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Análisis

La crisis financiera internacional y el rol de los bancos en la Argentina

El problema de la crisis financiera reside en que le FED para afrontar un incipiente problema inflacionario, fue subiendo la tasa de interés que era del 0,25% anual en marzo de 2022, a 4,75% anual en marzo 2023.

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Por Horacio Rovelli

El problema de los bancos es que prestan lo que no es de ellos. Captan depósitos del público y conceden créditos ganando el spread, que es la diferencia entre la tasa que le pagan a los ahorristas y la tasa activa, que le cobran al tomador del crédito. En todos los bancos, el capital propio es un porcentaje muy menor a la cantidad de dinero que captan.

En Europa y en los EEUU sucede igual, pero el margen (spread) es mucho menor. El problema de la crisis financiera reside en que le FED (Reserva Federal de los EEUU) para afrontar un incipiente problema inflacionario, fue subiendo la tasa de interés que era del 0,25% anual en marzo de 2022, a 4,75% anual en marzo 2023.

Muchos bancos, que captan mayoritariamente depósitos a corto plazo, para mejorar su ganancia compraron bonos del Tesoro de los EEUU (y de otros países centrales) de largo plazo, que pagan una tasa del 3% anual. Y con la suba de la tasa de la FED (de 0,25% a 4,75% nominal anual) perdieron plata.

Ese fue el caso del Silicon Valley Bank (SVB), que es el más conocido por haberse convertido en el segundo banco de mayor porte que quiebra en Estados Unidos. Ante esa situación los dueños del banco trataron de vender parte de esos títulos, pero el resultado fue que consiguieron hacerse de dólares, pero lo vendieron a menor valor. Además la cobertura de los depósitos era solo del 22%, con lo cual quedaron 150.000 millones de dólares sin respaldo.

Como hay otras entidades en similar situación, la FED de Estados Unidos lo que hizo tras la quiebra del SVB, fue garantizar el 100% de los depósitos del banco quebrado, con un acuerdo con el conjunto de bancos del sistema financiero de los EEUU, y el Tesoro (Estado) de los EEUU.

La repercusión en Suiza se notó porque históricamente recibe dinero de todas partes del mundo y no son pocas las veces que se trata de dinero no declarado, y por otra parte, en el caso del Banco Credit Suisse, un banco de 167 años de antigüedad, que fue, por ejemplo, multado por recibir depósitos y abrir cuentas a la red búlgara de cocaína, entre otras tropelías. Ante la corrida de depósitos que empezó a sufrir la entidad, pidió al principal accionista que es el Banco Nacional Saudí que hiciera un aporte de capital y no lo hizo. Como siguió sufriendo retiros de depósitos, el Banco Nacional de Suiza le hizo un aporte de 50.000 millones de francos suizos (unos 53.700 millones de dólares) el jueves 16 de marzo 2023, para cubrir la salida de depósitos, pero no fue suficiente y el banco siguió devolviendo dinero a sus clientes, ante ese estado de situación el lunes 20 de marzo 2023 el otro gran banco helvético, la Unión de Bancos Suizos, que fuera creado en 1856 (un año después que el Credit Suisse) compró al Credit Suisse en 3.230 millones de dólares.

La Argentina

Mientras en Europa y los EEUU el crédito significa más de un 50 % del PIB, en nuestro país el crédito total es menos del 11% del PIB, por un lado, y en segundo término los 10 –diez- principales bancos privados, le prestan mayormente al Estado, ya sea en Título del Tesoro de la Nación (o de las provincias) y en Letras de liquidez (Leliq), Notas de liquidez (Notaliq) y pases pasivos, al Banco Central de la República Argentina. Y los Estados de la Nación y los provinciales y, el BCRA no pueden quebrar por definición.

Las anteriores crisis financieras en la Argentina concentraron aún más el volumen de depósitos y créditos en los grandes bancos del sistema financiero local, de manera tal que en noviembre de 2022 quedaban en pie 79 entidades financieras (en 1974 eran más de 800), de los cuales son 64 bancos, de ellos 51 son de capital privado y 13 públicos (incluido los oficiales nacionales Banco de la Nación Argentina y BICE, 10 provinciales, y el municipal de Rosario).

El BCRA con considerable atraso publica en marzo 2023, los datos de noviembre 2022. Del crédito total que representa el 11% del PIB, se destina un 4,7% del PIB para préstamos personales (42,7% de los préstamos otorgados) que financian principalmente descubiertos en las tarjetas de débitos y de créditos y, solo queda 6,3% del PIB para financiar a las empresas (créditos comerciales).

