Conectate con El Argentino

Edición impresa 📰

El reloj, perpetuo carcelero del tiempo

A medida que la eternidad se fue escapando como el agua de las manos, la medición del tiempo necesitó cada vez más del controvertido arte de la minuciosidad.

Publicado hace

#

El-Argentino-Reloj antiguo

Por Manu Campi (@manucampimaier)

La definición de la fe sería algo así como el atributo que comparten las religiones, con notable molestia, sobre el divino regalo de la vida eterna en reinos maravillosos. En ese sentido, no tiene ni la menor importancia que tipo de dios intervenga, siempre y cuando pueda montarse el lomo de la posteridad.

A riesgo de que la maravillosidad termine por defraudar, y para estar algo más seguros, la alquimia y sus mejores alumnos tomaron la posta en la búsqueda de una temporalidad algo más tangible. La necesidad del “elixir de la vida” no propuso más que la vida misma, sin bruto hallazgo, resultase de lo más penosa.

Se entiende por esto que, y a falta de testigos oculares medianamente serios de la tierra prometida, solucionar el delicado asunto de andar muriendo es, fue y será, un asunto de lo más delicado. En el más allá el tema estaría –si se tiene algo de fe– medianamente resuelto, mientras tanto en el más acá, el tiempo corre encerrado en relojes.

A medida que la eternidad se fue escapando como el agua de las manos, la medición del tiempo necesitó cada vez más del controvertido arte de la minuciosidad. Siendo el linaje de estos artesanos, de minúsculas herramientas y paciencia infinita, quien operó entre las sombras detrás de las más elegantes bambalinas, dando sus hijos a las grandes marcas desde la más absoluta clandestinidad.

“Como una sociedad secreta que escapó hábilmente de todo tipo de escrutinio histórico, la vida de los relojeros es un misterio. No tienen universidades, ni clases sociales particulares, no se sabe bien donde viven, de que se alimentan, ni que ropajes visten (…) Sin teorías conspirativas que pongan en evidencia sus artes ocultas, ¿cómo puede ser que sean contadas con los dedos de una mano, aquellas personas que conozcan a uno de ellos? Peor aún, ¿cuántos relojeros caminan entre nosotros, sin develar nunca su identidad?” (No veo la hora. Caldera Grasso, s XIX)

Durante los últimos dos milenios antes de la nueva era, relojes de agua babilonios (clepsidras), pájaros mecánicos griegos –advirtiendo la subida de las mareas–, y de arena egipcios –utilizados hasta bien entrado el s XVI para medir la duración de las misas–, moldearon la percepción social del tiempo y sus necesidades.

Impuesto el calendario gregoriano en 1582, y ante la necesidad de ubicar en tiempo y espacio cada jornada, los relojes de arena fueron cediendo espacio a los grandes campanarios medievales. Las horas canónicas, que marcaban el pulso social entre clérigos y aristócratas, distanciaron a las masas de toda posibilidad de contar con ritmo propio. Cabeza gacha, y al ritmo impuesto por trompetas, campanas y olifantes, se entregaron a un mundo seteado de antemano.

Sin embargo, el corazón de la Edad Media sirvió de boceto de la ideología horaria del mundo moderno con el conflicto horario entre mercaderes y Dios, a la orden del día. El concepto de mercantilismo (s XVI), se refirió a la necesidad de medición del tiempo como un objeto pretencioso de regulaciones y atenciones particulares, pero sin escapar a ciertos inconvenientes.

Las tareas comerciales toman incómoda distancia de las horas canónicas, requiriendo orientación y previsibilidad. El tiempo que conllevan las manufacturas, la duración de los viajes y la fluctuación de los precios en las operaciones, decantan inevitablemente en un control horario cada vez más preciso.

El cristianismo, ni lerdo ni perezoso, dispone su gentileza en orden del dinero mercante. Las horas canónicas entienden que su tiempo termina, y que es mucho más rentable ordenar el dominio social a través del dinero que de la fe.

Las campanas regulan y suenan en los momentos de las transacciones, sirviendo al comercio y al control de la mano de obra. Marcan los turnos de trabajo de los obreros textiles, a quienes se les comienza a fijar horarios de entrada y salida de los talleres. El tiempo, como todo lo que toca la mano humana, termina por corromperse; se convierte en dinero, no pasa ni acontece: se gana, ahorra, se compra y se vende.

