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En qué lugares de la Argentina se podrá ver el eclipse solar anular

Algunas provincias del norte y la provincia de Buenos Aires -donde se observará en forma parcial- podrán disfrutar del fenómeno astronómico que podrá apreciarse en varias regiones de América. Recomiendan no mirar al Sol a simple vista, ni a través de una radiografía: cómo construir una «cámara oscura» con papel y cartón para ver el fenómeno.

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Un nuevo eclipse solar anular será visible este sábado en varias regiones de América, entre ellas algunas zonas de Argentina, que a las 15.55 podrán observar el fenómeno astronómico, tal el caso de algunas provincias del norte y la provincia de Buenos Aires donde se observará en forma parcial.

Los lugares privilegiados para observar el eclipse desde América serán Oregón, Nevada, Utah, Texas y Nuevo México, ya que se encuentran en línea directa con el fenómeno, por lo que podrían apreciar sus primeras fases si el clima lo permite.

Luego, el eclipse cruzará Centroamérica, llegará a su fase final en América del Sur y culminará con el atardecer sobre el Océano Atlántico. México, Belice, Honduras, Panamá, Colombia y Brasil también serán testigos del eclipse solar anular.

El fenmeno se producir minutos antes de las 16 de este sbado
El fenómeno se producirá minutos antes de las 16 de este sábado.

INSTRUCCIONES PARA CONSTRUIR UNA «CÁMARA OSCURA» PARA VER EL ECLIPSE

María Cecilia Scalia aconseja ver el eclipse «a través de una cámara oscura que podés construir muy fácilmente con papel, cartón y pegamento que Astrochica @astrochica.ialp te muestra cómo realizar».

«La idea es muy simple y es la base de la fotografía moderna. Una vez construida según las instrucciones que te muestro, apuntamos al Sol y veremos su imagen proyectada sobre uno de los extremos que hace las veces de pantalla«, precisan en @astrochica.ialp en este link.

A través de una serie de fotografías, Astrochica explica el paso a paso de cómo construir la cámara oscura.

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Scalia explicó que el eclipse también se puede ver «a través de Telescopios con filtro especiales del estilo baader, mylar o H-alfa; con anteojos con filtros especiales para la observación de Sol. Cuidado, compra de proveedores confiables y ve la fecha de vencimiento; el vidrio de la máscara de soldar (din 16)».


El eclipse anular ocurrirá a las 15:55 en Argentina, Chile, Brasil y Venezuela; 13:55 en Perú, Colombia y Ecuador.

En ese momento, y por unos minutos, la luz del Sol desaparecerá al ser tapado por la Luna y parecerá que es de noche y para que esto suceda, es necesario que la Luna se ubique cerca de la latitud cero sobre la eclíptica, que es el camino aparente del Sol, que no tiene latitud.

Cuando se forme el «anillo de fuego» del eclipse el cielo se oscurecerá, pero sin llegar al nivel de un eclipse total. En todas las fases del fenómeno es importante contar con protección ocular adecuada para evitar posibles lesiones.

Los especialistas de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) y el Conicet recomendaron no mirar al Sol a simple vista, ni a través de una radiografía y enseñaron cómo construir una «cámara oscura» con papel y cartón para ver ese fenómeno.

«En éste tipo de eclipse, el Sol solo es cubierto en una gran o pequeña fracción, dependiendo de cuánto tu ciudad se aparte de la zona desde donde se ve como eclipse anular. Desde La Plata y alrededores, podremos ver que la Luna tapa sólo un 5% del Sol a las 16:44hs», explicó la astrónoma María Cecilia Scalia, Secretaria de Extensión de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísica de la UNLP.

La astrónoma, que integra el proyecto de extensión «Astrochica», recomendó «no mirar al Sol a simple vista ni a través de anteojos de Sol, radiografías, etc. Puede producir un gran daño a la vista».

«No usar los viejos filtros solares que venían para colocar en los oculares de los telescopios y que dejaron de fabricarse hace tiempo porque eran peligrosos», puntualizó la especialista.

Cultura

Por qué los millennials compran experiencias y la Generación Z invierte en identidad digital

Análisis sobre por qué los millennials priorizan la compra de experiencias mientras la Generación Z invierte en identidad digital, presencia en línea y pertenencia comunitaria.

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El consumo dejó de organizarse solo alrededor de objetos físicos. Durante décadas, comprar significaba adquirir algo que podía guardarse, usarse o mostrar en espacios materiales. Hoy, el valor también se construye en viajes, conciertos, cursos, eventos, perfiles, avatares, skins, suscripciones, comunidades y archivos digitales. En ese cambio, millennials y Generación Z muestran prioridades distintas: unos tienden a valorar la experiencia vivida; otros, la identidad proyectada en entornos digitales.

La diferencia no significa que los millennials ignoren lo digital ni que la Generación Z rechace las experiencias físicas. Se trata de énfasis culturales. En un entorno donde conviven redes, videojuegos, plataformas de ocio, compras integradas, apuestas y sitios como https://casino-jugabet.cl/, el consumo ya no se limita a poseer: también sirve para narrarse, participar y ocupar un lugar dentro de comunidades conectadas.

La experiencia como respuesta millennial

Los millennials crecieron en un periodo marcado por cambios económicos, digitalización progresiva y cuestionamiento de la propiedad tradicional. Para muchos, comprar una casa, formar patrimonio o acceder a ciertos bienes materiales resultó más difícil que para generaciones anteriores. En ese contexto, las experiencias ganaron valor: viajar, comer fuera, asistir a eventos, aprender algo o compartir una actividad se convirtió en una forma de construir memoria.

