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Análisis

Buscan derogar la Ley de impedimento de contacto que criminaliza a las madres

La diputada Mónica Macha, que presentó el proyecto para derogar la ley, aseguró que la normativa «se utiliza para castigar a las madres que llevan adelante denuncias de abuso sexual en defensa de sus hijes, con la consecuencia de que ellas terminan privadas de su libertad y el niño revinculado forzosamente con el adulto que lo abusó».

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Por Mara Alicia Alvado

El nuevo proyecto de ley fue elaborado en el marco de la Mesa Contra el Abuso Sexual a Niñxs y Adolescentes que integran más de cincuenta organizaciones.

Legisladoras, madres protectoras y organizaciones que luchan contra la violencia sexual a niñas y niños presentaron un proyecto para derogar la ley de Impedimento de Contacto vigente desde 1993, por considerar que se utiliza para criminalizar a quienes acompañan a las víctimas en sus denuncias de abuso intrafamiliar y ordenar revinculaciones forzadas con los agresores.

«Esta ley se utiliza para castigar a las madres protectoras que llevan adelante denuncias de abuso sexual en defensa de sus hijes, con la consecuencia de que ellas terminan privadas de su libertad y el niño revinculado forzosamente con el adulto que lo abusó», dijo la diputada Mónica Macha, que presentó el proyecto.

Daniela Dosso, madre protectora e impulsora de la campaña ‘Alerta por Martín’, explicó que en muchas ocasiones la imputación del delito de «impedimento de contacto» por parte de una expareja «logra poner al victimario a la par de la mujer que lo denunció, que lo único que quiere es proteger al hijo».

Por Pablo Blasberg.

Cuando a una denuncia de abuso sucede una contradenuncia por impedimento de contacto y la Justicia ordena el restablecimiento del régimen de visitas, algunos jueces y juezas suelen basar su decisión en el inexistente Síndrome de Alienación Parental (SAP), un constructo desestimado por la Organización Mundial de la Salud y el manual DSM-V de la Asociación Americana de Psiquiatría.

Además, contra el SAP se expresó de manera contundente la Secretaría Nacional de Niñez, Adolescencia y Familia (Senaf) y 85 referentes en temas de infancia.

«Frente a las denuncias de abuso sexual de niñas, niños y adolescentes, una parte importante del Poder Judicial procede de formas que resultan en el encubrimiento de ese abuso», dijo Macha, quien remarcó que «se aplica el inexistente SAP -que no tiene basamento científico ni psiquiátrico- y se recurre al argumento de ‘implantación de falsas memorias'».

«Backlash», una embestida contra profesionales

En paralelo a esto, pero obrando en el mismo sentido, «aparece el ‘backlash’ que es una embestida de ese sector del Poder Judicial contra profesionales que certifican el abuso», añadió.

Esto ocurre con profesionales de la medicina, la psicología o la psiquiatría, quienes ven peligrar su matrícula y son sometidos a procedimientos judiciales como el allanamiento de sus consultorios o la propia imputación penal, tal como denunciaron en reiteradas oportunidades.

«En este contexto, decimos que es necesario derogar la ley de Impedimento de Contacto porque plantea que aquella madre o padre que corta el contacto (porque su hija o hijo reveló abusos) incurre en un delito, terminando imputadas y hasta detenidas», apuntó la legisladora.

¿Qué sanciona la Ley de Impedimento de Contacto?

Sancionada el 3 de noviembre de 1993 a instancias de la Asociación de Padres Alejados de sus Hijos (Apadeshi), la ley 24.270 incorporó al Código Penal dos nuevos delitos: la obstrucción de contacto de menores de edad con sus padres no convivientes y la mudanza del domicilio del hijo o hija sin autorización judicial.

La norma prevé una pena de prisión de un mes a un año para aquel «padre o tercero que impidiere u obstruyere el contacto de menores de edad con su padre no conviviente», sanción que se ve agravada con la escala de 6 meses a tres años «en caso de un menor de 10 años» o con discapacidad.