La realidad socio-temporal se divide, fracciona, mide y ordena; las tareas bien definidas, con finalidades específicas, sirven a las clases sociales coaccionando así sus conductas. El tiempo, ya matemático, no tardaría en ganarse el apodo de tirano. A fin de cuentas, lo único que se ha conseguido no fue otra cosa que aprender a medirlo.

Si bien algunas fuentes, que varían en forma y tamaño, proponen al reloj como un objeto personal en 1380, el destino quiso que un tal Peter Henlein, alemán, regala al mundo el primer reloj de bolsillo en 1520. Por supuesto que llevar encima ni más ni menos que la propia medición del tiempo, estuvo relegada a quien tuviese los recursos. Con todo, aquellos primeros marcadores no contaban más que con una sola aguja para marcar, de manera más o menos prolija, las horas.

Siglo y pico después, Daniel Quare, en 1690, agregaría la aguja minutero revolucionando el mundo relojero. Conforme los mecanismos iban avanzando, la popularización y la producción en masa terminarían por cimentar al reloj como parte activa de la habitualidad.

Por cierto, cada historia atrapante tiene su consecuente villano: un ser que aterra de solo pensarlo; un nombre que de tan solo mencionarlo obligue a dormir con la luz prendida; alguien común y corriente que quizás viva a la vuelta de la esquina, un buen vecino…

Alguien rodeado de misterio y de facciones dudosas; de altura incierta que, con el paso de los años, tenga dimensiones míticas e imposibles, manos con garras, dientes afilados y sucios de donde la baba no termina de caer nunca. Pero lo cierto es que a falta de héroes que comprometan la resolución del texto, este no es el caso.

Hay un villano, sí, pero este es un mortal del que se conoce bastante y no está rodeado de nada que se le parezca a la literatura fantástica; aunque esto no lo exima de haber inventado uno de los mecanismos más aberrantes de la historia contemporánea: el reloj despertador.

Algunos dicen que su temible obra estuvo movida por el ingenio, otros –la corriente más aceptada– que fue un acto de pura maldad. Lo cierto es que, en 1787, Levi Hutchins, un relojero estadounidense daba vida a su propio Frankenstein ajustando, injerto tras injerto, prueba y error, una pequeña campanilla al costado de su reloj personal. Como tantas otras maldades, el éxito fue rotundo.

La Revolución Francesa tiene ese capricho de enseñarse a través de sus ideales. El Siglo de las Luces y su “declarada finalidad de disipar las tinieblas de la ignorancia de la humanidad mediante las luces del conocimiento y la razón”, da por terminada la Edad Moderna. El casamiento de Carolina Bonaparte, hermana menor de Napoleón, a veinte días del nacimiento del s XIX, tiene una quisquillosa particularidad: el encargo a la reconocida casa de relojes y joyas, Breguet (1775), del primer reloj pulsera: modelo Breguet N.º 2639. En 1869 Patek Phiippe lanza el propio para la condesa Koscowicz. Estos modelos fueron exclusivos para las mujeres, el hombre seguía con el reloj escondido dentro de los bolsillos.

El siglo XX encuentra a Sudáfrica en litigio ajeno; la guerra de los bóeres se debate entre británicos y neerlandeses en dos asaltos: 1880-1881 y 1899-1902. El calor hace imposible a los milicos británicos usar chalecos y el reloj de bolsillo pasa a las muñecas.

Alberto Santos-Dumont es reconocido por haber sido un tipo con mucho dinero, pionero en la aviación, y por encargarle a su amigo personal, Louis Cartier, el primer reloj pulsera para hombres en 1904; por supuesto que para diferenciarlo del de las damas, lo denominaron reloj de correa.

Este modelo fue claramente cuestionado, pero a lo práctico y teniendo en cuenta que estaba reservado el deporte únicamente a los hombres, fue de lo más conveniente. Esta practicidad tomo sentida forma entre los aviadores de las dos guerras mundiales y la facilidad de ver la hora mientras se andaba volando.

