Análisis
Estuve ahí
«Siempre es mejor decir la verdad. Nos favorece», cuenta el director de La Señal Medios. El jueves 6 de octubre intentó ver a su Gimnasia contra Boca en un duelo clave por el deseado campeonato del «Lobo». Todo terminó en tragedia y dolor.

Por Gabriel Fernández
La Policía Bonaerense estaba dispuesta a reprimir. Hice la cola con miles de personas, incluidos familias con pibes muy chicos, para ingresar al estadio. La Policía empezó a disparar balas de goma sin que nadie nadie nadie hiciera nada en su contra, agrediera o generara desmán alguno. Esas personas no habían concurrido a un acto contra las fuerzas de seguridad, sino a ver un partido.
La cantidad de balas disparadas era gigantesca, al punto que me disuadió de correrme hacia otra puerta de ingreso. Pero allí, además de balas disparaban gases lacrimógenos.
Le avisé a mi hijo que estaba dentro del estadio. Al rato, eran reprimidos los que querían entrar y recibían gases los que querían salir, encerrados por las puertas que manejaba la policía y Aprevide.
Era, ostensiblemente, una encerrona preparada. Como me di cuenta, le dije a varios hinchas amigos: Vamos. Esto no tiene nada que ver con entradas ni con desmanes de la gente. Estos vienen a reprimir. Tienen una orden.
Bien.
En mi interpretación inicial, se trataba de una cama para perjudicar al Gobierno de la provincia de Buenos Aires. Claro.
Pero resulta que sale Sergio Berni en los medios. Justifica el accionar de la policía y le carga el fardo a las “barras” y al “mundo del fútbol”. Dijo que había “violentos que querían romper la cancha para entrar”.
Todo mentira. La barra de Boca no estaba –habría individuos sueltos por ahí, no más-, la de Gimnasia estaba adentro –íntegra- y nadie intentó violentar nada para entrar. Yo estaba allí: nos empezaron a disparar sin que nadie hiciera ningún gesto agresivo hacia la policía, ni hacia nadie.
Como comprendí, por cierta experiencia, que estaban decididos a reprimir fuerte, me corrí hacia otro acceso, pero allí además de balas estaban lanzando gases lacrimógenos. ¡15 minutos al menos, antes del inicio del partido! Le dije a mis amigos: Vamos, esto va para largo y van a seguir disparando.
Ningún hincha presente hizo un solo gesto que justificara la brutal represión.
Pero desde ese momento, durante más de 60 minutos, dispararon balas de goma y gases lacrimógenos sin parar.
Cuando escuché a Berni hablar de las “barras”, las “entradas”, el “mundo del fútbol” y los “violentos”, me dije voy a escribir esto. Esto que usted está leyendo. Porque al encubrir la operación que, ostensiblemente, se le hizo al gobierno de la provincia de Buenos Aires en el Bosque, el titular de Seguridad colaboraba con los operadores.
Pensé… ¿Este es boludo o es parte del operativo? Pensé: A esta altura, da lo mismo.
Nos cagaron a tiros. Nos llenaron de gases. Miles y miles de triperos dispuestos a ver un partido.
Compañeros: a veces se encabritan cuando decimos la verdad sobre las operaciones económicas recientes. No se enojen. El tema es el mismo: Decir la verdad nos beneficia; mentir beneficia a quien opera en contra del pueblo y de sus intereses.
Creo que un sector importantísimo del Frente de Todos tiene que poner las barbas en remojo.
Porque, insisto, mentir no nos beneficia.
Si hay un apriete económico, judicial, policial, es preciso decirlo en vez de justificarlo para dar idea de “manejamos todo” y “está bajo control”. La gente lo entenderá. Y acompañará.
Pero hay que dejar de decir macanas sobre situaciones que están a la vista. Y con testigos.
El operativo en el Bosque estuvo armado. No tiene relación con entradas, barras, violentos y enfrentamientos entre rivales.
El tema de la verdad no es una cuestión de principios. Es un asunto de beneficios para el espacio nacional popular.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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