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Opinión

Milei es el emergente de una crisis política, económica y social de la Argentina

Por Lois Pérez Leira.

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Por Lois Pérez Leira

Para los argentinos era la posibilidad de salir de la profunda crisis. El gobierno de Fernández fue un auténtico fracaso, no pudo resolver ningún aspecto de la economía.

La gente se canso de la partidocracia , la burocracia, la violencia de la justicia corrupta. Especialmente los sectores más pobres, las clases media y la juventud.

Allí apareció un Milei populista de derechas, con soluciones magicas con ideas del siglo XIX. Los factores de poder necesitaban en la Argentina un personaje neofascista que sumará a toda la ultra derecha con el fin de apoyar las políticas neoliberales, iniciar un proceso de restauración reaccionaria en todo el continente y poner una cuña a la contradictoria ola progresista en América Latina.

Javier Milei para cumplir con sus promesas tendrá que gobernar por decreto y reprimir las respuestas populares. Lo cierto que se abre una profunda crisis en el peronismo que salpica el liderazgo de la ex presidenta Cristina Fernández.

Ahora es el momento de recoger las cartas y dar de nuevo. El movimiento popular debe volver al trabajo de base, liderar los reclamos de los sectores excluidos de la sociedad.

En estos años se perdió la identidad y la mística de un movimiento popular y Patricio dónde la columna vertebral es el peronismo y la doctrina de Perón.

Cada vez es más necesario la confluencia del peronismo combativo con la izquierda marxista para confirmar un frente de liberación nacional que ofrezca una alternativa transformadora.

Las ideas social liberales de Alberto Fernandez y las socio democráticas de Cristina Fernández han fracasado. La Argentina necesita un programa político que le dispute el poder a la oligarquía y al imperialismo.

Es necesario erradicar el sindicalismo burocratico, el oportunismo político, el movimiento social que hace política con los planes convirtiéndose en los bomberos del sistema.

Hoy más que nunca se necesita una transición generacional, acabar con los políticos corruptos que hacen de la política un modo de vida con todos los privilegios mientras la población se muere de hambre.

El movimiento automáticamente revolucionario, el que representa Perón, Evita, Agustín Tosco, santucho, la resistencia peronista, el Cordobazo, los treinta mil compañeros desaparecidos los mejores referentes de las últimas décadas argentina.

Hay que acabar con el concepto de Cristina de que existe un capitalismo bueno, el capitalismo mata, destruye, idiotiza a las masas. Y logra permanecer en el poder. Se abrió un proceso de liderazgo y de representación política.

Cristina no se jugó la última carta, privilegió su situación personal en el plano jurídico. Ella tendría que haber sido la candidata a presidenta con todas las consecuencias.

Ahora sólo queda la tarea de organizar la resistencia popular y crear un verdadero instrumento de cambio para transformar la Argentina como país anticapitalista y antiiperialista.

Los que nos definimos como de izquierda debemos liderar la unidad en la lucha sin perder la perspectiva del socialismo. Pero desde una perspectiva de una política autónoma, crítica, dejando de ser los acompañantes sin derechos de los partidos de la burguesía.

Las opiniones expresadas en la presente nota de opinión y/o análisis son las de los autores. No pretenden reflejar las opiniones de El Argentino Diario o de sus integrantes. Las denominaciones empleadas en la misma y la forma en que aparecen presentados los datos que contiene no implican, de parte de El Argentino Diario juicio alguno sobre la información y/o datos y/o valoraciones aquí expuestas.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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