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Análisis

Hecha la ley, hecha la trampa

La utilización de los teléfonos celulares por parte de los presos en las cárceles generó polémica a partir de registrarse una serie de delitos, como las estafas virtuales, además del denunciado manejo que siguen realizando los jefes narcos desde los lugares donde cumplen sus condenas.

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Por Néstor Llidó

En las unidades penales dependientes del Servicio Penitenciario Bonaerense, se autorizaron los celulares y, ante la crisis sanitaria por la pandemia del coronavirus, se extendió la tenencia de los aparatos entre la población de privados de la libertad, lo que fue generando algunas situaciones más que irregulares.

Con un Protocolo que rige su uso, se pone en práctica el viejo refrán que dice que “hecha la ley, hecha la trampa” y entonces surgen, por ejemplo, hasta amenazas a los familiares de las víctimas por las cuales cumplen sus condenas. Días atrás, dos ex policías que empezaron a cumplir las penas por aplicación de torturas y la muerte de un joven, ocurrida en febrero de 2008 en la localidad de Ramos Mejía, violaron la norma, ya sea con publicaciones en redes sociales o intimidaciones.

Por el crimen de Gastón Duffau, cinco efectivos de la Policía bonaerense fueron condenados a perpetua, luego de dos polémicas absoluciones y se ordenó que, definitivamente, vayan a la cárcel, aunque 14 años más tarde. Se trata de los entonces oficiales Rubén Darío Steingruber, Mauro Adrián Ponti y Luis Alberto Acuña, Leonardo Ezequiel Brandan y Natalio De Nardis.

Mariano Duffau, el hermano de la víctima y quien reside en Centroamérica, denunció que dos de los ahora detenidos gozan de “ciertos beneficios” en sus lugares de encierro.

“Monti ha publicado fotos suyas en las redes sociales, cuando hacía ejercicios físicos en gimnasios y hasta saludando a su novia en el día de su cumpleaños, cuando se sabe que los celulares en las cárceles está restringido al uso de comunicaciones con sus familiares por teléfono o vía WhatsApp”, la dijo a EL ARGENTINO.

Y más grave aún es lo que ha ocurrido, con el también ex policía Acuña, que además de utilizar sus redes sociales, cuestionando al Poder Judicial, protagonizó un intercambio de mensajes, donde se encargó de amenazar de muerte al hermano de Gastón Duffau. “Es inaceptable que pasen estas cosas, que nadie los controle, que exista este poder corporativo, donde esta gente está presa y siga violando la ley”, señala.

Un ejemplo de circunstancias que se dan y se repiten, más allá de que puedan trascender, tomar estado público. De todas maneras, una gran mayoría que cuenta con estos dispositivos “cumplen” con las normas, más allá de un sistema de control penitenciario siempre cuestionado y las sospechas de una “flexibilización”, no exenta de “ciertos favores que nunca son gratuitos”. Forman parte de un sistema de “corrupción estructural”, donde se paga con sumas de dinero y o se “canjea”.

Dispositivos en las celdas

Si bien no hay estadísticas oficiales, pero si un registro que se va actualizando, la casi totalidad de la población carcelaria alojada en unidades del Servicio Penitenciario Bonaerense cuenta, hoy por hoy, con celulares que deberían ser utilizados con exclusividad para contactarse con sus familiares y allegados, para hablar y hasta poder instalar la aplicación WhatsApp. Atrás quedaron esas épocas en que los presos solo hablaban por los teléfonos fijos de los pabellones, sobre todo a partir de la pandemia por el Covid-19.

Numerosas investigaciones penales han dado cuenta en los últimos tiempos del manejo de personas privadas de la libertad de sus celulares para continuar “comandando desde la cárcel” a bandas de delincuentes o para seguir cometiendo ilícitos tales como las estafas virtuales. En las cárceles del Servicio Penitenciario Federal, el uso de los teléfonos móviles no están permitidos, pero que los hay, los hay…El secuestro de aparatos al líder de la narcobanda rosarina Los Monos no es más que un botón de muestra.

También que no solo se usan los aparatos (que deben estar anotados a su nombre o de un familiar que opera como “garante/responsable”) para hablar y mandar mensajes por WhatsApp que son las acciones autorizadas, sino también para subir publicaciones a las redes sociales, en una práctica que está expresamente prohibida en la normativa que autoriza.

El Protocolo para el Uso de Teléfonos Celulares de Personas Privadas de la Libertad en las unidades del SPB se redactó con el inicio del aislamiento por la pandemia del Covid-19 ante la imposibilidad de recibir visitas y luego se extendió en el tiempo sin mayores modificaciones. Tuvo y tiene como objetivo el contacto “sus familiares y afectos” y se presume que todo bajo un estricto registro de los aparatos, más el seguimiento de su uso a tales efectos.

La reglamentación determina que los celulares no se pueden usar en pabellones, patios o lugares de recreación y/o estudios. También que en caso de infringir este “reglamento” serán pasible de la incautación del aparato.

RECUADRO
El Caso Gastón Duffau

Los cinco efectivos de la comisaría de Ramos Mejía que, en febrero de 2008 detuvieron en un irregular procedimiento y aplicaron torturas del joven Gastón Duffau hasta provocarle la muerte, fueron condenados a prisión perpetua, pero recién ahora, luego de varios años de realizado el juicio, se ordenó que vayan a la cárcel.

