT) del 30,4%, de acuerdo a datos del propio INDEC. Estas cifras confirman que el alimento sigue siendo el campo donde más se siente la erosión del salario real, aun cuando el índice mensual dé señales de moderación.
El «sueldo disponible» y el efecto sobre el consumo
Más allá del RIPTE, el impacto real sobre las familias se mide en lo que los economistas denominan «salario disponible»: lo que efectivamente queda en el bolsillo luego de cubrir las obligaciones básicas como alquiler, servicios, transporte y alimentación. En la medida en que esas obligaciones fijas crecen más rápido que los ingresos, el margen para el consumo de otros bienes se contrae.
Este es el mecanismo que explica la debilidad del consumo interno. Cuando las familias deben destinar una porción creciente de sus ingresos a gastos no postergables, el gasto en indumentaria, electrodomésticos, esparcimiento y otros rubros se retrae. Ese retroceso se traslada a la cadena productiva, deprimiendo la actividad industrial y comercial y generando un círculo de contracción que las cifras macroeconómicas oficiales tienden a subvalorar.
La discusión sobre el indicador
El Gobierno nacional cuestiona la representatividad del RIPTE como indicador de la evolución salarial, aduciendo limitaciones en su composición. El índice tiene características metodológicas específicas: considera únicamente los puestos de trabajo con una antigüedad mínima de 13 meses, incluye tanto al sector privado como al público nacional, provincial y municipal (solo para las cajas previsionales transferidas al SIPA), y contabiliza exclusivamente los componentes remunerativos hasta el tope imponible para aportes al sistema de seguridad social.
Estas restricciones son reales y deben tenerse en cuenta al interpretar el indicador. Sin embargo, la propia existencia de estas discusiones metodológicas no cancela la tendencia que los datos revelan, y que otros indicadores como el Índice de Salarios del INDEC o los convenios colectivos homologados refuerzan consistentemente: los ingresos de los trabajadores retroceden frente a los precios.
Estanflación como escenario de fondo
Los datos de abril de 2026 agregan otro elemento al diagnóstico. Consultoras como Eco Go y Equilibria proyectaron una desaceleración de la inflación hacia el 2,5% mensual, pero los combustibles presionaron con subas del 10,4%, generando una inercia que neutraliza cualquier alivio puntual en los alimentos. Esta dinámica configura un escenario de estanflación persistente: economía que no crece, precios que no ceden lo suficiente y salarios que no alcanzan.
El panorama es especialmente crítico en un contexto de deuda externa con el FMI que condiciona la política fiscal. El ajuste del gasto público comprometido con el organismo, que en el primer trimestre de 2026 implicó una caída adicional del 5,1% interanual en el gasto primario, reduce la capacidad del Estado de compensar la caída del poder adquisitivo mediante transferencias sociales, jubilaciones actualizadas o políticas de ingresos.
Puntos clave:
– En marzo de 2026, la inflación (3,4%) superó al crecimiento del RIPTE (2,4%), según datos del INDEC y del Ministerio de Capital Humano.
– En el primer trimestre, la brecha se mantuvo: 9,4% de inflación acumulada frente a 8,6% de suba salarial.
– La Canasta Básica Alimentaria registró una variación interanual del 32,8% en marzo de 2026.
– Los servicios y el transporte público acumulan aumentos superiores al 525% desde diciembre de 2023.
– El ajuste del gasto primario cayó un 5,1% adicional en el primer trimestre de 2026, agravando la pérdida de ingresos disponibles.
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