En los bancos privados, la venta del Banco Río SA de los Pérez Companc al grupo Santander de España y, de los bancos Francés y Crédito Argentino al grupo Bilbao-Vizcaya, cambió el eje de la situación y el capital extranjero entró a predominar en los depósitos y en los créditos de la banca privada.

Lo mismo pasó con los bancos supuestamente nacionales como Galicia y Macro, Black Rock tiene fuerte participación accionaria.

Análisis

La culpa es nuestra: cómo la ciencia y los medios siguen apuntando a las madres cuando se habla de autismo

Cómo se envidencia en la nota de análisis de Clarin, rara vez se pregunta «¿qué hizo el padre?».

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Machismo en la ciencia: el cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia

Un estudio publicado en el British Medical Journal sobre exposición laboral tóxica y autismo fue reencuadrado mediáticamente en clave de culpa materna. Una tradición que la ciencia superó, pero el machismo resiste.

Un estudio reciente de investigadores de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins y de la Universidad de Harvard, publicado en el British Medical Journal (The BMJ), analizó 1.702 casos de niños diagnosticados con trastorno del espectro autista (TEA) en Dinamarca entre 1973 y 2012.

Sus conclusiones son técnicas, acotadas y explícitas: las madres que trabajan en entornos con exposición frecuente a sustancias tóxicas (plomo, solventes, gases de escape, derivados de combustibles) o con niveles elevados de estrés laboral crónico tienen mayor probabilidad de tener hijos con TEA. Las profesiones identificadas incluyen transporte terrestre, defensa militar y administración pública.

Lo que el estudio dice, con precisión, es que ciertas condiciones laborales tóxicas afectan el neurodesarrollo fetal. Lo que ciertos medios transmitieron, en cambio, fue otra cosa: que el problema son las profesiones de las madres. Que el problema, una vez más, son ellas.

El regreso de la «madre culpable»: una historia que no termina

La narrativa que conecta al autismo con la conducta materna tiene una historia larga y vergonzosa. A mediados del siglo XX, el psiquiatra Bruno Bettelheim popularizó el concepto de la «madre nevera» (refrigerator mother), según el cual la frialdad emocional de las madres era la causa del autismo en sus hijos. La teoría fue desacreditada décadas después por la propia comunidad científica, pero el daño en miles de familias, y especialmente en miles de mujeres que cargaron durante años con una culpa que no les correspondía, fue irreparable.

Hoy, la ciencia acumulada es contundente en la dirección opuesta. Un estudio financiado por el Instituto Nacional de Salud Infantil y Desarrollo Humano de los Estados Unidos (NICHD), que involucró a casi 2 millones de participantes, determinó que los factores genéticos hereditarios representan aproximadamente el 80,8% del riesgo de TEA, mientras que los llamados «efectos parentales maternos» representan entre el 0,4% y el 1,6% del riesgo, una cifra considerada estadísticamente insignificante por los propios autores. Ese mismo estudio advirtió, además, que no analizó los factores paternos, como la edad del padre, que la literatura científica también asocia con el riesgo de autismo.

La entidad Autismo España, en su portal institucional, señala que la investigación apunta a una «tasa aproximada de recurrencia del 20% en las familias» con un componente genético complejo y aún no completamente dilucidado. La organización también documenta que en los últimos años creció el diagnóstico de padres y madres después de que sus hijos fueran diagnosticados, lo que refuerza el peso de la herencia biológica compartida.

Lo que el estudio realmente dice (y lo que el titular omitió)

La investigación publicada en The BMJ no estudia si las madres trabajan o no. Estudia la exposición a agentes tóxicos y el estrés como factores de riesgo ambientales en el desarrollo fetal. La diferencia no es semántica: es política.

Afirmar que «las profesiones de las madres» tienen un «patrón común» en casos de autismo, sin contextualizar que lo que se mide es la exposición a plomo, solventes industriales, gases de escape y estrés crónico, es construir un titular que, deliberada o negligentemente, pone el foco en quién trabaja y no en qué condiciones laborales son toleradas por el Estado y los empleadores. Es trasladar la responsabilidad de una falla sistémica (la falta de regulación de ambientes laborales tóxicos) a las mujeres que los habitan.

