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Análisis

Una ley ómnibus a la mexicana

El presidente mexicano propuso una batería de leyes para reformar la Constitución con un claro sesgo social y ambiental: entre otros puntos, busca proteger el salario mínimo y los recursos naturales.

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Por Emiliano Guido

A pocos meses de terminar su sexenio de gobierno y la propia carrera política –a la que ha puesto fecha final antes de entregar la banda presidencial-, pero con el marcado interés de no perder su legado, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha propuesto reformar un tercio de los artículos constitucionales con un fuerte sesgo progresista en el capítulo ambiental, además de un marcado carácter soberano en lo económico.

Siempre atento a los escenarios simbólicos que abre cuando hace uso de la palabra –AMLO ha hecho de sus rondas de prensa matutina (“las mañaneras”) un estilo persistente en el ejercicio de gobierno-, el Jefe de Estado comunicó su proyecto en una fecha emblemática, el 5 de febrero, aniversario de la puesta en marcha de la actual Carta Magna.

Así como el presidente argentino Javier Milei pretendió con su fallida ley ómnibus sentar las bases de una profunda modificación de la arquitectura legal en pos de su proyecto ultraneoliberal, en el techo de América Latina, México, López Obrador también busca reformar la estructura legal de su país, pero en un sentido opuesto al libertario.

Las reformas enviadas por AMLO, que deberán ser aprobadas por dos tercios de los representantes legislativos para entrar en vigor, son multidimensionales. Entre otros temas, AMLO propone blindar el salario mínimo ante la inflación, establece zonas pétreas no privatizables en la administración de los recursos naturales.

Aunque, no todas son rosas arrojadas al viento.
Organizaciones de la sociedad civil, con el esperable apoyo de los medios mainstream, critican la pretensión del gobierno de licuar la representación no gubernamental de los organismos autónomos del Estado y su intención de permitir la elección de autoridades judiciales por voto directo.

De hecho, esas fueron las principales razones de la estruendosa marcha, donde los manifestantes arroparon sus torsos con remeras rosas –un color no identificable con ninguna marquesina partidaria- que se concentró el último domingo en la plaza central del Zócalo en México DF.

Los principales analistas periodísticos mexicanos coinciden en una serie de conclusiones sobre los impactos políticos suscitados con la propuesta ad hoc de reforma constitucional.

Como es de esperar, algunos editorialistas identificados con el ideario popular celebran el marco teórico de las propuestas, mientras que los comunicadores alineados con la trienia de partidos tradicionales (el omnipresente PRI, el neoliberal PAN y el ex progresista PRD) señalan el supuesto vector antirepublicano del proyecto; sin embargo, existe un punto de congruencia: con la andanada de reformas, de difícil aprobación dado el elevado piso de adherencia que se necesita, AMLO busca indicar a su posible sucesora –la candidata oficialista y delfín suya Claudia Sheinbaum es marcadamente favorita a ganar las elecciones- que no desea giros en la orientación política de MORENA, muchos menos moderados.
Alfredo Serrano Mancilla, director del centro de investigación regional CELAG y habitual columnista de C5N, realizó una interesante columna para el portal iberoamericano Diario Red –que dirige el ex líder de Podemos Pablo Iglesias- donde coloca el proyecto de AMLO en un estante político mayúsculo: su intención de edificar un gobierno popular y no titubear en el intento.

Después de casi dos mil días de gobierno, el presidente AMLO goza de un gran apoyo ciudadano. Su imagen positiva, según el promedio de todas las encuestas publicadas, oscila entre 58% y 65%. Y todo apunta a que su movimiento, MORENA, será el gran vencedor en las elecciones presidenciales del próximo 2 de junio. La ventaja de Claudia Sheinbaum sobre su principal competidora se sitúa alrededor de los 25 puntos. Lo ha logrado confrontando con los poderes fácticos sin rodeos: con el poder mediático, con las transnacionales presentes en sectores estratégicos, con la vieja clase política neoliberal, con la monarquía española, con el Departamento de Estado estadounidense”, enfatiza Serrano Mancilla.

Análisis

El drama de Granja Tres Arroyos: 500 familias sin trabajo y sin cobrar

La empresa avícola cerró su planta en la localidad bonaerense, adeuda sueldos y aguinaldos y pidió un concurso preventivo de acreedores. «Somos un pueblo al que le cayó una bomba», describieron los trabajadores despedidos, que reclaman respuestas que la patronal nunca dio.

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Más de 500 trabajadores y trabajadoras de Capitán Sarmiento perdieron su empleo en las últimas semanas tras el cierre de la planta avícola de Granja Tres Arroyos en esa localidad del norte bonaerense. La empresa acumula deudas salariales que incluyen meses de sueldo sin pagar y aguinaldos pendientes, y recurrió a la Justicia para pedir la apertura de un concurso preventivo de acreedores, el mecanismo legal que antecede a la quiebra y que deja a los trabajadores en una situación de extrema incertidumbre sobre el cobro de sus acreencias.

El impacto de los despidos no se limitó a Capitán Sarmiento. Según describió Andrea Ulere, ex empleada de la empresa, la crisis se extendió a municipios vecinos: alrededor de 100 despidos adicionales se registraron en Arrecifes y otros 100 en San Antonio de Areco, lo que convierte a esta debacle laboral en un golpe colectivo sobre toda la región del norte del conurbano extendido.

«Una bomba en el medio del pueblo»

Ulere describió la situación con una imagen que sintetiza el derrumbe social que vive la localidad. «Somos un pueblo que tiene la sensación hoy de caminar por la calle, que nos ha caído una bomba en el medio y andamos juntando los pedazos de la gente», señaló. «No se puede describir con palabras el dolor que tenemos», agregó.

La ex trabajadora reveló además un detalle que ilustra la dimensión humana de la crisis: «Acá venía el cartero del pueblo con el despido en mano llorando». La imagen del telegrama de despido entregado entre lágrimas en una localidad pequeña habla de un tejido comunitario que la empresa desgarró sin dar explicaciones.

Ulere fue cuidadosa al momento de atribuir responsabilidades, pero contundente: «Más allá del nivel nacional, que todos sabemos que económicamente estamos todos mal, acá hubo una mala gestión de los hijos y sobrinos de Joaquín de Grazia, que hicieron un mal negocio. Los despidos decían que eran por la gripe aviar, el Covid-19, y nosotros en esa época es cuando se trabajó más que nunca».

Veinte años de trabajo, deudas y silencio patronal

Los testimonios de los trabajadores que aún no recibieron su telegrama pero temen recibirlo en cualquier momento son igualmente demoledores. Oscar, con 20 años de antigüedad en la planta, graficó el costo que la prolongada agonía de la empresa tuvo sobre su salud y su dignidad: «La situación me tiene mal. Nos afecta la salud mental. Ya hace un año y medio que vivimos esto. Yo vivo con mis padres. No es lo justo que yo tenga que vivir de ellos».

Nadie de la empresa viene a dar la cara y dar explicaciones, denunció Oscar. «Así nos tuvieron un año y medio. Nos quitaron parte de nuestro salario, nos deben el pago de meses, nos deben vacaciones», enumeró.

Otro trabajador con más de 18 años de antigüedad contó que el deterioro fue progresivo y que los empleados cedieron ante cada exigencia patronal con la esperanza de conservar el puesto: «El conflicto comenzó con un pedido de esfuerzo a los trabajadores y una reducción salarial del 9%. Luego, los pagos comenzaron a realizarse en cuotas. Con tal de seguir trabajando lo aceptamos. Hace tres meses nos pagaban 100 mil por semana«, relató. «Nosotros hemos aportado mucho a la empresa, pero para ellos somos un número más», cuestionó.

Un tercer operario con 16 años en la empresa resumió la angustia cotidiana de quienes todavía no fueron desvinculados pero tampoco cobran: «Todos tenemos chicos, cuentas que pagar, se me vence el alquiler, no tengo plata para alquilar en otro lado. Los servicios los pago como puedo. Si hacés una changa te peleás por los precios. Tuvimos que hacer muchos recortes en salidas y alimentos. Antes alcanzaba la plata. Ahora no alcanza para nada. Tenemos un trabajo fijo pero no cobramos».

La intendenta y el pedido de los trabajadores

Durante las protestas frente a la planta y en la plaza de Capitán Sarmiento, la intendenta local Fernanda Astorino Hurtado se hizo presente para interiorizarse sobre la situación. Habló de un «mal manejo empresarial», lo que coincide con el diagnóstico de los propios trabajadores, aunque para estos últimos la presencia política no alcanza si no se traduce en acciones concretas.

Ulere fue directa al respecto: «Todo sirve, nosotros estamos desorientados y lo que queremos es que esto no se apague, que ella luche por nosotros para que no se apague. Porque donde dejen de hablar de nosotros, todo va a terminar en la nada. A los políticos para que se muevan, porque ¿quién nos va a salvar a nosotros?».

La pregunta resuena con fuerza en un contexto nacional en el que el gobierno de Javier Milei ha reducido el gasto en programas sociales en más de un 60% y donde la desregulación del mercado laboral, impulsada por la misma gestión, dejó a miles de trabajadores sin las redes de contención que el Estado podía ofrecer. El drama de Capitán Sarmiento no es una excepción: es el retrato de lo que ocurre cuando una empresa quiebra y el Estado se hace a un lado.

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