Análisis
Ese plan de estabilización del que habla, ¿está entre nosotros?
Asistimos a una clásica receta liberal de disparar el tipo de cambio para inducir una recesión y acompañar ese movimiento con devaluaciones mensuales (crawling peg) menores a la inflación del mismo mes configuraron “el plan de estabilización”. No hay tal estabilización toda vez que, para lograrlo no solo se impuso la versión aggiornada de la Tablita de Martínez de Hoz en un contexto de una economía con controles de cambios
Martín Epstein*
El escándalo mundial originando en la estafa con $Libra del cual el presidente Javier Milei es partícipe necesario eclipsó gran parte de los análisis y discusiones económicas de los últimos 10 días. Motivos sobran, e indudablemente seguirán apareciendo eslabones de una cadena de responsabilidades que tendrán su correlato en el sistema judicial (local e internacionalmente) y en el mundo de la política. Pero intentando correr el velo, se pueden leer algunos elementos de una política económica que muestra signos de desgaste apenas un año después de haberse empezado a implementar.
Aunque parece de otra época, antes del cripto-gate el debate económico giraba en torno al atraso (o no) del tipo de cambio. El encarecimiento de la economía argentina en dólares fue cobrando fuerza desde enero 2024, y se sostuvo a lo largo de todo el año. Clásica receta liberal de disparar el tipo de cambio para inducir una recesión y acompañar ese movimiento con devaluaciones mensuales (crawling peg) menores a la inflación del mismo mes configuraron “el plan de estabilización”. No hay tal estabilización toda vez que, para lograrlo no solo se impuso la versión aggiornada de la Tablita de Martínez de Hoz en un contexto de una economía con controles de cambios y restricciones que, nobleza obliga, no impuso Milei ya que son herencia del gobierno de Macri.
Tres indicadores confirman el atraso: el indice de tipo de cambio real multilateral da cuenta de una apreciación del peso consistente con la política monetaria de Caputo; en segundo lugar, el aumento acelerado de la importación de bienes de consumo; en tercer término, la balanza turística aceleró fuere su déficit, ubicando al mes de enero 2025 como el peor mes desde 2018.
Si con eso no alcanzara, el intento por anclar las expectativas inflacionarias con el dólar esta costando más de 20.000 millones para controlar la brecha entre el tipo de cambio oficial y los financieros (cosa que suele disparar escalada de precios cuando se descontrola). Y en sintonía está la búsqueda de acelerar la liquidación de dólares del agro con incentivos de plazo que acerquen más divisas. Pero además, en una comunicación reciente, el Banco Central anunció una medida tan esperada por los sectores financieros como polémica y problemática: desde ahora, los bancos privados están autorizados a dar créditos a empresas y personas en dólares. Algo de esto ya pasaba, pero con una restricción: sólo quienes demuestren capacidad de repago por cobrar en dólares podían acceder. Esta medida macro prudencial que limitaba el endeudamiento de privados en dólares se impuso tras el colapso del programa neoliberal de los 90 cuando en diciembre de 2001 estalló la convertibilidad.
Todo lo que estamos viendo, con los matices lógicos de época y algunos personajes centrales (no todos ya que varios se repiten) no es otra cosa que una reversión de las experiencias de apertura, desregulación, atraso cambiario para armar la ficción de una economía con alta capacidad de consumo en dólares. Esa es la ‘fiesta’ que siempre nos quieren explicar tenemos que pagar, una pensada para pocos, con el debilitamiento del entramado productivo, el empleo y las condiciones de vida de las grandes mayorías.
A modo de spoiler alert: esta película siempre terminó mal, con una crisis de balanza de pagos, escasez de divisas que le pongan a la actividad y de la cual se salió cada vez que se produjo con una transferencia de ingresos vía devaluación y confiscación de ahorros.
*Politólogo y Analista Económico del Centro de Economía Política Argentina (CEPA)
Análisis
El Nobel de Economía para dos neokeynesianos: una ironía para Milei
La Real Academia Sueca de Ciencias distinguió a Robert Hall, de Stanford, y a Michael Woodford, de Columbia, por desarrollar los modelos que hoy usan los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico. El galardón consagra al paradigma neokeynesiano como herramienta central de la política económica contemporánea, en las antípodas del credo libertario que profesa el presidente argentino.
Dos economistas formados en la tradición keynesiana se llevaron este lunes el Premio Nobel de Economía 2026. Robert Hall, de 83 años, y Michael Woodford, de 71, fueron distinguidos por la Real Academia Sueca de Ciencias por construir los marcos teóricos que permitieron a los bancos centrales y los ministerios de finanzas de todo el mundo sincronizar políticas monetarias y fiscales para amortiguar los vaivenes del ciclo productivo. El premio corona décadas de investigación que colocaron al Estado como actor indispensable en la estabilización económica, un principio radicalmente opuesto al dogma que guía la gestión de Javier Milei en la Argentina.