Los propios investigadores del estudio son explícitos: el hallazgo requiere «investigar más en profundidad sobre las exposiciones laborales» y su relación con el neurodesarrollo, «usando metodologías que aborden estas exposiciones de manera específica y temporal». Es decir, la conclusión científica apunta a la regulación laboral y a la salud ocupacional, no a la maternidad como variable de riesgo en sí misma.

El doble estándar: padres invisibles, madres sospechosas

El sesgo de género en la investigación científica sobre autismo no es nuevo. La pregunta «¿qué hizo la madre?» estructura buena parte del campo desde sus orígenes, mientras que la pregunta «¿qué hizo el padre?» rara vez se formula con igual insistencia.

Sin embargo, la evidencia científica disponible indica que la edad paterna avanzada es también un factor de riesgo documentado para el TEA, asociado a mutaciones de novo en el esperma. Investigaciones publicadas en la revista Science, con datos de 2.600 familias, identificaron variantes genéticas raras heredadas paternamente como factores relevantes en el espectro autista.

El estudio de The BMJ, significativamente, no analizó las ocupaciones paternas. Esta asimetría metodológica no es neutral: refleja un sesgo histórico en la construcción de las preguntas científicas, que tiende a ver al cuerpo materno como el repositorio de los riesgos para la descendencia y al cuerpo paterno como un dato secundario.

Discapacidad en la Era Milei: un gobierno que recorta, criminaliza y señala

La circulación de este tipo de narrativas no ocurre en el vacío. En la Argentina de Javier Milei, el Estado retrocedió de manera sistemática sobre las políticas de discapacidad. La Agencia Nacional de Discapacidad (ANDIS), creada para centralizar y garantizar derechos, fue disuelta en diciembre de 2025 mediante el Decreto 942/2025 y reconvertida en una Secretaría de menor rango bajo la órbita del Ministerio de Salud, movimiento que más de 400 organizaciones de personas con discapacidad y de derechos humanos calificaron como un «retroceso al modelo médico-rehabilitador» y un abandono del modelo social de la discapacidad.

El ajuste fue contundente: los $30 mil millones de presupuesto que tenía la ANDIS fueron redirigidos al Tesoro al momento de la disolución, según denunció la diputada peronista Roxana Monzón en la Cámara de Diputados de la Nación. La Justicia federal declaró inconstitucional parte de la reestructuración, pero el Gobierno apeló y, a mayo de 2026, solo reglamentó ocho artículos de la ley de emergencia en discapacidad, dejando diecisiete sin aplicar.

En ese marco, el gobierno impulsó además una nueva normativa presentada bajo el título «Contra el Fraude de Pensiones por Invalidez», que restringe los criterios de acceso a las pensiones y habilita suspensiones preventivas ante cualquier inconsistencia detectada.

Organizaciones como la Asociación Civil por la Igualdad y la Justicia (ACIJ) documentaron que el relato oficial sobre el crecimiento «injustificado» de las pensiones por discapacidad utilizó datos manipulados para justificar el recorte, según publicó la propia ACIJ en su portal institucional.

Es en este contexto donde adquiere una dimensión adicional la circulación de estudios presentados de forma sesgada: cuando el Estado abandona a las familias que conviven con el autismo y recorta los apoyos que necesitan, resulta funcional instalar la idea de que el problema tiene nombre de mujer y que la solución está en las decisiones individuales de las madres, no en las políticas públicas ausentes.

Machismo de guardapolvo blanco

Culpar a las mujeres que trabajan por la condición neurológica de sus hijos no es ciencia: es ideología con bata blanca. Es el mismo mecanismo que durante décadas señaló a las madres que trabajaban fuera del hogar como responsables de los problemas emocionales de sus hijos, que culpó a las mujeres que no amamantaron, que patologizó a las que estudian, a las que tienen proyectos propios, a las que no se «sacrifican» en silencio.

La ciencia del neurodesarrollo lleva décadas construyendo una imagen cada vez más compleja del autismo: multicausal, con fuerte base genética, mediada por factores ambientales que incluyen desde la edad paterna hasta la exposición a pesticidas, desde infecciones durante el embarazo hasta complicaciones perinatales. En ese cuadro multifactorial, la ocupación laboral de la madre es, según el propio consenso científico, un factor menor y circunscripto a condiciones de exposición tóxica específicas, no al hecho de trabajar.

Presentarlo de otro modo no es divulgación científica. Es misoginia con estadísticas.

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