Entre marcas y patentes, cuarzos, personajes sobresalientes, mecanismos, cronómetros, y otras cuestiones que no vienen al caso, otras dos mujeres sobresalen en esta historia. En 1927, la nadadora inglesa Mercedes Gleitze atravesó el Canal de la Mancha con un Rolex Oyster y en 1932, la aviadora norteamericana Amelia Earhart cruzó el Atlántico en doce horas con un Omega. La particularidad es que las dos levantaron el ánimo de las pulseras dejando atrás a las correas masculinas. Usar pulsera es desde entonces para cualquiera.

Con todo, el desafío para con el tiempo es una constante histórica en donde son dignos del aplauso, aquellos que ostenten hazañas en la menor cantidad de tiempo posible. Entonces, el tiempo devino en un desafío meramente longitudinal, las distancias toman nota de la necesidad de ir o llegar cuanto antes, obteniendo la inefable sensación de que hacer algo con velocidad está emparentado con la eficacia.

Quien llegue al trabajo siempre temprano es considerado responsable, así la puntualidad se convirtió en confianza, con precio propio. Nadie pregunta si un avión es seguro, sino más bien cuánto tarda en llegar a destino, siendo los pasajes más económicos aquellos que tienen mas escalas. La lista es larga.

El tiempo es longitudinalmente dinero, y es la única manera que encontramos, a fines prácticos, para medirlo y aplicarlo. Sin embargo, trae consigo dos salvedades gratuitas que escapan a regañadientes a nuestra consideración. Nada puede evitar que quien escribe haya nacido un otoño a las 16.25, como tampoco obviar, por más lento que vaya, que en un hospital terminen por escribir la hora de su única muerte.

Análisis

Cuba: ¿en el ojo de la tormenta?

Argentina ¿se une al bloqueo contra Cuba?.

Publicado hace

#

Por Stella Calloni

En un comunicado enviado a sus operadores de turismo este 24 de abril la Empresa Cubana de Aviación, línea aérea de la República de Cuba informa a sus operadores de turismo que debió cancelar vuelos a Buenos Aires porque las empresa proveedoras de combustibles se niegan a proveerla.

“Ante la abrupta negativa de las empresas proveedoras de combustible de aviación en la República Argentina de prestar servicio a la aerolínea Cubana de Aviación, SA y a sus vuelos autorizados por la Administración Nacional de aviación Civil de Argentina (Anac) invocando disposiciones de las medidas de bloqueo de Estados Unidos contra Cuba”, señala el comunicado de esa empresa.

Por esta razón se informa que los vuelos de Cubana “que debían salir entre el 23 y 24 de abril fueron cancelados y la negativa alcanza a otras líneas aéreas contratadas por la empresa para tratar trasladar a los pasajeros afectados impidiendo con ello cumplir los compromisos asumidos por la aerolínea con éstos».

En estos momentos está tratando de lograr cupos en otras líneas aéreas que llegan a Cuba, para trasladar a los pasajeros que tenían previsto retornar a su país el 24 de abril que serán protegidos en la medida en que existan asientos disponibles en otras aerolíneas que poseen rutas aéreas desde Cuba hacia Argentina.

En otro orden se informa que los pasajeros que no hayan iniciado el viaje podrán recibir el cien por ciento del reembolso de su boleto aéreo. Finalmente señalan que las acciones de los proveedores argentinos escapan a toda decisión de Cubana de Aviación.

Resulta imposible no analizar que esto indicaría que el gobierno argentino, que suspendió los vuelos de Aerolíneas Argentinas a la Habana, no permite que Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) provea de combustible a los aviones de Cubana de aviación y toma la decisión de unirse al bloqueo de Estados Unidos de 63 años contra Cuba, un récord de un sitio medieval en la historia de la humanidad, que fue reforzado en 1996 con la Ley Helms Burton de 1996 y profundizado hasta la asfixia con nuevas más de 250 nuevas medidas que fueron decididas durante el gobierno del republicano Donald Trump y sostenidas por el actual gobierno demócrata de Joe Biden.

Seguir leyendo
El Argentino

El Argentino
El Argentino
El Argentino

Las más leídas

Descubre más desde El Argentino Diario

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo