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Análisis

«Hay que insistir en bajar la duración de la jornada laboral»

Detalló que la semana de trabajo en Bélgica tiene 40 horas mientras en la Argentina «tenemos 48 horas semanales».

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El abogado laboralista Héctor Recalde consideró hoy que la decisión del gobierno de Bélgica de permitir concentrar la jornada laboral en cuatro días (en vez de cinco) sin reducir la carga horaria semanal «tiene sus pro y sus contra», pero pidió trabajar «sobre la realidad» argentina, donde marcó que la prioridad es «insistir en que hay que bajar la duración de la jornada» laboral.

En diálogo con Radio 10, Recalde detalló que la semana de trabajo en Bélgica tiene 40 horas mientras en la Argentina «tenemos 48 horas semanales».

El abogado hizo ese contraste al ser consultado por la reforma presentada la semana última en Bélgica, que permitirá a los empleados que lo deseen concentrar sus jornadas en cuatro de los cinco días de la semana laboral, aunque sin suponer una reducción de las horas trabajadas a la semana (podrán trabajar hasta 10 horas por días para acumular las horas quitadas a los viernes).

Para Recalde, quien entre 2015 y 2017 fue jefe del bloque del Frente para la Victoria en Diputados, la medida «tiene sus pro y sus contra» aunque insistió en la necesidad de trasladar ese debate a la Argentina: «Trabajemos sobre la realidad» local, prometió.

En este sentido, recordó que mientras era diputado intentó impulsar una reducción de la jornada laboral de 48 horas semanales a 45. «Y no lo logré», subrayó.

Sostuvo entonces que «hay que insistir en que hay que bajar la duración de la jornada por muchas razones, incluso para beneficio de los propios empresarios».

El letrado recordó que esto «aumenta la productividad y baja los accidentes de trabajo», además de que podría abrir nuevas fuentes de empleo.

«Lo único que no se puede hacer es bajar los brazos», exhortó en relación al tema Recalde, quien además recordó «el tiempo que insume el traslado» para llegar todos los días hasta los lugares de trabajo.

Análisis

Transmisión y política 

Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

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El-Argentino-Por Jesús Rivero

Por Jesús Rivero*

Deseo comenzar por la etimología de transmisión, porque como planteaba Jacques Marie Emile Lacan, el origen me colma.

Transmisión etimológicamente significa acción y efecto de hacer circular una cosa, más allá. 

¿Qué se transmite?

El objeto petit “a» que agujerea al sujeto-sujetado y lo sostiene desde su pérdida. 

¿Es pedagógico?

Se puede decir que no. Aunque las palabras no pueden decir todo.

Éste petit “a» de Jacques Lacan es su invento privilegiado, ya que a la nada le cedió un lugar topológico, lo nombró y dio (donó) existencia.

Falta irreductible que opera más allá del sujeto supuesto saber. Es la hiancia que motoriza el deseo. Lacan en su última enseñanza transmite esto, la cosa, el ruido. No un supuesto saber platónico y universal, esto obtura.

Hagan la prueba, pongan sobre un escritorio una piedra y un libro frente a una audiencia y observen las miradas de dicha audiencia, que se transmite. El ruido, la enunciación del enunciado. El dicho del decir del disertante, cuyo rasgo unario, no tiene que ver con la pedagogía. Lo que se transmite es otra cosa, el objeto petit “a».

Lo que todos buscan en este movimiento, que es el peronismo, cuyo significante vacío busca negociar con un significado. Es el punto de capitón que anuda la significación. Esta lucha casi interminable que auguran para siempre los opositores, pero nadie mejor que ellos saben, que dicha disputa de poder (lucha de clases) siempre llega a su anudamiento.

El significante vacío sin negociación, no es nada. La problemática es intentar identificar un líder, sin transmisión. Sin hacer circular una cosa, más allá. Esto no puede ser forzado, no es pedagógico, responde a la lógica de la falta, de lo que se perdió. El mismo Sigmund Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” planteó que “las masas no se identifican al ideal del yo, sino que se identifican entre sus yoes, al objeto ideal que es el líder». Es decir, no hay identificación al significante, sino entre las masas a un rasgo, que es el objeto ideal.

Este objeto (poder) no es pedagógico. No se aprende, se comprende. La conducción no es para cualquiera, se tiene o no se tiene. Todos tienen el bastón de mariscal en la mochila, pero no todos saben transmitirlo. De aquí, vemos a grandes teóricos no entender la fórmula de dicha conducción, nunca la van a entender, porque no se entiende se comprende. 

El mismo Juan Domingo Perón, que en lo singular creo es el mejor en conducción, no decía: “la política no se aprende, se comprende, y solamente comprendiendo es posible realizarla racionalmente. Decía el Mariscal de Sajonia que él tenía una mula que lo había acompañado en más de diez campañas, pero decía que la mula no sabía nada de estrategia. Lo peor es que él pensaba que muchos de los generales que también lo habían acompañado, sabían lo mismo; hay hombres que toda su vida han hecho política, pero nunca la han comprendido. El éxito será siempre para quien la haya comprendido, no para el que pretenda aprenderla”.

Hoy en día hay muchos que pretenden aprenderla, y hay pocos que desde el exilio, cárcel o proscripción, la comprenden. Es cuestión de tiempo y comprensión, no de pedagogía. 

*escritor y activista político.

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