Tres de ellos ya están alojados en distintas dependencias del Servicio Penitenciario Bonaerense, como la Unidad Penal de Ituzaingó, tales como Rubén Darío Steingruber, Mauro Adrián Ponti y Luis Alberto Acuña. En tanto, Leonardo Ezequiel Brandan y Natalio De Nardis, nunca se presentaron a cumplir la orden judicial y continúan prófugos.

El 22 de febrero de 2008, cuando Gastón Duffau (de entonces, 34 años) concurrió al McDonald’s de la avenida Rivadavia, en la zona céntrica de Ramos Mejía, discutió con el personal de seguridad por motivos nunca esclarecidos. Ante esa situación, se llamó a la policía y efectivos de la comisaría 2da de La Matanza lo redujeron a golpes, lo esposaron y lo subieron a la caja de una camioneta patrullero.

Ya en la seccional, le aplicaron apremios ilegales, que derivaron en lesiones y su fallecimiento en el traslado al Hospital de Haedo, dando marco a una causa por este episodio de violencia institucional.

Análisis

El Nobel de Economía para dos neokeynesianos: una ironía para Milei

La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Robert Hall, de Stanford, y a Michael Woodford, de Columbia, por desarrollar los modelos que hoy usan los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico. El galardón consagra al paradigma neokeynesiano como herramienta central de la política económica contemporánea, en las antípodas del credo libertario que profesa el presidente argentino.

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El Argentino Diario-Premio Nobel de Economía.
Mientras Milei destruye el Estado, el Nobel galardona a quienes demuestran que el Estado es la solución, no el problema.

Dos economistas formados en la tradición keynesiana se llevaron este lunes el Premio Nobel de Economía 2026. Robert Hall, de 83 años, y Michael Woodford, de 71, fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por construir los marcos teóricos que permitieron a los bancos centrales y los ministerios de finanzas de todo el mundo sincronizar políticas monetarias y fiscales para amortiguar los vaivenes del ciclo productivo. El premio corona décadas de investigación que colocaron al Estado como actor indispensable en la estabilización económica, un principio radicalmente opuesto al dogma que guía la gestión de Javier Milei en la Argentina.

Hall se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Woodford, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. El titular del Comité evaluador, John Hassler, subrayó a través de un comunicado que las investigaciones de ambos aportaron «una base teórica estable» para que las autoridades económicas contemporáneas puedan sortear con mayor eficacia turbulencias externas como shocks energéticos o variaciones bruscas en las pautas de consumo hogareño.

Microeconomía al servicio de la macro

El aporte central de Hall y Woodford fue construir el paradigma neokeynesiano desde abajo hacia arriba: en lugar de analizar la economía como un bloque desde una perspectiva panorámica, sus modelos se asientan en decisiones individuales de millones de hogares y empresas. Ese cambio de enfoque generó una reconfiguración de paradigmas que hoy es el estándar de los bancos centrales más influyentes del planeta.

La hipótesis de Hall, presentada en un artículo de 1978, sostuvo que los cambios en el consumo no pueden predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Ese hallazgo resultó fundacional para la investigación moderna sobre el comportamiento del consumidor. Por su parte, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a las perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda: una escasez de materias primas, un avance tecnológico que abarate la producción, una buena noticia sobre el futuro que impulse el consumo, o la noticia contraria. En todos esos casos, la política de estabilización, ya sea monetaria o fiscal, puede restablecer el equilibrio. La conclusión implícita es que el Estado no es el problema, sino parte de la solución.

El Nobel que Milei no puede ignorar

El galardón llega en un momento de singular elocuencia. Mientras el gobierno de Javier Milei profesa el achicamiento del Estado, el recorte del gasto público y la desregulación como mandatos irrefutables, la academia internacional que evalúa los avances del pensamiento económico eligió premiar precisamente lo opuesto: la demostración científica de que la intervención estatal inteligente, coordinada y basada en evidencia, reduce el sufrimiento de las personas durante las crisis. El premio no es solo un reconocimiento académico; es un mapa de lo que la ciencia económica global considera la frontera del conocimiento.

La tensión no es nueva en la historia del Nobel de Economía. En 2024, el galardón fue para investigadores de la desigualdad; en años anteriores se premió el análisis de las crisis financieras y el mercado laboral. La secuencia consolida una tendencia: la academia sueca premia la complejidad institucional antes que la pureza ideológica del mercado libre.

Una distinción con historia propia

El Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel, su nombre formal, fue instaurado en 1968 por iniciativa del Sveriges Riksbank para conmemorar su tricentenario. No fue creado por Alfred Nobel en su testamento original, a diferencia de los galardones en Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Su primera edición tuvo lugar en 1969, con el reconocimiento a los pioneros Ragnar Frisch y Jan Tinbergen. La dotación monetaria es equiparable al resto de las disciplinas tradicionales del Nobel.

Lo que tenés que saber

  • Robert Hall (Stanford, 83 años) y Michael Woodford (Columbia, 71 años) ganaron el Premio Nobel de Economía 2026.
  • Fueron distinguidos por desarrollar los modelos neokeynesianos que usan hoy los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico.
  • La hipótesis de Hall sobre el consumo data de 1978; el modelo de Woodford permite responder a perturbaciones de oferta y demanda con política de estabilización.
  • El premio consagra la intervención estatal coordinada como herramienta científicamente válida, en contradicción directa con la doctrina económica del gobierno de Milei.
  • El galardón fue creado en 1968 por el Sveriges Riksbank; su primera edición fue en 1969.
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