Las mismas penas recaerán sobre «el padre o tercero que para impedir el contacto del menor con el padre no conviviente, lo mudare de domicilio sin autorización judicial».

Las críticas surgidas ya en el debate parlamentario de esta ley se fortalecieron durante estos 30 años de vigencia y la propia Defensoría General de la Nación se expresó por su derogación.Esos cuestionamientos señalan que «profundiza los conflictos», que está dirigida a «criminalizar a las mujeres», que funciona en tándem con el inexistente SAP, que puede ser utilizada como una «prolongación de las violencias preexistentes» tanto en la madre como en el hijo o hija, y que es discriminatoria porque no prevé que el progenitor no conviviente pueda incurrir en el mismo delito.

El nuevo proyecto de ley

El nuevo proyecto de ley presentado a comienzos de septiembre fue elaborado en el marco de la Mesa Contra el Abuso Sexual a Niñxs y Adolescentes que integran más de cincuenta organizaciones, como la Asociación Mujeres Juezas Argentina (AMJA), Actrices Argentinas, APDH, Casa Fusa, FEIM, Shalom Bait e Infancias Libres de Violencias.

«Mi hijo Martín me contó sobre los abusos en febrero de 2021, a los siete años. Apenas hago la denuncia, me pasa lo mismo que todas: el juez no dispone una medida de protección de mi hijo y como el progenitor lo quería venir a buscar, yo me tuve que exiliar de mi casa», contó Dosso.

La perimetral salió más de dos semanas después, cuando ella hizo intervenir a la Oficina de Violencia Doméstica de la Corte, pero para entonces su expareja ya le había hecho una contradenuncia por impedimento de contacto y falsedad ideológica.

«Algunos jueces usan esta ley como herramienta para dejar a la mujer como victimaria y generar un escenario de paridad de condiciones con dos imputados, papá por abuso y mamá por impedimento de contacto»Daniela Dosso.

Además, el cuerpo médico forense dijo en su informe que «no ve signos de abuso siendo que en las fotos se ven perfectas las lesiones», y cuando un mes después se disponen nuevas pericias que dan cuenta de esas huellas, el agresor es sobreseído con el argumento de que el niño no pudo señalarlo como su victimario en las entrevistas de Cámara Gesell.

«Entonces él me denuncia a mí por abuso sexual de mi hijo. Pero con la campaña ‘Alerta por Martín’ lo que logramos fue recusar al juez, que se revoque el sobreseimiento del imputado y se reactive la investigación penal», contó.

Mientras tanto, el niño sigue con Daniela y está vigente «una medida de protección contra el agresor mientras dure el proceso de instrucción» que según la mujer ya acumula pruebas «para llamarlo a indagatoria, procesarlo y elevarlo a juicio oral».

Gilda Morales denunció que su hijo era abusado por el padre, y ahora no lo puede ver porque está bajo la guarda del abusador.Otros casos paradigmáticos son el de Gilda Morales -que pasó dos meses en prisión y no tiene contacto con su hijo desde hace dos años- o el de la niña Sol que está al cuidado de la madre de su abusador mientras que su mamá tiene impedimento judicial para tener contacto con ella.

«Algunos jueces usan esta ley como herramienta para dejar a la mujer como victimaria y generar un escenario de paridad de condiciones con dos imputados, papá por abuso y mamá por impedimento de contacto. Se ofrece así la posibilidad de resolver el conflicto de manera salomónica: sobreseer a papá porque no hay pruebas -que sí las hay, pero las encubren- y también a mamá dejando a la víctima totalmente desprotegida«, añadió Dosso.

En otros casos, «el resultado final de esta receta siniestra es aún peor porque el agresor termina sobreseído pero a ella le quitan la tenencia porque ‘es una madre toxica«, insistió.