Comprar una experiencia ofrece algo que un objeto no siempre entrega: una historia. Un viaje puede contarse, una cena puede recordarse, un concierto puede compartirse y una actividad puede integrarse en la identidad personal. Para los millennials, la experiencia funciona como capital biográfico. No solo se vive; se convierte en parte del relato de vida.

También hay una dimensión de tiempo. Muchos millennials entraron en la adultez con jornadas extensas, presión laboral y saturación digital. Por eso, pagar por una experiencia puede sentirse como una forma de recuperar control sobre el propio tiempo. No se compra solo entretenimiento; se compra una pausa, una salida o una sensación de avance personal.

La Generación Z y la identidad como presencia

La Generación Z se formó en un entorno donde la identidad digital no es secundaria. Perfiles, nombres de usuario, fotos, avatares, listas, clips, objetos virtuales y comunidades en línea forman parte de la vida social. Para esta generación, invertir en identidad digital no parece raro, porque gran parte de la interacción ocurre en espacios mediados por pantallas.

Una compra digital puede cumplir funciones similares a una prenda, un accesorio o una entrada a un evento. Una skin, una suscripción, una herramienta de edición, una insignia o un objeto virtual permite decir algo: qué se valora, a qué comunidad se pertenece, qué humor se comparte o qué estética se adopta.

La identidad digital también es más flexible que la física. Puede cambiar rápido, adaptarse a plataformas distintas y responder a tendencias. La Generación Z entiende esa flexibilidad como parte del juego social. No siempre busca una identidad fija, sino una identidad editable.

De tener cosas a mostrar señales

Tanto millennials como Generación Z participan en una economía de señales. La diferencia está en el soporte. El millennial puede usar una experiencia para comunicar apertura, gusto, cultura o estilo de vida. La Generación Z puede usar elementos digitales para comunicar pertenencia, habilidad, sensibilidad estética o conocimiento de una comunidad.

En ambos casos, el consumo se vuelve lenguaje. Una persona no compra solo por utilidad, sino por lo que esa compra permite expresar. La experiencia millennial se muestra en fotos, relatos y recuerdos. La identidad digital zoomer se muestra en perfiles, avatares, clips y presencia constante.

Esto no debe leerse como superficialidad. Las señales sociales siempre han existido. Lo nuevo es que ahora circulan con más velocidad y en más espacios. La validación no ocurre solo en reuniones físicas, sino también en chats, plataformas, juegos y redes.

Economía, acceso y prioridades

Las condiciones económicas también influyen. Muchos millennials aprendieron a valorar experiencias porque ciertos bienes duraderos parecían menos accesibles o menos prioritarios. Al mismo tiempo, las plataformas de viaje, eventos y servicios bajo demanda hicieron que la experiencia fuera más fácil de comprar y compartir.

La Generación Z, por su parte, entra al consumo en un entorno donde los bienes digitales son normales. Comprar dentro de una aplicación, pagar por una función, mejorar un perfil o adquirir un objeto virtual forma parte de la rutina. Además, muchas compras digitales tienen precios menores que grandes experiencias físicas, aunque su acumulación pueda ser significativa.

Esto produce una lógica de microinversión identitaria. Pequeñas compras permiten ajustar cómo se aparece ante otros. El gasto no siempre busca duración; busca relevancia en un contexto concreto.

Comunidad y pertenencia

La comunidad es central en ambos modelos. Los millennials suelen comprar experiencias que pueden compartirse con amigos, pareja o familia. El valor aumenta cuando la experiencia se vive con otros o cuando se convierte en memoria común.

La Generación Z invierte en identidad digital porque muchas comunidades funcionan en línea. Un objeto virtual, una estética de perfil o una suscripción puede abrir acceso, reconocimiento o conversación. La pertenencia no depende solo de estar presente, sino de dominar códigos internos.

En este sentido, la identidad digital no es una fantasía separada de la vida real. Es una extensión de relaciones, gustos y posiciones sociales. Para quienes pasan parte importante de su sociabilidad en entornos digitales, invertir allí tiene sentido.

Riesgos de ambos modelos

Comprar experiencias puede convertirse en presión por vivir siempre algo memorable. Viajes, eventos y salidas pueden transformarse en obligación de producir contenido o demostrar una vida activa. La experiencia pierde valor si se vive más para mostrarla que para disfrutarla.

Invertir en identidad digital también tiene riesgos. Los objetos virtuales dependen de plataformas, reglas y cuentas. Además, la búsqueda constante de actualización puede generar gasto impulsivo y ansiedad por quedar fuera de una tendencia.

Ambos modelos muestran que el consumo contemporáneo está ligado a reconocimiento. La pregunta no es solo qué se compra, sino qué necesidad social o emocional intenta cubrir esa compra.

Una diferencia de entorno, no de esencia

Millennials y Generación Z no consumen de formas opuestas. Ambos buscan identidad, pertenencia y sentido. Los millennials tienden a encontrarlo en experiencias que producen memoria. La Generación Z lo encuentra con frecuencia en herramientas digitales que producen presencia.

La diferencia central está en el escenario donde cada generación aprendió a relacionarse. Para unos, la experiencia física fue una respuesta al exceso de objetos y a la incertidumbre económica. Para otros, la identidad digital es una respuesta a una vida social distribuida entre plataformas. En ambos casos, el consumo dejó de ser posesión simple y se volvió construcción de relato.

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