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A una semana de las elecciones en Brasil, Lula apuesta por el «voto útil» y el de los pobres

En el gigante sudamericano para ganar las elecciones y evitar un balotaje se necesitan la mitad más uno de los votos. «Faltan ocho días, no acepten provocaciones, busquen el voto, no crean en la ola de mentiras que se viene», señaló el candidato del PT.

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Por Pablo Giuliano

En la recta final a las elecciones del próximo domingo en Brasil, el líder de izquierda Luiz Inácio Lula da Silva busca redoblar el llamado al «voto útil» y limitar la abstención, sobre todo entre votantes de bajos ingresos, para lograr su meta de ganar la Presidencia por tercera vez eliminando en primera vuelta al presidente Jair Bolsonaro.

La tasa de abstención del 20,3% de 2018 benefició a Bolsonaro cuando el ultraderechista fue al balotaje con Fernando Haddad, del Partido de los Trabajadores (PT) de Lula, que no pudo ser candidato porque estaba preso y proscrito por la Operación Lava Jato: el alto rechazo a ambos benefició al primero colocado.

El voto útil está siendo recolectado por la coalición de siete partidos que apoya a Lula desde que a inicios de septiembre se detectó que era posible lograr el 50,5% de los votos válidos (sacando en blanco y anulados) en la primera vuelta del 2 de octubre y evitar la necesidad de ir a un balotaje contra Bolsonaro el día 30.

En la populosa periferia de San Pablo, en dos actos organizados el sábado en los barrios de Grajaú e Itaquera, Lula convocó a la militancia a buscar el voto «hasta del cuñado». Los actos fueron prácticamente para eso porque de ello hablaron los candidatos a diputados, senadores y a gobernador del PT y del frente electoral inédito conformado para esta elección contra Bolsonaro.

«Faltan ocho días, no acepten provocaciones, busquen el voto, no crean en la ola de mentiras que se viene», dijo Lula a la multitud.

En Brasil para vencer las elecciones y evitar un balotaje se debe recibir la mitad más uno de los votos válidos.

La expectativa de una elección apretada motivó a la campaña de Lula a pedir el reconocimiento de la transparencia del sistema electoral la noche del mismo domingo de la primera vuelta ante la posibilidad de que Bolsonaro, como viene avisando, denuncie un fraude sin pruebas.

«Si no gano con el 60% es porque hay algo raro», dijo desde Londres la semana pasada.

La última encuesta de la consultora Datafolha, del jueves pasado, muestra que Lula ganará con base en los más sacrificados trabajadores del país, los que ganan menos de 400 dólares, dos salarios mínimos.

Según el diario O Globo, 70% de los asalariados ganan menos de 400 dólares en la gestión Bolsonaro.

La reforma laboral de 2017 del Gobierno del presidente neoliberal Michel Temer permitió el trabajo intermitente: contratar legalmente a trabajadores por horas, generando el aumento de la estadística de empleos formales.

Contando los votos totales, incluidos en blanco y anulados, Lula tiene 47% de intención de voto, Bolsonaro 33%, Ciro Gomes 7% y Simone Tebet 4%.

En la elección más importante de la democracia brasileña, con un impacto internacional inmenso tanto en Sudamérica como en Estados Unidos y el nuevo eje euroasiático comandado por China, los pobres pueden darle a Lula el tercer mandato.

En la cuenta regresiva a la elección, según Datafolha, el exsindicalista metalúrgico lidera por 57 a 24% entre los hogares con ingresos menores a 400 dólares mensuales.

En la clase media baja, de ingresos de hasta 1000 dólares por mes, Bolsonaro gana 43 a 38%. La diferencia se amplia a 46 a 35% entre los que ganan hasta 2000 dólares.

Los que ganan más de 2000 dólares mensuales también votarían mayoritariamente por Bolsonaro, en un 45% contra un 35%.

Si dependiera de los que ganan más, la reelección de Bolsonaro estaría asegurada.

Es por eso que la abstención en el segmento en el que Lula domina es considerada una bandera roja para el PT.

«No podemos tener 20% de abstención, hay que decirles a las personas que vayan a votar, que después tendrán más derecho para reclamar y quejarse», pidió Lula en su discurso entre las favelas de Grajaú, barrio donde el PT históricamente es fuerte en la mayor urbe sudamericana.

Para Alberto Almeida, director del Instituto Brasilis y autor de los libros «El Voto del Brasileño» y «La Mano y el Guante: cómo se elige un presidente», la clave de esta elección diferente a todas las otras desde 1989 es que la población conoce muy bien a los dos principales candidatos.

