Opinión
Sargón de Acad, Roger Waters y el invento Moisés

Por Manu Campi | @manucampimaier
En líneas generales, y con un claro corte práctico, la historia se acomoda a conveniencia de quienes la escriben, cuentan y sostienen. La distancia temporal y la falta de capacidad arqueológica hicieron que pasados certeros fueran cambiados por unos más convenientes.
La idea de someter refiere a la superstición como medio para tal fin. El castigo divino siempre dio más miedo que el físico; aunque el segundo refuerce la debilidad del primero. Si la biblia es una novela sujeta a edición en el Concilio de Nicea, la necesidad de un orden religioso para definir orígenes y conveniencias resulta hasta el día de hoy de lo más rentable. Así, historias como la de Moisés y el penoso yugo del pueblo judío a manos del egipcio no es otra cosa que un cuento sin ningún tipo de sostén arqueológico.

El Éxodo, nunca tuvo lugar. La Tierra Prometida solo responde a la conversación de dos viejos, contada por otros viejos para inventar una sola casa para un solo pueblo; compartir nunca fue la característica más destacada de los descendientes de Abraham. No hay registro alguno de millones de personas dejando desesperadamente Egipto, ni de su paso por el Sinaí, ni de la entrada a Canaán y mucho menos su posterior conquista. Cualquier arqueólogo en su sano juicio se jugará el título ante quien traiga una pieza de alfarería que documente la magnitud de tal movilización durante cuarenta años.
Sin embargo, hubo quien nació veintitrés siglos a. C. como hijo ilegítimo de una sacerdotisa del templo Inanna y un peregrino. La madre lo encomienda a la corriente del Éufrates en una cesta sellada con alquitrán. Lo encuentra río abajo Akki, un jardinero real de Ur-Zababa, rey de la cuarta dinastía de la ciudad sumeria de Kish, que lo tomó como hijo. Creció cercano al favor de la corte y terminó por convertirse en copero del rey; figura de un oficial de alto rango encargado de servir bebidas en la mesa real y digno de la confianza total de su Majestad. Con el tiempo, y luego de un sueño en donde la Diosa Inanna lo favoreciera en el trono, aquel copero desplazaría a los dos rivales reales de la Antigua Mesopotamia (Lugalzagesi y Ur-zababa). Así fue.
El pequeño negado forjaría el primer imperio multinacional de la historia: el Acadio. Su obra estaría presente al menos mil quinientos años después de su muerte bajo el nombre real de Sargón I, el Grande. A pesar de esto, su legado desaparece cuando tiene la mala suerte de toparse con la cuestión hebrea.
Así, a los bifes, se necesitó judaizar la historia y entonces, todo rey, dinastía y génesis desde los inicios del sedentarismo, estén a derecho de reclamo de unos nómades. Esta versión mal contada y de bolsillo sospecha que Israel se yergue sobre un cuento apropiado, cuestión tan bien atendida hasta nuestros días. La historia de un bebé abandonado en un cesto en el río que crece amparado por la nobleza y se convierte en un gran líder, la usó de manera muy efectiva el escriba hebreo que la tomó prestada para escribir el libro del Éxodo y la historia de un tal Moisés. Así las cosas, los imperios marcaron el pulso de la historia. Algunos todavía siguen, con la excusa de la Tierra Prometida, exterminando seres humanos en nombre de un Dios que azota contra la infidelidad que asumen quienes no quieren dejar su porción de universo tangible. Mientras tanto, los hoteles en Buenos Aires le niegan estadía a Roger Waters, también en nombre de Dios y carta documento mediante.
Análisis
La tecnología no reemplaza la voluntad popular
Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.
Por Daniel Ríos
Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.
Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.
Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.
Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.
Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.
La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.
Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.
Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.
La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.
El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano.

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».
Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.
Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.
Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.
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