«Si nosotros logramos derogar esta ley, para otras instancias habrá que pensar cómo se interviene en esas situaciones (de conflicto sobre el régimen de visitas), pero no es penalizando así, máxime cuando se utiliza de esta forma y termina siendo un arma contra las madres protectoras«, concluyó Macha.

Elecciones

¿Qué significa ser leales?: el pueblo vuelve a salir a buscar su propia historia

A 81 años de la jornada que parió al peronismo, el Día de la Lealtad llega con Cristina presa, un Gobierno que desprecia al Congreso y a la Justicia, y un feminismo que eligió la Ciudad de Buenos Aires para su Encuentro de 2027. La lealtad hoy tiene un nombre: organizarse para que Milei pierda.

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El 17 de octubre de 1945, miles de trabajadores y trabajadoras cruzaron el Riachuelo, se lavaron los pies en las fuentes de la Plaza de Mayo y torcieron el rumbo de un país que hasta entonces decidía sin ellos.

No esperaron que nadie les concediera nada. Ese día el pueblo dejó de esperar y salió a buscar su propia historia. Ochenta y un años después, la fecha vuelve a interpelarnos con una pregunta urgente: qué significa ser leales cuando la democracia, los derechos y la propia identidad popular están bajo ataque.

Este Día de la Lealtad no es uno más. Llega con Cristina Fernández de Kirchner, dos veces presidenta de la Nación, cumpliendo prisión domiciliaria tras una condena que representa el fruto más acabado del lawfare de Comodoro Py; con un Gobierno nacional que gobierna por decreto y desprecia la división de poderes; y a menos de un año de unas elecciones presidenciales que definirán si la Argentina sigue por el camino del ajuste, el odio y la crueldad, o si recupera un horizonte de justicia social.

Una lealtad que se conjuga en presente

Este sábado, en el Polideportivo Juan Domingo Perón de González Catán, en La Matanza, el gobernador bonaerense Axel Kicillof encabezó el acto central del PJ provincial junto a la vicegobernadora Verónica Magario y el intendente Fernando Espinoza. “Acá estamos, querían callarnos y acá estamos, recordando a Evita y Perón en La Matanza, que es la capital del peronismo”, dijo ante la multitud.

El gobernador recordó que aquella gesta “le dio voz a los que no tenían voz, les dio derechos y participación política a los que estaban marginados y excluidos”, sostuvo que Cristina “está injustamente presa por defender nuestras banderas” y planteó el desafío que atraviesa a todo el campo popular: “La lealtad con el pueblo es construir una alternativa que el año que viene termine con esta pesadilla que nos gobierna”. También dejó una definición que debería ordenar el debate de los próximos meses: “Sin justicia social no hay libertad verdadera: hay privilegios, hay explotación y desigualdad. Eso no es libertad”.

Un Gobierno que no respeta la democracia

Desde el primer día, Javier Milei eligió gobernar contra las instituciones. Inauguró su gestión con el DNU 70/2023, un megadecreto que pretendió derogar y modificar centenares de normas sin pasar por el Congreso.

Intentó designar por decreto a dos jueces de la Corte Suprema, Ariel Lijo y Manuel García Mansilla, salteando el acuerdo del Senado, que finalmente rechazó ambos pliegos en abril de 2025.

Vetó la ley de financiamiento universitario y la emergencia en discapacidad, y obligó al Poder Legislativo a insistir con dos tercios para defender lo que la sociedad ya había defendido en las calles.

Llamó al Congreso “nido de ratas” y llegó a decir que “no odiamos lo suficiente a los periodistas”.

No se trata de exabruptos aislados, sino de un método: degradar a los otros poderes para concentrar el poder en uno solo. Cuando un presidente trata al Parlamento como un estorbo, a la Justicia como una herramienta y a la prensa crítica como un enemigo, lo que está en juego no es una gestión de gobierno, sino la propia arquitectura republicana que tanto dicen defender quienes lo votaron por odio al peronismo.