Esto puede generar, dijo a Télam, una decisión firme incluso entre los más jóvenes, que leyeron o escucharon las experiencias de los gobiernos de Lula, por ejemplo.

«Es una polarización inédita porque ambos son conocidos. Uno es presidente hace cuatro años y el otro fue presidente ocho años. Es algo inédito pero no es solo una polarización ideológica, sino que es algo inédito por la concentración de votos entre ambos», explicó.

Para Jair Nicolau, autor del libro «Brasil gira a la Derecha» y cientista políltico de la Fundación Getulio Vargas y la Universidad Federal Flumininense, «la convocatoria para que los electores de baja escolaridad y bajos ingresos salgan de casa puede ser decisiva para Lula».

«En 2018 la escolaridad fue un factor fundamental para la victoria de Bolsonaro -tuvo amplio apoyo entre la clase alta con estudios superiores- y puede serlo para Lula. Es fundamental que sus potenciales electores vayan a votar», dijo.

El senador Randolfe Rodrigues, coordinador de la campaña de Lula, dijo a Télam en una entrevista la semana pasada que más que la abstención existe un temor a las amenazas para que gente de baja renta no vaya a votar por miedo a represalias del bolsonarismo, sobre todo después de que 1 millón de personas adquirieron armamento a partir de una flexibilización de leyes.

Es por eso que analistas y el PT creen que una posible segunda vuelta electoral colocará al país en una tensión violenta nunca vista: ya hay dos dirigentes del PT fueron asesinados por bolsonaristas y en la última semana hubo agresiones a electores de Lula.

«No me pueden culpar de lo que ocurra en la calle, eso no es responsabilidad mía», afirmó Bolsonaro en el debate del canal SBT el sábado por la noche.

Horas antes, en Campinas, había dicho que hay que estar listos para «enfrentar a la gavilla del ladrón Lula porque el pueblo armado jamás será esclavizado».

El voto útil fue rechazado por Gmes y Tebet, del Movimiento de la Democracia Brasileña de los expresidentes José Sarney, Itamar Franco y Michel Temer.

Gomes, del Partido Democrático Laborista, dejó en shock a la militancia del partido del fallecido líder de la izquierda nacional, el varguista Leonel Brizola, al equiparar tanto a Lula como Bolsonaro en la campaña y rechazar votar por el líder del PT, del que fue ministro tres años, en caso de una segunda vuelta.

Gomes, exgobernador de Ceará y un industrialista de centroizquierda, abandonó todo diálogo con el PT y Lula en 2018. Fue por eso que durante el balotaje entre Haddad y Bolsonaro viajó de vacaciones a París y evitó hacer campaña en contra el ultraderechista.

DDHH

La defensa de Maduro apuesta a desmantelar la acusación antes del juicio: la inmunidad soberana, el primer frente de batalla

La tercera audiencia preliminar ante el juez federal Alvin Hellerstein duró apenas 18 minutos y concluyó con la aprobación del cronograma conjunto propuesto por la Fiscalía y la defensa. Nicolás Maduro y Cilia Flores, detenidos en Brooklyn desde el 3 de enero, reiteraron su declaración de inocencia. La inmunidad soberana será el primer gran frente de batalla legal.

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El Argentino Diario-Nicolás Maduro en Nueva York.
La justicia de EEUU fijó el 1° de junio de 2027 como fecha de inicio del juicio oral contra Nicolás Maduro y su esposa.

El Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York celebró este miércoles 22 de julio la tercera audiencia preliminar del proceso penal contra el ex presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La vista, que no superó los 18 minutos, tuvo un carácter estrictamente procesal: la Fiscalía y la defensa presentaron conjuntamente un cronograma que el juez Alvin Hellerstein aprobó, fijando el 1° de junio de 2027 como fecha tentativa de inicio del juicio oral. Ambos procesados, que permanecen recluidos en el Centro de Detención Metropolitana de Brooklyn desde su captura el 3 de enero, volvieron a declararse no culpables.

Un cronograma acordado entre partes

Antes de la audiencia, la Fiscalía y la defensa presentaron ante el tribunal un escrito conjunto con el calendario detallado del proceso. El documento establece dos rondas de mociones previas al juicio. La primera ronda deberá completarse el 2 de septiembre de 2026, e incluirá, entre otras presentaciones, el argumento de inmunidad soberana que el equipo defensor planea invocar a favor de Maduro. Según expuso el abogado principal de la defensa, Barry Pollack, si el juez acepta ese argumento, Maduro no tendría que someterse a la segunda ronda de mociones, en la que la Fiscalía incorporará el conjunto de las pruebas reunidas durante la investigación.

