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La Corte Suprema y su guerra de posiciones

El máximo Tribunal no afecta la marcha de un determinado gobierno, sino que directamente atenta contra el sistema democrático.

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Por Demetrio Iramain

La Corte Suprema le dio una nueva vuelta de tuerca al Lawfare: convirtió al fenómeno regional de politización de la Justicia en una guerra de posiciones. ¿Administrar justicia? “Te la debo”, diría Macri, el mentor de la actual conducción del Tribunal.

Al anuncio sobre un proyecto de ley para aumentar sensiblemente el número de integrantes de la Corte, legislar sobre su funcionamiento (imponerle plazos para sus fallos, por ejemplo) y observar el manejo de los recursos financieros del Poder Judicial, le siguió una respuesta corporativa fenomenal, como lo fue el encuentro de cortesanos y jueces federales en Rosario quienes, con la excusa de enviar un mensaje de apoyo a los magistrados que intervienen en causas vinculadas a narcotráfico, remitió el que verdaderamente les importaba, dirigido a otro destinatario: el poder político.

El mensaje incluyó la extravagante propuesta de crear un órgano supraestatal, que agrupe a gobiernos, policías, jueces y otros sectores vinculados a la lucha contra las bandas de crimen organizado que operan en el país, a la manera de un FBI local, a cargo de los magistrados, que forzaría a la política a acatar las decisiones estratégicas tomadas por los jueces en materias ajenas a su competencia, como lo es fijación de la política criminal.

No quedó ahí la cosa. A posteriori, 16 gobernadores encabezados por Axel Kicillof exigieron públicamente que el Máximo Tribunal tenga un carácter más federal. Además de Buenos Aires, firmaron el documento los gobernadores de La Rioja, Catamarca, San Luis, Formosa, Tucumán, Santiago del Estero, Santa Cruz, Entre Ríos, Tierra del Fuego, San Juan, La Pampa, Salta, Chaco, Misiones y Chubut.

¿Y cómo respondió la Corte? A través de sus voceros en los medios de comunicación hegemónicos (¿o es al revés?), quienes trascendieron que la Corte se encuentra próxima a darle la razón a la Ciudad Autónoma de Buenos Aires en su pleito contra el gobierno nacional y el resto de las provincias, por la coparticipación.

El conflicto, que Rodríguez Larreta dice que comenzó en septiembre de 2020, cuando el presidente Alberto Fernández retrotrajo el porcentaje de coparticipación que le corresponde a la CABA al 1,4 %, en verdad se inició en diciembre de 2015, cuando Mauricio Macri, a los pocos días de haber asumido, lo aumentó por decreto al 3,75%, con la excusa de crear la Policía de la Ciudad, perjudicando notablemente a las provincias.

Esta secuencia patética de hechos demuestra que la Corte no afecta la marcha de un determinado gobierno, sino que atenta contra el sistema democrático. Si la democracia deja de ser rehén de la Corte, no se beneficiará un gobierno en particular, sino la institucionalidad toda. Ya es hora.

Análisis

Cuba: ¿en el ojo de la tormenta?

Argentina ¿se une al bloqueo contra Cuba?.

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Por Stella Calloni

En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.

“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».

En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.

En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.

Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.

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