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Opinión

Ahí, donde hay que estar

La movilización popular a Plaza de Mayo volvió a demostrar la masiva presencia en el lugar que nunca se debe perder.

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Por Néstor Llidó

La calle es el lugar y se llena de expresiones genuinas cuando pasas cosas tan extraordinarias, como inexplicables. Una cuestión que debería estar más allá de cualquier pensamiento o postura ideológica. Quisieron matar a la vicepresidenta, la sientas más cerca o lejos de ti.

El atentado a la vida de Cristina Fernández de Kirchner operó como resorte para volver a salir, una vez más, casi sin que nadie convoque, al margen del llamamiento de los partidos políticos u organizaciones sociales.

No hay acto tradicional, ni único o más oradores, tampoco un documento o festival artístico. Sí una necesidad de estar ahí, donde hay que estar, como un mandato que es abstracto y expreso a la vez. La gente va hacia allí, pese a que eso signifique ninguna parte en lo específico.

Forma parte de una sensación/necesidad que a todos y cada uno les surgió en la noche del jueves, al enterarse de la noticia, al ver las imágenes repetidas, al interacturar en redes sedes sociales, a leer, escuchar y mirar sobre lo sucedido hasta la madrugada.

Y entonces, a patear por Avenida de Mayo, la 9 de Julio, las diagonales Sur y Norte, mirando a la Plaza de Mayo. Ese sitio emblemático, donde el pueblo argentino estuvo en cada acontecimiento de esos que marcha una bisagra en la historia contemporánea.

Si la tocan a Cristina, que quilombo se va a armar”, se canta, una y otra vez, transformándose en clamor y garantía de defensa a la líder, a la referente, a la dirigente que es la centralidad política argentina en los últimos años.

Están todos los elementos de cada marcha. Las parrillas al paso para el chori, los vendedores de bebidas y todo lo que se quiera, los carteles individuales, las banderas que identifican, los bombos y esas ganas de entonar los “himnos” de la liturgia peronista.

Hay militancia de la orgánica, hay territorio político, hay esa gente suelta que aporta la mayoría. Y entonces, hay saludos, hay abrazos, hay fotos grupales y selfies, hay encuentros y los comentarios de cualquier índole sobre lo ocurrido con Cristina frente a su casa.

Pero, fundamentalmente, hay unanimidad en ese concepto de “esto nunca pasó en la historia, es el límite” y por lo tanto, el freno ante este hecho no es otro que salir a la calle, donde hay que estar, porque así lo demanda el compromiso ciudadano, pero siempre poniendo el cuerpo, el alma y el corazón.

Análisis

La tecnología no reemplaza la voluntad popular

Daniel Ríos propone reconstruir un proyecto nacional “soberano y planificado”. “Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos”, afirma.

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Por Daniel Ríos

Lejos está, la presente iniciativa, de constituir una visión integral sobre el país que queremos y mucho menos representar a quienes pensamos parecido. Visión que correspondería debiera impulsarse desde las organizaciones que conforman el movimiento nacional y popular de Argentina, y una representación que debemos reconstruir. Sí creo que puede ser un disparador para abordar una discusión transversal y democrática sobre cuestiones que considero urgentes e ineludibles, casi de supervivencia.

Son tiempos de juntarnos con la finalidad de crear escenarios de debate en el seno mismo del Movimiento Nacional y Popular, para que, cuando se presente la oportunidad de accionar, nos encuentre preparados, que no nos tome por sorpresa.

Debemos reconstruir esa capacidad de representación de las mayorías populares con propuestas simples, directas, de sentido común, al alcance de todos y todas. Solo se trata de escucharnos, para poder debatir, si nos hacemos cargo de abordar con coraje la construcción de un gran frente nacional, un gran pacto social, político, económico, científico y cultural que, por el momento, todavía parece lejano.

Mientras tanto, esta nueva versión de la crisis mundial, evidenciada por la polarización de las ideas y la concentración de la riqueza, nos encuentra a los argentinos transitando, en forma históricamente reiterada, otra nueva versión de la entrega de nuestra soberanía por parte de los viejos y conocidos liberales que no quieren el desarrollo del país, empujándonos hacia la desintegración nacional.

Como casi todos, ignoro cuándo y cómo termina, aún así, descarto correrme de esta realidad, ocultarme, hacerme el distraído, resignarme, o militar un silencio cómplice. En cambio, elijo hacerme cargo de proponer ideas para una nueva convivencia con la intención de contribuir a recrear las reglas de un nuevo Estado de Bienestar.

La Tecnología, creada por el hombre, no es, ni será sustituto de la voluntad popular. Se equivocan los que piensan que somos la última generación dorada que alguna vez tuvimos las rodillas raspadas. La juventud es maravillosa y es con ellos.

Es por esto que estoy dispuesto a compartir algunos ejes o algunos lineamientos del modelo que abrazo y aportarlos para una experiencia de construcción colectiva, como creo que debe ser, con el objetivo de definir hacia dónde queremos ir, y cómo hacerlo, evitando la improvisación que casi siempre nos impone la urgencia del cronograma electoral y la falta de humildad de la dirigencia, en general.

Una propuesta sólida, representativa de los intereses del pueblo y de la Nación Argentina, de la presente y de la futura, debe basarse en un profundo análisis de la situación actual del país y del contexto internacional, y es precisamente por esto último que resulta imprescindible un diagnóstico preciso, sobre esos problemas que parecen reiterados e insuperables, problemas estructurales que se van reinventando, en materia política, económica, educativa, productiva, etc., etc.

La vertiginosa realidad mundial nos debe hacer pensar, minuto a minuto, el país que queremos para nosotros y para las generaciones futuras. Planificar, accionar, verificar, corregir y volver a planificar podría ser el método normal, la práctica instalada. Planear estratégicamente mal puede considerarse como un fin en sí mismo, simplemente es el camino obligado de una inteligente gestión de lo público.

El oficio y la intuición son útiles, pero ya insuficientes, necesitamos definir, colectivamente, objetivos claros, alcanzables, de mediano y largo plazo, y definir una hoja de ruta estructurada que apuntale un plan de desarrollo armónico, territorialmente equilibrado, gradual, sostenible y soberano. 

ARSAT, el primer satélite geoestacionario argentino y prueba de nuestra vocación activa en el desarrollo aeroespacial, largamente saboteado, interrumpido y reducido por administraciones obedientes al llamado «consenso de Washington».

Si “la unión hace la fuerza” no queda otra que unirnos para lograrlo. Hacer nuestros mejores aportes es la actitud militante que debemos tener todos aquellos que pensamos parecido, todos aquellos que nos sentimos con las ganas y la responsabilidad de contribuir para definir el modelo de país que deseamos.

Solo tenemos que juntarnos los de “este lado”, ampliamente hablando, y asumir el coraje de abordar el diseño de un nuevo modelo, desechando prácticas, creencias y discursos perimidos que, en gran medida, nos trajeron hasta acá. Si nos dejamos ganar por la inercia tal vez hoy pueda ser el principio del fin.

Propongo girar 180º o seguir fracasando. Así no va más. Juntémonos, es una oportunidad para empezar de nuevo, ya que no empezamos de cero. Supimos cruzar los Andes para liberar pueblos, hagámoslo de nuevo.

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