En cuanto al material probatorio, la Fiscalía prevé completar la entrega de pruebas no clasificadas el 22 de septiembre y las clasificadas el 15 de noviembre de 2026, aunque advirtió que esos plazos podrían variar en función de la disponibilidad de otras agencias del gobierno de Estados Unidos. La segunda ronda de mociones se extendería hasta el 11 de enero de 2027, y el juicio con jurado arrancaría en junio de 2027, siempre que el tribunal no haga lugar a ninguno de los planteos de la defensa antes de esa fecha.

La apuesta de la defensa: la inmunidad como escudo

El eje central de la estrategia defensiva, revelado por Barry Pollack durante la audiencia, es la moción de inmunidad soberana: el argumento de que Maduro ejercía como jefe de Estado en funciones al momento de su detención y que, por lo tanto, la justicia estadounidense carecería de jurisdicción para juzgarlo. Pollack también anticipó que la defensa impugnará la legalidad de la captura y del traslado a territorio estadounidense, obligando al juez a examinar cuestiones sobre soberanía, actuación militar en territorio extranjero y admisibilidad de las pruebas obtenidas durante la Operación Resolución Absoluta del 3 de enero.

La estrategia apunta a desmantelar la acusación antes de llegar al jurado, mediante una disputa jurídica de fondo que podría consumir gran parte del período de preparación. Si el juez desestimara las mociones de inmunidad, el caso avanzaría hacia el debate sobre los cargos sustantivos: conspiración para cometer narcoterrorismo e importación de cocaína, en el caso de Maduro; delitos relacionados con importación de drogas y posesión de armas, para Flores. Una condena en ambos cargos podría derivar en cadena perpetua.

El estado físico de los procesados y el contexto político

Presentes en la sala con uniforme de prisionero color caqui, tanto Maduro como Flores fueron descriptos por periodistas presentes en la audiencia como visiblemente más delgados que en comparecencias anteriores, aunque con un aspecto recuperado. Maduro llegó caminando con normalidad, sin el rastro de la cojera que había mostrado en sesiones previas, y siguió los procedimientos junto a sus abogados con auriculares de traducción. Flores llegó detrás de él, con el cabello recogido y gafas.

Desde Venezuela, el diputado Nicolás Maduro Guerra, hijo del procesado, calificó el proceso de «injusto» y reclamó públicamente la liberación de su padre y de Cilia Flores. La audiencia estuvo enmarcada en un amplio dispositivo de seguridad del NYPD para el traslado de los detenidos desde Brooklyn hasta la sede del tribunal en Manhattan. Cabe recordar que la audiencia estaba originalmente prevista para el 30 de junio, pero fue postergada por cuestiones logísticas vinculadas, según trascendidos, a la realización del Mundial de Fútbol en suelo estadounidense.

Un caso sin precedentes en la historia judicial de Estados Unidos

El proceso contra Maduro y Flores no tiene antecedentes directos en la historia judicial estadounidense en cuanto a la condición de los procesados: ambos eran, al momento de su captura, el presidente en ejercicio y la primera dama de Venezuela, respectivamente. La Operación Resolución Absoluta, que los detuvo el 3 de enero de 2026 en Caracas mediante una intervención de fuerzas estadounidenses, abrió un debate jurídico internacional que la defensa ahora intenta trasladar al propio tribunal. El juez Hellerstein, de 91 años, presidirá un proceso que se proyecta como uno de los más complejos y políticamente sensibles que haya enfrentado la justicia federal norteamericana en décadas.

Puntos clave

  • El juez Alvin Hellerstein fijó el 1° de junio de 2027 como fecha de inicio del juicio oral.
  • La audiencia del 22 de julio duró apenas 18 minutos y tuvo carácter exclusivamente procesal.
  • La defensa apelará a la inmunidad soberana como primera línea de ataque jurídico, con mociones a presentar el 2 de septiembre.
  • Maduro enfrenta cargos de narcoterrorismo e importación de cocaína; Flores, de importación de drogas y posesión de armas.
  • Ambos permanecen detenidos en el Centro de Detención Metropolitana de Brooklyn desde el 3 de enero de 2026.
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