Hall se desempeña en la Universidad de Stanford, en California; Woodford, en la Universidad de Columbia, en Nueva York. El titular del Comité evaluador, John Hassler, subrayó a través de un comunicado que las investigaciones de ambos aportaron «una base teórica estable» para que las autoridades económicas contemporáneas puedan sortear con mayor eficacia turbulencias externas como shocks energéticos o variaciones bruscas en las pautas de consumo hogareño.
Microeconomía al servicio de la macro
El aporte central de Hall y Woodford fue construir el paradigma neokeynesiano desde abajo hacia arriba: en lugar de analizar la economía como un bloque desde una perspectiva panorámica, sus modelos se asientan en decisiones individuales de millones de hogares y empresas. Ese cambio de enfoque generó una reconfiguración de paradigmas que hoy es el estándar de los bancos centrales más influyentes del planeta.
La hipótesis de Hall, presentada en un artículo de 1978, sostuvo que los cambios en el consumo no pueden predecirse porque dependen de información nueva e impredecible. Ese hallazgo resultó fundacional para la investigación moderna sobre el comportamiento del consumidor. Por su parte, el modelo de Woodford permitió responder de forma más eficaz a las perturbaciones que alteran el equilibrio entre oferta y demanda: una escasez de materias primas, un avance tecnológico que abarate la producción, una buena noticia sobre el futuro que impulse el consumo, o la noticia contraria. En todos esos casos, la política de estabilización, ya sea monetaria o fiscal, puede restablecer el equilibrio. La conclusión implícita es que el Estado no es el problema, sino parte de la solución.
El Nobel que Milei no puede ignorar
El galardón llega en un momento de singular elocuencia. Mientras el gobierno de Javier Milei profesa el achicamiento del Estado, el recorte del gasto público y la desregulación como mandatos irrefutables, la academia internacional que evalúa los avances del pensamiento económico eligió premiar precisamente lo opuesto: la demostración científica de que la intervención estatal inteligente, coordinada y basada en evidencia, reduce el sufrimiento de las personas durante las crisis. El premio no es solo un reconocimiento académico; es un mapa de lo que la ciencia económica global considera la frontera del conocimiento.
La tensión no es nueva en la historia del Nobel de Economía. En 2024, el galardón fue para investigadores de la desigualdad; en años anteriores se premió el análisis de las crisis financieras y el mercado laboral. La secuencia consolida una tendencia: la academia sueca premia la complejidad institucional antes que la pureza ideológica del mercado libre.
Una distinción con historia propia
El Premio de Ciencias Económicas del Banco de Suecia en memoria de Alfred Nobel, su nombre formal, fue instaurado en 1968 por iniciativa del Sveriges Riksbank para conmemorar su tricentenario. No fue creado por Alfred Nobel en su testamento original, a diferencia de los galardones en Física, Química, Medicina, Literatura y Paz. Su primera edición tuvo lugar en 1969, con el reconocimiento a los pioneros Ragnar Frisch y Jan Tinbergen. La dotación monetaria es equiparable al resto de las disciplinas tradicionales del Nobel.
Lo que tenés que saber
- Robert Hall (Stanford, 83 años) y Michael Woodford (Columbia, 71 años) ganaron el Premio Nobel de Economía 2026.
- Fueron distinguidos por desarrollar los modelos neokeynesianos que usan hoy los bancos centrales para estabilizar el ciclo económico.
- La hipótesis de Hall sobre el consumo data de 1978; el modelo de Woodford permite responder a perturbaciones de oferta y demanda con política de estabilización.
- El premio consagra la intervención estatal coordinada como herramienta científicamente válida, en contradicción directa con la doctrina económica del gobierno de Milei.
- El galardón fue creado en 1968 por el Sveriges Riksbank; su primera edición fue en 1969.
-
Boxeo2 díasEl Roña Castro murió tras descompensarse en el Bingo de Morón: investigan las causas
-
Fútbol & Goles!2 díasMucha posesión, poco arco: por qué Boca no pudo con Vasco ni con un hombre de más
-
CABA2 díasMano dura como bandera: Jorge Macri suma 600 policías y se burla de sus críticos
-
Papa León XIV2 díasEl Gobierno sostiene el operativo por León XIV pese al diagnóstico del Papa
-
Papa León XIV2 díasLeón XIV despertó lúcido tras la cirugía y el Gobierno se aferra a la visita
-
Elecciones10 horasBrasil en empate técnico: Flávio Bolsonaro saca dos puntos y el miedo se reparte
-
Servicios6 díasEl Sarmiento vuelve recién el martes, el servicio estará suspendido tres días por obras
-
Alimentación2 díasLas canastas subieron 40% interanual y el salario mínimo no alcanza: los datos del INDEC que Milei no muestra
