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Opinión

La desigualdad expresada en la transferencia de tierra pública en CABA

Los modelos de urbanización en la Ciudad de Buenos Aires evidencian la desigualdad social pero también el modelo de negocios instalado a partir de la transferencia de tierras públicas hacia sectores privados como blanqueo de capitales.

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Vecinos de diferentes barrios populares, villas y asentamientos de la Ciudad de Buenos Aires, nucleados en la Corriente Villera Independiente, marcharon la semana pasada por el corazón de Puerto Madero para denunciar la desigualdad y exigir al gobierno porteño urbanización con participación de la comunidad y obras de infraestructura.

¿Qué se esconde detrás de este proceso?

En la Ciudad de Buenos Aires se está profundizando una injusticia espacial donde la tierra pública está siendo puesta a disposición de grandes negocios inmobiliarios en vez de destinarla a garantizar las necesidades de la población porteña. Entre esas necesidades está la construcción de viviendas sociales, más espacios verdes y equipamiento urbano”, expresó Jonatan Baldiviezo, fundador del Observatorio del Derecho a la Ciudad.

En Puerto Madero el valor del metro cuadrado es de 5 mil dólares aproximadamente mientras que la inversión que realizó el gobierno porteño en el presupuesto destinado para la obra “Ejecución, rehabilitación, mantenimiento e intervención puntual en viviendas del barrio 31”, que se dio a conocer el 5 de septiembre mediante la RESOLUCIÓN Nº 197/UPEUBPCM/22, cuenta con un monto aproximado de 1.076 millones 204 mil pesos dividido en tres lotes de 350 millones con un plazo de ejecución para cada uno de 365 días corridos.

Al mismo tiempo, la inversión que el gobierno está realizando en Parque de la Innovación, cerca de 4.000 millones de pesos, supera la que hace para urbanizar barrios populares concretos.

En Puerto Madero se transfirieron aproximadamente 110 hectáreas de tierra pública a manos privadas con el objetivo de obtener ingresos económicos y que debían servir para mejorar la salud, la educación o crear viviendas sociales. Ese fue el argumento que legitimó la venta”, explicó Baldiviezo.

“Sin embargo, luego de 30 años ni un peso de todo lo que ingresó por la venta de esas tierras salió de Puerto Madero. Todo el dinero fue reinvertido allí para sus espacios verdes y públicos. Vendimos tierra pública y el dinero que recibimos fue reinvertido en el mismo barrio para incrementar el valor del suelo de los privados que compraron en ese lugar. Terminaron prácticamente sin gastar nada”, agregó.

Continuando esa tradición, el gobierno porteño está transfiriendo a través de subastas y de remates la superficie de mayor envergadura de la ciudad para estos negocios.

Este modelo de urbanización se repite en otros lugares de la Ciudad como en Parque de la Innovación, donde nuevamente en vez de poner tierras públicas a disposición de la construcción de viviendas sociales y equipamiento urbano se utilizan en beneficio de negocios para unos pocos.

“No solamente existe una desigualdad en el trato de la tierra pública, no acceden a ella los sectores populares sino los sectores de más altos recursos. Además el gobierno en esa tierra pública que transforma en tierra privada habilita la construcción de viviendas inaccesibles para el 97% de la población porteña, que no vienen ni siquiera a satisfacer una demanda de los sectores ricos, sino que son netamente para cubrir necesidades financieras. Lugares para destinar el blanqueo de capitales, usadas como herramienta de activos financieros, no para la construcción de viviendas con un uso residencial”, agregó.

¿Cómo se vive en los Barrios Populares?

El programa de reurbanización comenzó en el 2016 en sólo cuatro barrios de la ciudad: Rodrigo Bueno, Villa 20, Barrio Carlos Mugica y Chacarita. La cantidad de viviendas construidas ahí son pocas y no alcanzan para cubrir las necesidades de la comunidad.

Malvina Vargas, consejera del sector Playón Oeste del Barrio Carlos Mugica (ex Villa 31), quien participó de la marcha en Puerto Madero, contó que “se está discutiendo el proceso de urbanización porque va muy lento, estamos trabajando la apertura de calles, la luz, el ordenamiento de los cables y las conexiones de agua. Se proyectan 56 aperturas de calles y todavía se sigue debatiendo el protocolo. Mientras tanto faltan los mejoramientos de viviendas, hay vecinos que siguen esperando”.

Las obras de las viviendas nuevas, que albergarían a las familias, que deberían reubicarse ante la apertura de calles, están en construcción y las realiza una empresa privada en la zona del Correo Viejo. “Seguramente faltarán viviendas, no van a alcanzar”, remarcó Malvina.

Mónica Noemí Ruejas es Presidenta del Barrio Los Piletones, también en proceso de urbanización pero con otras características y problemáticas, dijo que “lo que estamos padeciendo es un camino muy lento. En Piletones no llega a ser una urbanización definitiva como nosotros solicitamos. El presupuesto no es suficiente y no se habilita una verdadera participación de la comunidad. Si hubiera voluntad política, con el dinero que hay en la Ciudad, ya podría haber villas urbanizadas”.

Con la participación absoluta de las organizaciones sociales, las juntas vecinales, las asambleas y toda la comunidad se puede lograr. Piletones continúa con manzanas con pozo siego. A costillas nuestras, políticos y empresarios se benefician”, recalcó.

Alejandra, vecina de la manzana 18 del sector Güemes del Barrio Carlos Mugica manifestó que “el proceso de urbanización se logró gracias a la lucha de los vecinos y de exigir la instalación de luz, cloacas, agua y el mejoramiento del espacio público. El último proceso de urbanización fue más un parche que una solución de fondo. Siguen los problemas”.

“Están trabajando, rompiendo y emparchando las calles, gastan plata en obras que no son necesarias y no resuelven lo fundamental que es el cableado, vivimos bajo telas de araña y es muy peligroso, son la causa de los incendios. Las cloacas rebalsan. Una de las razones posibles es que las obras se hayan hecho no tan bien, para que duren dos, tres años y empiecen los problemas”, agregó.

También se refirió a la salud, entendiendo que la urbanización es un proceso integral, dijo: “No tenemos médicos suficientes en las salitas, los turnos programados los dan para un plazo larguísimo. Hay tres centros de salud en el barrio y no hay insumos, ni personal para atender a los 40.000 vecinos que somos”.

En relación a la problemática integral de la urbanización, Baldiviezo exclamó: “No solamente se trata de incrementar la inversión sino de realizar procesos de urbanización consensuados, acompañados y controlados por los habitantes de los Barrios Populares para evitar que el dinero que se destine no sea derrochado por parte de los funcionario y las empresas contratistas”.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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