El odio como herramienta, el antiperonismo como tradición

El antiperonismo no nació con Milei. Tiene una genealogía sangrienta: el bombardeo a la Plaza de Mayo en junio de 1955, el golpe de septiembre de ese año, el decreto 4161 de 1956 que prohibió siquiera pronunciar el nombre de Perón y dieciocho años de proscripción del movimiento mayoritario del país. Cada vez que las élites no pudieron derrotar al peronismo en las urnas, intentaron borrarlo por la fuerza, por decreto o por los tribunales.

Lo nuevo es la escala y el tono. El discurso libertario convirtió el odio en política de Estado: contra los “kukas”, contra los “zurdos”, contra las feministas, contra la diversidad, contra los trabajadores estatales y los jubilados que reclaman. Ese clima no es inocuo. En septiembre de 2022, Cristina sobrevivió a un intento de asesinato frente a su casa, porque el arma no se disparó. Las palabras que deshumanizan preparan el terreno para la violencia que mata, y una democracia que naturaliza el odio termina pagando ese precio.

Las mujeres y disidencias van al centro del poder

Hace apenas cinco días, el 12 de octubre, terminó en Córdoba el 39° Encuentro Plurinacional de Mujeres, Lesbianas, Travestis, Trans, Bisexuales, Intersexuales y No Binaries, con más de 150.000 participantes y un centenar de talleres. En el acto de cierre, por decisión unánime, la Ciudad Autónoma de Buenos Aires fue elegida como sede del 40° Encuentro en 2027. No es un dato menor: el primer Encuentro Nacional de Mujeres se realizó en esa misma ciudad en 1986. Cuatro décadas después, el feminismo vuelve al lugar donde nació, en pleno año electoral, para hacerse oír frente a la Casa Rosada.

La ministra de Mujeres bonaerense, Estela Díaz, lo resumió así: “Es una demostración de que se puede convivir en un espacio con sectores con los que se tienen muchísimas diferencias, construyendo una fuerza para confrontar electoralmente en el 2027”. Esa es exactamente la lección que el campo popular necesita aprender: la unidad en la diversidad no es una consigna, es una condición para ganar.

Las razones para movilizarse sobran. Este Gobierno desmanteló el Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, su ministro de Justicia anunció la intención de eliminar la figura de femicidio del Código Penal y el propio Presidente utilizó el escenario de Davos para atacar al feminismo y a la diversidad, lo que provocó la masiva Marcha Federal Antifascista y Antirracista de febrero de 2025. Para nosotras, el ajuste no es una abstracción macroeconómica: es menos asistencia a víctimas de violencia, menos políticas de cuidado y más trabajo no remunerado sobre las mismas espaldas.

Evita lo entendió antes que nadie. Fue ella quien impulsó el voto femenino en 1947 y organizó a las mujeres como sujeto político con voz propia. El feminismo popular argentino, del Ni Una Menos a la Marea Verde, es heredero de esa tradición. No hay 17 de Octubre sin las mujeres en la Plaza.

2027: la lealtad es organizarse

Decirlo con claridad no es una provocación, es una responsabilidad democrática: Milei tiene que perder en 2027. No por revancha, sino porque un proyecto que desprecia la división de poderes, persigue a opositores, insulta a periodistas, ajusta sobre jubilados, universidades y personas con discapacidad, y convierte el odio en programa de gobierno es incompatible con la Argentina que soñaron quienes se movilizaron aquel 17 de octubre.

Pero la derrota del proyecto libertario no vendrá sola. Exige un peronismo que deje atrás sus internas, que escuche a los movimientos sociales, a los sindicatos, a las juventudes y al feminismo, y que vuelva a ofrecer un horizonte de futuro y no solo una defensa del pasado. La lealtad no es nostalgia: es la decisión colectiva de no volver a esperar que otros escriban nuestra historia. Como en 1945, el pueblo tendrá que salir a buscarla.

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